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Astropsicología Holística

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El Significado Esotérico y Simbólico de los planetas en la Carta Astral



La teoría astrológica de la personalidad

Factores personales básicos, la acción dirigida conscientemente:
En la astrología psicológica, los planetas pueden dividirse en tres grupos:
El primer grupo consiste en los factores personales básicos: Sol, Luna, Mercurio, Venus y Marte. Estos planetas muestran qué fuerzas podremos dirigir o modificar conscientemente, hasta cierto punto. Estos planetas caracterizan los rasgos más evidentes de la personalidad y los impulsos más fuertes del individuo. Cada cual experimenta un sentido de individualidad y la autoidentidad (Sol), un modo de reaccionar espontáneamente, basado en respuestas condicionadas (Luna), una aptitud para razonar e intercambiar pensamientos con los demás (Mercurio), una necesidad y una capacidad de amor y estrecha relación (Venus), y una tendencia hacia la acción, la fe en si mismo y la experiencia sexual (Marte).

El SOL: cómo es uno (el tono del ser) y cómo uno percibe la vida.
La LUNA: cómo uno reacciona basado en la predisposición subconsciente.
MERCURIO: cómo uno comunica y piensa.
VENUS: cómo uno expresa afecto, se siente apreciado y da de si.
MARTE: cómo uno se afirma y expresa deseos.


Factores colectivos, los Estados del Ser:
Subyacentes en estos factores personales básicos están los más profundos factores motivacionales y colectivos, simbolizados por Júpiter y Saturno. Aunque estos dos planetas pueden decirse que representan impulsos específicos, también indican profundos estados del ser, experimentados como necesidades superconscientes (Júpiter) o subconscientes (Saturno). Su significación colectiva se refiere a su impacto sobre cómo uno quiere participar del mundo en general y en relación con las actividades sociales. Estos planetas representan las corrientes más profundas de la estabilidad, la tradición y la seguridad (Saturno), y las aspiraciones futuras, sentido de aventura, osadía y crecimiento personal (Júpiter).

JÚPITER: cómo uno procura crecer y experimentar confianza en la vida.
SATURNO: cómo uno procura establecerse y preservarse a través del esfuerzo.

Factores transpersonales, las energias transformativas:
El tercer grupo es comprendido por Quirón, Urano, Neptuno y Plutón. Este grupo simboliza las fuentes más profundas del cambio en la vida, las dimensiones trascendentes de la experiencia y las energías más sutiles con las que estamos armonizados. Estas fuerzas afectan nuestras facultades más conscientes a través de la inspiración, destellos perceptivos, intuición, conocimiento innato no aprendido a través del intelecto, un impulso a fundirse en una totalidad mayor, y un fuerte impulso hacia un refinamiento de nuestra naturaleza más profunda. Cuando estas energías entran en juego, se rompen las viejas pautas de vida y cambian rápidamente. Estos planetas se refieren a factores transpersonales y las energías transformativas dentro de la vida de cada uno de nosotros. Las posiciones de Signos de Quirón, Urano, Neptuno y Plutón son indicaciones de actitudes generacionales, pero en el mapa individual son de importancia mucho menor que la posición de Casa y los aspectos de estos planetas. Los aspectos respecto a los planetas personales revelan cómo uno se armoniza con las fuerzas del cambio dentro de su generación y cómo se armoniza con las fuerzas del cambio dentro de si mismo. Según los términos de la psicología junguiana los planetas trans-saturninos representan las modalidades funcionales del inconsciente colectivo, mientras que la Luna y Saturno representan las pautas estructurales y las necesidades subconscientes del inconsciente personal. La Luna simboliza las tangibles necesidades emotivas de seguridad, asociadas con la madre (apoyo interior), y Saturno simboliza las tangibles necesidades materiales de seguridad asociadas con el padre (apoyo exterior).


EL SOL: Regente de Leo y la Casa 5
El Circulo del Espíritu y el punto alrededor del cual giramos. El Microcosmos dentro del Macrocosmos.

Nota clave: Nuestro sentido de la identidad, aquello que consideramos importante, aquello de lo cual nos sentimos orgullosos, aquello que acapara nuestra atención. Vitalidad. Importancia. Orgullo. Iluminación. Reconocimiento. Nuestra voluntad, nuestras metas y objetivos futuros.
Correspondencia psicológica: La voluntad de crear, la confianza en uno mismo.
Impulsos representados: Impulso de ser y crear.
Necesidades simbolizadas: Necesidad de ser reconocido y expresarse.
Expresión positiva: Radiación del espíritu; efluvio personal creador y amoroso.
Expresión negativa: Orgullo, arrogancia; anhelo excesivo de ser especial.
Es la entera fuerza de vida activando todos los potenciales y desarrollando todos los recursos disponibles. Indica la inquietud creativa y el estado de crecimiento de la actual encarnación. Te enseña las lecciones que se debe dominar. Manifiesta la determinación y expresión dinámica de la voluntad.

El circulo, no tiene comienzo ni fin, representa lo ilimitado, lo infinito, y el punto representa al individuo en cuanto entidad aparte, que tiene su propia identidad personal y, sin embargo, es parte de un todo mayor. El Ascendente es la senda que seguimos para encontrar quiénes somos, pero el Sol es lo que descubrimos, lo que intentamos llegar e ser. Mediante el desarrollo de las cualidades del Signo solar y mediante el enfrentamiento con la esfera de la vida designada por la Casa donde éste se halla emplazado, conseguimos un sentimiento más cabal de nuestro poder, propósito y dirección en la vida. Dicho muy simplemente, la Casa donde se encuentra el Sol indica dónde necesitamos distinguirnos de alguna manera: irradiar nuestra influencia, resplandecer, destacarnos y ser especiales. Es el ámbito de la vida por cuya mediación nos separamos de la Madre arquetípica, reconociendo nuestra propia identidad individual en vez de mantenernos fusionados con el resto de la creación. En tanto que la Luna se ve influida por instintos profundamente arraigados, y por las pautas habituales del pasado, el Sol tiene el poder de provocar el cambio, de llevar a la práctica opciones nuevas y de crear alternativas inéditas en el sector del mapa en donde se encuentra. De la misma manera el Sol que está en los cielos es el centro de nuestro sistema solar e influye sobre los planetas que giran a su alrededor, la posición del Sol en el mapa nos muestra dónde debemos cultivar el poder de autoregeneración que nos permite actuar en una dimensión causal en vez de limitarnos a una actitud reactiva. Como el héroe en el mundo de los mitos, es en la Casa donde está emplazado el Sol donde tenemos que combatir con dragones, enfrentarnos con la vida y superar los obstáculos y las fuerzas que se oponen a nuestro avance y a nuestro crecimiento. El proceso de expansión y desarrollo en el dominio del Sol asume comúnmente la forma de una lucha que, si tiene éxito, nos permite salir adelante con una sensación más sólida y más coherente de quiénes somos. El papel del Sol en nuestro mapa es el de informarnos sobre las pruebas por las que tendrá que pasar el héroe que anida en nuestro interior, para describir este proceso, los seguidores de Jung utilizan la palabra "individualización". Esto es, más o menos, lo que intenta hacer el Sol: el propósito del héroe es el de convertirse en un individuo distinto. Para llegar a ser uno mismo, la personalidad tiene que estar ya en nuestro interior, la bellota sólo puede convertirse en un roble, pero todo roble es distinto a otro y su unicidad en potencia existe ya en estado latente dentro de él. Así pues, el Sol parece simbolizar la búsqueda de nuestra propia identidad. Los planetas en aspecto con el Sol no sólo nos ayudarán a definir la personalidad del héroe, sino que también nos describirán las pruebas que éste deberá sufrir, es decir, todas aquellas cosas que acelerarán o dificultarán este proceso. Mientras que el Ascendente y su regente describen nuestro paso por la vida, el vehículo en el que viajamos y el camino que recorremos, el Sol parece estar centrado en el verdadero propósito de nuestras vidas, así como en todas aquellas pruebas con las que nos iremos encontrando a lo largo del camino. El Sol nos proporcionará una considerable información sobre nuestro futuro, puesto que el es que nos describe hacia dónde nos dirigimos, como contraposición a la Luna, la que nos describirá en gran medida de dónde procedemos. Una de las palabras claves para el Sol es la de "voluntad". Junto con Marte, el Sol refleja nuestra voluntad, nuestras inclinaciones, nuestros deseos, nuestros objetivos y nuestras futuras intenciones. El deseo de ser nosotros mismos, de poseer un tipo especifico de carácter, de encontrar un objetivo a nuestras vidas. En otras palabras, el Sol parece describir nuestros propósitos y objetivos, así como nuestro afán por reconocer y vivir conscientemente estos propósitos. La Casa y el Signo ocupados por el Sol son, ciertamente, las áreas de nuestras vidas en las que nos sentimos importantes y, normalmente, también a las que más importancia otorgamos. Cuando un planeta forma un aspecto con el Sol, este planeta adquiere una especial relevancia para nosotros y, a menudo, también puede aclararnos la forma cómo deseamos ser considerados, así como la facilidad o dificultad con la que cumpliremos este objetivo. El Sol es una parte de uno mismo que se centra en uno mismo. El Sol está "centrado en si mismo". Los aspectos recibidos por el Sol describen la facilidad o la dificultad con la  que nos autocentramos  y autoconscienciamos. La facilidad o dificultad que tenemos para reconocernos o para aceptarnos a nosotros mismos. La importancia del Sol en una Casa es similar a la influencia que tiene Leo sobre la Casa, ya sea que Leo esté en la cúspide, interceptado, o bien completando una Casa que tenga a Cáncer en la cúspide. Obsérvese también la Casa que contenga Leo, ya sea en su totalidad o parcialmente, estará de alguna manera relacionada con la Casa donde esté emplazado el Sol.

La Mitología y la Astrología han estado al servicio de la percepción humana del cosmos, ya que ambas son expresiones simbólicas de este. Desde la época babilónica en adelante, los planetas, las luminarias y las estrellas fijas, no solo simbolizaron fuerzas o sirvieron como mediadoras en las relaciones humanas, sino que también se erigieron como protagonistas de historias que expresan imaginariamente los modelos arquetípicos inherentes a la vida y a la psiquis humana. El astrólogo que está dispuesto a explorar las condiciones mitológicas de los planetas, penetra en una rica fuente de comprensión, ampliando el espectro de su visión interior y de la comprensión del simbolismo astrológico. Esto a su vez nos hace mejores astrólogos porque podemos adentrarnos en el mundo interior de nuestro cliente y transmitir nuestra interpretación con un lenguaje que toca tanto al corazón como al intelecto. Es en la interpretación del Sol astrológico donde la importancia del mito adquiere mayor fuerza. El Sol ha sido entronizado en la mitología a lo largo de las épocas y a través de muchas culturas. Las palabras claves como "autoexpresión", son de gran ayuda. En las imágenes mitológicas del Sol confluye algo más que lo referente a su energía y propósito. Dichas imágenes míticas de la naturaleza y el protagonismo del dios griego Apolo (de cuyo nombre original "Apollon" nos hemos permitido omitir la "n" final) no podrían ser más perfectas a la hora de compararlas con el significado del Sol en un horóscopo personal. Detrás de esta deidad subyacen no solamente las raíces de la cultura occidental, sino también muchos atributos que posteriormente el mundo cristiano termina utilizando y asociando con Cristo. Apolo ha sido denominado "el caballero del Olimpo", el más exquisito y agraciado entre todos los dioses griegos. Esculturas y frescos lo retratan habitualmente bello, joven y de escasas vestimentas, luciendo un cuerpo atlético de proporciones perfectas, tan idealizadas por los Griegos. Pero los orígenes de Apolo se remontan más allá de la Grecia clásica, tal como lo atestiguan ciertos restos arqueológicos que indican el inicio de este culto con anterioridad a la Edad del Bronce. El surgimiento de este dios está rodeado de muchos misterios, por empezar el de su nombre mismo, que aún hoy sigue provocando vehementes discusiones entre los eruditos. Rastreamos sus orígenes griegos allá por el siglo VIII a.C. y por el siglo V a.C. ya se le asociaba no solamente con el Sol, sino también con el don de la profecía, la curación, la ruptura de maldiciones familiares y la inspiración artística (especialmente de la música y la poesía). Se nos hace difícil comprenderlo a causa de estas múltiples facetas y al principio puede que tampoco captemos bien la interrelación de tantos atributos. Pero a medida que profundizamos en ellos, logramos ampliar nuestro conocimiento del Sol hasta que ser capaces de desentrañar lo que realmente significa en un horóscopo.

Apolo, el dador de luz

De la misma manera que en el mundo antiguo se concebía al Sol como el que daba la luz, a Apolo se lo percibió como el dios que logra encender la luz interior. "Conócete a ti mismo" era la inscripción a la entrada de su templo en Delfos, y esto realzaba la importancia que tenía el dios como símbolo de la conciencia. A este dios no se lo entendía como al Sol físico que se ve en el cielo; él era el portador del Sol, el que lo llevaba del Este al Oeste cada día en su carroza de oro. El Sol físico era lejano e intocable; era "lo Unico", la esencia de la vida misma, imposible de alcanzar o de comprender acabadamente. La forma humana de Apolo nos remite a un reflejo de algo que hay en la psiquis humana -el contenedor o portador de lo inefable. No sorprende entonces que Pitágoras y Platón apoyaran a Apolo, ya que el profundo sentido de la Filosofía -el amor por la sabiduría- está ligado a este proceso de adquirir conciencia con el fin de reconectarnos con eso que Platón llamó "las realidades eternas". Era extraordinario su rol de romper maldiciones familiares y asesino de la oscuridad. Y a él se encomendaban los atormentados por la culpa. En Mitología, sus conflictos con el submundo ctónico de las deidades femeninas, tales como Pitón, la serpiente gigante y las terribles Erinyes o Furias, lo marcaron como el campeón que vence a las fuerzas del destino y las compulsiones ancestrales. Y aún cuando se trata del mismo conquistador de estas fuerzas, también las incorpora a su culto. La Pitón se convierte en uno de sus símbolos más emblemáticos, tanto por la forma iconográfica de la serpiente grecorromana, como por la figura de la Pitonisa, la sacerdotisa del oráculo que se comunicaba con los dioses. Estas deidades-madres ctónicas eran también veneradas en Delfos a través del ónfalos o piedra-ombligo, el centro de la Tierra, el preciso lugar donde se manifestaba la luz del Sol. Podemos observar la imagen del ónfalos, en algunas monedas acuñadas en Delfos, como representada por un punto en el centro de un círculo; el círculo era asociado con Apolo por el halo que se forma alrededor del Sol y se ve a través de los cielos, y también porque el círculo no entraña ni comienzo ni final y por ende sugiere la idea de divinidad y de eternidad. Aunque no haya una documentación cierta que sugiera que el uso de esta imagen -el punto en medio del círculo- diera posteriormente origen al glifo astrológico que usamos para designar al Sol, y que se usara inicialmente en el Renacimiento, es imposible ignorar la conexión. Cuando interpretamos el Sol en un horóscopo, ¿qué implicaría este rol del Sol como dador de luz? Primero de todo, nos sugiere que el símbolo de Apolo describe un centro fundamental de nuestro interior -el corazón de la identidad- o el sentido de un destino personal que se alza desde la conciencia de nuestro ser como individuos y que tiene el poder de desvanecer las compulsiones que nacen en la infancia y el contexto familiar. La "maldición familiar" griega es una descripción de los conflictos inconscientes sin resolver que vienen de generación en generación, eventualmente llegando al umbral psíquico del "paciente identificado" (tal como se lo conoce en terapia familiar), quien actúa el peso de esta herencia inconsciente a través de una enfermedad física o psicológica. Cualquiera que haya experimentado el poder de las compulsiones -ya sea hacia las drogas, el alcohol, la comida o las conductas autodestructivas- sabrá lo imposible que es llegar a identificar todo esto de forma razonable y lograr cierto alivio, sino a través de una prolongada y honesta exploración de los sentimientos atrapados en el pasado. El proceso terapéutico se trata, pues, de un proceso apolónico, no por ser algo intelectual, sino porque apunta al crecimiento de la conciencia y a iluminar la oscuridad. Aquello que se guarda en lo oscuro no puede cambiar o crecer. Las terapias no verbales también pueden lograr este objetivo. Apolo en sí no apunta hacia una escuela de pensamiento psicológico en particular, en tanto que el proceso sirva para lograr el sentido del crecimiento interior. En un horóscopo el Sol es, entonces, una imagen de algo dentro de nosotros que es capaz de formar una identidad central e indestructible y alrededor de la cual gira el mismo horóscopo; un ego que puede contener e incluso transformar varios conflictos y aquellas discrepancias que todo horóscopo suele tener. Tales conflictos y discrepancias si fueron exacerbados por dificultades a una edad temprana, sin la menor posibilidad consciente de iluminar sus orígenes y su naturaleza, pueden dar como resultado un gran sufrimiento.

Apolo el cosmocrator "Dueño del Mundo"

Apolo es también el cosmocrator, el "Dueño del Mundo", el centro alrededor del cual gira el sistema Solar. Es así como a menudo el arte antiguo suele retratarlo como sosteniendo la rueda del zodíaco, ya que este es el símbolo de la eclíptica -el camino aparente que recorre el Sol alrededor de la Tierra- una forma en sí imaginaria, que refleja un ciclo de desarrollo y que se percibe con el paso de las estaciones y en los multifacéticos ciclos de nuestra vida personal. Sería bueno traer a colación que el zodíaco es un invento griego y que coincide en el tiempo con el crecimiento del poder del culto de Apolo, que tuvo lugar en el siglo V a.C. Tanto la astrología, que hemos heredado de los griegos, como Apolo mismo, están muy ligados entre sí y ambos reflejan la misma percepción básica del orden cósmico. El movimiento sistemático del cosmos depende de la imagen de aquel Apolo que lleva el propósito y la inteligencia de la luz divina del Sol. Y es gracias a su forma de razonar que logra mantener a los planetas en sus órbitas. Nuevamente nos encontramos con la oportunidad de mejorar mucho nuestra comprensión respecto de la función solar en un horóscopo, dado que ese centro ubica al individuo en el centro mismo de su propia vida, permitiendo que otros aspectos de la mapa natal armonicen entre sí.
 Al movimiento sistemático del cosmos se lo conoce también como "la música de las esferas" y es aquí donde el dios de la música y cosmocrator va más allá y logra establecer un patrón fundamental en la vida que a la vez sea sistemático y hermoso. Cada mapa natal debería ser vista de esta manera, a pesar de todos los demás aspectos nefastos o planetas en detrimento o en caída que pudiéramos encontrar. Y quizá, hasta deberíamos decir que depende más de nuestra habilidad para expresar nuestro Sol, que se destraben aquellos aspectos menos armónicos más que por la naturaleza de los aspectos planetarios en sí mismos. En otras palabras, una Cuadratura Marte-Saturno o bien una Oposición Luna-Plutón, puede generar un conflicto, pero es en realidad destructiva sólo cuando no haya un centro al cual pueda atenerse el individuo en cuestión y equilibrar así las necesidades de estos planetas. El Sol es el gran conciliador de los conflictos planetarios internos, permitiendo que trabajen más a favor que en contra de la vida. Otra vez es ese sentido del sí mismo, el que unifica toda la Carta, no para ser controlado por él, sino para permitir su expresión y reflexionar sobre él.

Apolo el artista

Apolo trae consigo a la cultura e inspira creativamente a los humanos gracias a la intervención de las Musas. Este grupo de figuras femeninas representa a cada una de las artes. Es interesante percatarnos de lo que los Griegos consideraban como arte. Calíope, la Musa de la Música era la principal, atributo que también compartía con Apolo; de aquí viene la imagen de la lira que suele acompañarlo en algunas esculturas y frescos antiguos. Urania es la Musa de la astrología, que entonces era una combinación de astrología con la ciencia que ahora conocemos como astronomía. Desde esta perspectiva mitológica, a la Astrología no se la concebía como una ciencia en el sentido que ahora le damos, sino más bien se la consideraba como un Arte, por lo que la intervención de la Musa era más que necesaria para descodificar la sabiduría de estos mensajes. La Mitología establece que la relación que mantenían las Musas con Apolo, podía darse en tres categorías: como simples compañeras, como amantes, o como hijas. Pero lo que está claro, es que cualquiera que haya sido la relación que mantuvieren entre sí, ellas eran la viva expresión del poder que emanaba de Apolo para encender la creatividad humana. No debería sorprendernos entonces la conexión entre el Sol astrológico y el área de nuestra creatividad, como concepto de la Casa 5 de un horóscopo. El dios provee la inspiración, pero son sus Musas quienes lo encarnan de forma perceptible actuando como puentes para unir la imaginación con lo divino. En la soberbia pintura de Apolo y las Musas, de G. Moreau, se lo muestra enviando a las Musas para que eduquen e inspiren a la humanidad. Así entendemos a Apolo como educador, una palabra griega cuya raíz significa "conducir hacia delante". Esta es la idea platónica de la educación -obtener una respuesta del alma que nos haga recordar que provenimos de las altas esferas. El arte como camino educativo es bastante diferente del arte tomado sólo como entretenimiento o como mensaje político. La dimensión Solar que adquiere la expresión artística es algo muy personal, que arranca de muy adentro nuestro y refleja una especial conexión con la fuente de la vida. No se trata de algo colectivo aunque podemos decir que cuando logramos crear mediante la inspiración, suele arribarse al terreno de lo colectivo, siempre y cuando tengamos la mente lo suficientemente abierta. Pero la fuente de la inspiración no abreva en lo colectivo, sí en el Sol personal, en la esencia personal. El arte que comprende al Sol astrológico puede no necesariamente ser reconocido como arte en si mismo; ya que es posible que se manifieste en la forma que vivamos nuestra vida. Esta conexión solar con la inspiración y como reflejo de la conciencia en la vida de una persona, nos está sugiriendo que, cualquiera sea el emplazamiento del Sol en el mapa, este es el que nos va a hacer experimentar esa sensación de unión con lo divino por cualquier medio creativo que elijamos para expresarnos y que sea el más inspirador de nuestras almas. Así veremos la conexión entre el Sol y la vocación, ya se trate de una vocación que sea financieramente remunerativa o bien una tarea a la que nos aboquemos en nuestras horas de ocio. También nos sugiere que todos tienen una "vocación" en el sentido más profundo, incluso si no se trata de algo que implique ganar dinero. Pero a menos que una persona se abra a la inspiración, no puede dar lugar a su vocación y mantener con lealtad sus valores y su propia visión.

Apolo el profeta

Comúnmente no asociamos al Sol con una profecía. Sí asociamos profecía con lo relativo a lo mediúmnico, aunque lo mediúmnico tiene que ver con borrar los límites del individuo y la capacidad de entrar en la vastedad del cosmos (o en la vida de otro ser humano) y percibir lo que allí sucede. Tal como lo dijeran los oráculos de Apolo, la profecía es algo por completo diferente. A Apolo se lo llamó el dios de la doble lengua porque sus predicciones dejaban a la gente totalmente perpleja; pero lo que en verdad allí se decía era algo muy básico que luego podía interpretarse desde un punto de vista muy personal (y frecuentemente eso era lo que sucedía). Entonces se decía que el oráculo había fallado y de aquí es como surgen muchas situaciones donde el héroe o la heroína hace trampas o bien asume las predicciones de manera equívoca llegando a resultados desastrosos. En otras palabras, el mensaje del oráculo no era de contenido psíquico, pero sí revelaba al instante la pauta sobre la que se apuntalaba la vida del consultante, o resaltaba con pelos y señales un capítulo específico en la vida de esa persona. Estamos hablando de lo que solemos calificar como destino, pero en un sentido menos compulsivo del término. Las profecías de Apolo están absolutamente emparentadas con el Sol astrológico. Cuando vislumbramos un diseño interior de nuestro destino, nuestra vida cobra sentido y tenemos un motivo para vivir, y podemos tomar conciencia de ello, si miramos en un mapa natal el emplazamiento del Sol por Casa, Signo y Aspecto. 
Aquí está nuestro futuro, la persona en que potencialmente somos capaces de convertirnos, la persona que tanto deseamos y necesitamos ser, si es que tenemos como objetivo de vida algo más que comer, reproducirnos y morir. Sin embargo, podemos malinterpretar esa luz que aporta la interpretación del Sol, dependiendo mucho de nuestra edad, circunstancias, conflictos y necesidades emocionales. Pero de cierto modo sabemos que la historia central del destino personal está en algún lugar de nuestro interior, y ésta es quizá la razón por la cual el Sol está tan estrechamente relacionado con la vocación, con nuestro "llamado", o, como dice Howard Sasportas "un llamado del yo interior". Profecía como destello del destino y destino encarnado en vocación, son las características que quizá reflejan los más profundos vínculos de Apolo con el Sol astrológico. Es importante señalar que la predicción del oráculo era provista por una Pitonisa, lo que significa que no podemos escuchar la sabiduría directamente del Sol, sino a través de nuestros sentimientos, cuerpo e imaginación. De no mediar este portavoz, el conocimiento de Apolo sería inaccesible. Pero a menos que busquemos enérgicamente la sabiduría de Apolo, la Pitonisa quedará muda. También podemos observar la pertinencia de la astrología con Apolo en el sentido de que como astrólogos buscamos encontrar aquel esquema que sea la historia central de la vida de una persona. De hecho, el mapa natal es un oráculo, aunque no en el sentido predictivo -si bien esta área es inherente a la astrología desde siempre- sino para comprobar que ese esquema básico existe y que eso es lo que constituye nuestro destino. Se trata de algo más interno que externo, por eso la astrología hace tanto hincapié en este concepto, aún cuando las circunstancias de la vida tiendan a reflejar y personificar la historia interna. Tal como sucedía en el oráculo de Apolo, las configuraciones del mapa natal pueden ser malinterpretadas tanto por el astrólogo como por el cliente, porque uno carece de la perspectiva para ver el panorama completo y generalmente tiene una fijación en lo inmediato o con una preocupación en particular.

Apolo el Sanador

El papel que desempeñara Apolo como médico-sanador condujo al nacimiento de muchos Asclepios o centros de sanación en todo el mundo antiguo. Según cuentan, Asclepios era hijo de Apolo, una forma personificada del dios en carne humana, y en todos estos lugares sagrados de curación siempre se asociaba la figura de Asclepios con su divino padre. Todavía sigue siendo un misterio, qué tipo de medicina se practicaba en estos centros curativos, pero sabemos por ejemplo que la música cumplía un papel terapéutico muy importante, tanto como lo hacían la guía e inspiración que se aprendía de los sueños. Por lo tanto tomamos al Sol como un sanador interior y sería importante para nosotros, como astrólogos, entender precisamente qué significa todo esto a nivel psicológico. Lo que se entiende por enfermedad según el concepto de Apolo, era aquello que se apagaba, que se quedaba sin la luz del Sol. Los griegos entendían la enfermedad como algo que sucedía tanto a nivel psíquico como físico y la forma de restablecer la armonía con el alma, residía en trabajar con la música y con los mensajes de los sueños. En otras palabras, algo que actualmente denominaríamos: una conexión con el inconsciente. Hoy en día, muchos de nosotros, olvidamos lo profundo que puede afectarnos la música y de qué manera puede, no sólo armonizarnos, sino también desarmonizarnos. La música se ha convertido actualmente en algo tan político como cultural y corremos el peligro de perder de vista su función educativa y como fuente de inspiración. La música es el instrumento principal que utiliza Apolo el sanador, y se sabía que esa música reflejaba la música de las Esferas -la armonía cósmica. Así se entiende a la enfermedad como un estado inarmónico del alma, una ruptura de la conexión humana con el orden cósmico mayor, por ende, lo que hace la curación es restaurar la armonía interior y reconectarnos con la fuente. En un horóscopo, la voluntad de vivir está profundamente ligada con el Sol, y la voluntad de vivir tiene que ver con la búsqueda del significado y a su vez este es el sentimiento de estar conectado con algo más grande que uno mismo. El Sol nos da esa sensación de ser como una vasija que contiene algo más grande, algo superior, y si logramos armonizar con ello, encontramos el significado de la vida, incluso en aquellas circunstancias que se nos presentan como trágicas o de pérdida. Bien sabe todo médico que sin la voluntad de vivir, el paciente se muere, a pesar de la eficacia con que se pretenda curar al cuerpo físico. En el mundo antiguo el Sol era Hyleg, el que daba la vida, y perder esa conexión significaba la pérdida de la voluntad de vivir. Lo que sugieren estas antiguas metáforas por armonía, no se aplica al sentido ordinario del término armonía que entendemos hoy por hoy; no existe ningún mapa natal exento de conflictos como tampoco lo está ninguna vida humana. Pero la gracia reside en ese sentido de alineación que puede darnos el Sol en un horóscopo y esa alineación con respecto a un modelo superior -un sentimiento del destino personal y el propósito de vida- puede elevar nuestro entendimiento al concepto de curación que rige Apolo. El proceso de la psicoterapia es hoy un escenario más que evidente donde podemos reconectarnos con ese sentido de lo que tenemos que ser, liberados de toda presión y expectativas del contexto familiar y del inconsciente colectivo. Existe otro territorio donde esta reconexión puede manifestarse y se trata del terreno artístico, siempre y cuando esté exento de tintes políticos y lejos de las banales gratificaciones del entretenimiento. Pero tal perspectiva tal vez sea incorrecta en estos días, ya que la palabra "elitista" siempre está a flor de labios en quienes no tienen la menor intención de lograr esa conexión que el Sol nos pide que hagamos. Ser una persona significa estar solo y estar en grupo al mismo tiempo, tal como lo es el Dios-Sol per se.

