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Astropsicología Holística

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Los tránsitos de Neptuno en relación con los planetas personales

Neptuno-Sol: Neptuno cuando transita en aspecto con nuestro Sol, disuelve las fronteras de nuestra identidad y nos pide que renunciemos en la forma en que nos sentimos a nosotros mismos (o que nos liberemos de ella) para así hacer lugar a algo nuevo. Generalmente los aspectos armoniosos actúan con suavidad, ofreciéndonos una visión nueva de nosotros mismos, más amable, expansiva y creativa que antes. Bajo la influencia de estos tránsitos, sin embargo, hemos de cuidarnos del falso optimismo: si creemos que hemos descubierto el sentido de una paz y una felicidad que nadie ni nada podrá conmover jamás, nos estaremos preparando para un despertar muy desagradable cuando, tarde o temprano, esa burbuja termine por estallar. Un tránsito que ponga a Neptuno en ángulo difícil con el Sol puede traer consigo delirios similares, pero lo más frecuente es que denota un período de confusión y de inseguridad. Quizás hasta ese momento nos hemos enfrentado con total confianza a la vida y a la acción, pero ahora no estamos tan seguros de nuestro poder, nuestro valor o nuestra identidad. Puede haber sucesos externos que movilizan estos sentimientos: que le den a alguien el ascenso que esperábamos, o que hayamos perdido un trabajo o una relación que significaban mucho para nosotros. En muchos casos no hay nada tan obvio ni externo que parezca ser la causa del malestar psicológico, pero por dentro nos sentimos perdidos e incapaces de seguir adelante como siempre. Nos sentimos desanimados, sin esperanza y completamente solos... Y sin embargo, por algo lo está haciendo Neptuno: para que finalmente podamos reconstruirnos de otra manera. Puede que dure varios años, pero no será eterno. La cooperación con el efecto disolvente de Neptuno significa también dejarnos morir tal y como nos hemos conocido para después volver a emerger con un sentimiento nuevo de nuestra identidad. Evidentemente esto no es fácil ni agradable. Será útil que nos concedamos tiempo para el duelo del yo antiguo, que se está muriendo. Finalmente el tránsito pasará, y saldremos de él convertidos en personas diferentes. Cuando Neptuno transita en aspecto con el Sol, la nostalgia de lo divino puede ser muy fuerte. Son momentos en que es posible que nos dejemos tentar por el alcohol y otras drogas como medio de trascender el aislamiento y de escapar del dolor, la frustración y las crueles realidades y limitaciones de la vida en el cuerpo físico. También el aumento de nuestra capacidad de empatía quizá nos empuje a dedicarnos a un trabajo, una causa o una actividad que se basa en ayudar a personas que están pasando por momentos difíciles o que son menos afortunados que nosotros. Servir a otros u ocuparse de ellos puede ser una manera positiva de usar este tránsito, pero debemos tener consciencia de cuál es el tipo de logros personales que estamos alcanzando mediante un comportamiento supuestamente "altruista"... Aun cuando nuestros motivos no sean del todo puros, con frecuencia este tránsito nos permite, de hecho, dejar de lado las necesidades del yo para atender o adaptarnos a lo que necesitan las otras personas.Es probable que, en cuanto canales de cualidades supraconscientes, tengamos en estos momentos mucho que aportar a los demás, pero no debemos olvidar que seguimos siendo seres humanos.

Neptuno-Luna: Tanto la Luna como Neptuno simbolizan la necesidad de mezclarse y fundirnos con quienes nos rodean. Cuando Neptuno forma un aspecto con la Luna natal, estos planetas se combinan para incrementar nuestra receptividad hacía el ambiente y hacía las personas que nos rodean. Percibimos qué les pasa y esto intensifica nuestra capacidad de cuidar de ellos o de consolarlos. Como resultado de ello, estamos en peligro de vernos agotados por las exigencias de la gente, tal vez sea necesario que pongamos límites y aprendamos a decir "no" de cuando en cuando, en vez de forzarnos a atender a todas las demandas. Cuando Neptuno transita en aspecto con nuestra Luna natal, estamos preparados para aceptar jubilosamente cualquier de las cualidades con él asociadas, y especialmente la idea del amor romántico. Es probable que en estos asuntos nos vaya mejor con los aspectos son armónicos pero hay más problemas cuando el aspecto es tensionado. Neptuno intensifica la necesidad lunar de unirse y fundirse con otros, al mismo tiempo nos deja indefensos ante el engaño... la receta ideal para relaciones complejas y difíciles. Cuando Neptuno influye en nuestras emociones, vemos lo que queremos ver, no lo que realmente está allí. Así es como nos enamoramos de alguien que más adelante resulta no tener nada que ver con lo que al comienzo nos imaginamos. Con el tiempo tendremos que enfrentarnos al hecho de que fuimos nosotros mismos quienes nos engañamos. La Luna también se asocia con el ambiente del hogar y con los sacrificios que tenemos que hacer en este ámbito. Puede que nos veamos obligados a cambiar de casa o a renunciar a un hogar al que amamos, y en esos casos será necesario que hagamos debidamente el duelo por lo que dejamos atrás. Estos tránsitos aluden también al tipo de confusión que se produce cuando estamos redecorando o restaurando la casa para que se aproxime más a nuestro ideal. Los tránsitos difíciles de Neptuno-Luna pueden desorganizar totalmente nuestras emociones: un día volamos hasta el cielo, y el día siguiente no logramos salir del pozo. La meditación, la música y cualquier posibilidad de comunión con la naturaleza tienen efectos restauradores sobre el alma acosada por los altibajos de la vida. Incluso bajo el tránsito más difícil muchas personas descubren en sí mismas una profundidad de sentimientos y una capacidad de compasión, de comprensión y de perdón de las que nunca se habían sabido poseedoras.

Neptuno-Mercurio: Cuando Neptuno en tránsito forma algún aspecto con Mercurio nos ayudará a integrar o unir los procesos racionales del hemisferio izquierdo del cerebro con la capacidad sensorial e intuitiva del hemisferio derecho. Aunque está activada, la imaginación no interfiere con la capacidad de pensar lógicamente y con claridad. Lo que "captamos" en muchas de las ideas y de los sentimientos que tenemos en este tránsito, y que seamos capaces de comunicar nuestras intuiciones a otras personas de manera accesible. Los tránsitos armoniosos nos permiten un acceso más fácil y constante de lo habitual a la sabiduría de nuestro inconsciente, al "sabio" que todos llevamos dentro. Podemos hacer buen uso de estos tránsitos si todos los días nos dejamos tiempo para la quietud y la reflexión. La inspiración de Neptuno puede canalizarse por vías artísticas: escribir, pintar, hacer música o danza, el teatro o la fotografía no son más que algunos de los caminos que se vuelven más transitables. Los tránsitos difíciles, aunque ocasional o esporádicamente ofrezcan algunas de las mismas ventajas, son por lo común más molestos y difíciles de manejar con prudencia, porque la mente consciente y la inconsciente vuelven a reunirse, pero de una manera más inquietante. El miedo, la duda y la confusión pueden adueñarse de la mente y obstaculizar gravemente nuestra capacidad de funcionar bien en el mundo. Nos cuesta más organizarnos y organizar nuestra vida diaria; incluso actividades que hasta ese momento hemos desempeñado fácilmente pueden resultarnos más difíciles. Nuestra percepción de la realidad puede verse desproporcionadamente alterada por nuestros sentimientos y proyecciones inconscientes. Abrumados por temores irracionales, quizá nos imaginemos sin fundamento alguno que otras personas están pensando o hablando mal de nosotros. Así como cuando forma un Trígono o un Sextil genera visiones intuitivas y sueños inspirados, los aspectos difíciles entre estos dos planetas suelen coincidir con inestabilidad mental, tendencia a los olvidos, delirios y pesadillas. Durante los tránsitos difíciles de Neptuno-Mercurio es probable que tengamos que renunciar a nuestra manera habitual de organizarnos y a nuestras rutinas diarias, y permitirnos andar perdidos durante un tiempo, hasta que la psique elabore una solución. A muchas personas, un proyecto así las asusta, porque les da una sensación de haber perdido el control sobre su vida, y sin embargo, bajo la influencia de este tránsito importante de Neptuno, puede suceder que solamente perdiéndonos a nosotros mismos podamos volver a encontrarnos.