Cuando el Sol no brilla...

Depresión, pérdida de la voluntad de vivir, sentirse dominado por compulsiones internas, excesiva dependencia de los demás, identificarse con los resultados colectivos en el aspecto de no ser auténticos, a menos que existan otros para servirnos como espejos -son todas las experiencias que pueden sobrevenir si no nos atenemos a expresar nuestro Sol natal. Y expresar nuestro Sol significa hacer lugar en nuestra vida a los valores y necesidades del Signo Solar, involucrándonos enérgicamente en la esfera de vida representada por su Casa natal y honrando las necesidades de los planetas que lo aspectan. Cuando nos alejamos de las funciones simbolizadas por el mítico Apolo, lo que experimentamos es pasividad, debilidad, insignificancia y falta de confianza. Necesitamos de otros para afirmarnos constantemente, y tenemos miedo de tener cualquier sentimiento que sea individual u opinión que nos pueda aislar del grupo que nos rodea. En el mapa natal no hay ningún planeta que esté totalmente completo y hasta el Sol puede estar sobre enfatizado a costa de necesidades instintivas o a expensas de otros; Apolo no es el único dios. Los astrólogos se han topado alguna vez con un cliente que no despliega nada de su Sol natal y no puede reconocer ninguno de sus atributos en su temperamento. ¿Por qué esto es así? La incapacidad o falta de voluntad para construir un ego lo suficientemente fuerte se debe a varios factores. El primero de ellos es el efecto de nuestro entorno primitivo, que a pesar de las otras fortalezas internas que tengamos, puede ser muy destructivo y anular en una sofocante oscuridad a nuestro Sol e impedirle brillar. El desgaste sistemático del sentido de sí mismo de un niño puede ser parte de esto. Aquellos padres que a su vez no pudieron conectarse con la luz de Apolo, pueden sentirse resentidos al verlo refulgir en sus hijos y tratar de convencerlos que lo que importa es la familia, no el individuo. Las presiones colectivas también contribuyen, especialmente las provenientes de sociedades donde la expresión individual es equivalente a un acto criminal, tal como lo era para el antiguo régimen de la vieja Unión Soviética. Pero también es dable cuestionarnos si un medio ambiente destructivo puede desbaratar completamente la luz del Sol, si la persona por sí misma no se encuentra de cierta manera atrapada en un conflicto interno. Para comprender esto necesitamos mirar los aspectos solares en el mapa natal y también cómo está ese emplazamiento solar en relación al balance de los demás elementos.

Una Carta donde falte el elemento Fuego, puede sugerirnos que a la persona se le dificulta tener confianza en la inspiración del Sol y se puede ver a si misma como alguien para nada creativo o destinado a servir a aquellos que sí lo son. Esto genera un conflicto interno y que podría ser evitado si detectamos y vemos en la carta esos deseos exigentes de seguridad o esa extrema dependencia del pensamiento ajeno. Un niño con semejante balance en su mapa, nacido en el seno de una familia que le diera mucha importancia a la responsabilidad hacia los otros, puede rápidamente adoptar el rol de guardián y experimentar temor de su propia expresión, entendiendo a la misma como un instrumento de soledad y enajenación de la familia. Aspectos tensionados hacia el Sol provenientes de planetas como Saturno y Quirón también pueden reflejar un conflicto interno, una profunda deuda con nuestro propio valer como individuos y que no nos hace confiar en la luz del Sol. El Sol puede estar bloqueado o existir una penosa sobre compensación que no ofrece ningún alivio real. Tales aspectos hacia el Sol también podrían estar reflejando asuntos relacionados con el padre, quien a su vez pudo estar herido o inhabilitado para expresar su propia visión individual o haber actuado como una figura muy crítica, indiferente o desinteresada como para alentar el desarrollo del sentido de sí mismo en su hijo. Independientemente de que haya aspectos difíciles al Sol, este puede en verdad lograr su expresión, pero debe haber un compromiso entre la visión y la realidad de los propios límites. Los aspectos difíciles del Sol hacia los planetas exteriores también sugieren un profundo conflicto entre nuestra imparcialidad y la lealtad hacia lo colectivo y nuestra propia necesidad de brillar como individuos. Tal conflicto también requiere de un compromiso -un vehículo a través del cual podamos expresar nuestra propia identidad y valores sirviendo también al colectivo al cual representamos. Aquí todo depende del equilibrio, o como bien decía la inscripción de Delfos: "Nada en exceso". Los emplazamientos de las Casas también nos señalan un conflicto interno entre la expresión propia y los factores colectivos; el Sol en Casa 8, 11 o 12, puede estar sugiriendo, tal como lo hace en sus aspectos a los planetas exteriores, una profunda apertura hacia la psiquis colectiva y la necesidad de encontrar un medio a través del cual podamos expresar nuestra visión individual como contribución a ese factor colectivo. El Sol en Casa 4 ó 10, puede reflejar una poderosa unión con alguno de los padres, lo que dificulta la transmisión de la luz del Sol a nuestro propio ser; más bien seríamos como una especie de vasija donde el padre vierte lo que él no pudo vivir. En el mapa natal aparecen muchas otras formas en que se expresa el conflicto interno, quizá exacerbado desde el primitivo medio ambiente y que termina con la pérdida de la luz solar. Entonces sucede que tenemos que trabajar muy duro para encontrar y expresar esta luz. No tenemos que pensar que el tener un Sol bien aspectado en el Signo en que está dignificado o exaltado, significa que no vayamos a tener problemas en la vida, hasta un muy buen Sol podría ser algo demasiado bueno y hasta para aquellos que tienen un Apolo próspero, la pérdida del contacto lunar puede presentarles un tipo de desconexión totalmente diferente pero igualmente dolorosa. Pero si recordamos el símbolo del dios Sol como cosmocrator, la pérdida de su luz es equivalente a perder el sentido del propio significado como individuo y ninguna realización emocional absoluta de la Luna puede compensarlo. Podemos encontrar una razón para seguir viviendo aún si nos quedamos solos. Pero si no tenemos ninguna razón para vivir, entonces intentaremos vivir a través de los otros, y cuando ellos nos desilusionen o se rehusen permitirnos continuar con esta conducta, entonces deberemos arreglárnoslas con esa falta de voluntad para vivir que en los tiempos antiguos solamente se curaba con la intermediación de Apolo.

El precio que debemos pagar...

La Mitología de Apolo nos dice que hay un precio que pagar si decidimos desarrollar nuestro Sol y definirnos como personas. Apolo es un dios que se yergue solo, no está casado y a menudo fue rechazado por amantes, y también tuvo mala suerte con sus hijos, ya que todos terminaron sus vidas violentamente. Orfeo terminó destrozado en pedazos por las Ménades; a Asclepios lo golpeó el rayo de Zeus; Faetonte se estrelló con la carroza solar y fue consumido por las llamas. A Apolo lo amaron tanto los humanos como los dioses, pero no tenía familia y no estableció dinastía alguna. No obstante esta imagen no debe ser tomada en sentido literal, porque permitirnos expresar nuestro Sol no significa de ninguna manera que se nos negará el derecho a tener una familia o a entablar buenas relaciones con otros seres humanos. Si elegimos erigirnos como individuos tendremos que sacrificar el lujo de vivir a través de otras personas, y en especial de nuestros padres e hijos, una experiencia que ellos podrían sufrir como una dominación extrema. De esta forma Apolo se traduce como la imagen de algo en nuestro interior que está solo y se auto sostiene y que puede brillar solamente si estamos dispuestos a separarnos de los demás, lo suficiente como para afirmar nuestro propio centro y sentido. El precio de disfrutar la luz del Sol es en cierta medida la soledad, aunque esto no signifique literalmente falta de compañía. Pero por dentro uno no puede jamás sucumbir a ese estado interior de fusión inconsciente que existe cuando el ego nunca llegó a formarse del todo. Algún conflicto con la familia o con la comunidad es inevitable. Sin embargo, la antigua asociación astrológica del Sol con el corazón y el amor, nos sugiere que eso que comúnmente denominamos amor puede en verdad ser un estado psíquico de fusión y dependencia, e inclusive puede que eso nos impida amar verdaderamente a otro como alguien separado de nosotros y digno de respeto, porque nosotros mismos no nos hemos delimitado como individuos. Por supuesto Apolo es solamente uno de una familia de dioses y el Sol es solamente uno de una familia de planetas dentro del mapa natal. No podemos estar completamente solos, ya que formamos parte de un sistema más grande y no sería para nada sabio olvidarnos de nuestros antecedentes y participación en la comunidad en la cual vivimos, nos movemos y somos. No es sorprendente que nos rehusemos a pagar este precio, a pesar de la infelicidad que experimentemos por no vivenciar su luz. El miedo a la soledad es el gran enemigo de la luz solar así como lo es el miedo a la envidia, puesto que la envidia que otros sienten nos lastima profundamente cuando en realidad necesitamos ser amados y aceptados. Si estamos demasiado inseguros de nosotros mismos como para arriesgarnos a que otros nos desaprueben, no seremos capaces de expresar satisfactoriamente nuestro Sol. Si nos preocupa el hecho de que otros se resientan por lo que hacemos o por que seamos algo "especial", entonces nos ocuparemos de asegurarnos de ser ordinarios y luego atacaremos e intentaremos destruir a los que se atrevan a expresar su propio Sol, porque por dentro nos devorará la envidia. Este dilema arquetípico puede observarse no sólo en los mitos, sino también en la historia, a través del lugar que ocupa el artista en la sociedad. Se lo reconoce como a alguien especial y envuelto en un halo glamoroso, así como también suele atacárselo e incluso llega a ser destruido por la misma gente que lo representa. No se trata de ningún asunto político, pero sí de una situación arquetípica, aunque a lo largo de los siglos se nos haya presentado como coyunturas políticas. Platón podría ser un muy buen ejemplo: él era el más grande seguidor de Apolo, a quien sacaron de Siracusa y casi asesinan cuando intentaba restringir las representaciones teatrales a figuras educativas y no a meros entretenedores. De igual manera, la Historia y la Mitología nos dan muchos ejemplos de cuán amenazante puede resultar ser la luz del Sol y no solamente por lo que es en sí misma, sino cuando adquiere formas dominantes y expresadas mediante la tiranía. Para cada persona, este conflicto arquetípico es importante por cuanto hace a la creatividad personal, estamos hablando en verdad de la definición del individuo como esencia, diferente de cualquier otro ser, que tiene su propio destino y una contribución que hacer a la vida. Y porque la astrología en su totalidad se encuentra gobernada por Apolo, a través de su rol como cosmocrator y a través de Urania, su inspiradora musa, nosotros debemos asumir ese mismo llamado y encarnarnos como el Sol cuando interpretamos una Carta Astral, para lograr encender su propia luz y esclarecer las razones por las cuales puede no estar brillando en la actualidad y el precio que deberá pagar para hacerlo…

LA LUNA: Regente de Cáncer y la Casa 4
Dos Medias Lunas, la reencarnación del Alma.

Nota clave: Predisposición subconsciente, sentimientos, respuestas, madre, hogar, hábitos domésticos y hábitos generales. El lugar en el que nos refugiamos, en el que nos sentimos más seguros. Nuestra forma de sentirnos protegidos y de proteger a los demás. Nuestra capacidad de adaptación.
Correspondencia psicológica: Riqueza de sentimiento, el sentimiento de paternidad y maternidad.
Impulsos representados: Impulso de sentir apoyo interior; impulso de seguridad doméstica y emotiva.
Necesidades simbolizadas: Necesidad de tranquilidad emotiva y sentimiento de pertenencia; necesidad de sentirse bien con uno mismo.
Expresión positiva: Sensibilidad, contento interior; sentido personal fluido y adaptable.
Expresión negativa: Supersensibilidad, inseguridad, sentido personal impreciso e inhibitorio.
Es la necesidad de sentirse querido, el cariño. Representa la seguridad emocional en respuesta a las situaciones de la vida. Es importante observar y determinar como uno conduce su vida en el hogar y las relaciones con las mujeres en general. Es el amor maternal frente al romántico. Pide ese afecto que satisfaga la inseguridad emocional. Representa nuestros sentimientos arraigados en nosotros mismos. La imagen del Ser, la imagen sublime inconsciente. Habla de cómo nos llevamos con los demás.

En los cielos, la Luna no tiene luz propia; se limita a reflejar la luz del Sol. A diferencia del Sol, que muestra dónde se necesita un esfuerzo para llegar a ser un individuo consciente, la Luna es aquel sector de la vida donde hay una tendencia natural a unirse y adaptarse a lo dado. La Casa de la Luna indica dónde somos sensibles a las necesidades e influencias ajenas, y respondemos a ellas. Es donde nos dejamos moldear más fácilmente, donde nos configuran el hábito y los condicionamientos del pasado y donde es probable que nos veamos trabados por ideas, expectativas, valores y normas de nuestra familia o de nuestra cultura. Algunas de estas pautas innatas pueden ser valiosas y constructivas, en tanto que otras quizás obstruyan o demoran el progreso en direcciones nuevas. El dominio de la Luna es el sector de la vida donde nos refugiamos cuando necesitamos un descanso, una pausa o un santuario que nos resguarde de la pugna de la individualización y del aumento de conciencia. Lo que nos atrae en la esfera de la vida donde se aloja la Luna es una necesidad de pertenencia, de consuelo o de seguridad. Es allí donde encontramos o representamos  a la Madre: en su domicilio buscamos seguridad, contención o la sujeción de un ancla, o bien ofrecemos a otros apoyo y atención en estos aspectos de la experiencia. En los cielos, la Luna pasa por fases y ciclos: a veces está llena y abierta, otras veces está cerrada y oculta. De modo similar, la Casa en la cual está emplazada indica dónde es probable que tropecemos con circunstancias fluctuantes, dónde "atravesamos fases" que dependen de nuestros estados de ánimo cambiantes: en ocasiones abierto y vulnerable, otras veces cerrado y retraído. Es el sector donde podemos exhibir un comportamiento regresivo, infantil e inseguro. En sus aspectos más positivos, es donde nos mantenemos en contacto con el lado emocional e instintivo de la vida, y donde se manifiestan las inclinaciones y los recuerdos útiles que sirven de apoyo a la existencia. Las mujeres pueden desempeñar un papel importante en nuestra vida según la Casa donde esté emplazada la Luna, un principio femenino básico o, para la psicología junguiana, un principio del Anima. La Luna describirá, sobre todo por Signo, qué es lo que nos calmará, qué es lo que nos apaciguará y reconfortará, mientras que los aspectos nos mostrarán todo aquello que favorecerá u obstaculizará estos acontecimientos. En el más amplio de los sentidos, la Luna, junto con el IC y su regente, describe de dónde venimos, es decir, nuestra procedencia, nuestro pasado, nuestro ambiente emocional, nuestras raíces, nuestra historia y nuestra herencia. También puede describir nuestra manera de actuar e indicar la forma en que solíamos comportarnos de niños como respuesta a las normas de nuestro entorno, así como cuáles siguen siendo nuestras tendencias de comportamiento, tanto las inconscientes como las motivadas por la fuerza de la costumbre. Con frecuencia, la Luna y sus aspectos describen cómo reaccionamos y respondemos de forma automática, es decir, inconscientemente, frente a los estímulos. Al igual que describe nuestro ambiente hogareño, aquel en el que más a gusto nos sentimos, los aspectos a la Luna, normalmente, también suelen indicar con cuánta facilidad o dificultad nos enfrentamos a aquél, así como lo fácil o difícil que nos resultará convivir con los demás. Esto se halla muy relacionado con nuestra capacidad de adaptación, así como de nuestra capacidad para sentirnos protegidos en el ámbito emocional. Cuando nos sentimos seguros de poder mostrarnos como somos realmente, entonces, normalmente, podremos llegar a comportarnos de una forma más espontánea y seremos mucho más capaces de adaptarnos a otros tipos de vida, así como de respetar las costumbres de los demás, en particular, en cuanto a todo lo que se refiera a sus hábitos domésticos, a sus cambios de humor, etcétera. La madre es la primera persona a la que nos sentimos unidos y, por ello, también la primera hacia la que nos volvemos en busca de una aceptación incondicional. Así pues, la Luna es la que describe a la madre, pero también describe cómo fueron nuestras primeras experiencias infantiles en general y, por ello, también puede representar tanto el padre como a todas las demás personas que nos cuidaron. Aunque, cuando la Luna es el significador de alguien que nos cuidó sin ser nuestra madre biológica, normalmente, ello suele verse claramente reflejado en el mapa natal, a través de la situación de las Casas, de sus regentes o de otros factores. En cualquier caso, la Luna por Signo, por Casa y por aspectos, reflejará en gran medida cómo llegamos a sentirnos durante nuestra infancia y, en particular, cómo podíamos sentirnos a salvo. Nuestra forma de sentirnos a salvo y protegidos en la actualidad, así como la forma en la que protegemos y cuidamos de los demás, o la facilidad o dificultad con la que somos capaces de hacerlo, se hallará especialmente influenciado por la Luna.  La Casa que tiene el signo del Cáncer en la cúspide, o que lo contiene dentro de si, ejerce una influencia similar a la de la Luna en esta Casa.

Las Diosas de la Luna: los Arquetipos Lunares

A causa de las diferentes fases de la Luna, los mitos y los arquetipos han debido ajustarse a estos aspectos variables. La Luna como representadora de la multiplicidad, no puede por menos que mostrarse en sus múltiples caras o facetas. La Luna Llena, redonda y luminosa, se asimila al modelo mítico de Artemis de Efeso, la de múltiples pechos, la gran madre nutricia. Mientras que Hécate está asociada el modelo representativo de la Luna Nueva y oscura. La Luna Creciente o Menguante, visible solo a primeras horas de la noche o justo antes del amanecer -conocidas como las horas del cazador- cuando los animales salen de sus escondites y pululan con mayor actividad, es la Luna con forma de arco y está asociada con el modelo de Artemis o Diana Cazadora, que con su arco en las manos, simboliza la Luna Creciente o Menguante. Los mitólogos romanos representaron muy acertadamente este triple carácter lunar. Erigían en las encrucijadas de los caminos una imagen con tres caras, plasmando así su triple personalidad; Artemis en el cielo, Diana en la tierra y Hécate en los infiernos.

La Diosa Artemis

El primer modelo lunar, representa al plenilunio y está asociado, entre otros, al mito de Artemis de Efeso, la de los incontables senos, y se relaciona astrológicamente con la exaltación de la Luna en Tauro. Acertadamente, a esta divinidad femenina también se la conocía con el nombre de "Tauride". En las antiguas leyendas, Artemis era la diosa de la fecundidad, de la vida vegetativa, Su culto se extendió por el peloponeso y alcanzó su máximo esplendor en Asia menor. El centro principal de su culto se centró en Efesos, de donde procede su imagen clásica representada con una especie de corona en forma de torre o de cesto, muy similar a la lleva la diosa mediterránea Tanit y que pertenece a la mitología fenicia, muy arraigada en el mediterráneo del levante español. Pero lo más destacable de esta representación es la infinidad de senos nutricios que le llenan todo el torso. Esta exageración de pechos pretende emular la capacidad nutricia sin límites de la Luna llena. Este modelo se distingue claramente del de Artemis -Diana- que después se expondrá, pues lejos de ser Virgen, es una verdadera nodriza. La nodriza y protectora universal de todos los seres vivos de nuestro planeta. En el mito, su acción fecundante alcanzaba a todas las formas de vida, tanto vegetal como animal o humana. Se la consideraba como protectora de los desposados y de las madres de prole numerosa, era la diosa maternal, la distribuidora de la fecundidad, la patrona de los alumbramientos. Los mitos sobre este modelo de Luna Llena, se pierden en la noche de los tiempos, ya se conocía un modelo similar en las culturas orientales. Entonces aparecía como la gran Diosa Blanca, la gran Cerda Blanca, como le llamarían después. Durante sus celebraciones festivas, en Asia menor, las madres nodrizas consagraban a sus hijos en el templo de la diosa, y en medio de danzas y de un banquete rústico, se sacrificaba un gorrinillo en su honor. Artemis, como prototipo humano, podemos asociarlo con el tipo de mujer cuyo objetivo principal es fundar un hogar y ser madre. Representa a la mujer fértil y procreadora, la originadora de la familia como célula fundamental e imprescindible para la conservación de la especie humana. Es el modelo de mujer madre por encima de todo.

El modelo de Diana

En la mitología clásica, Diana es la Diosa de la caza y de los bosques y tiene como símbolo un oso. Si nos adentramos en el símbolo del oso, que aparece como compañero de Diana y cuya forma adopta a menudo cuando hace sus apariciones, obtendremos una imagen muy pura, aunque poco atractiva, de este modelo imitado por muchas mujeres. El oso es símbolo de la casta guerrera, opuesta a la del jabalí que simboliza la casta sacerdotal. En Siberia y en Alaska se asimila igualmente al oso con la Luna, porque desaparece cíclicamente ocultándose en invierno y reapareciendo en primavera. También se la asocia con el oso por que su soplo misterioso emana de las cavernas. Las cavernas son análogas al aspecto femenino de la orografía terrestre, opuesto claramente a las cúspides de las montañas, reservadas éstas, como veremos mas adelante a la simbología sacerdotal. En la leyenda se cuenta que se postró a los pies de su padre (Zeus) y, abrazada a sus rodillas le pidió, en vez de alhajas o adornos, una corta túnica, un calzado de cazadora, un carcaj con sus flechas y un arco como el que tenía su hermano Apolo. Por ello Diana tiene las mismas atribuciones que Apolo, como él, va armada de un arco y un carcaj, y por eso la llamaban "Apollousa" la destructora, y también "Iocheaira" la que se complace en disparar sus flechas. Diana es la que hace sucumbir bajo sus temibles flechazos a los infelices humanos. A semejanza con Apolo, Diana es también la diosa de la muerte súbita, y sus víctimas preferidas son las mujeres. La leyenda de Acteón nos relata como este joven cazador, un día, acosando con sus perros una presa, llegó al lugar cerca de una fuente donde Diana y sus acompañantes se estaban bañando, y maravillado por la belleza de la diosa se entretuvo mas de la cuenta en observarla y fue sorprendido. Furiosa, Diana de que un mortal hubiera podido contemplar su desnudez, metamorfoseó a Acteón en ciervo y lo entregó a la voracidad de su propia jauría. Este aspecto de falta de piedad, fiero y destructor se repite en la leyenda de Calisto, una ninfa cazadora y virgen que formaba parte de su séquito, de quién Zeus se enamoró. Como en todos los mitos Zeus se transformaba para acercarse a sus amadas. En unas leyendas se dice que se metamorfoseó en la misma Artemis para acercarse a la ninfa, pues Calisto huía de todos los hombres para preservar su castidad. Disfrazado de esa manera, Zeus la poseyó. Cuando un día Artemis y sus ninfas estaban bañándose , completamente desnudas, al ver el cuerpo desvestido de Calisto, se hizo evidente su estado de gestación, pues su vientre no era tan liso como el de las demás ninfas. Entonces, Artemisa, cruel guardiana de la castidad, se encolerizó, como era costumbre en ella cada vez que ocurría algo similar, y transformó a Calisto en una osa y la mató a flechazos. Al enterarse Zeus y apesadumbrado por la muerte de su amada, recogió su espíritu y lo llevó al lugar más importante del cielo y lo colocó como la constelación mas visible del firmamento con el nombre de la Osa Mayor. Esta crueldad consciente de Artemis también tiene sus consecuencias inconscientes como ocurre en el mito de Orión de quién Artemis estuvo enamorada. Un día en que Orión se bañaba en el mar y se había alejado hasta el horizonte de la costa. Apolo retó a su hermana a que alcanzase con una flecha el punto móvil mas alejado que no era otra cosa que la cabeza de Orión que jugueteaba a lo lejos con las olas. Artemis tendió su arco, y su flecha fué a clavarse en su amado. Aunque hay otros mitos que dicen que lo mató porque intentó hacerle el amor. Sea como fuere, parece ser un modelo que se repite en cierta clase de mujeres que no consiguen mantener una pareja en condiciones normales. Esta actitud cruel y destructiva del arquetipo encaja con la mujer que se emancipa forzadamente, destrozando al hombre que la poseyó y que no supo o no pudo darle lo que ella demandaba. Es el modelo de mujer libre y luchadora, amante de la libertad, reivindicadora de sus derechos como individuo igual al hombre, representa al prototipo de mujer soltera, divorciada o célibe que se aplica con todas su energías a la formación de su propio mundo. En este modelo la mujer quiere ser igual al hombre con todos sus atributos, no necesita lujos, sino libertad de acción. Cosa que pocos hombres saben dar a sus mujeres.

La Diosa de la Luna Nueva: Hércate

El tercer modelo lunar se relaciona con el novilunio o Luna negra, periodo durante el cual la Luna no refleja ninguna luminosidad y está asociado a Hécate, la tercera divinidad lunar. Este modelo posee características semejantes a las de Diana, con quién a veces se confunde. Se la considera erróneamente un modelo perverso o terrible porque es la diosa de las almas de los muertos, sin embargo, como afirma Hesiodo, Hécate tiene un aspecto benigno y protector, en su leyenda concede a los hombres la riqueza, la victoria y la sabiduría. En sus mitos aparece como hija de Zeus y de Hera y muchos mitólogos la asocian con Perséfone o Prosepina. Cuenta que una ocasión sufrió la cólera de su madre por robarle los afeites para dárselos a Europa, para evitar el castigo materno Hécate huyó hasta esconderse en la casa de una mujer que había dado a luz recientemente, por ese contacto quedó impura. Esta leyenda tiene varias interpretaciones y diferentes maneras de contarla. Siguiendo con el relato, Hécate para desvanecer sus impurezas se sumergió en las aguas del Aqueronte (el río de las aguas cenagosas y amargas, el "río de la aflicción" o el "río del dolor"). A través de esta purificación se convirtió en una divinidad de los infiernos, quedando de nuevo asociada a Perséfone. En el mundo de los infiernos gozaba de gran autoridad, presidía las purificaciones y las expiaciones, y tutelaba los hechizos y las prácticas mágicas. En otra leyenda se cuenta que enviaba a la superficie de la Tierra a los demonios, como los ladridos de los perros, que son el tormento de los humanos. Subía por la noche acompañada de su jauría de perros. Nunca aparecía sola, sino acompañada por un cortejo de las almas de los que encontraron una muerte violenta y de los que murieron antes de tiempo. Los perros eran la única víctima que podía sacrificársele a la diosa, porque se decía de ellos que era el único que ladraba a la luna. Por ello, el simbolismo del perro está estrechamente ligado a la Luna y al Signo zodiacal de Cáncer. Un poco mas al sur de esta constelación, se encuentran las constelaciones de los canes, el Can mayor, con la brillante estrella Procyón (Cabeza del can) y mas al sur, el Can Mayor, con Sirius, la estrella mas brillante del firmamento boreal, el corazón del Can Mayor. En las mejores representaciones del tarot, en la carta que se corresponde con la Luna, aparecen también estos dos canes. Según la interpretación de Stanislas de Guaita, los canes ladran al Sol en su órbita anual, para avisarle de que ha llegado al punto culminante de su trayectoria. Pero la mayor parte del significado simbólico del perro lunar está estrechamente relacionado con la muerte. El perro lunar es un perro de caza, y sirve como ayuda para provocar la muerte de las personas, como en la leyenda de Acteón. El perro lunar se contrapone al perro pastor. Aunque la función mítica universalmente aceptada del perro, es la de psicopombo, guía del hombre en la noche de la muerte, tras haber sido compañero en el día de la vida. Todas estas asociaciones enlazan con el mundo invisible y con las tinieblas, relacionadas con el Signo donde la Luna tiene su caída, Escorpio, y de nuevo este modelo se entremezcla con Perséfone. Hécate es la personificación de la Luna oscura, análoga al principio femenino en su aspecto magnético. Simboliza a la madre terrible y castradora, provocadora de la locura, el lunatismo y las obsesiones. Los atributos de este modelo femenino son "la llave", "el látigo", "el puñal" y la "antorcha". Estos atributos aclaran un poco este oscuro y desconocido arquetipo. Cuando Démeter encuentra a Hécate, ésta tiene un hacha encendida en las manos, constituyendo un símbolo de purificación. El simbolismo de la antorcha nos habla de un prototipo que ha pasado una purificación, una iluminación o una transformación profunda que le otorga una lucidez especial. La "llave" es un símbolo de poder, la llave sirve para abrir y cerrar. La llave simboliza al jefe, el amo, al que detenta el poder de decisión y de responsabilidad. El poder de la llave permite unir y desunir, es el poder que permite el acceso o encierra en su interior. De este simbolismo se puede deducir que este modelo solo puede ser representado por un tipo muy especial de mujer, que ha de demostrar un poder de decisión muy definido, un dominio y una responsabilidad especial. En lenguaje esotérico, poseer la llave significa haber sido iniciado. Indica no solo la entrada en un lugar, ciudad o casa, sino el acceso a un estado, una morada espiritual o un grado iniciático. El "látigo" es también símbolo de poder. El simbolismo del látigo refunde el del lazo y el del cetro, signos ambos de dominación y superioridad. El látigo expresa la idea de castigo, y también la potestad de envolver y dominar. Por ello este atributo señala el poder de castigar, de hacer "justicia". El derecho a infringir castigos es lo que mejor caracteriza este modelo lunar, y tiene su mejor representación en la mujer castigadora, envolvente y dominante. El simbolismo del "puñal" también tiene una connotación de poder, pero en este caso limitado. El puñal no puede asimilarse a la espada en su significación, pues la posibilidad de ser escondido se relaciona con el anhelo de agresión, la amenaza informulada, inconsciente. El puñal es servidor de los instintos, en la misma medida que la espada lo es del espíritu, el puñal, por su tamaño, denota lo "corto" del poder de agresión, la carencia de alturas de miras y de potestad superior. El puñal representa un prototipo con poder de agresión en las "distancias cortas", nunca a la luz del día ni a las claras. Este poder de agresión es lo que hace a estas mujeres temibles y respetables.

MERCURIO: Regente de Géminis y la Casa 3
Tiene todos los Elementos; el Espíritu entre el Alma y la Materia y representa la unión y comunicación de los tres.

Nota clave: Pensamiento, palabra, escritos. Comunicación. La mente racional. Las opiniones, las relaciones, los hermanos. La escuela. Nuestro aprendizaje.
Correspondencia psicológica: Vivacidad, versatilidad, superficialidad.
Impulsos representados: Impulso de expresar las propias percepciones y experiencia a través del arte o la palabra.
Necesidades simbolizadas: Necesidad de establecer conexiones con otros; necesidad de aprender.
Expresión positiva: Uso creador del arte o inteligencia; razón y facultad discriminativa usadas para servir a ideales superiores; aptitud para llegar a un acuerdo mediante objetiva comprensión y clara expresión verbal.
Expresión negativa: Mal uso del arte o inteligencia; amoralidad por racionalización de algo; comunicación terca y unilateral.
Representa la curiosidad intelectual, el pensar y la habilidad de comunicar. La lente que enfoca todos los poderes creativos. Resuelve e interpreta problemas con el entendimiento lógico. Es el diálogo interno que precede a toda relación o acción. El ingeniero de nuestra computadora cerebral.

Cada planeta tiene ciertas asociaciones con los dioses y diosas de la mitología griega y romana. Las actividades características del Hermes griego y del Mercurio romano esclarecen la función y el significado de este planeta y la forma en que se expresa. Mercurio/Hermes era el mensajero de los dioses, el que recopilaba hechos y distribuía información. De manera semejante, el planeta Mercurio en el mapa natal va asociado con el funcionamiento de la mente y del intelecto, como pueden ser el discurso escrito y hablado, la enseñanza y los viajes. El mito siempre presentó a Mercurio como un joven, jamás como un viejo. Por la Casa donde está emplazado, este planeta define cuál es la esfera de la vida donde podemos mantenernos eternamente jóvenes, conservando una perspectiva renovada y abierta. Mercurio era árbitro y hacedor de convenios. Mercurio señala dónde hay un alto grado de adaptación y versatilidad, por otra parte, de una volubilidad e inconstancia por la otra. En el preciso instante en que creemos haberle atrapado, se nos escurre y vuelve a aparecer en alguna otra parte, con un punto de vista diferente. Como el dios Mercurio, también la mente es una especie de tramposa. El intelecto nos permite ser objetivos y analíticos, pero con mucha frecuencia nos engaña, deformando los hechos para adecuarlos a cualquier cosa que queramos justificar. La mente puede apartarnos de otras personas, pero es por mediación de ella que nuestra conciencia puede expandirse hasta lograr una percepción más amplia de la interconexión de todas las formas de vida. La mente es capaz de separar o de unir, y la Casa que ocupa Mercurio nos enseña dónde se nos da la probabilidad de atrincherarnos en un rincón o la de abrirnos para contactar con otras personas y entenderlas -y entendernos- mejor. Vale la pena reflexionar sobre algo que dijo, hace casi dos mil años, el filósofo Epíteto: "Lo que nos inquieta no son las cosas, sino las opiniones que tenemos de las cosas". Es probable que, en la Casa de Mercurio, no siempre podamos cambiar el mundo, pero siempre podemos hacer algo con nuestra manera de mirarlo. Los aspectos tensionados recibidos por Mercurio pueden indicar que las opiniones del sujeto serán examinadas, puestas en duda y, probablemente, rechazadas por los demás o, bien, que esto es precisamente lo que el sujeto espera de ellas, mientras que los aspectos fluidos sugieren todo lo contrario. A veces, la falta de acuerdo puede ser debida a la forma en la que, en un principio, el individuo pudo llegar a expresar sus ideas y opiniones. 

Las personas con un Mercurio armónicamente aspectado en el mapa, posiblemente no se encuentran tan amenazadas cuando los demás se muestran en desacuerdo con ellas y quizá, precisamente por ello, a menudo pueden llegar a expresarse con más facilidad. Son mucho menos vulnerables con respecto a los aspectos mercuriales de la vida y, por ello, no suelen preocuparse demasiado cuando los demás no están de acuerdo con ellos. Los aspectos fluidos también suelen indicar que las opiniones mantenidas pueden ser reforzadas por otras personas, así como por otras facetas de la personalidad del sujeto (perfectamente señaladas por los planetas en juego) las cuales pueden llegar a influir notablemente en cuanto a su forma de pensar sobre un determinado tema. De todas formas, puesto que las opiniones siempre suelen estar basadas en evidencias o en una comprensión insuficiente, entonces, quizá no se trata de una experiencia agradable, tampoco tiene por qué ser negativo el que nuestras opiniones pueden ser discutidas, tal y como pudiera suceder en el caso de los aspectos tensionados (el desafío puede proceder tanto del exterior como de nuestro interior) puesto que en ello estriba la posibilidad de que nuestra mente y nuestras ideas pueden ser ampliadas. Como siempre, los aspectos fluidos, en particular el Trígono, pueden llegar a provocar una cierta autosatisfacción, mientras que los tensionados ofrecen el potencial para el crecimiento. La forma en la que cada uno de nosotros podemos ir cambiando a lo largo de nuestras vidas es algo discutible. Pero, ciertamente, nuestras actitudes y opiniones pueden cambiar y, precisamente es Mercurio el que permite que ello suceda. Cualquier de los cambios que introduzcamos en nuestro comportamiento o en nuestro estilo de vida, normalmente, suelen ser una consecuencia de un cambio de actitud. La energía siempre sigue al pensamiento. Desde de este punto de vista, podemos sostener que Mercurio es quien posee la clave para hacernos progresar. La inteligencia es algo que no puede ser definido; quizá ni siquiera exista. Los tests IQ (coeficencia intelectual) parecen demostrar más la habilidad del ser humano para realizar este tipo preciso de tests, que su grado de inteligencia propiamente dicho. Quizá, lo único que revelen los tests IQ sea la habilidad individual para realizar rápidas conexiones; una habilidad que puede ser adquirida y que es claramente mercurial. Ante todo, a Mercurio se le asocia con las relaciones. La escuela, cuyo significador es Mercurio, es el primer lugar en el que empezamos a aprender a relacionarnos. La escuela también es el lugar al que vamos a aprender a acumular conocimientos, a procesar y a comunicar información. Allí aprendemos a comunicarnos, a leer y a escribir, es decir, aprendemos sobre el lenguaje a todos los niveles. El Signo, la posición y los aspectos recibidos por nuestro Mercurio reflejarán en gran medida cómo aprendemos y qué es lo que puede impedir, obstaculizar, apoyar o acelerar este proceso de aprendizaje. Mercurio es también el significador de los transportes, y el transporte no es más que un medio de mover a alguien o a algo de un sitio a otro, es decir, un medio de conectar a A con B. Asimismo, Mercurio es el significador de los hermanos y las hermanas y resulta sorprendente con cuánta precisión nos describe el planeta, junta con la Casa 3, la relación del sujeto con sus hermanos. Con frecuencia, un niño aprenderá un montón de cosas gracias a sus hermanos y hermanas quienes, a menudo, también actuarán como agentes o intermediarios entre ellos mismos y los padres. Géminis contenido en una Casa moviliza las cualidades cambiantes, comunicativas e inquietas de Mercurio. Es allí donde tendemos a estar "en actividad constante", y donde con frecuencia nos dispersamos un poco. Como la mariposa proverbial, es probable que sea difícil inmovilizarnos en este campo.

Hermes desempeña un asombroso número de papeles en la mitología griega: es el ladrón, el mago, el artesano, el mensajero de los Dioses, el dios de las fronteras, del comercio, de los mercaderes, de las palabras y del lenguaje, por nombrar unos pocos. Hermes nació en una caverna en el monte Cilene, en la región en la Arcadia. Tan pronto como nació, se sintió aburrido e inquieto. Según el himno homérico dedicado a él, estaba ansioso de encontrar algo que hacer, algo que no fuera estar tendido ociosamente en su cuna, envuelto en pañales. También esto con lo que sabemos del Mercurio astrológico, especialmente con su asociación con el Signo de Géminis. Allí donde tenemos a Mercurio en nuestro mapa es donde somos propensos a la inquietud, donde necesitamos variedad, cambio y espacio para movernos. El dios Hermes no tenía más que un día de vida cuando se fue en busca de aventuras: sin saber exactamente hacia dónde iba ni lo que podría suceder, se limitó a partir y a tomarse las cosas como viniera. A Mercurio se lo puede asociar, pues, con lo inesperado, con la coincidencia y la sincronicidad, o con los acontecimientos que parecen accidentales, pero que después pueden tener un significado o resultar que están al servicio de un propósito más amplio. Sea como fuera, Hermes siguió el impulso de salir de la cuna, se asomó a la puerta de su casa e inesperadamente se encontró con una tortuga. Admirando su hermoso caparazón, le dijo: “Estás muy bonita tal y como eres, pero a mi se me ocurre algo mejor que hacer contigo en lugar de mirarte”. Ya estaba desplegando su inventiva, su necesidad de hacer algo con las manos. La Casa donde está emplazado Mercurio indica el área de vida donde estamos destinados a ser inventivos y juguetones y a intentar cosas nuevas en vez de quedarnos satisfechos con lo que está establecido en este dominio. He utilizado a propósito la expresión “estamos destinados a”, porque de acuerdo con la teoría de Rudhyar de que, en un mapa natal, los emplazamientos por Casa tanto de los planetas como de los Signos son, en realidad, “instrucciones celestes” sobre cómo podemos, de la manera más natural, ir realizando nuestro plan de vida en ese dominio de la existencia. Para decirlo de otro modo, los emplazamientos de los planetas por Signo y Casa indican la manera más auténtica de realzar las potencialidades intrínsecas, la forma más natural de llegar a ser lo que uno está destinado a ser. De modo que, con el fin de realizar nuestro “Dharma”, estamos “destinados a ser curiosos e inventivos en la esfera de la vida asociada con la Casa donde está Mercurio, estamos destinados a mantener la mente abierta, en dónde debemos ser flexibles y jóvenes de corazón.

Habíamos dejado a Hermes enfrentado con una tortuga. En un destello de inspiración, mató al pobre animal, le sacó el caparazón, estiró sobre él una piel de buey, le añadió unas cuerdas, y creó la primera lira. Lo hizo por impulso, sin saber que el instrumento musical le sería muy útil más adelante, cuando tuviera que vérselas con Apolo. Aquí también podemos ver a Mercurio como el artesano, alguien que es ingenioso, hábil y ducho en el trabajo manual. Esta faceta de Mercurio se correlaciona con Géminis. La Casa de Mercurio puede señalar un ámbito de la vida para el que estamos dotados por naturaleza, o donde fácilmente darnos maña. Hermes se muestra implacable con la tortuga: no se lo piensa dos veces antes de matarla. Las personas con una fuerte influencia mercuriana que pueden comportarse de un modo horriblemente cruel, y que sin embargo lo hacen con tal encanto y finura que uno está casi dispuesto a pasarlo por alto. Hermes jugó un rato no muy largo con la lira, se aburrió, la tiró en su cuna y se fue en busca de otra cosa para entretenerse. Empezaba a sentir hambre cuando tropezó con un rebaño de bueyes pertenecientes a su hermano mayor, Apolo. Hermes decidió robar el ganado, haciendo que salieran, retrocediendo, del prado donde pastaban, es decir que las huellas de las pisadas de los bueyes señalaban el camino inverso de aquél por donde él se los llevaba. Después diseñó y fabricó unas sandalias especiales para ir cubriendo sus propias huellas, sin dejar tras de sí ningún rastro. Tras haber robado el ganado, Hermes encendió un fuego frotando entre sí dos palos, y a decir verdad, hay fuentes que dicen que fue la primera vez que alguien lo encendió de esa manera. Después escogió dos bueyes para cocinarlos, los dividió en doce partes y las utilizó para ofrecer un sacrificio a cada uno de los dioses del Olimpo... él incluido, naturalmente.

Aquí vale la pena detenerse un momento para reflexionar sobre lo que significa este último acto. Al hacer un sacrificio independiente para cada uno de los doce dioses, Hermes demostraba que estaba preparado para honrarlos y aceptarlos a todos, por más diferente que pudiera ser un dios de otro. De la misma manera, el Mercurio astrológico simboliza una parte nuestra que es capaz de identificarse casi sin pensar con los diversos principios representados por los otros planetas. Así Mercurio puede ser un día un poco como Saturno y ensalzar las virtudes de disciplina, la paciencia y la frugalidad, y el día siguiente honrar a Júpiter y precipitarse con entusiasmo en algo nuevo e inédito, o volverse loco comprando chucherías en la primera tienda que encuentre. Si alguien está bajo la influencia predominante de Saturno, se parecerá básicamente a este planeta el lunes, el martes, el miércoles, etc. Incluso si tiene un desliz durante el fin de semana, se suelta el pelo y el sábado por la noche se comporta más bien como Venus o Neptuno, Saturno no tardará en hacerse cargo de las cosas y recordar al nativo cuáles son sus reglas y sus normas. Mercurio representa el arquetipo que puede ser cualquiera de los otros arquetipos. Él es Mercurio, y no Venus, Júpiter o Saturno, pero puede asumir los atributos de éstos y de los demás planetas si le conviene hacerlo, y en ocasiones aunque no sea demasiado apropiado. “No” es ninguno de ellos, pero temporalmente puede “ser” cualquiera. Mercurio es un mimo que hace pensar en uno de esos imitadores de la televisión que pueden “hacer de” el ex presidente Reagan en un “sketch” y después aparecer en el siguiente como Michael Jackson o Sylvester Stallone. Además de demostrar su lealtad a los doce dioses del Olimpo, Hermes terminó finalmente por arreglárselas por robar algo a cada uno de ellos; el ganado de Apolo no fue su único robo. Un día se hizo con los rayos de Zeus, despojó durante un tiempo a Atenea de su casco, e incluso tomó prestado sin pedírselo el cinturón de Afrodita. Robar algo a cada uno de los dioses es otra manera de decir que Mercurio posee ciertos atributos de todos ellos. Pero esto también puede ser una maldición. Las personas fuertemente mercurianas pueden estar por todas partes, de una manera un día y de otra al siguiente, y llegan a ser muy exasperantes para el resto de la gente. Cuando os parezca que sabéis en qué andan o de dónde vienen, esperad un poco...

Una vez que hubo terminado el sacrificio del ganado, y hubo satisfecho su hambre, Hermes volvió a casa, sin prisa alguna, y según el himno homérico, entró en ella por el ojo de la cerradura, “como un jirón de humo”, volvió a meterse en su cuna, con la lira hecha con el caparazón de la tortuga bajo el brazo, como si fuera un juguete, y se durmió como el más inocente de los bebés. Hacerse humo era otra de sus tretas. De todas maneras, lo que sucedió fue que su madre, al regresar a casa y encontrárselo ahí durmiendo tan inocentemente, no se dejó engañar. Lo había calado desde el primer momento, y no se privó de decírselo:

-Ay, cuando tu padre te engendró, engendró una tremenda molestia para los mortales, y para los inmortales también.

Eso era lo que pensaba de él su propia madre. Después de que su madre lo acusó de ser una gran molestia, Hermes no se quedó corto en la respuesta:

-¿Por qué intentas asustarme como si fuera estúpido? Seguiré la carrera que me ofrezca mejores oportunidades, porque debo cuidar de mis intereses y de los tuyos. Es intolerable que sólo nosotros, entre los inmortales, tengamos que vivir en esta cueva sombría, sin recibir ofrendas ni plegarias. ¿No sería mejor que pasáramos nuestros días en la comodidad y la riqueza, como el resto de los dioses? Voy a conseguir que mi culto sea tan importante como el de Apolo. Si mi padre no me lo otorga, me convertiré en el príncipe de los ladrones. Si Apolo me persigue, saquearé su santuario de Delfos. Allí hay una gran cantidad de oro... ¡Ya lo verás!

La aspiración de Hermes de equipararse con Apolo merece que nos detengamos en ella. Para empezar, podemos verla simplemente como rivalidad entre hermanos. Apolo es el hermano mayor de Hermes, y uno de los arquetipos con que este último está asociado es el del hermano mayor. Apolo era el hijo favorito de Zeus, el muchacho de cabellos dorados. Zeus respetaba su racionalidad, su intelecto y sus dotes de organización. Como pronto veremos, a Zeus también le gustaba Hermes, especialmente por su astucia, su capacidad para moverse y comerciar, y la habilidad con que podía escabullirse de cualquier aprieto. Y ya que estamos en el tema, Zeus no sentía ningún cariño por su hijo Ares. Según Homero, Zeus dijo una vez a Ares que de todos los dioses del Olimpo, al que más detestaba era a él. De hecho, lo acusó de tener el mismo temperamento inaguantable de Hera; en otras palabras, lo censuraba por parecerse a su madre. Ares era simplemente demasiado corpulento, sanguinario, agresivo y exaltado para el gusto de Zeus, quien se mostraba ambivalente con Dionisos, otro de sus hijos. Aunque él mismo le había proporcionado un segundo útero, y de esa manera se había mostrado afectuoso con él, le parecía un poco demasiado femenino para su gusto. La determinación de Hermes de igualar a Apolo también puede ser considerada desde un punto de vista político o social. En Atenas, durante el siglo V a. C., Apolo representaba la aristocracia, mientras que Hermes llegó a ser el patrono de las nuevas clases de comerciantes que por entonces surgían, y de los nuevos ricos en general. Hermes simbolizaba su deseo de alcanzar tanta respetabilidad como la aristocracia terrateniente. El conflicto entre las clases comerciales y la pequeña aristocracia se proyectó en la rivalidad entre Hermes y Apolo. Pero volvamos a nuestro relato. Apolo no tardó mucho en descubrir que le faltaba el ganado, e inmediatamente sospechó que el culpable era Hermes, pero cuando le increpó por esta razón, su hermano menor (acurrucado en la cuna) protestó alegando que era inocente.

-Vamos, Apolo, ¿por qué me hablas de un modo tan grosero? Jamás he visto a tu ganado. ¿Es que tengo aspecto de cuatrero? Nací hace apenas dos días, y lo único que me interesa es dormir, baños tibios y la leche de mi madre. Mejor habrías en asegurarte de que nadie oiga que me estás regañando así. Nadie se creería que un recién nacido te haya robado los bueyes. ¡Si nací ayer! Tengo los pies delicados, y el suelo es áspero. Pero si quieres, te juraré sobre la cabeza de mi padre que no soy culpable y que no he visto que nadie te robara los bueyes... sean como sean. ¡Esta es la primera vez que oigo hablar de ellos!

Escandaloso, ¿verdad? Después de decir todas esas mentiras, Hermes parpadeó con la mayor seriedad, enarcó las cejas y se puso a silbar, intentando encubrir la falsedad de sus palabras. Hermes era el dios del humor, y la lectura del himno homérico que relata sus hazañas es realmente muy divertida. Pero Apolo no tiene un pelo de tonto:

-Astuto mentiroso, estás hablando con un redomado ladrón. Muchos pastores sufrirán por tu culpa en la montañas cuando, ávido de carne, te precipites sobre sus rebaños. Pero si no quieres que este sueño sea el último para ti, entonces salta de tu cuna, tú, compañero de la negra noche. Porque esta será tu especial gloria entre los dioses inmortales: la de ser para toda la eternidad el príncipe de los ladrones.

Apolo arrancó a Hermes de su cuna y lo llevó a la presencia de Zeus para dejar zanjada la cuestión de una vez por todas. Hermes, sin otro fin que el de irritarlo todavía más, se echó un sonoro pedo, poéticamente: un horrendo mensajero del vientre. Apolo afirmaba que podía encontrar a los bueyes por sus excrementos. Siguió andando mientras llevaba a rastras a Hermes, que se comportaba como un mocoso, haciendo muecas, tapándose los oídos con los pulgares y gesticulando con las manos a espaldas de Apolo, al mismo tiempo que declaraba enérgicamente que era inocente y maldecía a todos los bueyes del mundo. Hermes me hace pensar en un chiquillo capaz de hacer cualquier cosa para llamar la atención, aunque eso signifique portarse mal. Cuando Zeus los vio llegar a los dos, sonrió y preguntó a Apolo qué era esa hermosa presa que llevaba a la fuerza.

-No soy yo el ladrón -se defendió Apolo- Hermes es el ladrón, y muy astuto además -añadió , y explicó la situación a Zeus. 

Entonces, con toda seriedad, Hermes apeló a la comprensión de su padre:

-Padre, tú sabes que soy incapaz de mentir. Apolo vino a casa en busca de unos bueyes y empezó a amenazarme... Él es un adulto, y yo, en cambio, nací ayer. Te juro por las puertas del cielo que no llevé el ganado a casa y que ni siquiera atravesé el umbral. Ya me desquitaré de este tipo por haberme secuestrado tan violentamente. Querido padre, tú debes defender la causa de los débiles y los desvalidos.

Uno no puede menos que maravillarse de la descarada capacidad de Hermes para decir tan grandísimas mentiras. La posición de Mercurio por Casa señala un ámbito de la vida en donde somos propensos a deformar la verdad, o donde podemos ser muy persuasivos, hasta el punto de recurrir a métodos tortuosos para triunfar sobre los demás. El mito nos cuenta que a Zeus todo el episodio le pareció muy divertido, y que ordenó a los hermanos que se reconciliaran y se hicieran amigos, momento en el cual Hermes cedió y se ofreció para llevar a Apolo al lugar donde estaba oculto el ganado. Aun así, seguía empeñado en hacerle pasar un mal rato, y se valió de sus poderes mágicos para hacer que los bueyes estuvieran arraigados en el suelo. A esas alturas, Apolo estaba verdaderamente aturdido. Mientras tanto, Hermes tomó la lira y empezó a cantar sobre el origen de los dioses y los oficios asignados a cada uno de ellos. Aquí vemos el lado más serio y erudito de Hermes. Apolo se quedó fascinado por la lira y la dulzura y belleza de los sonidos que producía.

-¡Lo que tienes ahí bien vale cincuenta bueyes! -exclamó-. Dime el secreto de tu instrumento y me ocuparé de que tengas una posición de honor y riqueza entre los dioses.

-No soy egoísta -le respondió Hermes-, y con mucho placer te enseñaré el secreto de mi instrumento. A cambio, debes permitirme que comparta contigo el patronato de ganado.

De esta forma llegaron a un acuerdo. De la misma manera, la Casa donde está emplazado Mercurio nos muestra dónde somos buenos para cerrar tratos, y cualquiera que tenga el arquetipo de Hermes o Mercurio fuerte en su mapa es un negociante y comerciante nato. De este modo, Apolo y Hermes se hicieron amigos, aunque el hermano mayor seguía desconfiando del más pequeño.

-Temo que vuelvas a robarme mi lira, porque Zeus te ha encargado que establezcas sobre la Tierra el arte del intercambio. No me sentiré seguro mientras no hayas hecho un juramento solemne.

Hermes se mostró de acuerdo y pasó a ser el patrono de los juramentos y del solemne cumplimiento de los pactos. Cuando juró que no volvería a robarle el ganado ni el instrumento, Apolo le ofreció un presente: el caduceo, una vara mágica que llevaba enroscadas dos cintas o dos serpientes, y se convirtió en uno de los símbolos más famosos de Hermes. Hay que añadir que Hermes es un ladrón no un salteador. Los griegos distinguían entre ambos: un salteador ataca violenta y abiertamente, como un atracador, mientras que un ladrón es más sutil o furtivo. Hermes no es un desalmado ni un asaltante, pero si el patrono de la acción furtiva. Zeus solía valerse de él para rescatar a otros del peligro. Hay un relato según el cual el joven Ares fue capturado por dos gigantes que lo encerraron en una tinaja; a Hermes le asignaron la tarea de liberarlo, lo cual le exigía moverse furtivamente. También le cayó en suerte rescatar el hijo de Dionisos de las garras de Hera y de los Titanes. Y asimismo fue él escoltó a la joven Perséfone a su vuelta del mundo subterráneo. ¿Veis como aquí hay un diseño que se repite? Hermes es el elegido cuando hay que rescatar o salvar a los hijos de los dioses. Hermes es de gran importancia psicológica como dios de las fronteras y como alguien que las atraviesa, simboliza la parte de la psique que es capaz de moverse desde un nivel, plano o dimensión de la existencia a otro. Hermes viajaba hasta el Olimpo y volvía después a la Tierra, e incluso descendía al mundo subterráneo. Se equipararía el Olimpo y los cielos con los ámbitos supraconscientes, espirituales o transpersonales; el plano terrestre en el nivel consciente, cotidiano y lineal de la vida, con cosas mundanas como ir de tiendas, pagar el recibo de gas, charlar con los amigos, etcétera, y el mundo subterráneo con el inconsciente, donde se sepulta y se reprime todo contenido psíquico no integrado, tanto positivo como negativo. A diferencia de los demás dioses, Hermes tenía libre acceso a la totalidad de estos tres ámbitos o niveles. En todo caso, la mayoría de los dioses preferían, con mucho, deleitarse en el aire enrarecido del monte Olimpo a andar mezclándose con el común de los mortales... salvo Hermes, que disfrutaba manifiestamente de su papel de intermediario entre los dioses y la gente ordinaria. Hermes/Mercurio es un experto en cambiar de canales. Vamos a ver esto más de cerca.

El hecho de que Hermes funcionara como el fax personal (o chico de los recados) de Zeus tiene su importancia tanto desde el punto de vista psicológico como desde el espiritual. Zeus, el de los ojos de águila, vivía en el alto de una montaña, de manera que podía ver las cosas desde la distancia y tenía una perspectiva muy amplia de la vida. La misión de Hermes consistía en llevar a la gente de la Tierra la sabiduría y el entendimiento de Zeus (Sagitario). De modo similar, Mercurio (Géminis) nos proporciona la capacidad de aplicar en la vida cotidiana cualquier intuición “superior” o visión espiritual que podamos tener. Mercurio (que rige el sistema nervioso) hace que la visión supraconsciente, la sabiduría y el entendimiento superior de Júpiter sean accesibles a nuestra mente consciente. Si no tuviéramos sistema nervioso, no podríamos conectar con el espíritu ni canalizarlo, así como si no contáramos con el lenguaje y las palabras (a Hermes se le atribuía la invención del alfabeto), no podríamos dar expresión concreta a los ideales y conceptos jupitarianos. Hermes llevaba a cabo misiones para Zeus y los otros dioses, pero también transmitía mensajes de un mortal a otro. Además de actuar como puente entre el supraconsciente y el yo, Mercurio es el eslabón entre el yo y el entorno. Sin él, no podría seguir escribiendo como lo hago en este ordenador para compartir con vosotros las historias mitológicas aquí en Dioses de la Sincronicidad.