Neptuno-Venus: Bajo la influencia de estos tránsitos encontraremos a Neptuno en el dominio del amor y de las relaciones, en problemas que tienen que ver con la expresión creadora y en los cambios que se producen en nuestro sistema de valores, es decir en lo que nos parece hermoso o esperamos obtener en la vida. Neptuno disuelve los límites y cuando forma cualquier ángulo por tránsito con nuestra Venus natal, el deseo de perdernos en otra persona se vuelve muy fuerte. Aunque tengamos ya una relación de pareja, en este momento podemos enamorarnos perdidamente. Es posible que el nuevo ser amado se nos muestre como la respuesta a todos nuestros sueños románticos; es alguien que nos arrebata y nos promete las llaves del cielo. Pero Neptuno en tránsito también trae consigo una tendencia a idealizar y a no ver con claridad lo que tenemos delante. En el caso de Venus hay muchas probabilidades de que no tengamos una visión realista de las otras personas: estamos tan fascinados por lo que tienen de bueno y por lo bien que nos hacen sentir, que pasamos por alto otras características suyas que pueden ser más problemáticas para nosotros, o les restamos importancia. Por más maravilloso que sea el ser amado, no siempre nos irá como anillo al dedo, e inevitablemente habrá cosas en que nos sentiremos decepcionados. Sin embargo, incluso si él no es el príncipe azul o si ella está muy lejos de ser la diosa que nos pareció al principio, quizá todavía veamos a la otra persona como alguien lo bastante valioso para que hagamos el esfuerzo de establecer la relación sobre las bases más sólidas. Esto no solo es válido para los ángulos difíciles de los tránsitos de Neptuno en relación con Venus, sino también para el Trígono y el Sextil. En general estos tránsitos indican una época en que nuestra capacidad de apreciar el mundo que nos rodea se incrementa. El corazón se expande y rebosa de amor, no por otra persona, sino por toda la humanidad y el resto de la creación. Nos conmueve fácilmente la belleza y nos sentimos más afectuosos con los demás. La expresión creadora puede alcanzar una culminación, e igualmente aumenta nuestra apreciación de toda expresión artística. Nos sentimos atraídos por las vivencias religiosas, espirituales o místicas. Aunque con los aspectos difíciles pueden "hacernos" más sensibleros o sentimentales de lo habitual; estamos tan ávidos de amor y afecto que lo buscamos dondequiera que podamos hallarlos, y esta situación puede dar origen a la promiscuidad o a una falta de discriminación en nuestra elección de pareja.

Neptuno-Marte: Con los tránsitos armoniosos, Neptuno puede tener sobre Marte un efecto suavizante, entonces actuamos con menos egoísmo, no solo para afirmar nuestro propio yo individual, sino también en lo que concierne a los demás. En ocasiones nuestra acción puede parecer inspirada, como si supiéramos instintivamente qué camino debemos tomar. Bajo esta influencia podemos usar la energía de nuestro impulso para promover una causa que beneficie a otras personas y no solamente a nosotros mismos. Seremos más considerados en nuestra forma de autoafirmarnos, e intentaremos hacerlo de una manera que respete las necesidades y los deseos de los demás. Seguiremos afirmando nuestra voluntad, pero tendremos más en cuenta los efectos de nuestras acciones y es improbable que al hacerlo hagamos daño a otras personas o las avasallemos. En el caso de los ángulos difíciles, Neptuno ejerce sobre Marte un efecto disolvente, como si lo nublara. La confusión nos impide de ver cómo encauzar nuestra energía y nuestros impulsos; nos sentimos aletargados e indiferentes, o inseguros de qué dirección tomar. Aun cuando tengamos cierta idea de lo que queremos hacer, podemos encontrar gran dificultad para motivarnos y ponernos realmente en marcha. Si hemos estado demasiado identificados con una imagen de nosotros mismos como personas poderosas y fuertes, estos tránsitos nos enseña que afuera hay fuerzas mayores que nosotros y que pueden más que la voluntad del yo individual. Neptuno se opone a la individualidad, si estamos actuando demasiado en nuestro propio favor -sea para afirmar nuestro poder individual o para alimentar a nuestro yo- es probable que fracasemos. Sin embargo, si estamos usando nuestra energía para promover algo que no sólo nos beneficie a nosotros, sino que sirva de alguna manera a otras personas, estos tránsitos no tienen por qué tener consecuencias tan desastrosas. Neptuno quiere llevar a Marte a un nivel superior, porque estaremos ejerciendo nuestra voluntad por el bien de todos. Cualquier tránsito de Neptuno puede expresarse de maneras aparentemente opuestas. En tanto que en algunas personas incrementa el apetito sexual, otras tienen la experiencia inversa y pasan por un período de impulso sexual bajo o inactivo. Puede ser que la libido esté buscando reorientarse por otros canales además del sexual: una empresa creativa o una misión o tarea determinada que nos absorba. También puede activarse en estos momentos el deseo de trascender el impulso sexual por una senda de crecimiento espiritual.