Tal como se podía esperar de él, Hermes jamás se tomó en serio ninguna relación, era un dios solterón, aunque naturalmente, eso no le impidió tener hijos. En mitología, la progenie de un dios se puede ver como las diferentes representaciones de su naturaleza. Uno de los hijos de Hermes se llamaba Autólico, quien lamentablemente heredó alguno de sus peores rasgos: alcanzó renombre como el mayor de los ladrones y de los embusteros. Otro de sus hijos, el despiadado Mírtilo, planeó la muerte de Enómao, de quien era el auriga principal. En algunas ocasiones del mito, se consideraba a Hermes como padre de Pan, macho cabrío de la cintura para abajo, a quien se representa con cuernos y barba. Era el dios de los bosques y de las praderas, muy juguetón, como un niño lujurioso y de genio vivo. Pan heredó la naturaleza pícara y traviesa de Hermes, y se divertía especialmente ocultándose detrás de un arbusto para asustar a los viajeros que se aventuraban en el bosque. Hermafrodito, una figura realmente curiosa, también pertenecía a la progenie de Hermes. Fruto de una aventura amorosa pasajera entre él y Afrodita, no sólo llevaba los nombres de los dos, sino que también reunía en sí las características sexuales de ambos. Representa la fusión andrógina de macho y hembra que existe en todos nosotros. Algunas personas con Mercurio o el Signo de Géminis acentuados en su mapa son bisexuales psicológicos. Pueden o no expresar este rasgo en el nivel físico, pero en ocasiones están confundidas con respeto a su identidad sexual, debido a su capacidad de sentir amor y atracción tanto por los hombres como por las mujeres. Después de todo, muchas cosas despertaban la curiosidad de Hermes, a quien le gustaba estar jugando y experimentando con diferentes maneras de ser en la vida. El Ascendente es como una manera de fusionar los principios solar y lunar, Mercurio también puede cumplir esta función. El concepto junguiano de la función trascendente transforma la personalidad mediante la fusión de los opuestos, y a Mercurio se le asocia con la autoconsciencia reflexiva; la mente es lo que nos permite tomar distancia y mirar con objetividad lo que está sucediendo a nuestro alrededor, y eso nos ayuda a decidir cómo actuar en cualquier circunstancia, nos permite evaluar la situación y decidir si la abordamos desde un lugar “Yang” o desde uno “Yin”, de este modo la mente puede elegir si ha de actuar de manera “masculina” o “femenina”, según lo que exige la situación. También es posible unir ambos modos de actuar.

Mercurio se presta a la dualidad, con la ayuda de Saturno, es aquella parte nuestra que establece fronteras, que distingue una cosa de otra midiéndolas, comparándolas o contándolas. En otras palabras, las fronteras las crea la mente al establecer distinciones entre las cosas. Pero también es Mercurio quien nos permite trascender la dualidad, los opuestos, e ir más allá del ámbito de las fronteras. Siempre que tomamos una decisión, establecemos una frontera entre lo que escogeremos y lo que no, vivimos en un mundo de opuestos porque siempre estamos estableciendo fronteras. La mayor parte de los problemas con que nos enfrentamos en la vida se relacionan con fronteras o límites. Cuanto más me aferro al placer y lo busco, más miedo tengo al dolor de perderlo. Cuanto más ávido estoy de éxito, mayor es mi miedo al fracaso. Cuanto más empeño pongo en perseguir el bien, más me obsesiona el mal. Vivimos en un mundo tecnológicamente avanzado que está obsesionado por el progreso y por mejorar la cualidad de vida, y sin embargo, fijaos en el estado del planeta: estamos a punto de destruirlo y destruirnos, que es precisamente lo opuesto a nuestros objetivos. Ponemos una palabra a un lado de una frontera, y al lado opuesto le asignamos otra palabra. Entonces tenemos a la luz como lo contrario de la oscuridad, arriba comparado con abajo y el bien enfrentado con el mal. La mayoría de nosotros creemos que el bien se alcanza liberándose del mal, que si pudiéramos llegar a erradicar o eliminar el mal de nosotros mismos o del mundo, nos quedaríamos únicamente con el bien. Nuestro concepto del cielo está un poco sesgado: pensamos que es el lugar donde reside la mitad buena de cada par de opuestos, mientras que el infierno es el hogar de las mitades malas. ¿Pero, es cierto esto?. El cielo es simplemente el lugar donde se trascienden los opuestos, donde el dilema planteado por los opuestos, simplemente, no existe, y esto recuerda el oro que buscaban los alquimistas por medio de la función trascendente. Todas las tradiciones místicas consideran al iluminado como una persona que ha ido más allá de la ilusión de los opuestos. En lugar de separar los opuestos e ir solamente en busca de las mitades buenas, con Hermes deberíamos buscar ese espacio psicológico interior que trasciende y abarca toda dualidad.

VENUS: Regente de Libra y la Casa 7 /Tauro y la Casa 2
El Circulo del Espíritu sobre la Cruz de la Materia.

Nota clave: El amor consciente, el sentimiento. Cooperación. Dar y recibir. Compartir. Compromisos. Belleza. Valores. Comparaciones. Arte. Gusto. Formas de cambio. Dinero. La manera en la que intentamos hacernos felices, tanto a nosotros mismos como a los demás.
Correspondencia psicológica: En Tauro: perseverancia, consolidación, el poder para modelar, el sentido de la forma, en Libra: sentido de la justicia, empeño en procura de armonía, sentido comunal.
Impulsos representados: Impulso social y amoroso; impulso de expresar afecto; impulso de goce.
Necesidades representadas: Necesidad de sentirse cerca de otro; necesidad de sentir comodidad y armonía; necesidad de dar las propias emociones.
Expresión positiva: Amor; dar y recibir con los demás; compartir; generosidad de espíritu.
Expresión negativa: Autocomplacencia; codicia; exigencias emotivas; inhibición de los afectos.
El mejor comportamiento del ser humano provendrá de la influencia de Venus, con el deseo de estimular una respuesta similar de los otros planetas. La esencia que se pone en compañía satisfactoria a través de las relaciones personales y sociales. Busca la armonización y rodearse de cosas agradablemente bellas que todas las cosas o personas pueden tener, al igual que todos los planetas y Signos del Zodiaco. Hay un énfasis en la seguridad económica y apreciación de las obras de arte y la buena música.

El planeta Venus, asociado con su homónima, la diosa romana del amor y de la belleza, y con la deidad griega Afrodita, simboliza el deseo de unión y de relación que hay en nosotros mismos. En términos junguianos, Venus es, como la Luna, un principio del Anima que representa la necesidad de equilibrio y armonía, de unión y protección. Por la Casa que ocupa, Venus indica la esfera de la experiencia mediante la cual podemos alcanzar en la  forma más natural un sentimiento de paz, equilibrio, bienestar y satisfacción. En su dominio resulta estimulada nuestra capacidad de apreciar, valorar, amar y ser amados. Es allí donde somos complacientes y nos dejamos complacer, y donde exhibimos algo de nuestro mejor gusto y estilo, y de nuestra consideración por los demás. Todo esto suena muy bien, pero antes de precipitarse a ver dónde está emplazada Venus en su mapa, el estudiante ha de recordar que en la naturaleza de esta diosa había otros aspectos menos placenteros. No podía tolerar que la vida o las personas no estuvieran a la altura de lo que, en su opinión, debían ser. Debido a tan elevadas expectativas de perfección y armonía, es posible que la Casa de Venus denote un terreno donde, si la vida no alcanza a satisfacer esos ideales, podemos sentirnos decepcionados y desilusionados. Sin embargo, motivada por esa insatisfacción, Venus podría indicar también cuál es el área de la vida donde nos sentimos impulsados a hacer algo en virtud de lo cual el mundo (a nosotros mismos) sea un poco más justo, más armónico o más bello. Por la Casa, Venus puede señalar en qué campo de la vida sentimos rivalidad o envidia hacia los que quizás estén mejor dotados que nosotros. Es también allí donde nos valdremos de la seducción, de una engañosa dulzura y de parecidos artilugios para asegurarnos nuestros objetivos. Según es fama, Afrodita usaba un cinturón mágico que tenia el poder de encantar y esclavizar a los hombres. En ocasiones, Afrodita, la diosa del amor y de la belleza, convierte en un tormento y en un caos la vida de las personas. Finalmente, había veces en que Afrodita se comportaba como una especie de compensadora de desequilibrios. Por ejemplo, al insistir para que su hijo Eros hiriese a Plutón con uno de sus celebres flechazos, alteró gravemente la vida de la joven Perséfone, demasiado inocente y virginal -en opinión de la diosa- para su propio bien. En la Casa de Venus se necesita algunas veces cierta medida de dolor, de lucha o de sufrimiento para devolvernos a una situación más armónica y equilibrada si nos hemos apartado demasiado de ella, en la dirección que fuere. Puesto que Venus está relacionado con la apreciación y creación de todo aquello cuanto nos resulta hermoso o placentero, Venus también es el significador del arte y de la música. Entre otras cosas, el arte conlleva placer, el cual es también otro de los atributos de Venus. De hecho, nuestro Venus natal tiene mucho que decir en cuanto a las formas en las que obtenemos el placer y percibimos la belleza en todos los aspectos de nuestras vidas. Y, como tal, Venus es el que nos indica nuestra capacidad de disfrutar de la vida en el más amplio de los sentidos. El Signo ocupado por nuestro Venus natal, así como la Casa y sus aspectos, reflejarán en gran medida todo lo que nos hace felices; la forma en la que intentamos hacer felices a los demás, proporcionarles placer y demostrarles que los valoramos, que los apreciamos y que los queremos. Los aspectos a nuestro Venus natal describirán qué es lo que impide o apoya nuestra habilidad para hacer que tanto nosotros como los demás se sientan amados, valorados y felices. Otro importante punto sobre los aspectos de Venus es el de que cuando Venus entra en contacto con algún planeta, lo suaviza. No importa lo que represente el planeta, la influencia de Venus lo suavizará, lo hará más dócil y más flexible. Todas las cuestiones relacionadas con la comodidad, con la tranquilidad, con la lujuria, con la amabilidad o con la dulzura reforzarán o impedirán la expresión de este principio planetario. Tauro representa el lado más terreno y más sensual de Venus. En la Casa donde se encuentra Tauro buscamos el modo más directo la satisfacción de deseos de naturaleza física o instintiva, complaciéndonos en satisfacer apetitos como los de la comida y el sexo, y las necesidades básicas de comodidad y seguridad. La Casa de Libra, en cambio, es donde queremos realizar los ideales románticos y estéticos del amor, la belleza, la simetría y la proporción, en busca de lo que hay de bueno, de bello y de verdadero en la vida.

Es necesario que nos ocupemos de la palabra “meretriz” para poder entender mejor a Afrodita. Una prostituta simplemente se vende, una meretriz puede hacerlo, pero el término sugiere más bien desenfreno y libertad sexual. Hablar de “prostituta” es describir un trabajo, mientras que “ramera” es una forma de decir lo mismo en lenguaje vulgar. La palabra “cortesana” por otra parte, implica cultura, estilo y habilidad en las artes amatorias, un poco como la “geisha” japonesa. Esta mujer se vende, pero a un precio sumamente alto, y sólo a aquellos que tienen buen gusto además del dinero necesario. La meretriz puede ser salvaje y desenfrenada, y quizá no se venda siquiera o, si lo hace, no de la manera fría y calculadora de la prostituta. Por ello, el término “meretriz” suena más bien a abandono sexual que a venta del propio cuerpo por dinero. La meretriz del templo era una figura sagrada en Sumeria, Babilonia, Egipto e India. Estas mujeres no fueron jamás prostitutas en el sentido en que entendemos hoy la palabra. A algunas, como las que servían en el santuario de Afrodita en Pafos, Chipre, se las preparaba para ser “cálices” mortales de goce y el éxtasis divinos de la diosa, e iniciaban a los hombre en los misterios del dominio de Afrodita. La meretriz del templo es, por consiguiente, una mujer que encarna y canaliza la esencia de “Eros”, que es el don de la deidad al ser humano. Es sagrada debido a la diosa a quien sirve y a la honrosa tarea que realiza, y simboliza la extraña paradoja que encontramos en Venus, esa misteriosa fusión de la sexualidad sagrada y la profana que se burla de las interpretaciones morales ordinarias. No hay vínculos matrimoniales, ni lazos de amor erótico, ni se hace después reclamación alguna. Esto nos dice algo más sobre Venus: que a ella no le conciernen los compromisos que vinculan a través del tiempo (Saturno), ni refleja tampoco el sentimiento ni la idealización del amor “romántico”, que experimentamos por mediación de Neptuno. A la meretriz sagrada se la consideraba también como la iniciadora de los hombres, y como la inspiración de la virilidad del hombre. Esto es algo muy diferente del poder de la diosa lunar, cuyo derecho sobre un hombre depende del hecho de haberle dado la vida y haberlo alimentado en su infancia; el papel de Venus es más bien la del “Anima” o imagen del alma, que libera al hombre de las garras de la madre haciéndole descubrir su potencia y su capacidad para el amor y el goce, sin ningún vínculo emocional. Indudablemente, todo esto es un material bastante incómodo si se es un severo moralista o incluso una feminista radical. Para quien vea en esta figura de la meretriz sagrada venusiana una denigración de lo femenino andará muy errado. Parte del poder y del carácter sagrado de la meretriz del templo surge de su negativa a dejarse limitar por las leyes y las obligaciones de la vida familiar convencional; ella es capaz de entregarse con abandono, y de este modo encontrarse a sí misma y descubrir su propia capacidad para el placer, sin preocuparse por quién pagará el techo bajo el que se cobija. No hay ningún marido que la acobarde o la limite, no está atada por las necesidades de un hijo que depende de ella. Su propio placer y su goce es lo que llena de placer y de goce a sus sucesivas parejas, y no teme darse a sí misma porque “es” ella misma. En la sociedad moderna hemos perdido el contacto con este arquetipo femenino, porque el amor erótico no se le ve ya como algo sagrado, y la meretriz se ha convertido en una simple prostituta. La analogía moderna más próxima es la amante autosuficiente, que prefiere vivir independientemente y sin embargo encuentra su realización como amiga y compañera erótica de un hombre (o varios). De todas las deidades del antiguo panteón que personifican los planetas interiores, quizá sea Afrodita  la que menos integrada está en la sociedad actual.

Aunque en el mito griego Afrodita esté casada con Hefesto, el matrimonio es más bien como una broma. Afrodita lo engaña continuamente, y en realidad no pertenece a nadie excepto a sí misma. Las primeras diosas del amor, Inanna e Ishtar, no están casadas, y a veces se las presenta como meretrices vírgenes, una expresión que no es contradictoria, porque la palabra “virgo” en latín significa simplemente “soltera” o “dueña de sí”. Es importante considerar las diferencias entre Venus y la Luna en este contexto, porque estos dos planetas son realmente opuestos psicológicos, dos rostros complementarios de lo femenino. La Luna necesita pertenecer a alguien, preferiblemente a una familia o un grupo. La necesidad lunar de formar parte de una unidad puede incluir a los hijos, el país, la ciudad o los antecedentes raciales de la persona, pero está esencialmente dominada por el anhelo de pertenecer y tener raíces. Venus, al contrario, sólo pertenece a sí misma, no le preocupa ni el pasado ni el futuro, y aunque en el mito tiene algún que otro hijo, como Eneas, no es lo que llamaríamos una diosa maternal. En la iconografía, a Afrodita/Venus no se la representa jamás con un bebé en los brazos. Se entrega a cualquier dios o héroe a quien “ella” desee, no a ninguno que la necesita y la quiera. No se entrega a sí misma sólo porque alguien la ame. En el mito, a Afrodita de cuando en cuando la embarga un vehemente y frenético deseo por alguien en particular, a quien entonces fascina y seduce. Por supuesto, no padece ninguna clase de inseguridad, sino que expresa un poder de atracción absoluto, no debido a lo que pueda ofrecer (afecto, cuidado, fiabilidad), sino por ser como es. No “hace” nada para que la amen, porque ella “es” la esencia de la amada. La Luna es empática por naturaleza, y responde fácilmente a los sentimientos de otra persona; a la Venus mítica, en cambio, no sólo no se la conoce por ser compasiva, sino que de hecho puede ser increíblemente insensible y capaz de desatar la destrucción sobre los mortales, imponiéndoles pasiones inapropiadas e incontrolables. Pero la Luna también puede usar su empatía natural para crear en los demás un sentimiento de obligación. Es el síndrome de “déjame que te planche las camisas, te haga el té y te consuele y entonces estarás en deuda conmigo”, que puede combinar una sensibilidad y un cuidado auténticos con una especie de trueque en que la otra “mercancía” es la seguridad emocional. Así pues, en realidad Venus simboliza un amor por uno mismo y una autoestima absolutas; puede dar gozosamente a los demás, pero no depende de ellos para sentir que vale. Afrodita no se va al bar de la esquina para “atrapar” a un hombre. Ella no es una buscona; es el hombre quien la busca.

Una de las características dominantes de Afrodita es su extrema vanidad. Se nos ha educado en la creencia de que la vanidad es algo terrible; se espera de nosotros que no nos miremos demasiado al espejo ni gastemos una cantidad excesiva de dinero en nuestro aspecto externo. Todo eso es “narcisismo” y “egoísmo”, cuando en realidad deberíamos pensar en el bienestar de los demás. En el cuento de hadas de “Blancanieves”, es la reina perversa quien continuamente se mira en el espejo y le pregunta: “¿Quien es la más bella de todas?”. La vanidad hace que Afrodita sea sumamente competitiva con las demás diosas y esté muy celosa de ellas, e incluso de las mujeres mortales que podrían hacer que se cuestionara su belleza. Esto es lo que pasa en el mito de Eros y Psique. Psique es una mortal cuya belleza es tan grande que la gente empieza a compararla con Afrodita, hasta que la diosa, fiel a su naturaleza, decide preparar un terrible final para la pobre chica. La rivalidad entre padres e hijos es un rito de pasaje, que nos aguarda a todos en mayor o menor grado a medida que desarrollamos el aspecto venusino de nuestra naturaleza. Nos encontramos con este problema durante toda la vida, porque allí donde hay deseo y atracción habrá también rivalidad; y nuestra capacidad para manejar con ingenio, integridad y confianza este dilema que nos plantea la vida, depende inicialmente de lo que hayamos aprendido en nuestra infancia, hasta que podamos hacer que nuestra propia compresión de nosotros mismos influya en la situación. En la niñez, el triángulo edípico nos pone en situación tanto de perder como de ganar, y a fuerza de enfrentarnos con ambas experiencias alcanzamos un sentimiento de identidad personal mucho más fuerte. Si a un niño no se le permite expresar la rivalidad, entonces será inevitable que, más adelante, tenga dificultades para expresar a su Venus. Por lo tanto, este es el lado “malicioso” de lo femenino, el que muchos hombres, e incluso mujeres, encuentran tan perturbador y amenazante, porque parece absolutamente egoísta, amoral y falto de ética. Pero Afrodita jamás podría ser ética en el sentido social (Saturno), ni tampoco en el religioso (Júpiter). Su ética es la de la belleza, que posee su propia lógica innata. Así que, la vanidad de Afrodita es un aspecto inevitable de su naturaleza, así como el cinturón mágico que la hace irresistiblemente atractiva. Se adorna con oro, y ella misma es “áurea”, un atributo que nos habla de su importante relación con el Sol y las cualidades solares. Su marido, Hefesto, el cojo y feo dios herrero, siempre está creando objetos de oro para que ella los luzca. La piel de Afrodita es dorada, y también dorados sus cabellos, y la diosa brilla como el Sol. Seduce a los hombres a la luz del día; cuando la invade el deseo por el troyano Anquises, el padre de Eneas, hace el amor con él en mitad de la mañana, a la vista de todos, sobre la ladera de una colina. Nada de andar a tiendas bajo el velo de la oscuridad lunar. Esta desvergonzada luminosidad solar es el rostro creativo de la vanidad y el “narcisismo” de Afrodita. El tema mítico del carácter áureo de Afrodita me lleva a su símbolo más difundido, la manzana de oro. Esta manzana aparece en muchas culturas diferentes en relación con la diosa del amor erótico.

La manzana de oro aparece en la historia de Paris, un joven y guapo príncipe troyano que ha tenido ya sus éxitos con las mujeres, y sus muchas experiencias eróticas le valen el desafortunado honor de que Zeus lo llame para que sea el juez de una competición de belleza entre tres diosas: Hera, Atenea y Afrodita. El premio del concurso es una manzana de oro. Como Paris es tan inteligente como apuesto, sabe que sea quien sea la elegida, las otras dos inevitablemente se vengarán de él de una forma u otra, y de un modo típicamente adolescente, intenta eludir el problema de la elección, primero negándose a participar, y después sugiriendo que dividan en tres la manzana. Por supuesto, estas formas de evasión, típicamente humanas, son rechazadas. Hera, la reina de los dioses, le ofrece riqueza, una buena posición y el poder mundano; Atenea, la diosa virgen de la batalla, le ofrece el don de la estrategia y la habilidad en las artes de la guerra. Afrodita no le promete nada; se limita a aflorarse el cinturón. El resultado del concurso es, pues, previsible. Como recompensa por haberle concebido la manzana de oro, Afrodita ofrece entonces a Paris la mujer más hermosa del mundo, Helena de Esparta, que lamentablemente ya está casada con otro, lo cual, desde luego, no disuade a la diosa. Helena y Paris se fugan juntos, y así se inicia el cataclismo de la guerra de Troya. Esta historia no trata en realidad del amor, sino de la elección y la declaración de los valores individuales. Es un mito venusino, no sólo porque Afrodita gana el concurso de belleza, sino porque Paris, como todos los mortales, se enfrenta a la necesidad de elegir y de atenerse a las consecuencias. Como es joven y enamoradizo, asigna el valor supremo del amor erótico. Si hubiera sido mayor, un guerrero o un gobernante maduro que hubiera sufrido algunas desilusiones conyugales, quizá se habría resistido al poder de la diosa del amor y habría escogido a cambio a Hera o a Atenea. Así pues, en relación con Venus debemos preguntarnos: ¿Qué es lo que más valoro? Ninguno de nosotros puede amar a todo el mundo ni valorar todas las cosas, pese a lo que puedan pensar algunos acuarianos; y todos buscamos como parejas o como amigos a personas con quien seamos “compatibles”. Esto significa, en realidad, personas con quienes podamos compartir por lo menos algunos de los valores que más apreciamos. Venus simboliza nuestra capacidad de dar forma e identidad a lo que valoramos, y es la base de la autenticidad de nuestras elecciones personales. La historia de Paris destaca que no podemos eludir el problema de la elección y la expresión de los valores individuales. Son los dioses quienes decidan que Paris debe cumplir con su parte en esa historia, y quizá sean los dioses interiores los que, el alguno coyuntura crítica de la vida, nos plantean un dilema, en que debemos escoger una cosa o persona en vez de otra, y atenernos a las consecuencias de esa decisión. Así pues, en Afrodita el “frenesí del deseo” -la persecución de la persona o del objeto amado- se realimenta de sí mismo, de modo que lo que a la larga se deriva de él es la profundización y un fortalecimiento de los propios valores. No existe el deseo de fundirse hasta perder los límites de la propia identidad, que encontramos en Neptuno, ni ninguna necesidad de incorporarse a una unidad colectiva en busca de seguridad emocional, que encontramos en la Luna. Nos descubrimos a nosotros mismos al reflexionar sobre lo que amamos y encontramos hermoso, porque el objeto del deseo es un gancho que permite colgarle la proyección de lo que en nuestro interior consideramos como la mayor belleza y el valor supremo. Creo que ha quedado claro por qué Venus no le interesan realmente las relaciones “per se”, sino más bien la autodefinición a la que se llega mediante las relaciones. En el “Fedro” de Platón hay un pasaje muy hermoso en que el filósofo nos habla del hecho de ver reflejado en el rostro del ser amado un atisbo del dios al que pertenece la propia alma. Y este es el significado más profundo de Venus: lo que se ama, ya sea una persona, un objeto o un ideal intelectual, como espejo de la propia alma.

Ahora bien, si hemos de ser leales a esta dimensión de la psique que la astrología llama Venus, es obvio que tarde o temprano vamos a desviarnos de los valores y la moral colectivos, porque aunque nuestros propios valores pueden adecuarse cómodamente a los del grupo durante la mayor parte del tiempo, por lo general llega un momento en que ya no es así. Lo más frecuente es que la colisión tiende a producirse en el campo del matrimonio y de la familia, porque estas personas son, para la mayoría de nosotros, el colectivo inmediato. Debido quizás a esta dinámica básicamente humana, en el mito Afrodita está siempre provocando adulterios entre los mortales. Generalmente alguien es engañado por su mujer o por su marido, o se siente herido por una pasión sumamente inadecuada. El compañero constante de Afrodita en sus malignas incursiones entre los mortales es su hijo Eros, quien dispara sus flechas desde atrás para herir a las víctimas por ella elegidas. La imagen de la flecha es muy adecuada, porque realmente nos sentimos “heridos” por un profundo deseo, y lo que con más claridad lo demuestra son los sentimientos que con frecuencia durante los tránsitos y progresiones importantes que implican a Venus. Como podéis ver, Afrodita representa una profunda amenaza para el colectivo, tal como lo es, en el mito, para la diosa Hera, su enemiga arquetípica. Afrodita es una diosa amoral para las normas convencionales, y la gente sufre por causa de sus pasiones: las familias se deshacen, esposas y maridos son abandonados, los hijos se ven expuestos a las habladurías, etcétera. Allí donde Afrodita esté activa y pasándoselo bien, generalmente encontraréis a alguien con una tremenda confusión emocional. Sin embargo, si la miramos con ojos menos dogmáticos, podemos ver que es la gran “afirmadora” del individuo, porque desafía la interpretación colectiva de lo que es una relación “correcta” al plantear el problema emocional de los valores individuales. Cuando estamos desconectados de Venus, esto tiene ciertas repercusiones características. Una de ellas, en un nivel muy básico, es una pérdida de autoestima que en realidad ninguna compensación -ya se trate de la aprobación de los demás o de una ideología de autonegación- es capaz de suplir. Si en el mapa natal Venus está bloqueada o ha “desaparecido” en la Casa 12, o hay modelos parentales que hagan pensar que en esta dimensión de la vida ha de ser suprimida, entonces es frecuente que haya una pérdida del sentimiento espontáneo de goce y de placer y de la simple confianza en uno mismo que la diosa personifica. Mucha gente hace grandes esfuerzos por compensar esta pérdida de autoestima cultivando en exceso el intelecto, o persiguiendo rabiosamente el éxito mundano a expensas de todo lo demás, o refugiándose en las alturas del espíritu y negando el cuerpo, o convirtiéndose en alguien que lo más probable es que guste absolutamente a todo el mundo a fuerza de ser tan y tan “bueno”. Pero la autoestima de Venus, que es más personal y está más centrada en el cuerpo que la autoexpresión del Sol, no puede ser reemplazada por los dones de ningún otro dios. Afrodita pesa sus encantos, no es ninguna tonta. Es la más astuta de las deidades, y puede ser tremendamente traicionera. Hay una asombrosa combinación de belleza y gran inteligencia en esta deidad, que no siente aversión alguna por la estrategia (su aspecto en Libra). Se trata de una combinación única en el panteón divino. Afrodita también es una portadora de cultura. Su inteligencia, su dominio de la estrategia y su sentido de la estética la diferencian de la deidades lunares, cuyos atributos son más instintivos. Afrodita enseña el “arte” de amar, en lugar de representar el deseo como preludio del embarazo y del parto. En el momento en que nos referimos al arte, estamos combinando la expresión del instinto con la imaginación y la fantasía y con la disciplina de la artesanía. El erotismo de Afrodita transforma la libido en bruto de la sexualidad física en algo completamente diferente, que se puede expresar también por otros medios, como la danza y la poesía.

MARTE: Regente de Aries y la Casa 1
La Cruz de la Materia diagonalmente colocada sobre el Circulo del Espíritu, indicando movimiento.

Nota clave: Los deseos. La supervivencia. Habilidad, valor y coraje. Resistencia y capacidad de lucha, así como la voluntad hacia la acción. La energía sexual. La impulsividad. Iniciativa. Osadía. Competición.
Correspondencia psicológica: La voluntad, el impulso de actuar, el espíritu de empresa, responsabilidad, deseo de conducir.
Impulsos representados: Impulso dogmático y agresivo; impulso sexual; impulso de actuar decisivamente.
Necesidades representadas: Necesidad de lograr deseos; necesidad de excitación física y sexual.
Expresión positiva: Valor; iniciativa; poder de voluntad dirigido conscientemente hacia un objetivo legitimo.
Expresión negativa: Impaciencia; terquedad; violencia; uso inapropiado de fuerza o amenazas.
Aquí está el combustible que hace que el ego opere y coopera. Es el instinto animal y natural en el hombre. Es la característica dominante del macho. La energía para imponerse, que disfruta de un buen desafío de sus competidores. Establece la supervivencia de los más aptos y la evolución hacia la perfección, sin embargo ésta no es la intención principal. La naturaleza del deseo es esencial a la supervivencia de nuestro ser. Aquí la urgencia inherente a la energía vital puede deformarse por buscarse excesivamente a si mismo, resistiendo razonar; actúa primero y después piensa.

El planeta Marte va asociado con el dios romano homónimo y con el dios griego Ares. Ares, el dios de la guerra, era considerado con terror en Grecia, y provocaba el disgusto general por su temperamento furioso e indomable. En la batalla lo acompañaban sus escuderos Deimos (terror), Fobos (miedo) y Eris (discordia). Un grupo no muy simpático. Contrariamente a lo que se podría esperar, Ares raras veces salía victorioso en una batalla, y con frecuencia lo hacían quedar como un tonto. Cuando, sin esfuerzo alguno, Atenea lo derriba de una pedrada, Ares cae torpemente al suelo, herido y quejándose a gritos como diez mil hombres. Incluso dos mortales comunes consiguen capturarlo y tenerlo durante trece meses aprisionado en un botella (de manera no muy diferente a cuando "embotellamos" o reprimimos nuestro enojo). Pero no basta con que Ares haga el ridículo en el combate, ya que no le va mejor en el amor: cuando seduce a Afrodita termina vergonzosamente sorprendido en plena función por el marido, Hefaistos, quien atrapa a los amantes en un red e invita a contemplar el espectáculo a los otros dioses, que acuden a reírse y burlarse de la desdichada situación del poderoso Ares. Por el contrario, entre los romanos Marte era honrado y respetado, y en el panteón romano llegó a ocupar una posición incluso más elevada que la de Júpiter. Los romanos lo adoraban como dios no sólo de la guerra, sino de la vegetación y de la fertilidad; era la deidad de la primavera. La forma en que los griegos desaprobaban a Ares por su tosca brutalidad y los romanos reverenciaban a Marte por honorable y virtuoso nos da indicios de dos aspectos de la agresión: aquellas formas que deploramos, y aquellas que no debemos desconocer si es que hemos de sobrevivir y crecer. Marte puede representar la fuerza bruta, la rabia ciega, la impetuosidad y una temeridad que nos hace quedar como estúpidos, pero también se le puede entender como una especie de agresión sana, como el impulso positivo de abarcar y dominar el mundo exterior. Una agresión sana es el impulso que hay en la materia viviente para expresarse, el poder que empuja a una semilla a germinar. Un Marte positivo nos permite alcanzar la independencia, nos da la capacidad de defender nuestro propio territorio y de tomar decisiones generadas a partir de nosotros mismos. Un Marte sano confiere el ímpetu necesario para aprender habilidades nuevas, y es la base de los logros de la vida (luchamos con un obstáculo, atacamos un problema, dominamos una dificultad).

Según en qué Casa esté emplazado, Marte indica en qué sector será operativa cada una de estas formas de agresión y autoafirmación, por separado o conjuntamente. Es probable que la distinción entre las dos no siempre esté clara: el niño que se rebela coléricamente contra la autoridad se está mostrando agresivo, pero también está manifestando un impulso a la independencia que es parte vital y necesaria del proceso de crecer. La Casa en que se encuentra Marte indica dónde es necesario que enfrentemos la vida, que corramos riesgos, que nos atrevamos a afirmar nuestra iniciativa, libertad e independencia. Es también el sector de la vida en donde podemos ser propensos a la beligerancia, a una sobreestimulación apasionada, a los accidentes, a una tendencia competitiva exagerada, a la violencia y a un impulso insaciable hacia el poder. Si Marte está "embotellado" en una Casa, esta situación puede originar, por la vía de ese dominio de la experiencia, un sentimiento de desesperanza y desvalimiento seguido por la consiguiente depresión. Es también un dominio en el cual podemos provocar cólera de los otros. La correcta utilización del principio marciano puede proporcionarnos un gran valor y resistencia. Por supuesto, el valor no tiene por qué significar lucha o agresividad. El valor significa enfrentarnos a aquellas cosas hacia las que sentimos miedo. Para algunos puede ser una postura mucho más valiente el no pelear y, en su lugar, atreverse a admitir que son vulnerables y que están asustados. Los aspectos que reciba nuestro Marte, junto con la situación del Signo y de la Casa ocupados por éste, nos indicarán qué tipo de herramientas utilizaremos para defendernos, así como los hábiles y capacitados que podremos sentirnos para utilizarlas ante una situación determinada. Los aspectos tensionados de Marte pueden indicar que nos resulta algo difícil defendernos a nosotros mismos. Por otra parte, los contactos de Marte pueden indicar una excesiva tendencia a autodefendernos, así como a percibir amenazas allí donde no las hay. De nuevo, los planetas en contacto con Marte serán los que nos indican de qué se trata. El principio marciano no sólo nos ayuda a luchar contra las presiones del mundo exterior, sino que también nos permite hacer frente a los conflictos psicológicos internos. Marte es el que nos salva de las depresiones y de la locura; es el que nos ayuda a mantenernos firmes cuando vivimos rodeados de una excesiva presión. Este planeta también está relacionado con la habilidad del cuerpo para poder liberarse de las enfermedades y recuperar la salud. Pero, por encima de todo, Marte describirá nuestro deseo y nuestra voluntad de supervivencia. Luchar por la vida implica amarla y, quizá por ello, Marte, junto con Venus, puede ser utilizado como barómetro para medir nuestra habilidad para disfrutar de la vida. Marte estimulará la acción de cualquier planeta con el que entra en contacto, ya que las características del planeta afectado por Marte se verán incrementadas y aceleradas y el sujeto demostrará una gran fuerza en ese ámbito. El principio marciano se transforma fácilmente en acción y, con frecuencia, el sujeto intentará actuar físicamente en cualquier de los ámbitos representado por el planeta aspectado por Marte. Junto con el Sol, Marte contribuye a reflejar nuestro grado de "voluntad". Puesto que el principio marciano es tan honestamente ambicioso, cuando es prominente en un mapa, a menudo suele contribuir a agrandecer el espíritu y el gusto por la personalidad, aunque, mal controlado, también puede llegar a provocar un exceso de energía y de agresividad. Los aspectos prominentes de Marte aumentarán la fuerza y el valor y también pueden ayudar a arreglar algunos problemas que una carencia de este elemento pudiera provocar. Aries en la cúspide de una Casa, o contenido en ella, es similar a Marte en una Casa. El individuo debe enfrentar ese ámbito de la vida con valor y energía, para desplegar sus peculiares potencialidades y realizar su proyecto de vida. Si estamos deprimidos o en un estado anímico "bajo", podemos tratar de prestar atención a la Casa que tiene Aries en la cúspide, como medio de "volver a poner las cosas en marcha".

La definición simple de Marte es: el espíritu de lucha que defiende al Sol y, en cierto sentido, a todos los planetas interiores situados dentro de su órbita. La necesidad de un espíritu de lucha es obvia, ya que aquí fuera hay un ancho mundo en donde tarde o temprano uno tropezará con conflictos o desafíos a su propia individualidad, sus valores e incluso su supervivencia física y psicológica. Inevitablemente, todos debemos pelear por lo que somos, empezando por la lucha para salir del útero. En la astrología medieval, a Marte se le consideraba un principio maléfico, era uno de los “malos” de la película, y esta connotación sigue estando adherida al planeta incluso en enfoques astrológicos más espirituales. Pero aunque el espinoso ámbito de la agresión, la guerra y el conflicto no sea lo que de un modo ideal incluiríamos en un mundo perfecto, y aprender a trabajar con Marte de manera consciente y constructiva tampoco sea tarea fácil, sin Marte somos impotentes, si no lo expresamos, aparecerá Marte de otra persona dispuesto a hacernos papilla. En este momento estoy pensando en términos junguianos: si negamos o reprimimos algo en nosotros, otra persona lo expresará en nuestro lugar. Este es un enfoque simple y pragmático del valor del planeta que, al parecer, muchos astrólogos eluden. Este pequeño pero fuerte planeta nos proporciona nuestra definición inicial en la vida; es el instrumento más básico de nuestra separación del útero y del colectivo, porque en el momento en que declaramos lo que somos, queremos o valoramos, nos definimos como seres irrevocablemente separados de los demás. Una vez que hemos sacado a Marte a la luz y nos hemos autoafirmado, ya no podemos dar marcha atrás, como tampoco podemos volver a refugiarnos furtivamente en el útero una vez que hemos empezado a respirar de forma independiente y que el cordón umbilical ha sido cortado. De modo que la acción marciana tiene un carácter absoluto e irreversible, que es una de las razones de que muchas personas tengan dificultades para reconocer e integrar este planeta.

Ciertos héroes míticos, entre ellos Marduk, son sin duda alguna de naturaleza marciana. El viaje del héroe es esencialmente un viaje solar, pero en algunos de estos viajes hay un elemento más combativo, mientras que otros, como el de Ulises, dependen más de la inteligencia y la astucia. Y es inevitable que en una etapa del viaje se plantee una batalla o un enfrentamiento con un enemigo, incluso cuando el héroe es relativamente pacífico. Jasón debe matar a un dragón para conseguir el Vellocino de Oro; Perseo debe matar a Medusa para obtener la mano de Andrómeda; Parsifal es un loco apacible, no un guerrero, pero hasta él debe pelear. El héroe que mejor sintetiza la naturaleza marciana es Heracles. Fue enormemente popular tanto entre los romanos (Hércules) como entre los griegos, que veían en él al héroe ideal. Sin embargo, no es un personaje demasiado inteligente, y en su carrera de héroe mete la pata en una gran cantidad de ocasiones. Siempre está matando a alguien por equivocación (Hipólita, una de las reinas de las Amazonas) o hiriendo accidentalmente a los amigos (Quirón), y después se rasca la cabeza y se disculpa diciendo: “Lo siento. Me parece que se me fue un poco la mano”. Marte es un poco torpe y bobo, como el payaso que recibe las bofetadas, hasta que se encuentra en el campo de batalla, donde muestra sus verdaderas cualidades. El ciclo de los Doce Trabajos de Hércules es interesante, porque el héroe los lleva a cabo en expiación de otra muerte accidental. Cada trabajo es en sí mismo una especie de pequeño mito, y cada uno es también una faceta del adiestramiento de Marte. Es como si el ciclo de los doce trabajos describiera los múltiples rostros de la batalla a la que nos veremos sometidos durante toda la vida, y a la que es necesario que aprendamos a responder con una fuerte función marciana. Después de llevar a cabo estos trabajos, Heracles se ha pulido bastante y ha adquirido un cierto autodominio, pero sigue siendo Heracles. Como Marte es un planeta antisocial, es decir que me sirve más bien a mí que a la sociedad, tarde o temprano la vida moderará el instinto agresivo que llevamos dentro, porque los demás no nos van a tolerar un Marte excesivamente desenfrenado. En el mejor de los casos, no les gustaremos, y en el peor, nos encarcelarán. Si podemos responder a estas experiencias “moderadoras” tal como Heracles lo aprendió de sus trabajos, podremos expresar a Marte de un modo mucho más positivo, contenido (en lugar de reprimido) y creativo.

Dejamos ahora de lado a Heracles y continuaremos hablando del dios griego Ares, porque nos encontramos con varias imágenes interesantes. En primer lugar, Ares no tiene padre: desciende de la diosa Hera por partenogénesis. Hera está hecha una furia porque Zeus, su marido, ha dado nacimiento a Atenea por la cabeza, sin la necesidad de una madre, lo cual es un profundo insulto a los dominios del matrimonio, la familia y el alumbramiento, presididos por Hera. Así pues, Ares es el producto de la furiosa venganza de la diosa, o, si nos queremos poner especialmente freudianos, un producto de su envidia del pene. Hera está de lo más decidida a competir con ese dios tan descortés que ha creado una hija del espíritu (la sabiduría) sin ella, y genera entonces su propio hijo/falo, que luchará por ella. Así como Atenea no tiene madre -no participa en el ámbito del cuerpo y de los instintos-, Ares no lleva en sí el principio paterno, lo cual significa que él nace del Logos, es decir, de la dimensión espiritual o intelectual del dominio masculino. Es macho, pero es puro instinto; no es capaz de reflexionar ni de pensar de un modo simbólico. En el mito, el dios Ares se siente irresistiblemente atraído por Afrodita, que tiene el poder de domesticarlo valiéndose del deseo que él siente por ella. A este respecto, Ares refleja al héroe Heracles, que también fue domesticado debido a su deseo sexual por la reina Lidia, Ónfale (que significa ombligo). Ónfale tiene un poder erótico tan absoluto sobre el héroe que éste le permite que lo vista de mujer y juegue con él como si fuera un gato, enorme y mimoso. Lo mismo en el mito de Ares y Afrodita, en donde él está completamente pasivo después del contacto sexual, desparramado al lado de ella, saciado y soñoliento. Es decir que a Ares se lo puede domar con el erotismo, la belleza y el placer, mientras que la excitación de la conquista no consiga otra cosa que dejarlo ávido de más conquistas. La imagen mítica de Ares nos enseña que nos las estamos viendo con una fuerza arquetípica primaria, con un instinto de supervivencia básico. En nuestro diagrama hay otra imágenes simbólicas que pueden ayudarnos a ver dimensiones más sutiles de este instinto. En alquimia se equipara a Marte con el principio del azufre y se le representa principalmente como un lobo (explicado en la “Calcinatio” en la entrada 9c) Las Etapas del Opus Alquímico). El lobo aparece también en las mitologías griegas y romana en relación con Ares/Marte, y de hecho es Marte quien engendra a los gemelos Rómulo y Remo, que son amamantados por una loba y al crecer se convierten en los fundadores de la ciudad de Roma. Así pues, como el lobo, Marte es un luchador solitario, el Clint Eastwood del panteón planetario. El azufre alquímico es un símbolo del instinto agresivo, de la fuerza primaria de la vida en su etapa bestial, antes de verse sometida a los procesos de transformación que la llevarán a la humanización, al nacimiento del nuevo Rey que es el oro alquímico. Dicho de otra manera, Marte es la forma primitiva y animal del Sol. Así el héroe solar, antes de volverse humano y desarrollar la capacidad de reflexionar conscientemente, es el lobo, el ardiente azufre alquímico. Este profundo simbolismo es fácil de observar en un niño pequeño, que a cierta edad (generalmente a los dos años de edad) empieza a comportarse de un modo espantoso, cogiendo rabietas y mostrándose a menudo malhumorado y terco. Esta cólera, que es un aspecto perfectamente natural del desarrollo del niño, es insufrible para muchas madres a quienes les resulta muy difícil tratar con su propio Marte, y esto puede conducir más adelante a múltiples problemas. Pero mediante su cólera, el niño en realidad está afirmando su condición de individuo, y esta etapa es el verdadera inicio de la formación de la individualidad.

Un Marte bloqueado provoca un sentimiento de impotencia, hace que la persona se sienta como una víctima y crea una gran rabia inconsciente que puede expresarse de diversas maneras. Puesto que Marte, como nos explica el mito, es sumamente sensible a la seducción, quien lleva a cabo esa primera castración suele ser el progenitor seductor, y no el agresivo, es decir, el que dice: “Si sigues portándote así me harás muchísimo daño, además de todo el que ya me ha hecho tu padre (o tu madre). Yo esperaba que tú me defendieras y te pusieras de mi parte. Y ahora, también tú te portas como ese bruto y me hace sufrir incluso más. Me has decepcionado mucho, porque pensaba que serías una persona más buena y afectuosa”. Marte puede ser cruel, como la naturaleza, pero no es malévolo. Los animales luchan hasta la muerte, se cazan unos a otros, y su vida se rige por la despiadada ley de la supervivencia de los más aptos, pero no tiene ningún sadismo innato. Yo no creo que la crueldad gratuita sea un atributo inherente a Marte. La agresión ciega y la insensibilidad puede serlo, pero se necesita un tipo especial de herida para producir la crueldad manipuladora que puede ser la expresión más sombría de un Marte inconsciente y frustrado. Los dioses marcianos no son perversos por naturaleza. Ares puede ser violento, pero en la batalla se atiene al código de honor de un soldado. Tampoco Heracles es sádico, sino sólo bobo y torpe en ocasiones. Pero si Marte está castrado y se ve sometido a la impotencia durante muchos años, sí que suele volverse venenoso. Esta castración puede ser en parte de origen parental, pero también puede ser el producto de un conflicto interior, cuando el temperamento básico es demasiado pacífico e idealista para integrar con facilidad una energía tan primitiva.

Si tenemos una relación amistosa con Marte, sabremos lo que queremos y podremos pedírselo a los demás. Las diferentes personas tienen maneras distintas de perseguir sus objetivos, según el Signo y los aspectos de su Marte natal; y desde luego que todos queremos cosas diferentes en distintos momentos de la vida. Pero la capacidad de “saber lo que queremos y hacer lo necesario para conseguirlo” tal como Jung lo definió en una ocasión la masculinidad, depende de que la persona sea capaz de expresar de manera consciente a Marte. Uno de los resultados más comunes de un Marte desconectado o distorsionado es un estado de depresión crónico. Es evidente que un periodo de depresión puede estar motivado por causas externas perfectamente comprensibles, como una separación o una pérdida, y esto es algo que todos experimentamos en un momento u otro de nuestra vida. Pero la depresión crónica tiene raíces más profundas, y está comprobado que muy a menudo la raíz principal la constituye una profunda sensación de impotencia, frustración y rabia, que se genera al sentir que uno no puede elegir, que no tiene poder alguno sobre la propia vida. Por lo común la depresión no se experimenta como un sufrimiento manifiesto; más bien suele ser un estado de apatía y de inercia; se siente que no hay nada por lo que valga la pena preocuparse, ni siquiera enfadarse, porque se supone que, de todas maneras, por más que uno haga o diga, nada va a cambiar. Aquí Marte se invierte y se vuelve contra la persona, de tal modo que ésta destruye todas sus potencialidades. Es una especie de deseo de muerte, aunque con frecuencia ese pensamiento no sea consciente. En tales situaciones, podemos casi percibir al dios Ares haciendo mucho ruido al caminar de un lado a otro por el sótano, furioso y frustrado, y golpeando con su espada la puerta cerrada con llave. Con frecuencia, también el fanatismo es el producto de un Marte bloqueado, porque cuanto más incómodos nos sentimos ante los golpes y gritos que nos llegan desde el otro lado de la puerta cerrada, más ciegamente emocionales e incluso violentos se vuelven nuestros esfuerzos por convertir a los demás a nuestro punto de vista consciente. Difícilmente se encuentra a un Marte sinceramente expresado que sea fanático; uno va en pos de sus propios objetivos y deja que los demás se dediquen a los suyos. La historia de las persecuciones religiosas tienen mucho que ver con Marte, pero con un Marte enfermo, corroído por la culpa y castrado por la condena del cuerpo y de los instintos. Ir por la vida repudiando con demasiada energía a Marte es realmente peligroso. Sean las que fueren nuestras razones conscientes -ideológicas, religiosas o simplemente el miedo a la soledad o a la separación- es probable que el precio que tenemos que pagar, tanto por los demás como por nosotros mismos, sea demasiado alto.

Todos tenemos a Marte en el horóscopo, y todos nos enfrentamos con el problema de separarnos psicológicamente de los demás mediante la expresión de nuestra agresividad. Tanto la violencia como la actitud de víctima son problemas marcianos, llevados al extremo; y si nos vemos atrapados en una pauta repetitiva de receptores pasivos de la furia ajena, acompañada por la convicción de que carecemos de un despiadado instinto de supervivencia, ya es hora de que nos preguntemos qué es lo que está pasando con Marte en nuestro mapa natal. Los aspectos fuertes con Marte influyen en la forma en que expresamos nuestro espíritu combativo, y reflejan también facetas nuestras que tanto pueden ayudar en la persecución de nuestros objetivos como obstaculizarla. Si volvemos a pensar el los doce trabajos de Hércules, comprenderemos que los planetas que están en aspecto con Marte simbolizan los tipos de procesos moderadores a que nos veremos sometidos durante la vida, aunque cualquier planeta que esté unido a Marte de esta manera representa una especie de trabajo hercúleo. Aunque el dominio de Marte está lleno de paradojas: este planeta nos dota de una agresividad natural que deberíamos respetar y utilizar, y sin embargo, ese mismo impulso puede funcionar mal o escapársenos de las manos y conducirnos a actos deplorables, a multitud de dolencias psicosomáticas e incluso a comportamientos autodestructivos. La expresión malsana de la agresividad, lamentablemente, prevalece muchísimo: no necesitáis más que ver los telediarios para comprobar a cuánta gente se mata, se tortura y se mutila cada día. Creo que si podemos encontrar canales constructivos para esa energía agresiva, y usarla poniéndola al servicio de nuestro propio desarrollo, para cultivar una parte mayor de nuestras potencialidades y recursos, y para dominar la vida en general, es menos probable que se manifieste de forma negativa. Si tenemos salidas positivas para nuestros impulsos agresivos y manejamos con destreza cualquier asomo de cólera o de hostilidad que sintamos, estamos haciendo la parte que nos corresponde para ayudar a reducir las formas negativas de agresividad que hay en la atmósfera. Quizá no lleguemos a ser de los que comenten asesinatos y otros atrocidades, pero si nos empeñamos en cultivar resentimientos y no canalizamos nuestra agresividad innata hacia salidas constructivas, somos culpables de aumentar la cantidad de violencia y hostilidad que se va acumulando en el aire.

JÚPITER: Regente de Sagitario y la Casa 9
La Media Luna del Alma surgiendo verticalmente del brazo Oeste de la Cruz de la Materia, por la noche o a la puesta del Sol.

Nota clave: La mente superior. Mundos lejanos. Expansión. La espiritualidad material. Las opiniones y todo tipo de creencias. El gran beneficio y la fe. Sabiduría, riqueza, confianza. Inflación, exageración.
Correspondencia psicológica: Cultivo del lado interior o espiritual de la vida, esperanzada planificación para el futuro.
Impulsos representados: Impulso hacia un orden más vasto o a conectarse con algo mayor que uno.
Necesidades simbolizadas: Necesidad de fe, confianza en la vida y en uno. Necesidad de mejorarse.
Expresión positiva: Fe, confianza en un poder superior o plano mayor. Apertura la gracia. Optimismo.
Expresión negativa: Confianza excesiva. Pereza. Dispersión de energía. Dejar el trabajo a los demás. Irresponsabilidad. Extensión personal excesiva o demasiadas promesas.
La facultad mental superior desea un mayor significado en las relaciones de la vida, más allá de lo que es la materia física. Todo proceso que entraña crecimiento y expansión de conciencia en los valores espirituales, opiniones y dogmas. Tendencia a tomar más de lo que se puede absorber. Libertad total al darse placeres y creencias. No hay fracaso, y no hay limites.

Zeus tiene una "historia" particularmente bien documentada y, como Venus, es uno de los dioses más vitales y vibrantes. Robert Graves, en su divertido relato sobre la historia de la Creación del Mundo, ha puesto de relieve algunos rasgos característicos de Zeus, entre los cuales destaca la naturaleza extraordinariamente competitiva, dominante y ampulosa de esta deidad ultramasculina. Aunque estas cualidades se hayan asociado tradicionalmente con el Signo de Aries, también aparecen, y no en menor grado, vinculadas al Signo de Sagitario, quien dista mucho de presentar el aspecto indolente y bondadoso con el que suele describirle la sabiduría popular astrológica. Aunque Zeus fue creado por Rea y sólo podía ejercer su poder bajo su consentimiento, estaba destinado a liberar a todos los signos de su dependencia de lo femenino. Sin embargo, a causa de su matrimonio con Hera, Reina de los Dioses, nunca consiguió, pesa a sus reiterados intentos, llevar a buen término esta empresa y permaneció, de un modo u otro, vinculado al aspecto femenino. Los relatos de Zeus con sus amantes y su turbulento matrimonio con su hermana-madre-esposa, nos revela que este poderoso dios, con una personalidad tan individualista, no es tan macho como parece: "Zeus no alcanzó el poder solamente por su victoria sobre los Titanes, una victoria que, debía a la Madre Gaya (Rea) y a alguno de sus hijos. Su poder estaba mucho más fundamentado en sus relaciones amorosas y en su fidelidad a los hijos y nietos de Gaya". Zeus es el Padre de los Dioses y de los hombres, su nombre "djeus" significa "la Luz del Cielo" de modo que es el "daimon" del relámpago y la claridad. El entrenamiento de Zeus como Rey victorioso de los Dioses, derrocando el dominio de los Titanes terrestres y estableciendo su propio dominio celestial, refleja la emergencia en la consciencia colectiva de una principio espiritual superior a Moira. Por consiguiente es apropiado que Sagitario sigue a Escorpio ya que Zeus encarna lo que pertenece al espíritu eterno más que el cuerpo mortal. Zeus es llamado Dios de la Lluvia, Padre, Rey y Salvador. A diferencia de la vida condenada y predeterminada del cuerpo, atrapada en el puño de la Necesidad, Zeus ofrece la Luz del Espíritu. Esto es el principal aspecto de Sagitario: la búsqueda incesante de un espíritu que trasciende al destino y la muerte. Del mismo modo que Sagitario emerge de los vapores del "lóbrego destino" y de la sumisión al mundo subterráneo encarnado por Escorpio, Zeus emerge de la dominancia de la Madre ctónica y asume su papel de Gobernador de los Dioses y de los hombres. Más allá de las tinieblas del reino fáustino de "las Madres", en donde la impotencia del hombre, su dependencia del destino familiar y del mal colectivo, han sido reconocidos y aceptados, surge esa brillante aspiración que constituye el núcleo de todos los rituales religiosos: la promesa de un espíritu inmortal y su benigno cuidado, a la espera del abrazo del Dios Padre. 

En la mitología griega, Zeus era el majestuoso dios de los cielos, el que gobernaba el espacio inmenso y sin limites. Residente en el éter inmaterial del aire y en la cima de las montañas, Zeus era considerado omnisciente, era el dios que lo sabia y lo veía todo. Desde su elevada perspectiva contemplaba la vida sobre la Tierra y dispensaba el bien tanto como el mal, aunque la imagen que se tenia de él era más bien compasiva y benévola. Sus diarios recorridos incluían la protección de los débiles y los inocentes, el castigo de los malos, sobre quienes, para su propio bien, desataba la fuerza del rayo, la prevención de cualquier catástrofe que pudiera sobrevenir así en la Tierra como en el cielo, y las escaramuzas con Hera, su celosa cónyuge, por quien se sentía sumamente limitado. No se sabe cómo, también se las arreglaba para dar cabida en su ya ocupada agenda a una cantidad extraordinaria de aventuras extraconyugales. Actuando según la inspiración del momento, y con un entusiasmo equiparable a 6.000 unidades de vitamina E por día, perseguía incansablemente a diversas diosas y mortales, sin desdeñar ocasionalmente a algún efebo imberbe. Aun cuando no siempre tuviera éxito, parecía sin embargo obtener gran placer en perseguir sus objetivos siempre cambiantes, transformándose un día en toro, al siguiente en cisne y alguna otra vez en lluvia de oro. Como consumado de tantas escapadas eran numerosos los niños, Zeus dejaba a cargo de otros el cuidado de criarlos y educarlos. La cuestión, ahora, es cómo metemos a presión todo eso, y más aún, en una sola Casa, sea la que fuere.

"Los Dioses que ahora gobiernan la vida como guías y como ideas ya no pertenecen a la Tierra sino al Éter. Por consiguiente, de los tres reinos y sus dioses... sólo uno permanece en el lugar de la perfección divina, es el reino de la luz de Zeus". Así describe Walter Otto a Zeus, que, aunque impredecible, es una deidad mucho más consoladora que Moira y mucho más próxima al dios judeocristiana. Sin embargo Zeus no es enteramente libre ni está completamente al mando de la situación. Quizás haya sustituido a Moira, así lo creía, por lo menos, Esquilo, pero su matrimonio con Hera es una espina clavada eternamente en su costado divino. Este contrato matrimonial, subrayado como "contrato", como vínculo, como lazo permanente que, como las Runas grabadas en la lanza de Wotan, en el anillo de Wagner, lo liga eternamente al mundo femenino de la forma. Sin embargo, a diferencia de la divinidad judeocristiana, Zeus no puede escapar al influjo de su esposa, siempre estaban enzarzados en perpetuas desavenencias matrimoniales y la disputa parece ser un tema subyacente al patrón vital de Sagitario. Zeus siempre estaba persiguiendo a  otras mujeres y la lista de sus amantes y de su progenie ilícita llena volúmenes. Por su parte Hera siempre desbarataba sus planes, le espiaba, perseguía a sus rivales, echaba a perder sus románticos idilios e intentaba destruir o volver locos a sus hijos bastardos. Era una pareja que permanecía eternamente unida y eternamente enzarzada en peleas, una imagen del violento espíritu creador vinculado al mundo de la forma, al mundo de las relaciones y de los compromisos entre los hombres, al mundo de la moralidad, de la "decencia" y de la responsabilidad mundana, algo que afecta tanto a la naturaleza de Sagitario como la desenfrenada promiscuidad de la que Zeus es un emblema. No debe sorprendernos pues que muchos sagitarianos se lancen de cabeza en el destino del matrimonio como el de Zeus y Hera. El Sagitario de manual evita el matrimonio porque se siente demasiado atrapado por reglas y expectativas rígidas. Le desagrada sentirse "atado" y prefiere ser "espontáneo", lo que significa que encuentra desagradables las consecuencias de sus acciones y prefiere evitarlas. Sin Hera, Zeus no sería nadie, pues debe la mayor parte de su poder a Hera y a sus relaciones femeninas, y la fricción y tensión causadas por el vínculo inquebrantable del matrimonio le dirige continuamente hacia amoríos ilícitos y le mantiene vital y activo. Sin esta fricción Zeus sería indolente y perezoso, cualidades que manifiesta en muchos relatos y también es indudable que difícilmente desplegaría tanto entusiasmo por sus amantes si no se tratara de amores prohibidos: "No tengo en cuenta tu cólera, aunque te fueras al último confín de la tierra y el mar, donde habitan Yapedo y Cronos, sin la luz del Sol y sin el soplo del aire, si te fueras tan lejos, tampoco tendría en cuenta tu cólera" dice Zeus a Hera por boca de Homero ya como muchas de sus contrapartes humanas, una de las formas que Hera usura para desquitarse de sus infidelidades era abandonarle durante varios días, retornando y reconciliándose siempre después. Sin embargo, a pesar de la elegante descripción de Homero hace de él, Zeus no puede preocuparse de la cólera de Hera y debe reafirmar crónicamente su masculinidad. La lista de mortales a quienes Zeus sedujo o persiguió es interminable. Con Danae engendró al héroe Perseo, Con Semele al dios Dionisos, con Europa al rey Minos, de Creta, con Deméter, su divina hermana, a la doncella Perséfone, etc. Esta fertilidad sin fin es una alegoría de la creatividad sin límites, de la impaciencia, la inconstancia y la inventiva proteica. Todas estas características atañen a Zeus pero, en definitiva, su destino es Hera.