Neptuno-Júpiter: Neptuno estimula la expansividad y el idealismo naturales de Júpiter; en otros casos, nuble o deforma su juicio y su visión. Cuando forma aspectos armonónicos la experiencia es generalmente positiva, estimulan aquella parte de nosotros que quiere creer en algo: vemos la fe como la senda hacía la redención y la realización, y por lo tanto estamos abiertos a dejarnos inspirar o elevar por algún tipo de religión, filosofía, teoría política o sistema de creencias. Nuestra perspectiva general será optimista, e incluso si experimentamos dificultades no perderemos la fe en el futuro, ni el sentimiento de que el destino está finalmente de nuestra parte. Los tránsitos armoniosos indican también que es un buen momento para enriquecernos viajando. Mientras viajamos atraemos hacía nosotros experiencias que nos mueven a sentir compasión por la humanidad y aumentar nuestra comprensión de la vida. Favorece cualquier estudio que profundice o ensanche la mente y nos enriquecen con habilidades que podemos usar para ayudar a otras personas y mejorar la calidad de la vida sobre la Tierra. Los tránsitos difíciles estimulan cuestiones similares, pero de manera más problemática. Dado que tanto Neptuno como Júpiter son energías expansivas, cuando se combinan adversamente generan una tendencia a exagerar las cosas, es probable que tengamos un sentimiento exagerado de nuestro propio poder o de nuestras capacidades. Convencidos de que podemos hacer cualquier cosa, volamos demasiado alto, abarcando demasiado y excedemos nuestros límites. En segundo lugar, estos tránsitos nos dan también una fe ingenua de la vida: estamos convencidos de que cualquier cosa que hagamos terminará por salir bien. Por eso corremos riesgos innecesarios, nos excedemos en el consumo de alcohol y otras drogas y gastamos más dinero de lo que tenemos, como si fuéramos inmunes a los peligros que todo ello implica. Viajando, es probable que estemos siempre a la hora justa en el lugar preciso para que nos suceda lo que no queremos. Neptuno puede nublar la visión de Júpiter y es necesario que veamos con cuidado a quien confiamos nuestra fe y a que punto nos autoengañamos.

Neptuno-Saturno: Saturno indica los puntos donde nos sentimos débiles, incompletos o inseguros. Generalmente procuramos esconder -y escondernos- estos sentimientos incómodos. Sin embargo cuando Neptuno en tránsito forma un aspecto con nuestro Saturno natal (y esto es válido para todos los aspectos) las defensas de este ámbito nos fallan, y nos vemos obligados a afrontar nuestras dudas y debilidades más íntimas. Neptuno socava estas barreras protectoras y revela la herida subyacente. Cuando Neptuno forma aspectos armoniosos puede hacerlo de manera más suave o más gradualmente que cuando se trata de aspectos tensionados, pero aun así no es una experiencia fácil de soportar para el ego. Incluso podremos tener la sensación de estar enloqueciendo. Y sin embargo, al desprendernos de la imagen que tenemos de nosotros mismos y volver a conectarnos con lo que habíamos excluido de nuestra identidad, podemos cambiar y crecer. Saturno intenta protegernos del dolor, la inseguridad o cualquier otro sentimiento "desagradable" que no deseamos reconocer, pero además podemos estar reprimiendo también parte de nuestras potencialidades positivas: recursos todavía no explotados o capacidades de creación que se han visto sofocadas en el curso de nuestra evolución. Los tránsitos Neptuno-Saturno levantan las barreras que nos obstaculizan el cultivo de estos dones y talentos ocultos. Neptuno propende a lo místico y a lo espiritual, y se deja llevar fácilmente por el vuelo de la imaginación; Saturno tiene los pies en la Tierra, en el dominio del espíritu práctico y el sentido común. Neptuno disuelve la sensación de ser un individuo aparte y nos hace tomar consciencia de lo que hay en nosotros de universal e ilimitado; Saturno define nuestra individualidad, nos dice dónde terminamos y dónde comienza los otros. Como es obvio, entre estas dos energías no se da una buena amistad. No obstante, los aspectos armoniosos apunta a un período de la vida en el que podemos lograr un feliz matrimonio entre la visión espiritual o intuitiva y el sentido práctico de la realidad cotidiana, también indican momentos en que, con paciencia y disciplina podemos dar alguna forma de expresión concreta a la inspiración creadora. Con los aspectos difíciles sentiremos mayor tensión cuando intentamos integrar o mezclar las energías contrastantes de Neptuno y Saturno, y quizá tengamos la visión de algo que nos gustaría lograr o expresar, pero tropezamos con numerosos bloqueos y resistencias, internos o externos en el proceso de dar forma a lo que está en nuestra imaginación. Los tránsitos de Neptuno en aspecto con Saturno pueden darnos la sensación de que estamos perdiendo nuestro autodominio. Quizás en el pasado hayamos sido prácticos y disciplinados, pero ahora nos encontramos inseguros, perdidos, soñadores o lisa y llanamente haraganes. Creímos que nos conocíamos y que éramos los dueños de nuestra vida, pero ya no estamos seguros de qué es real y qué no lo es. Por más que todo esto puede inquietarnos, es probable que tengamos que dejarnos desintegrar para poder reorganizarnos de otra manera. Un terapeuta o analista experimentado y comprensivo puede ayudarnos durante el proceso.




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