Innecesario es decir que aquella Casa del mapa natal que contenga a Júpiter es un sector de la vida donde necesitamos muchísimo espacio para crecer y explorar. Es allí donde no estamos contentos con lo que es la rutina o monotonía, sino donde en cambio nos sentimos impulsados a una experiencia de la vida más cabal y más completa. Independientemente de que Hera esté allí para ponernos limites, no somos necesariamente desdichados con lo que ya tenemos en ese dominio, pero seguimos queriendo más y parece que siempre hubiera lugar para seguir. A Júpiter, en última instancia, siempre le interesa más lo que puede hacer a la vuelta de la esquina que la realidad de lo que tiene en la mano. Tal como cabe imaginar, los problemas en la Casa de Júpiter provienen generalmente de que nos prodigamos en exceso en esa área. Dondequiera que se encuentra Júpiter en el mapa, nunca sabremos qué es suficiente hasta que no sepamos qué es más que suficiente. Además, como siempre contemplaba la vida desde tan arriba, Júpiter no acostumbraba a examinar las cosas con la minuciosidad que habría debido. Si hay aspectos tensionados, la posición de Júpiter en una Casa podría indicar en qué sector emprendemos la acción basándonos en perspectivas o en juicios errados, generalmente como resultado de ser exageradamente optimistas o demasiados entusiastas respecto de lo que es posible. Y, lo mismo que el dios promiscuo, es también la esfera de la vida en donde podemos sembrar múltiples semillas creativas, pero no siempre quedarnos en las inmediaciones para vigilar su crecimiento. Damos comienzo a algo pero, antes de que nos hayamos dado cuenta, hay algo más que nos llama la atención. No debemos olvidar el importante papel de Júpiter como guardián de la ley y de la religión, y como noble protector del pueblo. El populacho le dirigía sus oraciones pidiéndole ayuda, orientación, inspiración, benevolencia y preservación. Su presencia en una Casa hace que en ese dominio de la vida nos sintamos esperanzados, positivos y animosos, como si estando él allí nos sentimos encantados y protegidos. Y si estamos movidos por sentimientos tan positivos y por tan buenas vibraciones, no es sorprendente que, por lo común, nos espera el éxito en la esfera ocupada por Júpiter. Existe, sin embargo, el peligro de que en ocasiones podamos sentirnos traicionados si sucede aquello por lo cual nos entusiasmamos no resulta tan maravilloso como habíamos esperado. Pero generalmente, aun cuando algo o alguien nos decepcione en la Casa de Júpiter, ya se encargará él de hacernos caer de pie, como los gatos. El planeta Júpiter representa la capacidad de simbolización de la psique, y normalmente atribuimos gran significación a la experiencia y a los acontecimientos de la Casa donde se encuentra. Si bien esto puede dar origen a histrionismos, es también a través de la Casa de Júpiter como tenemos atisbos de una dimensión mayor en el diseño, el orden o el significado de la vida. En su dominio, vamos en busca de la reglas y leyes superiores sobre las cuales puede basarse la existencia y por las cuales es posible guiarse. Conscientemente o no, es allí donde buscamos a dios, o donde procuramos encontrar, dentro de ese marco de la experiencia, "la Verdad", así con mayúscula.

A Júpiter se lo adoraba como el "Gran Preservador de la vida" y "El que Libera de batallas y plagas". En ocasiones, es posible que nuestra supervivencia misma dependa de nuestra capacidad de dar alguna especie de significado simbólico a un acontecimiento, o de percibir cuál es su significación dentro de una perspectiva más amplia. Por más que los aspectos de Júpiter puedan desfigurar la claridad o el espíritu razonable con que veamos la "verdad", los asuntos de la Casa donde se encuentra este planeta nos ofrecen la creencia en algo más grande, la esperanza de algo mejor y el sentimiento de que la vida no es una mera colección de acontecimientos aleatorios, sino que tiene un significado y una intención. Cuando nuestra fe en la vida comienza a vacilar, si miramos hacia el dominio de Júpiter podremos recuperar la inspiración para salir adelante. En cierto sentido, los aspectos de Júpiter son los más fáciles de interpretar, dado que una de las características más significativas de este planeta es la de su tendencia a ensanchar todo lo que toca. Júpiter aumentará la influencia de todos aquellos planetas que entren en contacto con él. Y es importante que recordemos que "aumentar" no necesariamente tiene por qué significar "mejorar". Si Júpiter ensancha todo lo que toca, probablemente también exagerará y pondrá de relieve todos aquellos aspectos del mapa, ya conflictivos de por si, pudiendo llegar a transformar una configuración simplemente algo tensa en otra potencialmente destructiva. Los aspectos fluidos pueden describir el hecho de que nos resulta fácil hallarle algún significado a la vida, aunque nos mostremos condescendientes con los demás y respetemos sus creencias. Con los aspectos fluidos es posible que los demás ni siquiera intenten poner en duda nuestras creencias puesto que, en lugar de considerarlas como algo conflictivo y dejarnos desbordar por ellas, las consideran un punto de apoyo. Los aspectos tensionados, normalmente, suelen sugerir que nos mostramos algo confusos o poco convencidos en cuanto a nuestras creencias y que éstas serán puesto en duda. Posiblemente, a lo largo de nuestras vidas, estos enfrentamientos harán que nuestro sistema de creencias sea mucho más categórico. Los aspectos tensionados y, según qué casos, también las Conjunciones, significarán que tendremos que luchar mucho con el fin de encontrarle algún significado a la vida o que nos empeñaremos en intentar demostrar que nuestras creencias son las acertadas. Los aspectos a nuestro Júpiter describirán qué es aquello que acelera, que impide o que entorpece nuestra capacidad para poder vislumbrar la totalidad del conjunto, y también la facilidad o dificultad con la que alcanzamos, utilizamos o valoramos la riqueza y mostrarán, junto con el Signo y la Casa en donde esté situado, cuál es realmente la naturaleza de esta riqueza. Júpiter ejercerá una influencia similar sobre cualquier Casa donde esté Sagitario en el mapa.

SATURNO: Regente de Capricórnio y la Casa 10
La Cruz de la Materia por encima y expresando la Media Luna del Alma.

Nota clave: La forma del alma, la cristalización. Sabiduría, la justicia. Miedo, control y abnegación. Autoridad y disciplina. El tiempo. Aprendizaje de las cosas a través del camino más duro. Responsabilidades, deberes y obligaciones.
Correspondencia psicológica: Infatigable lucha por la autoperservación. Paciencia. Apego a formas sociales cristalizadas.
Impulsos representados: Impulso de defender la estructura y la integridad personales. Impulso de protección y seguridad mediante logro tangible.
Necesidades simbolizadas: Necesidad de aprobación social. Necesidad de confiar en los propios recursos y trabajo.
Expresión positiva: Esfuerzo disciplinado. Aceptación de los deberes y responsabilidades. Organización. Confiabilidad.
Expresión negativa: Auto-restricción a través de demasiada confianza en uno y falta de fe. Inflexibilidad. Frialdad y defensividad.   Inhibición invalidante, medrosidad y negatividad.
El desarrollo de crecimiento personal que nos recompensa es sin duda el resultado directo del quehacer de uno mismo, la responsabilidad de enfrentarse a la realidad y aceptar la carga de la vida como un puro deber. Da forma a fuerzas desconocidas, al miedo que bloquea el progreso de nuestro crecimiento. Es un factor importante para determinar la profesión. Se gana la libertad una vez que se entiende la verdadera responsabilidad y limitación, y que el miedo a ser inadecuado entorpece el fluir de recursos naturales. Es la sabiduría que resulta de la aplicación pensada del conocimiento.

Tanto para Homero como para Hesíodo el planeta Saturno tiene dos titanes que presiden su poder. Cronos y Rea, dos dioses de la Tierra, engendrados en Gaya por Urano, el dios del cielo. Cronos, repudiado por su fealdad, fue desterrado a Tártaros pero Gaya persuadió a sus hijos para que se rebelaran contra su padre, y armó a Cronos, el más joven de los siete, con una afilada hoz, símbolo de la Luna y del poder de la diosa. Cronos cogió los genitales de su padre con la mano izquierda y los cortó con la hoz, arrojándolos a continuación al mar. La sangre que fluía de la herida fue a parar a Gaya, la tierra, y dio a luz a las Erinias. En esta historia nos encontramos con un conflicto muy diferentes a las continuas disputas existentes entre Zeus y Hera que ya hemos visto. El tema mítico con el que nos encontramos en este caso es el de la confrontación entre padre e hijo. Capricornio encierra un tema muy antiguo, el tema del sacrificio del viejo rey para asegurar la fertilidad de la cosecha. El viejo rey debe morir, el nuevo debe nacer, entre ambos se revelan como uno. El viejo rey Cronos, sabiendo perfectamente que deberá enfrentarse al mismo destino que su propio padre, se come a sus hijos para protegerse de la amenaza que representan para él, pero el hijo oculto se rebela contra él y termina matándole. Una historia tan inevitable como el destino. La naturaleza terrestre de Cronos, un Titán, lo relaciona directamente con la Madre Tierra. Gaya y Rea son la misma diosa, representan la fertilidad de la Tierra. Cronos no es un principio masculino independiente sino más bien el aspecto masculino del principio generador que preside la Madre. Sus primos, Pan y Priado, son imágenes fálicas de la fertilidad de la naturaleza. Según Graves, Cronos y la hoz son símbolos asociados al sacrificio ritual del rey; la hoz que llevaba Saturno, contrapartida romana de Cronos, tenía forma de pico de cuervo (la palabra Cronos no solamente significa “tiempo” sino también “cuervo”) y se creía que el cuervo albergaba el alma del rey sagrado después del sacrificio. Este ritual de la hoz supone una señal para la muerte que debe fertilizar la Tierra y renovar la cosecha. Cronos era adorado en Atenas como el dios de la Cebada, Sabacio y anualmente era segado en la siembra y llorado, como Osisis. En cualquier caso el joven y el viejo rey son el mismo porque terminan de la misma manera, asesinados por su hijo. La dualidad y unidad entre padre e hijo, entre “senex” y “puer”, es uno de los motivos mitológicos dominantes de Capricornio. La moralidad y la inmoralidad, la ley y la ilegalidad parecen participar de los opuestos polares de Capricornio. El hijo debe afrontar el castigo del padre para terminar encontrando que el padre está dentro de sí mismo y el padre, el viejo rey, debe hacer frente a la rebelión del hijo para terminar encontrándose con su propio espíritu juvenil, que pensaba haber perdido tiempo atrás. La iniciación del hijo por parte del padre es una experiencia interna que parece predestinada y como Capricornio no suele encontrarla en las relaciones parentales reales; debe buscarla a un nivel más profundo en su propio interior. En tanto que Júpiter evoca una sensación de expansión y optimismo en la Casa donde se encuentra, Saturno suscita una experiencia casi diametralmente opuesta. En vez de sentir que en ese dominio la vida es esencialmente benévola y confiable, en el territorio de Saturno anticipamos dificultades, decepciones y restricciones y, por ende, nos acercamos a ese ámbito con miedo y cautela. Es frecuente que en la esfera de Júpiter nos deleitemos con una sensación de libertad y de posibilidades ilimitadas, en tanto que la Casa de Saturno es donde nos enfrentamos con restricciones, limitaciones y un sentimiento acosador del deber, la responsabilidad y las "conveniencias" y "obligaciones" de la vida. Uno de los rostros de Saturno es el viejo tirano. Temeroso de que sus propios hijos pudieran destronarlo, Cronos (el equivalente griego de Saturno) se los comió.

La Casa donde está emplazado Saturno es donde, debido al conservadurismo o al miedo, no nos permitimos dar rienda suelta a nuestros propios impulsos creativos. El temor a lo desconocido, de lo no probado y de todo lo que sea nuevo nos lleva a mantener el status quo en ese ámbito de la vida, incluso si lo que existe ya en él no tiene nada de maravilloso. Con ánimo de autocrítica y de pasar inadvertidos, nos preocupa tanto la posibilidad de hacer una jugada errónea en los dominios de Saturno que en aras de la seguridad restringimos severamente nuestras acciones. Como Cronos, en la medida que nos censuramos, inhibimos y autojuzgamos, estamos devorando nuestra propia progenie, nuestra expresión creativa. Cronos esgrimía una hoz, evocadora del proverbio "lo que siembres cosecharás", del cual su propia vida es un ejemplo: tras haber castrado y destronado a su padre, Urano, el propio Cronos fue luego abatido por un golpe encabezado por su hijo Zeus. De modo similar, en el mapa natal Saturno representa la justicia exacta e implacable. Si descuidamos o evitamos las exigencias de Saturno, nos retorcemos y sufrimos; pero él recompensa adecuadamente cualquier esfuerzo que hagamos, y toda la paciencia y la persistencia que pongamos en él. Podemos tratar de disimular o aliviar el dolor asociado con la falta de cumplimiento y realización en la Casa de Saturno, negando la importancia de ese aspecto de la vida. Pero tarde o temprano, nuestro sentimiento de inadecuación o de insuficiencia en ese terreno nos asestará el golpe directamente donde más nos duela. Mas que al tirano, Saturno va asociado con el arquetipo del Viejo Sabio, una especie de Maestro Celestial que se vale del dolor como mensajero para informarnos de aquellos aspectos de nosotros mismos que necesitan ser atendidos y cultivados. Al eludir esa esfera no disminuye nuestra inquietud; más bien se incrementa. Pero al escuchar lo que Saturno intenta enseñarnos o mostrarnos, nuestro sentimiento de inadecuación se transforma gradualmente en una sensación de valor, solidez e integridad cada vez mayor. Al enfrentar el reto de Saturno, nos fortalecemos, y somos recompensados con un conocimiento y una realización mayores. Como resultado, llegamos luego a convertirnos en maestros en ese mismo campo de la vida que más difícil nos ha sido dominar. Saturno, como una espina en el costado de un asno, nos acicatea para que cultivemos ciertas cualidades y características que probablemente no nos habríamos preocupado por desarrollar a menos que presiones internas o externas nos obligasen a hacerlo. Otro símbolo de Saturno es la cabra montañesa, y nos unificamos en la Casa donde se encuentra Saturno. En los laboriosos esfuerzos por ascender a la cima de la montaña, la cabra tropieza con muchos altibajos, pero finalmente llega a su objetivo. Antes de dar un paso, la cabra se asegura de que tiene las otras patas firmemente apoyadas en el suelo. Cualidades positivas como el pensamiento cauteloso y medido, el tacto, la perseverancia y una saludable aceptación de la realidad, se encuentran todas en los dominios de Saturno. Los contactos de Saturno por Casa, por aspectos y, en menor grado, por Signo, describirán aquellos ámbitos de nuestras vidas en los que nos falta confianza, en donde creemos que podríamos o que deberíamos hacerlo mejor. A menudo tendemos a disculparnos en cuanto a aquellas áreas de nuestro mapa influenciadas por Saturno y, al disculparnos, no sólo expresamos arrepentimiento, sino que además estamos diciendo que no creemos que seamos lo bastante buenos. Algunas veces, también ofreceremos algún tipo de justificación por nuestros "errores" y, al hacerlo, nos defendemos a nosotros mismos. Normalmente, los contactos de Saturno suelen mejorar conforme la persona se va haciendo mayor y va aprendiendo a aceptar que vivir en el mundo real conlleva vivir con miedo, coacciones y limitaciones pero, que a menudo, somos nosotros mismos quienes nos las autoimponemos. Saturno es el planeta relacionado con la edad y con la toma de conciencia, es decir, con el asumir las responsabilidades y los deberes que asociamos a la madurez. Por lo general, tanto la situación como los contactos de nuestro Saturno, aclararán en gran medida la forma en la que nos enfrentaremos a estos deberes y responsabilidades.

Hasta años recientes, al planeta Saturno se lo mencionaba habitualmente, en la mayoría de los libros sobre astrología, como una influencia "maléfica", una dimensión de la experiencia que la mayoría más bien no afronta sino meramente tuvo que soportar sin finalidad positiva alguna. Sin embargo, una tendencia constructiva en el desarrollo de la astrología moderna es que muchos autores de hace 20 años se han referido a los significados de Saturno más positivos y promovedores del crecimiento. Expresemos primero, brevemente, algunos de los más importantes significados genéricos de Saturno:

- El principio de autoperservación y contracción, que puede manifestarse puramente como actitudes defensivas y temerosas o como impulso consciente hacia el logro de nuestras ambiciones en el mundo y cumplimiento de nuestros deberes y responsabilidades. Puede indicar, pues, una contracción personal del ser interior en pos de una mayor confianza personal y fuerza interior.
- El principio de la forma, la estructura y la estabilidad; por ende, se relaciona con la ley, las tradiciones culturales y sociales, el padre, y todas las figuras de autoridad.
- El principio del tiempo y del aprendizaje mediante experiencia inmediata que sólo llega después de reiteradas lecciones de la vida. Por ende, este principio lleva a muchos a las cualidades saturninas comúnmente mencionadas: seriedad, cautela, sabiduría mundana, paciencia, economía práctica y actitud conservadora. Saturno se correlaciona con el dios griego del Tiempo (Cronos), que distribuye estricta justicia, imparcial e impersonalmente, pero también con muy poca misericordia. Saturno se relaciona también con la cristalización, o sea, con las viejas pautas de vida y personal que se vuelven más rígidas con el tiempo. La instrucción que tiene lugar con el paso del tiempo puede hacer que los saturninos se cierren a la vida y, por ende, sean auto-opresivos, escépticos, suspicaces respecto de todo lo nuevo, y vacilantes en cuanto a revelar sus verdaderos sentimientos. Pero el mismo género de experiencia puede inducir a otras personas a desarrollar una sensibilidad respecto a los valores duraderos, un aprecio y una capacidad para la moderación, el orden y la eficiencia, y -en algunos casos- una sabiduría desapegada y pacifica.
- Impulso para defender nuestra estructura de vida y nuestra integridad personal; e impulso hacia la confianza y la seguridad a través de un logro tangible.
- Según Rudhyar, Saturno se refiere a la "naturaleza fundamental" de una persona, a la pureza de nuestro yo verdadero. Parece que Saturno llegó a tener semejantes significados negativos en las mentes de muchos astrólogos y estudiantes de astrología porque la mayoría no vive en términos de su naturaleza fundamental, sino más bien en términos de modas, pautas y tradiciones sociales, y juegos del ego. De allí que Saturno se experimenta a menudo como un "duro reproche" o un acto desafiante del "destino" a fin de que empecemos a prestar atención a las necesidades de nuestra naturaleza fundamental interior. Saturno es realmente un duro capataz, como dicen muchos libros antiguos, pero es particularmente rudo cuando nos desviamos de manifestar nuestra naturaleza verdadera.
- Psicológicamente, Saturno representa una dimensión del complejo del ego que, con la edad, puede volverse rígido y habitualmente lo hace: en otras palabras, el grupo profundamente encajado de pautas de conducta y actitudes que pueden atar a una persona con nudos de temor. Saturno se correlaciona también, psicológicamente, con lo que Jung llama la Sombra, o sea, las partes de nosotros que bloqueamos, tememos, o acerca de las cuales nos sentimos culpables; y de allí que proyectamos esas cualidades en los demás. Se ha dicho que Saturno simboliza el talón de Aquiles en la armadura que usamos ante el mundo, el instinto de retirarnos de la vida. Pero, como lo señala Rudhyar, también significa la profundamente arraigada ambición de concretar las posibilidades inherentes al nacimiento. Esta ambición se siente como una presión interior de llegar a ser o lograr algo definido según nuestra pauta interior.

De todos los significados generales de Saturno, probablemente el más importante es que Saturno representa la experiencia y la instrucción concentradas que sólo llegan a través de la vida en el cuerpo físico, en el plano material. Mediante la resistencia de la materia y mediante la presión del ser encarnado en el cuerpo físico, tenemos la oportunidad de desarrollar un mayor nivel de entendimiento concentrado y mayor paciencia en nuestra actitud hacia la vida misma. Dicen a menudo que Saturno "gobierna" el plano material denso. Cuando encarnamos en el mundo físico, el campo energético se contrae y, de esta manera, se concentra. Esta es la razón de que una vida terrena sea semejante buena experiencia de aprendizaje, pues aquí aprendemos mediante profundidad de experiencia, trabajo concentrado, y visión de los resultados inmediatos de nuestras acciones. El dolor, la tensión y la presión de la vida terrena tienen, por tanto, una finalidad de evolución y cambio. El plano material es un punto de intersección de lo intemporal con el tiempo. Saturno es el planeta del tiempo; y, mediante la experiencia saturnina de vivir en el mundo material, donde todo se mueve lentamente y donde tenemos que trabajar tan arduamente para hacer que ocurre algo o crecer de algún modo, podemos realizar el máximo avance espiritual. A menudo parece que marchamos lentamente y nuestra paciencia es puesta a prueba en cada punto del camino, pero la perseverancia a través de la resistencia inerte de la materia nos muestra claramente lo que es duradero y lo que no lo es, donde satisfacemos las pruebas y donde fracasamos. La acción de Saturno nos muestra claramente el costo de nuestros deseos y apegos; revela absolutamente las limitaciones de nuestro ego; y nos muestra que una conciencia muy concentrada y una comprensión profunda son lo principal que sacamos de este mundo cuando lo abandonamos. Nos muestra el valor del trabajo, pues todas las creencias y todos los ideales maravillosos que los seres humanos pensaron son de poco valor si no se aplican a la vida cotidiana mediante esfuerzo. Por tanto, la presión de Saturno debe considerarse como útil impulso para que realicemos el trabajo que necesitamos realizar a fin de desarrollarnos en un nivel profundo, en vez de como algo a lo cual hay que temer y de lo que hay que tratar de huir. El calor y la presión de Saturno son necesarios a fin de que podamos desarrollar lo que los budistas llaman el "alma de diamante" o el "cuerpo de diamante", que es un modo de decir nuestra naturaleza fundamental, recóndita. Sin embargo, Saturno solo, sin amor y ligereza, es rigidez y muerte. Cuando fijaciones y bloqueos mentales y emocionales son el resultado de la expresión extrema del principio de Saturno, la negatividad en ascenso excluye la esencia del verdadero amor y la energía de la vida, y el alma padece hambre y se marchita, pues entonces carece del agua misma de vida. Por ello, complementando a Saturno está Júpiter (en algunos casos, Neptuno). Pues no sólo necesitamos esfuerzo (Saturno) sino también gracia (Júpiter/Neptuno). El esfuerzo y la gracia funcionan simultáneamente; son dos caras de la misma moneda. Mediante esfuerzo abrimos un canal a través del cual corra la gracia. Sin realizar ese esfuerzo, la gracia no entra fácilmente en nuestra vida. Sin embargo, debe señalarse que un individuo raras veces realiza esfuerzo alguno en el campo del crecimiento espiritual a menos que la gracia le impulsa a hacerlo. Por ello, hay poca gracia sin esfuerzo; pero tampoco hay esfuerzo sin gracia. De modo que vemos que tanto Júpiter y Saturno como Neptuno y Saturno simbolizan pares complementarios que deben relacionarse entre si en todo trabajo con mapas natales. No hay que enfatizar de más a Saturno, pues, de muchos modos, la acción de los trans-saturninos (o transpersonales) es mucho más potente y profundamente transformadora que Saturno. Saturno nos muestra la naturaleza verdadera del plano material, la influencia de la necesidad en nuestras vidas, cómo son realmente las cosas desde de un punto de vista práctico y objetivo. Pero los trans-saturninos nos muestran qué es posible en los planos del ser y en los niveles de conciencia que trascienden totalmente el mundo material. Saturno nos lleva a experimentar la limitación que es característica inherente del mundo material. Por ende, cada vez que Saturno es activado en el mapa natal, por Tránsito o Progresión, tenemos que ocuparnos del hecho de la limitación en alguna dimensión de nuestra vida. En otras palabras, aprendemos que, en este plano, no podremos tenerlo todo, ni podremos ser  todo lo que podríamos haber imaginado. Los trans-saturninos, por otro lado, nos señalan planos del ser y dimensiones de la experiencia que se caracterizan porque son ilimitados. Son vastos; mantienen firme la promesa de crecimiento ilimitado.

La Bella y la Bestia

En el cuento de La Bella y la Bestia parece apropiado y lógico que la Bestia, con toda su fealdad, severidad y aspecto atemorizante, se convierta al final en el Príncipe Azul y se case con la heroína. Esta sensación de que sucede lo apropiado es el efecto característico de los cuentos de hadas ya que su esencia, así como la de los mitos, es una representación simbólica de los valores del inconsciente colectivo de la humanidad. Aparentemente inocentes, resultan poseer una cualidad de convincente familiaridad. Por debajo de las diferencias culturales, responsables de los detalles superficiales de estas historias, se encuentra una simplicidad de argumento y personajes, ya que estos representan las experiencias psíquicas del hombre, el esqueleto de su vida subjetiva. Siempre hallamos al mismo príncipe, la misma hermosa princesa, el mismo gigante tontorrón y el mismo tesoro enterrado. La Bestia siempre representa la cara oscura del Príncipe Azul. Esta paradoja parece ser una faceta obvia de la vida, fácilmente aceptada cuando se encuentra en los mitos, los cuentos de hadas y otros tipos simbologías como, por ejemplo, muchos temas religiosos. Sin embargo, esta dualidad no parece haber impregnado en absoluto la mentalidad astrológica moderna. Todavía se habla de planetas maléficos son completamente malos, y planetas beneficiosos, que son completamente buenos. Incluso cuando se permite algo de ambigüedad, algo de gris entre el negro y el blanco, sigue siendo muy poco. Todavía existe una cualidad llana y bidimensional en muchas de nuestras interpretaciones astrológicas del tema natal. Asimismo, se observa una tendencia a interpretar la carta astral en base a los parámetros morales de la sociedad, de tal forma que se habla de cartas honestas o deshonestas, aspectos morales o inmorales y comportamiento positivo o negativo. En la astrología hemos perdido muchas de las sutiles paradojas que están contenidas en este rico sistema de símbolos. El más maligno de todos los símbolos astrológicos es Saturno, al que comúnmente se le reconoce su aspecto de la Bestia, pero cuya faceta de Príncipe Azul suele pasarse por alto. Sin embargo, si falta alguna de estas dos caras, el símbolo no puede comunicar su significado y la interpretación sólo ofrece al individuo un valor demasiado simple y bidimensional. Saturno simboliza tanto un proceso psíquico como un tipo de experiencia. No representa únicamente el dolor, la restricción y la disciplina, sino que también es un símbolo del proceso psíquico, natural en todos los seres humanos, gracias al cual el individuo puede aprovechar sus experiencias de dolor, restricción y disciplina para obtener una mayor conciencia y plenitud. La psicología ha demostrado que, dentro de la psique humana, existe un motivo o impulso hacia la totalidad, hacia la plenitud. Dicho estado de totalidad se simboliza mediante el llamado «arquetipo del yo-mismo». Este no sugiere una perfección en la que sólo se tienen en cuenta los aspectos buenos del hombre, sino que implica una totalidad en la que cualquier cualidad humana ocupa su lugar y encaja armoniosamente con el todo. Dicho arquetipo está presente en el simbolismo de muchas religiones así como en el folklore y en los cuentos de hadas de cualquier civilización, en cualquier época de la historia. Intrínsecamente, siempre se trata de lo mismo, a pesar de que el aspecto externo varíe a medida que el hombre se desarrolla. El proceso psíquico simbolizado por Saturno parece estar relacionado con la realización de la experiencia interna de plenitud del individuo. Saturno representa el valor educativo del dolor y la diferencia existente entre los valores externos (los que se adquieren de los demás) y los internos (aquellos que hemos descubierto dentro de nosotros mismos). El papel de la Bestia es un aspecto necesario del significado de Saturno ya que, como sucede en el cuento, sólo cuando se ama a la Bestia por si misma puede desaparecer el hechizo y convertirse en el Príncipe Azul.

En la astrología tradicional Saturno era un planeta maléfico. Hasta sus cualidades son más bien sombrías: autocontrol, tacto, parquedad, precaución. Sus vicios son particularmente desagradables ya que operan a través de la emoción que llamamos «miedo». No tiene ni la elegancia de los planetas exteriores ni las características humanas de los planetas personales. Por lo general, se le considera carente de sentido del humor así como el causante de las limitaciones, frustraciones y penurias. Representa la abnegación, e incluso su aspecto más brillante se asocia con la sabiduría y autodisciplina del personaje que trabaja con ahínco y que jamás comete la atrocidad de reírse de la vida. Según su posición en los Signos y las Casas. Saturno representa aquellas áreas de la vida en las que el individuo podrá ver frustrada su expresividad y donde encontrará mayores dificultades. En muchos casos. Saturno parece estar relacionado con las circunstancias dolorosas que, a primera vista, no están causadas por ningún fallo o debilidad por parte de la persona, sino que sencillamente «suceden», por lo cual el planeta ha obtenido el título de «Señor del Karma». Esta calificación más bien deprimente sigue enganchada a Saturno a pesar de que una de las enseñanzas más antiguas y persistentes lo denomina «El dueño del Umbral», el guardián de las llaves, a través del cual (y sólo a través de él) podremos obtener la libertad mediante la comprensión de nosotros mismos. Las experiencias frustrantes relacionadas con Saturno son, obviamente, tan necesarias como educativas, en un sentido práctico y psicológico. Ya sea en terminología esotérica o en psicológica, el hecho básico permanece inalterable: los seres humanos únicamente se ganan el libre albedrío a través del descubrimiento propio y éste no se produce hasta que las cosas se ponen tan feas que no hay otra salida. A pesar de que muy pocos astrólogos considerarían a Saturno un alegre compañero de cama, por lo general se reconoce, aunque de mala gana, la necesidad de la experiencia saturnina, Sin embargo, no se suele aceptar que puede haber felicidad en dicho tipo de experiencia. Todo aquel que disfruta de su propio dolor es considerado un masoquista. Sin embargo. Saturno no fomenta un disfrute del dolor sino un regocijo de la libertad psicológica. Normalmente, esto no se acepta, ya que poca gente lo ha experimentado. Todos hemos sugerido alguna vez los desengaños, retrasos y angustias que suelen coincidir con una fuerte influencia de Saturno. Sin embargo, a la pregunta de ¿qué significan dichas experiencias y cómo se les puede sacar provecho? no existen demasiadas respuestas, a parte del consejo típico de paciencia y autocontrol. Cuando no se contesta "¡suerte!", algo totalmente inservible, se dice, de forma igualmente inútil, que estas experiencias son causadas por el karma individual, la terminación actual de una acción o ciclo iniciado en alguna encarnación anterior, y que lo mejor es aguantar los desengaños apretar los dientes, no hacer nada, tener fe y, de esta forma, pagar las deudas y hallar el sendero hacia la luz. Incluso a los astrólogos que permiten una cierta libertad en el desarrollo del ser humano les resulta difícil aconsejar algo sobre Saturno, a parte de tener paciencia, calma y una actitud positiva. Quizás lo que Saturno y nuestras psiques nos piden es que intentemos preguntamos por qué, al igual que Parsifal cuando se encuentra en el castillo encantado y ve el Santo Grial. Es posible utilizar cada retraso, desengaño o miedo como un medio para profundizar en los misteriosos mecanismos de la psique, y aprender gradualmente, a través de todas estas experiencias, a percibir el significado de nuestras propias vidas.

Una gran parte de lo que sucede en el interior de un ser humano permanece en el terreno de lo desconocido, y no se trata únicamente de las emociones reprimidas. El nivel periférico que Freud exploró no es más que el comienzo del mundo inconsciente. El hombre crea su mundo constantemente según el tipo de pensamientos que genera, produciendo una realidad que no es más que la expresión externa de estos. Las experiencias con las que un individuo se encuentra, son atraídas hacia su vida de forma misteriosa por el poder creativo de su propia psique y, aunque no comprendemos plenamente el mecanismo sincrónico de reflexión entre lo interior y lo exterior, sabemos que tiene lugar en todos los individuos. No hay más que observar a una persona en proceso de desarrollo para ver que las circunstancias externas a su vida siguen siempre el modelo de los cambios psíquicos que atraviesa. Ella no está creando conscientemente dichas circunstancias pero sí su yo más amplio, la totalidad de su psique, que es la energía dinámica responsable del desarrollo del individuo. Si éste no se esfuerza en expandir su conciencia de tal forma que pueda comprender la naturaleza de su desarrollo total y pueda comenzar a cooperar con él, entonces se sentirá como una víctima del destino y no podrá controlar su vida. Únicamente podrá alcanzar su libertad aprendiendo más de si mismo y comprendiendo la influencia de una experiencia en particular en el desarrollo de la totalidad de su yo. Y no hay nada como la frustración, el regalo de Saturno, para incitar al hombre a realizar este tipo de exploración. La mayoría de nosotros no ha alcanzado el nivel en el cual las densas moléculas de la materia se mueven a las órdenes de nuestros pensamientos. Además, se suele desmentir vehementemente las experiencias o la existencia de los que han alcanzado este nivel de evolución. Al no considerarles como maestros que expresan lo que existe potencialmente en todos nosotros, se les concede el dudoso honor de ser unos caprichos de la naturaleza a los que las religiones del mundo han otorgado la precaria función de explicar nuestros pecados a Dios. La mayoría de la gente observa que sus acciones les vuelven en forma física a través de canales indirectos, los cuales suelen ser por culpa de terceros; o en forma de circunstancias favorables que atribuimos a la agudeza de nuestro intelecto consciente; o mediante enfermedades o accidentes que son debidos al azar, a la mala suerte, a las bacterias o a una dieta pobre. Todos estos son los canales por los que llega la experiencia de Saturno, a parte del suyo favorito: la soledad. Generalmente, estas experiencias resultan más difíciles de lo necesario y se descubre muy poco del significado o del valor interno de la experiencia. Sólo se gana precaución y sabiduría. No hay nada más odioso que tener que aceptar la responsabilidad de nuestros actos y nuestro sino, a pesar de que el hombre quiera creer desesperadamente que es libre. En caso de que se acepte la responsabilidad, se la suele colorear de negro y llamar pecado, lo cual conlleva una actitud igualmente inútil.

El mero deseo de eliminar un problema y la comprensión de las causas superficiales de su existencia no van a hacer que el problema desaparezca, especialmente si no se trata realmente de un problema sino de un intento, por parte de la psique más interna, de alcanzar un equilibrio o un punto de vista más amplio. El inconsciente del individuo siempre lucha para obtener plenitud e integración y utilizará cualquier canal que el hombre consciente ponga a su disposición. El verdadero sufrimiento surge cuando sus ideas conscientes de lo que es correcto o apropiado entran en conflicto directo con el camino que inconscientemente ha escogido, apareciendo entonces un dolor penetrante y una sensación de futilidad y de falta de objetivos. Mucha gente vive en un callejón sin salida ya que, sea lo que sea lo que busquen en la vida, en el último momento siempre hacen algo que destruye el sueño antes que se cumpla. Esta capacidad de destrucción está a menudo relacionada con el miedo y el sentimiento de culpa, lo cual es un aspecto de la expresión de Saturno. Con la misma frecuencia, detrás del miedo y la culpa se esconde otro propósito probablemente más sabio y significativo que el escogido por el hombre consciente. Normalmente, sólo se ve la destrucción. Se le suele llamar «El Mal» y ha sido personificado en la imagen de Satán, el cual está obviamente muy relacionado con Saturno, si nos fijamos en las pezuñas y cuernos de la Cabra de Capricornio. Dicho conflicto entre el consciente y el inconsciente, la luz y las tinieblas, no es ni bueno ni malo, sino necesario para el crecimiento, ya que de él puede surgir la integración y una consciencia más amplia. La dualidad que encontramos al traspasar el umbral de la consciencia suele ser bastante incómoda, debido a que siempre olvidamos que cualquier objeto que está en la luz proyecta siempre una oscura sombra. Dios y Satán, tengan o no una existencia objetiva, están definitivamente presentes en la psique del hombre en forma de impulsos, pero no son lo que aparentan. No existe un método rápido y sencillo para hacerse amigo de Saturno. En muchos aspectos, el antiguo arte de los alquimistas se dedicaba a esto, ya que la materia prima de la alquimia, en la que podía encontrarse oro, se llamaba Saturno y, a parte de existir en forma concreta, representaba también al alquimista. La psicología moderna, cada vez más paralela al sendero de los alquimistas, también intenta descubrir cómo hacemos amigos de Saturno, aunque para ello utilice otra terminología. Pero si se es constante, se puede extraer oro y, si se hace un esfuerzo, se llega a ver que, a pesar de todo. Saturno tiene su sentido del humor cuando somos lo suficientemente sutiles como para comprender su ironía.

En los Signos Cardinales: Aries-Libra y Capricornio-Cáncer, Saturno se relaciona aquí con la organización y la utilización de nuestras energías. Un modo primordial de expresar la energía activa (de Agua, Tierra, Aire y Fuego) tiende a bloquearse o retraerse, indicando la necesidad de estabilizar ese tipo de autoexpresión y de trabajar en el desarrollo de esa cualidad a través del esfuerzo.

En los Signos Fijos: Acuario-Leo y Escorpio-Tauro, Saturno es aquí, casi siempre, indice de vigorosa porfía y rigurosas pautas consuetudinarias que bloquean la corriente de la amorosa energía de la vida. Aquí, la expresión de la esencia de la fuerza vital, el yo recóndito, y nuestra vitalidad esencial deberán reestructurarse. A menudo hay falta de confianza, y habitualmente falta de verdadera entrega y amor. Esto, por supuesto, puede compensarse, pero, no obstante, la tendencia está presente.

En los Signos Mutables: Géminis-Sagitario y Piscis-Virgo, Saturno se relaciona con la necesidad de reestructurar nuestras pautas mentales y la modalidad operativa de las corrientes de pensamiento. A menudo, la mente tiende a pensar negativamente, a preocuparse, y a empecinarse, lo cual brota de la instrucción o los condicionamientos de la vida pasada. Aquí, la persona deberá reorganizar su modo de pensar, lo mismo que su modo de aplicar la energía mental para entender y ordenar la experiencia cotidiana.

Saturno en el mapa natal muestra dónde estamos demasiados apegados y somos rígidamente egocéntricos, de modo que tratemos de controlarnos en ese ámbito de la vida de modo demasiado extremado; por ende, a menudo reaccionamos a la defensiva en ese ámbito de la vida puesto que estamos atados con un nudo de negatividad. De allí que debamos experimentar algunas duras lecciones en ese ámbito a fin de acabar con las murallas de ese estar a la defensiva y de las actitudes egocéntricas. Como un maestro espiritual escribió: "El deber y la responsabilidad (Saturno) son el dique que mantiene a la mente controlada". Por eso, ese sector del mapa en el que encontramos a Saturno es un ámbito en el que experimentamos específicos deberes y responsabilidades kármicos que nos sirven de ayuda para que disciplinemos nuestras mentes y nuestros deseos. A su vez, esta disciplina nos ayuda a que empecemos a asumir la responsabilidad de nuestras acciones, deseos y compromisos en este sector. La disciplina puede experimentarse durante un tiempo como frustración o inhibición, pero -como todo consejero o psicoterapeuta debe saberlo- la frustración puede ser terapéutica porque vuelve por fuerza a la persona sobre si misma, y así le da la oportunidad para que se desarrolle una fuerza interior rastreando en sus recursos más profundos. En el mapa natal, Saturno simboliza un punto de gran sensibilidad, un sector de la vida en el podemos esforzarnos en vencer la limitación mediante un enfoque serio, cabal y eficaz. (O la persona puede reaccionar construyendo un muro alrededor de si mismo en este sector de la vida en procura de autoprotegerse, asegurando así que con los años se desarrolle una profundizante negatividad). Saturno puede indicar dónde nos afligen sentimientos de inferioridad, timidez u opresión, que, a su tiempo, causen resentimiento y amargura si no se afronta adecuadamente los desafíos. Sin embargo, si aceptamos el desafío de Saturno para que trabajemos en la construcción de una nueva estructura y la fijación de las actitudes en ese ámbito de vida, entonces la posición de Saturno podrá revelar dónde podremos experimentar alguna satisfacción muy profunda en nuestras vidas. La posición de Saturno revela cómo la gravedad se apoderó de nosotros, dónde hallaremos experiencia ponderada e importante, y, en consecuencia, a menudo nos gusta trabajar más arduamente a fin de establecer seguridad y estabilidad. Es aquí donde deberemos ajustarnos a las necesidades prácticas de la vida, a pesar de todo temor o ansiedad que sintamos, empleando un esfuerzo mayor y asumiendo responsabilidades complementarias. La posición de Saturno muestra dónde somos especialmente sensibles a normas y expectativas sociales, dónde necesitamos aprobación social y/o necesitamos vivir conforme a alguna norma de "éxito" o reconocimiento. En muchos casos, la persona actuará como si rechazara absolutamente roles o normas sociales en el ámbito indicado de vida, pero tal conducta no deberá tomarse siempre en su valor aparente, puesto que la persona, a menudo, reacciona concretamente ante el temor de fracasar en ese campo de actividad. Puesto que la persona cree que ese ámbito de vida es tan profundamente importante, el individuo tal vez quiera evitarlo por entero o rechazarlo por completo en vez de enfrentar los temores y asumir las serias responsabilidades. El efecto de Saturno en una Casa es similar al de Capricornio en la cúspide o dentro de una Casa.

Quirón, Urano, Neptuno y Plutón simbolizan las fuerzas que constantemente acucian el cambio en nuestra conciencia. Rudhyar se ha referido a los trans-saturninos como "embajadores de la galaxia". En un articulo publicado en la revista "Astroview", expresa: Todo sistema orgánico (o toda unidad cósmica) está sujeta a dos fuerzas contrarias. Está tracción que atrae todas las partes del sistema hacia el centro (por ejemplo, la tracción de la gravedad); pero también está la tracción ejercida por el espacio exterior, la cual en realidad significa un sistema más vasto dentro del cual funciona el primer sistema. Todo planeta de nuestro sistema solar y todo ser vivo de la Tierra es, hasta cierto grado, afectado por las presiones y tracciones que nos llegan de la galaxia; también somos afectados en dirección contraria por el poder de gravedad del Sol, centro de nuestro sistema. Sin embargo, Saturno representa la linea básica de demarcación entre estas dos fuerzas contrarias, galáctica y solar. Los planetas dentro de la órbita de Saturno son principalmente criaturas y vasallos del Sol; mientras que los planetas que están más allá de Saturno son lo que yo he llamado hace muchos años "embajadores de la galaxia". Concentran sobre el sistema solar el poder de esta vasta comunidad de estrellas, la galaxia. No pertenecen por completo al sistema solar. Están dentro de su esfera de influencia para realizar un trabajo, para ligar nuestro pequeño sistema (del que el Sol es el centro y la órbita de Saturno la circunferencia) con el sistema más vasto, la galaxia. De numerosos modos se revela que los planetas trans-saturninos son los símbolos de fuerzas cósmicas que impulsan (y, en la experiencia real, a menudo expulsan) al individuo para que crezca e incorpore a su conciencia fuerzas de vida más grandes y más vastas. Primero, los trans-saturninos, como se los observa desde de la Tierra, se mueven lentamente; en consecuencia, cada uno permanece en un Signo del Zodiaco durante muchos años. Descubrimos, pues, generaciones enteras de hombres y mujeres que experimentan cambios genéricamente similares, aunque el foco especifico de los cambios difiere de una persona a otra, según las posiciones de las Casas y los aspectos con otros planetas. Astrológicamente, los factores personales esenciales de la vida consciente son: el Sol, la Luna, Mercurio, Venus y Marte. Jupiter y Saturno, constituyen un escalón intermedio entre los planetas personales y las fuerzas impersonales  trans-saturninos, puesto que tan a menudo tienen relación con nuestra participación en la sociedad y con las normas, creencias y ambiciones de matices sociales. Los Signos, las Casas y los aspectos en que estos siete planetas funcionan en un individuo. Los factores simbolizados por estos siete planetas son, hasta cierto punto, modificables mediante la experiencia consciente y el uso concentrado de la voluntad. Quirón, Urano, Neptuno y Plutón, por otro lado, están totalmente más allá del control consciente, tal como los planetas reales están marcadamente más allá de la Tierra. Por tanto, una persona no puede controlar para nada las energías de estos planetas. Pero puede controlar su actitud hacia la influencia de aquéllos en su vida. Puede modificar su orientación consciente hacia las manifestaciones de estas fuerzas mayores. En términos de su función, Quirón, Urano, Neptuno y Plutón, como se expresara, siempre impulsan el cambio en el ámbito afectado de la vida. Este cambio, por lo común llegará armónicamente y sin demasiada ruptura si estos planetas están en aspecto fluidos con los otros siete planetas personales. Sin embargo, si los trans-saturninos están en aspectos tensionados con los planetas personales, el cambio será más difícil de "manejar". O sea que experimentaremos dificultad para dominar la situación; y podemos ser abrumados por estas fuerzas, pues simbolizan energías que son mucho más potentes que cualquiera de los otros planetas. El poder de la voluntad y la determinación solos nunca son suficientes para imponerse a estas energías. Todos los planetas trans-saturninos representan niveles de conciencia en los que nos volvemos más bien impersonales. Todos ellos se ocupan potencialmente de dimensiones más sutiles de la vida y de energías transformativas. Los cuatro se relacionan con los tipos de poderes psíquicos, denominados intuición, percepción extrasensorial y géneros similares de sensibilidad. Pero cada uno es diferente; y ninguno de ellos podrá llamarse solo el  planeta de la "intuición" o del poder psíquico. Desde de un punto de vista espiritual, todos los trans-saturninos se ocupan de los planos superiores del ser, con la siguiente diferenciación:

QUIRÓN: Regente de Virgo y la Casa 6
La Cruz de la Materia sirve aquí en unión entre el Circulo del Espíritu y la Media Luna del Alma.

Nota clave: El inconformista. Sanador herido, curandero interno, chamán. Maestro de las artes adivinatorias, psicólogo, médico, alquimista. Maestro de las artes y de la música. El tejedor de nuestro cuerpo espiritual. El puente a los planetas transpersonales.
Correspondencia psicológica: La integración de los opuestos. La sanación de uno mismo. La entrega al mundo transpersonal.
Impulsos representados: Impulso hacia la sanación. Impulso hacia la profetización mediante la técnica y el análisis.
Necesidades representadas: Necesidad de sanarse y de sanar los otros. Necesidad de la búsqueda espiritual.
Expresión positiva: La búsqueda de la sabiduría. La técnica; el análisis. La entrega transpersonal y devoción espiritual.
Expresión negativa: El dolor de la soledad. Las enfermedades crónicas; hipocondriaco.
Entre el pasado y el futuro,  es el aquí y ahora. Es el maestro que está más allá del bien y del mal, buscando sólo el conocimiento y el desarrollo de hombre. Es el despertador del héroe que yace dentro de nosotros, y también el curandero de todas las heridas. Es la llave para elevarse a los niveles transpersonales o impersonales.

Desde el punto de vista astronómico, Quirón está situado entre la órbita de Saturno y la de Urano, siendo su órbita muy elíptica y errática. Saturno es el último planeta de los llamados personales (pueden ser observados a simple vista, sin telescopio e influyen directamente sobre nuestra personalidad) y está relacionado con la conservación, la preservación y la estructura. Una vez pasados los limites de Saturno, nos encontramos en el ámbito del inconsciente colectivo (el depósito de las imágenes arquetípicas) Señala la transición de una fase de conciencia a otra. Urano representa la necesidad de liberarse de las estructuras impuestas por Saturno. Entre los dos, la comunicación es difícil de establecer. Saturno actúa como un muro que preserva al individuo del caos exterior, pero al mismo tiempo, le impide tener acceso a lo desconocido. Quirón, cuyo símbolo recuerda una llave, puede ser el vinculo que permita establecer un puente entre Saturno y Urano. Si representamos a Saturno como los muros de una casa con las puertas y ventanas cerradas, y Urano el exterior de la casa, Quirón representa la llave que abre la puerta permitiendo la interrelación del interior con el exterior. El método de Urano seria romper el muro; Quirón nos permite realizar el contacto de una manera menos destructiva; Saturno por otra parte mantendría las puertas y ventanas cerradas. La misión de Quirón consiste en encontrar la cerradura de la manera más fácil posible, aunque a veces no puede evitar hacernos pasar por experiencias dolorosas. Dependerá de lo anclado que esté Saturno en las viejas estructuras y de su resistencia al cambio. Quirón, el inconformista, no defiende lo establecido ni lo destruye, se aparta de ello. La parte de nuestro mapa natal que esté influida por Quirón, se caracterizará por una manera de ser muy propia. Se aparta del rebaño y no pretende cambiar la sociedad, pero no puede evitar influir en ella, ya que por su particular manera de vivir y de actuar, atrae seguidores. En cuanto a su tamaño, es un cuerpo pequeño por lo que su acción puede pasar desapercibida. Quirón representa el momento presente que se nos escapa continuamente. Entre Saturno el pasado y Urano el futuro, Quirón es el aquí y ahora, que inmediatamente se convierte en pasado, su llave está orientada hacia el futuro; su misión es conducirnos hacia él, voluntariamente o no, para que encontremos la revelación interior, la fraternidad auténtica y la liberación de nosotros mismos. En la mitología griega, Quirón era el hijo de Cronos (Saturno) y Filira, una ninfa del mar. Para esquivar la mirada de su esposa Rhea, Saturno se transformó en caballo para unirse a Filira; pero no pudo evitar que su esposa se enterara. Y la pobre Filira tuvo que huir a una isla del mar Egeo para dar a luz a su hijo; cuando vio el ser que había engendrado, rogó a los dioses que la transformaran, y ellos la convirtieron en un tilo. Quirón fue abandonado por su madre, pero al ser inmortal, no murió. Parece ser que Quirón fue el primero centauro y que reinó sobre ellos a través de los siglos como su rey-sacerdote. Fue adoptado y protegido por Apolo que le enseñó las artes, las ciencias, la adivinación y la sabiduría que le haría elevarse por encima de su naturaleza animal. En otra versión fue Atenea su protectora. Centauro benefactor, era sabio y fue un gran maestro; se retiró al monte Pelion, a una cueva, donde adquirió un gran renombre por sus conocimientos. Conocía las virtudes curativas de las plantas, y es el padre de la cirugía. Su nombre proviene de Cheir, que significa mano en griego y que es un órgano de curación por sus virtudes magnéticas o por su uso en la cirugía. A Quirón le fueron encomendados muchos héroes para que los adiestrara en la caza, la música,, en el arte militar además de la medicina. Entre otros, cabe destacar a Acteón, Eneas, Jason y Medeo. Hasta tal punto era grande el conocimiento que poseía de las virtudes medicinales de las plantas que Apolo le confió la educación de su hijo Asclepio que fue el más dotado de sus discípulos. Se crearon muchos santuarios dedicados a Asclepio, siendo el más famoso el templo de Epidauro (siglo IV a.J.C). Se representaba a Asclepio con la corona de laurel en la cabeza y llevando en la mano un bastón rodeado por una serpiente. Los latinos importaron su culto y lo llamaron Esculapio. Vemos primero que Quirón es hijo de un dios y una ninfa. Por su herencia puede comprender y acceder a ambos mundos: el de los dioses y el de los mortales. Esto hecho también queda reflejado en su forma física: un centauro, mitad hombre -conexión con lo divino, lo espiritual- y mitad caballo -conexión con los instintos, las pasiones.

En la historia del nacimiento de Quirón ya podemos ver algunos motivos psicológicos importantes relacionados con el significado de este planeta. Quirón fue rechazado por su madre, y es de suponer que jamás conoció a su padre, Cronos. Fue concebido mientras sus padres tenían una forma animal, es decir, como fruto de una unión instintiva. No he encontrado ningún relato de una reconciliación entre Quirón y Cronos, y el rechazo por parte de Filira del producto y la expresión de su propio vertiente instintiva llegó hasta tal punto que prefirió quedarse eternamente prisionera bajo la forma de un árbol. En nuestra sociedad, muchísimas personas comparten la herida del rechazo de lo instintivo. Muchos de los que han recibido la influencia primordial de las formas de pensamiento de la cultura occidental judeocristiana nacidos de padres cuidadosamente entrenados y “educados” en la represión de su vertiente instintiva. Este rechazo de si mismos hizo que fueran incapaces de reconocer ese mismo aspecto en sus hijos, y más aún de aceptarlo y cultivarlo. Con las tendencias culturales que más adelante expresaron la “liberación sexual”, el péndulo se ha ido al otro extremo; sin embargo, no podemos relacionarnos con una fuerza por la cual estamos poseídos, ni menos aún respetarla. La soledad y el aislamiento resultantes de esta combinación de una madre negativa y rechazante con un padre ausente o débil es un tema psicológico común en nuestro tiempo, y que proporciona la puesta en escena necesaria para un guión arquetípico, el del “nacimiento de un héroe”. Es frecuente que los hijos de padres así se sientan huérfanos y fantaseen que sus padres terrenos no son sus verdaderos progenitores, y que un día sus padres “de verdad” acudirán a su rescate; éste parece ser un tema que emerge a medida que se desarrolla el sentimiento de individualidad, especialmente como una reacción autoprotectora ante una situación inicial lesiva. Cuando un niño no tiene una relación de amor con sus padres o cuidadores, su psiquismo queda ampliamente abierto al ámbito de lo imaginario, y la formación del yo se hala obstruida o totalmente impedida. En un sentido positivo, esto puede favorecer en nosotros (como sucedió a Quirón) un precoz sentimiento del destino, y el empeño por cultivar nuestra propia individualidad; negativamente, puede impulsarnos a escapar del dolor de nuestras heridas poniendo cada vez más acento en lo espiritual, pero de una manera unilateral y enrarecida, en la que se suprime lo instintivo para así mantener un falso sentimiento de elevación de la conciencia. Innecesario es decir que tarde o temprano los instintos volverán por sus fueros para corregir el desequilibrio, causando frecuentes crisis y enfermedades, sean éstas mentales o físicas, que se cuentan entre las manifestaciones más obvias de Quirón en el mapa.

Apolo, el dios solar tan reverenciado por los griegos fue el padre adoptivo y el maestro de Quirón; en ausencia de Cronos, la suya es la primera influencia masculina importante en la evolución de Quirón. Apolo era el dios de la música, la profecía, la poesía y la sanación, un noble parangón de juventud, belleza, sabiduría y justicia. Sin ser jamás vengativo, purificaba en cambio a los hombres de su culpa y de sus transgresiones. Ofrecía además su divina protección contra los animales salvajes y contra la enfermedad, aunque era el dios de caza, y bien capaz de enviar plagas. Sus amores eran en su mayoría desdichados; su escasa capacidad para relacionarse (Eros) parece haberle creado dificultades, en tanto que en él estaba mucho más desarrollado el principio de la razón y el orden (Logos). La energía arquetípica representada por Apolo es lo directamente opuesto a la unión instintiva de la cual nació Quirón; en la relación entre ambos, sin embargo, vuelve a aparecer el tema de la yuxtaposición de lo instintivo desenfrenado con los factores de control que son la razón y la educación. Según otra versión, Quirón alcanzó la sabiduría cuando Atenea apoyó la mano sobre su frente. Aunque la imagen de Atenea echa raíces en las antiguas figuras femeninas de la sabiduría, para la época en que su imagen hubo pasado el filtro del pensamiento patriarcal griego se decía que ya había nacido armada con casco, lanza y escudo de la cabeza de Zeus. O sea que es una imagen poderosa pero un tanto desencarnada de lo femenino, puesta principalmente al servicio de lo masculino y dedicada a los procesos de la educación y la civilización. De ahí que, aunque Quirón sobreviva, sigue estando eternamente herido, en pugna con su ser instintivo, que había sido humillado y rechazado; se convierte en cambio en el mediador de los ideales apolíneos en una especie de armonía, cultura, orden y creatividad que se pone “en contra” de lo instintivo. Ésta es su primera herida, y es una herida que muchos compartimos. Robert Stein describe muy claramente esta situación:

“El cultivo y la evolución del yo individual requieren ciertamente un proceso de restricción y domesticación de nuestra propia naturaleza, de lo cual se sigue que el desarrollo de la civilización bien puede haber exigido la diferenciación y separación entre las naturalezas espiritual y animal del hombre. Pero una vez que el caballo está domado y embridado, es destructivo el empeño de llegar a controlarlo por completo, valiéndose de la brutalidad y de la fuerza. La relación entre el hombre y el caballo debe llegar a ser una relación de armonía y amor; el Amo de verdad está tan afinado con su caballo que no necesita riendas. De la manera más simple, el hombre occidental no se ha mostrado dispuesto a renunciar a ninguna  porción del poder que ha obtenido en su conquista de la Naturaleza. Por miedo a perder su poder, sigue abusando de su caballo y descuidándolo. La dificultad reside en que el poder de la conciencia se apoya en la individualidad, en tanto que la Madre Naturaleza ama a todos sus hijos de forma igual e indiscriminada. Así el hombre moderno considera que renunciar parcialmente a su poder o devolvérselo en parte a la Naturaleza es una pérdida de individualidad. Además, las medidas represivas que el hombre ha tomado en contra de la naturaleza han tenido como resultado una tremenda acumulación, en su propia alma, de potencias oscuras y violentas que amenazan con hacer erupción en cualquier momento”.

La Casa astrológica en que esté situado nos dará una idea de cuáles son los aspectos de la vida en los que podemos ser más instintivos e irracionales, allí donde nuestro ser animal puede adquirir más fuerza, y, al mismo tiempo, donde somos capaces de trascender, mediante nuestro propio esfuerzo, la parte instintiva, dejando aflorar nuestro ser espiritual, transmutando el gran potencial de la energía animal y utilizándola para nuestro crecimiento hacia otros niveles del ser. Otro aspecto importante es el rechazo de Quirón por parte de su madre. Esta sintió vergüenza al ver el ser que había engendrado y lo abandonó. Observemos aquí la conexión entre Quirón y el "rechazo". En la Casa astrológica en que encontremos a Quirón se nos mostrará el aspecto de la vida en el cual somos más susceptibles al rechazo, donde quizá lo hemos vivido ya -real o imaginario- lo cual abrió una grieta en nuestra afectividad, quedando una herida que despierta a la más mínima insinuación. Quirón fue abandonado a su suerte, y lo que podía convertirse en tragedia, cambió de signo al ser protegido por los dioses que, a cambio de una pérdida afectiva absoluta, le transmitieron la sabiduría que, más tarde, le permitió convertirse en un gran maestro. Parece ser que a pesar del dolor del rechazo que experimentamos en su Casa, en realidad contamos también con una gran protección, surgiendo la ayuda que necesitamos para superar la prueba y transmutar el dolor en conocimiento que será útil, primero para nosotros, pero también deberá ser compartido con los demás. Las enseñanzas de Quirón comprendían el todo, transmitía a cada alumno lo que serviría para su desarrollo de su destino sin tener en cuenta sus propias ideas ni manifestar ninguna preferencia. No se trata de un gran benéfico, sino de un maestro que está más allá del bien y del mal, buscando sólo el conocimiento y el desarrollo del hombre. También encontramos un Quirón relevante en las cartas natales de terapeutas, médicos, profesores, y en general de individuos que tiene una influencia importante sobre los demás. Su influencia no puede definirse como maléfica o benéfica, actúa como un desestabilizador que nos obliga a crear un orden propio sumergiéndonos en experiencias dolorosas (que pueden ser enfermedades) y nos provoca un despertar de conciencia. La experiencia globalmente puede definirse como positiva, pero si analizamos paso a paso podemos encontrar fragmentos muy dolorosos y difíciles de superar. Al enfrentarnos con las pruebas que Quirón nos propone, despertamos el héroe que yace en nosotros, el lugar donde se ubica Quirón en el horóscopo demuestra dónde podemos desarrollar nuestro potencial latente para convertirnos en héroes para realizar hazañas imposibles en la cotidianidad. Quirón, el sanador herido, recibió ayuda y educación por parte de los dioses hasta convertirse él mismo en un gran maestro. Quirón se convirtió en educador de niños superdotados. Algunos dioses le confiaron a sus hijos para que los educara. El les enseñaba las artes, las ciencias, la adivinación, la caza, la guerra, la música y también las virtudes curativas de las plantas. Podemos deducir de esto que Quirón tiene asignado el papel de instruir, enseñar, hacer madurar a la persona; su posición nos proporciona información acerca de las experiencias vitales que necesitamos para nuestra evolución. En la medida que somos conscientes de la lección implícita en cada experiencia, el sufrimiento que está nos produce se transforma en la llave que nos permitirá acceder a un nivel más alto de madurez.  El episodio que significó para Quirón el titulo de Sanador Herido es de importancia básica para su historia.

En su versión más difundida, Hércules fue invitado a cenar por los centauros, pero surgió una disputa y el invitado comenzó a pelearse con sus anfitriones. Los centauros huyeron en todas direcciones, perseguidos por Hércules, y una de las flechas que éste disparó hirió a Quirón en una pata, causándole la herida incurable que le hizo padecer durante el resto de su larga vida. Otra versión relata que Quirón fue herido en una batalla entre los lapitas y los centauros, provocada por estos últimos, ebrios, habían intentado violar a una novia lapita. Cuando nos detenemos a considerar las implicaciones de esta historia nos encontramos con varios puntos importantes. En la batalla durante la cual Quirón resulta herido participan los centauros, ya sea contra Hércules o contra los lapitas. Es decir que las facciones en pugna simbolizan el conflicto encarnado en la forma misma de Quirón: los centauros representan la mitad inferior de Quirón, su parte animal y rechazada, en tanto que los lapitas y Hércules representan su mitad superior, su parte humana. Esta herida es la herencia de los siglos de represión y de persecución de lo instintivo que hay en nosotros, y es el estado en que se encuentra hoy gran parte del mundo que llamamos civilizado. El conflicto se expresa en lo que tiene de más negativo, en la herida del propio Quirón, y anuncia el peculiar destino de este como imagen de la potencial reconciliación de estos dolorosos opuestos. Quirón sufrió incesantemente por culpa de su herida. Como era inmortal, no podía provocarle la muerte, pero él no logró curársela a pesar de todas sus habilidades. Irónicamente, su capacidad para ayudar a los demás se enriqueció gracias a su continua búsqueda de alivio para su propia herida incurable. Esta situación dolorosa y humillante, se da con frecuencia entre las personas que trabajan en profesiones relacionadas con la medicina, ya sea ortodoxa o alternativa. Quirón se convirtió en sabio y profeta, en médico, maestro y músico. Su ministerio incluía a los rebeldes centauros, y a varios reinos pequeños del norte de Grecia. Hay numerosos relatos de sanciones y adivinaciones realizadas por Quirón, pero quizás el episodio más interesante para nuestros fines sea la sanación de Télefo, quien –herido por una lanza que Quirón había dado a Peleo- consultó el oráculo de Apolo al ver que su herida no cicatrizaba, y recibió como respuesta “la herida sólo podía ser curada por su causa”. Así queda asociado Quirón con el principio homeopático del restablecimiento, en el cual “lo igual cura lo igual”; por ejemplo, para curar mordeduras de serpientes se pueden usar cantidades ínfimas de veneno de serpiente. Podemos observar este principio en acción cuando se producen tránsitos importantes de Quirón, y también las relaciones en que están en juego aspectos significativos entre éste y otros planetas. En términos psicológicos podemos equiparar esto con la “repetición compulsiva”. El recuerdo de una sensación dolorosa, almacenado en el subconsciente tenderá a atraer, en el presente, situaciones que repitan los mismos ingredientes, renovando así la antigua herida. Sin embargo, estos ciclos de repetición ocurren porque hay una herida que aún sigue intentando sanar, y/o porque algún cambio de actitud o alguna expansión de la conciencia pugna por realizarse. En momentos así es posible la sanación, pero si la dosis de repetición es exagerada, puede llegar a abrumar a la persona, y la herida, en vez de curarse, puede hacerse más profunda o convertirse en una enfermedad fatal. En estas ocasiones, la sabiduría de los instintos podrían reorientarnos; solo con que fuéramos capaces de escucharles, sabríamos inmediatamente que nos hemos equivocado de camino. Sin embargo, lo triste es que una vez que la relación se ha roto, como le pasó a Quirón, aprender humildemente a escuchar de nuevo puede costarnos la vida, o poco menos. Nuestra virtuosa “mitad superior” está demasiado bien dispuesta a convertir nuestra disociación en una filosofía, e incluso a tratar de convencer a los demás de su verdad. Ésta es una expresión del celo misionero que se asocia con Quirón.

Allí donde éste se encuentre en el mapa, el individuo corre el riesgo de convertirse en "poseído", en una persona obsesionada por alguna idea, creencia o propósito que puede perpetuar sus propias heridas y conducirla a tratar de convencer a los demás de esa "verdad" que quizá no sea más que una defensa desesperada contra su propio dolor interior. Al decir esto, el propósito no es desvalorizar los inmensos aportes que han hecho a la humanidad personas motivadas por sus propias heridas, sino ofrecer a nuestra época una imagen de sensatez y reserva en momentos en que una plétora de filosofías y de métodos de curación y de crecimiento nos inducen continuamente el insidioso sentimiento de que "Si pudiera decirlo a gritos, analizarlo, descubrir qué significa, entenderlo desde el punto de vista astrológico o lo que sea, entonces, todo se resolvería". La historia de Quirón subraya la necesidad de aceptar que estamos heridos como condición previa para que se produzca la sanación y demuestra también cómo la sabiduría de nuestra propia psique puede aportarnos la curación de maneras que nos resultan difíciles de aceptar. Finalmente, Quirón fue liberado de su tormento por mediación de un curioso intercambio de destinos con Prometeo (Urano), a quien llega así a ser una figura clave en el desenlace de la historia de Quirón, y que quizá también puede significar para nosotros una imagen que nos guíe en la resolución apropiada de nuestros conflictos y en la sanación de nuestras heridas. Zeus había hecho encadenar a Prometeo a una roca, como castigo por haberse burlado de él y haberle robado el fuego. Todos los días un águila venia a devorarle el hígado (regido por Júpiter), que volvía a crecerle noche tras noche, de modo que la tortura de Prometeo era continua. Zeus decretó que Prometeo sólo podría ser liberado si un ser inmortal accedía a descender en su lugar al Tártaro, renunciando así a su inmortalidad, y con la condición de que en lo sucesivo, Prometeo llevara siempre una corona de hojas de sauce en la cabeza y un anillo en su dedo. Hércules abogó en favor de Quirón, y Zeus terminó por acceder al intercambio. Esto tiene mucho que ver con el significado de Quirón en el mapa: el que hirió a Quirón es también el que le facilitó la sanación. Tampoco aquí Quirón (el sanador/salvador) actuó por si mismo; en última instancia, es aquello que llevamos dentro de nosotros y que nos hiere lo que debe arrependirse y acudir en nuestra ayuda, porque si no, seguiremos siendo víctimas de nuestro destino, sin darnos cuenta de nuestra propia destructividad. Quirón ocupó el lugar de Prometeo, y finalmente murió; después de nueve días. Zeus lo inmortalizó, dándole la forma de la constelación del Centauro. Hércules, invocando a Apolo, atravesó con una flecha el corazón del águila que devoraba el hígado de Prometeo. Esta es también una imagen sugerente. Las aves monstruosas y rapaces suelen ir asociadas con el lado destructivo del espíritu masculino: los pensamientos destructivos que devoran y estorban nuestra creatividad y nuestro sentimiento de un significado, y que nos vuelven en contra de la vida del cuerpo. Con frecuencia, lo único que puede acallar a estos monstruos que se alojan en la mente es una apertura del corazón que nos lleve a aceptarnos y a compadecernos, y a aceptar y compadecer también a los demás. En términos psicológicos, Quirón es el Maestro Interior a quien debemos lealtad y sumisión. El conjunto de elementos astrológicos que le rodean puede simbolizar las pruebas, los sufrimientos, las disciplinas y las tareas que se despliegan bajo la tutela de este Maestro Interior, cuyo sendero es la vida misma, independientemente de que esto incluya o no el seguir una determinada tradición espiritual. Las crisis o las experiencias de aprendizaje importantes pueden reflejarse en cualquier factor del Horóscopo, pero es probable que las interprete y procese de una manera congruente con la configuración de Quirón, planeta que describe la naturaleza de lo que aprendemos de nuestras experiencias vitales. Describe con frecuencia la concreción de una cualidad del ser o una transformación de la conciencia que intenta nacer y evolucionar en aras de nuestra totalidad; una cualidad que puede ser inadecuada o compulsivamente traducida en algo que se ha de hacer, lograr o perseguir. De ahí el tema de la búsqueda, que es tan importante para Quirón. El objetivo de la búsqueda es el sí mismo, que no se deja encontrar en otros lugares o con otras personas, aun cuando ellos y ellas puedan proporcionarnos un reflejo; no está en los libros ni se lo puede conseguir, comprar, pedir prestado ni robar. Sin embargo, cuando hemos aprendido a escuchar al Maestro Interior, cualquier experiencia puede ser enriquecedora como parte del viaje que es nuestra vida, que no podemos dejar de recorrer, ni siquiera en la muerte. “Nunca se acabará nuestra exploración, y el final de toda nuestra búsqueda será llegar allí donde empezamos y conocer por primera vez el lugar”.

URANO: Regente de Acuario y la Casa 11
Dos Medias Lunas en direcciones opuestas; las reencarnaciones del Alma unidas por el entendimiento de la Cruz de la Materia, sobre el Circulo del Espíritu.

Nota clave: Consciencia cósmica y universal. La necesidad de sentirse libres e independientes. Rebeldía, liberación. Despertar súbito. Verdadera libertad. Cambios radicales. Revolución. Desviación de las normas.
Correspondencia psicológica: Actitud expectante. Buenos poderes de observación. Riqueza de planes.
Impulsos representados: Impulso de diferenciación, originalidad e independencia respecto de la tradición.
Expresión positiva: Sintonía con la verdad. Originalidad. Inventiva. Experimentación dirigida. Respecto por la libertad.
Expresión negativa: Terquedad. Inquieta impaciencia. Necesidad constante de excitación y cambio sin finalidad. Rebelión. Extremismo.
La identificación con la conciencia de las masas, en las que todos sin excepción tienen la oportunidad de cumplir su propio destino. Hacia un desarrollo más allá de los limites físicos hacia nuevas dimensiones de la realidad. Ingeniosidad y originalidad en el público, con un intelecto imparcial que puede ser usado con honestidad y justicia. La preocupación por la mente del hombre y la expansión para una conciencia colectiva universal, para traer la libertad y el progreso. Las ciencias exactas, el entendimiento y utilización de las ciencias ocultas. Negativamente usado, indica anarquía, fanatismo y excentricidad. Positivamente usado, gran preocupación espiritual y que el mundo pueda vivir para disfrutar una libertad lejos de los temores.

Urano representa el conocimiento mental  de niveles superiores, niveles de conciencia en los que las dualidades están unidas en la verdad viva. Simboliza una fuerza que se manifiesta como cambios repentinos de la pauta de la vida, alteraciones súbitas de la conciencia, destellos de intuición, y rápidas eclosiones de nuevas ideas y conceptos originales. Urano puede concebirse como un canal a través del cual fluyen fuerzas poderosas que penetran en la conciencia con rapidez eléctrica. Urano se manifiesta también como impulsos hacia la independencia, la rebelión, la excentricidad, lo inconvencional, lo original y lo inesperado. Su "influencia" no hace que una persona sea particularmente estable; pero la convierte en un canal a través del cual pueden nacer nuevas ideas. Cuando Urano es fuerte en un mapa, ese factor simbolizado por el planeta (o por los planetas) en su aspecto con él se electrifica, se magnetiza, se energetiza muchísimo, y, si todo marcha bien, se ilumina. Por tanto, vemos que Urano "actúa" eléctricamente, en impulsos repentinos. Esta energía es necesaria para que estalle a través de las defensas saturninas del ego y las barreras del pensamiento de la mente consciente. En contra de algunos criterios, Urano no siempre actúa destructivamente. Se manifiesta como destrucción solamente cuando hay resistencia a su influencia. Puesto que alguna forma de resistencia está habitualmente presente, sin embargo, (especialmente cuando Urano está comprometido en aspectos tensionados) un tránsito de Urano se experimenta a menudo como muy destructivo. Rudhyar en su profundo e inspirador libro titulado "Triptycd", se refiere a Urano como "el creativo poder del espíritu universal". Dice también que se refiere a la etapa de la "transfiguración" personal y que "el individuo transfigurado se convirtió en un centro focal para la liberación del poder de la Mente Universal". Asimismo, declara que Urano puede concebirse como "la Voz de Dios", "el creativo poder del sonido místico que, según la vieja tradición de la india, llena todos los espacios... El "Poder de la Mente Universal" es evidente en las percepciones extraordinariamente rápidas que acompañan una armonía uraniana. Esta proviene de la aptitud para ganar conocimiento e intuición de otras dimensiones a través de una sensibilidad psíquica elevada. Urano representa el conocimiento intuitivo y la extensión del proceso racional más allá de las barreras del espacio y del tiempo. Una vez que pasamos las fronteras de Saturno, después de abrir las puertas con la llave de Quirón, nos aventuramos en los reinos de Urano y Neptuno, empiezan a desaparecer todas las dualidades, todas las oposiciones que se perciben debido a la "lógica" limitada, y todas las formas separadas. La percepción uraniana se manifiesta viendo las cosas como ambos y en vez de o...o. En otras palabras, a los opuestos de la mente lógica materialista se los ve juntos en un destello de percepción inmediata, como partes de una perspectiva integra y vasta de la vida. La posición de Casa de Urano nos muestra dónde podemos potencialmente experimentar y usar este poder despertador, dónde se sienten más inmediatamente los cambios, las intuiciones y una sensación de necesitar una vasta libertad personal. Esta Casa muestra dónde tenemos deseos de apartarnos de normas convencionales de expresión, y dónde a menudo rechazamos la tradición y los inútiles estorbos a fin de hacerlo. Si tenemos a Urano en una Casa Angular (Las Casas 1, 4, 7 y 10), habrá deseos especialmente fuertes de representar nuestra inconvencionalidad de modo evidente y dinámico. Si Urano está en Casas Sucedentes (las Casas 2, 5, 8 y 11) y Cadentes (las Casas 3, 6, 9 y 12), por otro lado, la persona tal vez tenga tan sólo deseos enderezados hacia impulsos revolucionarios o inconvencionales, pero quizás ponga a trabajar esos sentimientos en su vida cotidiana de un modo más sutil, mientras que puede ser que, en la superficie, parezca muy conservadora.

No es mucho lo que la mitología nos cuenta de Urano. Como primer dios del cielo, regia la expansión sin limites del espacio y le correspondió la misión de inventar o diseñar la naturaleza. Realizó actos tan creativos como dar forma a las alas de las mariposas, que llevan cada una el sello de su propia peculiaridad e individualidad. Por la Casa que ocupa en el mapa natal, Urano es el ámbito donde somos capaces de pensamiento y acción originales y nuevos. En su dominio, no es necesario conformarse con las pautas de comportamiento tradicionales y convencionales. Estaba casado con Gea, la Madre Tierra. Todas las noches el Cielo se tendía sobre la Tierra, con el resultado de que no dejaban de concebir hijos. La prolífica pareja dio nacimiento a la raza de gigantes conocidos como los Titanes; a algunos Ciclopes, dotados de un solo ojo, y una turba de otros monstruos, cada uno con cien brazos y cincuenta cabezas. Disgustado a la vista de su propia progenie, Urano se negó a permitirles la existencia. Y, tan pronto como sus hijos nacían volvía a enterrarlos en el vientre de Gea, en las entrañas mismas de la Tierra. Astrológicamente, esto implica que en la Casa de Urano podemos concebir algunas ideas que nos parece buenísimas, pero que, cuando las llevamos a la práctica y las concretamos, quizá no nos resultan tan bien. Lo que en teoría parecía tan deseable puede decepcionarnos en la realidad, y a veces, como Urano, hemos de enterrar nuestras ideas originales y renovar el intento. Como es obvio, a Gea no le divertía en absoluto tener el vientre repleto de hijos rechazados. En sus profundidades buscó un poco de acero para fabricar una hoz, y luego imploró a sus hijos que con ella castraran al padre. El menor de ellos, Cronos (Saturno), dueño ya de un bien desarrollado sentido de responsabilidad, se ofreció para la tarea. Algunas gotas de sangre del amputado falo de Urano penetraron en el vientre de Gea, engendrando así las Furias. Cuando el órgano fue arrojado al mar, de su unión con la espuma nació Afrodita (Venus). El mito sugiere las complejidades que caracterizan la esfera de influencia de Urano. Aquella parte de nosotros que es más terrestre o Saturno -nuestra reserva, nuestra cautela, nuestro conservadurismo, nuestro respeto por la tradición y nuestro miedo- es capaz literalmente de "cercenar" el impulso creativo de Urano. La inhibición de Urano en una Casa puede dar nacimiento a las Furias, cuyos nombres significan "venganza", "cólera envidiosa" e "interminables". Si durante demasiado tiempo nos adherimos, en los dominios de Urano, a las pautas de comportamiento y a los "guiones" viejos y gastados, entonces las Furias nos perseguirán. Dolidos por cómo nos van las cosas en ese ámbito de la vida, es frecuente que culpemos a otros de nuestra desdicha, con lo que conseguimos que en la psique se sedimente un residuo tóxico y amargo. Para impedir un cambio que es realmente necesario hace falta una cantidad tremenda de energía, y como resultado de ello es probable que terminemos exhaustos, enfermos o alienados. O quizás emprendamos con toda valentía la nueva acción, y exploremos otras maneras originales e independientes de estar en esa Casa. Aun así es posible que despertemos a las Furias, desatadas esta vez sobre nosotros por aquellos que se sienten agredidos y amenazados por nuestro comportamiento. Tanto en el nivel personal como en el colectivo, en la Casa donde está Urano es donde probablemente tengamos que desviarnos del conformismo, experimentar con nuevas tendencias o corrientes de pensamiento, y correr el riesgo de desbaratar todo lo que nos rodea en nombre del progreso y de la evolución. Por suerte, de esa pugna nace también Afrodita. Su presencia sugiere que, en tanto que respetemos algunos de los limites y confines de Saturno y trabajemos dentro de ellos, podemos tratar de hallar las formas más creativas y armoniosas (Venus) de dar a luz una nueva vida. En algunos casos, quizá no sea imposible derribar del todo las viejas estructuras, pero podemos esforzarnos por hacer lugar, dentro de ellas, para ideas e intereses nuevos, y de esta manera dar alguna forma de expresión al cambio. Tal es el reto que nos plantea Urano en el sector del mapa donde esté emplazado. En un planeta que va sincrónicamente asociado con ideales de verdad, justicia, libertad, fraternidad e igualdad, así como con cualquier tendencia progresista colectiva que se enfrente con el status quo. Urano quiere hacernos trascender los limites de nuestro pasado, nuestra historia, nuestra biología y, si es posible, nuestro destino: el solo hecho de haber nacido en el seno de una familia pobre no significa que hayamos de ser campesinos. En su forma pura, su visión es la de un agrupamiento de muchos individuos, donde cada uno expresa su propia peculiaridad y, sin embargo, todos apoyan ese todo más vasto del cual forman parte. Urano es, empero, propenso a ciertas deformaciones. La Casa donde se encuentra es el lugar donde tenemos necesidad de verdad y de libertad, y también donde experimentamos un miedo desmesurado de vernos atrapados o aprisionados por nuestras propias creaciones. Si sentimos demasiado apego al cambio por el cambio mismo, entonces jamás conseguiremos que nada arraigue en este sector. O, balancéandonos sobre esa delgada linea que separa la locura y la excentricidad del genio, o tal vez experimentamos la necesidad persistente de ser diferentes sin otro motivo que causar alguna conmoción o llamar la atención sobre nosotros mismos. La Casa de Urano puede enseñarnos dónde desconocemos, desatinadamente, los limites de nuestra condición humana. Convencidos de que somos capaces de trascender automáticamente las limitaciones del cuerpo físico, o elevarnos por encima de los componentes instintivos de nuestra naturaleza, caemos en el pecado de la arrogancia y hacemos que se abata sobre nosotros el castigo. Con la misma delicadeza que animó el doctor Frankenstein a hacer su monstruo, en nombre del adelanto y del progreso desatamos horrores sobre el mundo. Y cuando (como sucede con la revolución francesa) los ideales utópicos no tienen en cuenta las realidades de la naturaleza humana, se enroscan y se cierran sobre si mismos; un proceso durante el cual, en ocasiones, estrangulan cuanto encuentran en su camino.

Los aspectos recibidos por Urano, en particular los aspectos tensionados del Sol y la Luna, pueden ser asociados con la periódica orquestación de los más radicales y drásticos cambios en la vida. A menudo, tales cambios pueden ser considerados como el resultado de una incapacidad de cambiar a nivel cotidiano, de manera que el impulso interior de movimiento queda establecido. Al parecer, el individuo puede verse forzado a cambiar bruscamente debido a alguna circunstancia externa, o bien, también puede responder a alguna llamada interior que le obliga a dar por terminada la situación existente. En cualquier de los casos, tales cambios están destinados a encontrarse con graves y contradictorias presiones (normalmente de naturaleza saturnina), tanto por parte del propio individuo como por parte de aquellos que también pueden verse afectados por estos cambios. Dondequiera que esté Urano, tendrá lugar la inflexibilidad, el extremismo y la falta de cooperación y ello por ambas partes. Los planetas aspectados por Urano buscan la emoción, la libertad y la independencia. Los aspectos fluidos sugieren facilidad y gusto por los cambios, por la libertad y por las emociones, por lo que, con estos aspectos, un comportamiento extremista no acostumbra a ser frecuente. Sin embargo, los aspectos tensionados sugieren que todo lo relacionado con mostrarse diferentes, extravagantes, rebeldes y amantes del riesgo, es decir, "uranianos", simplemente debe ser analizado con más detalle. Estudiemos minuciosamente la historia del mito de Prometeo. Se dice que fue él, hijo de Jápeto (un titán) y de Climene, el que creó a los primeros mortales, haciéndolos de arcilla y agua, tras lo cual la diosa Atenea les insufló el aliento y les dio la vida. Originariamente, a Prometeo se lo presentaba como un embustero que se divertía siendo más listo que los dioses, pero más tarde Esquilo hizo de él un héroe de la cultura, una figura que soporta sufrimientos por una causa noble, el campeón y salvador de la humanidad, a la que enseño diversas habilidades para ayudarla a evolucionar. Celoso quizá del papel que había desempeñado Prometeo en su creación, Zeus despreciaba a la raza humana y estaba disgustado con ella; quería eliminarla y crear algo mejor. Si le perdonó la vida fue sólo porque Prometeo defendió la causa de los hombres. Este lamento del coro, en el Prometeo encadenado, de Esquilo, expresa su dilema:

"Tú eres desafiante, Prometeo, y tu espíritu,
pesa a todo tu dolor, ni una pulgada cede.
Pero hay demasiada libertad en tus palabras.
Y responde Prometeo:
-Oh, es fácil para quien está fuera de las murallas del dolor,
exhortar y enseñar al que sufre...".

A Prometeo le pidieron en una ocasión que mediara una disputa sobre qué partes de un toro sacrificado se debía reservar para los dioses y cuáles se debía permitir que comiera el hombre. Prometeo despellejó al toro y con su cuero hizo dos bolsas. En una puso la mejor carne, pero oculta debajo del estómago. En la otra puso los huesos y las menudencias, escondidos debajo de una jugosa capa de grasa. Prometeo se rió estrepitosamente cuando Zeus cayó en la trampa, y éste, muy enfadado, castigó a Prometeo privando del fuego a la humanidad. El titán se sintió entonces obligado a recuperarlo, ya que la humanidad era, después de todo, obra de él. Se fue secretamente al Olimpo, volvió a robar la preciosa brasa, la ocultó en un tallo de hinojo y se fue sigilosamente a devolver el fuego a la humanidad. Cuando descubrió lo que había hecho Prometeo, Zeus se vengó haciendo una hermosa mujer de arcilla, llamada Pandora, con su famosa caja llena de desdichas para la humanidad, y se la envió a Epimeteo, el hermano de Prometeo, quien la rechazó porque éste le había advertido que no aceptara regalos de Zeus. Nuevamente frustrado, Zeus se enfadó todavía más, y en una demostración definitiva de su supremacía, hizo encadenar a Prometeo a una roca y le impuso el tormento del águila. Prometeo se quedó allí, impasible, hasta el día en que Quirón le ofreció su lugar. Aunque el robo del fuego es un tema mitológico famoso, quizá la primera parte del relato no sea tan conocida. A Prometeo se lo considera con frecuencia, de modo simplista, como "el que aportó a la raza humana la iluminación de la conciencia". Sin embargo, tal como lo muestra la primera parte de su historia, es una figura de significado un tanto complejo. No sólo representa una sana rebelión contra una autoridad inhumana o suprapersonal, sino también una falta de respeto por los dioses y un peligroso intento de burlarlos y humillarlos, de negarse a reconocer su deuda con ellos. Su historia ejemplifica el hecho paradójico de que, aunque el esfuerzo por evolucionar y hacerse más consciente y por tanto el intento de -por así decirlo- tratar de quedarse con la mejor parte del toro parecería ser parte de la naturaleza humana, si el hombre lo hace sin mantener el debido respeto por los dioses a quienes está robando puede recibir un "castigo" en forma de una enfermedad, física o mental. Prometeo representa también el proceso de crecimiento del alma que se despliega a medida que desmantelamos valientemente nuestra falsa apariencia de divinidad, descubriendo nuestro autoengrandecimiento y nuestra identificación con imágenes arquetípicas, y renunciando a todo ello. El dolor que inevitablemente experimentamos durante este proceso nos vuelve más humildes, y también más compasivos con nuestro propio sufrimiento y con el ajeno; nos hace más humanos. En un momento u otro, podemos caer en el autoengrandecimiento y la soberbia, y es probable que tengamos que "pelear con los dioses" para hacer honor a nuestras necesidades y nuestros sentimientos de seres humanos, a nuestras limitaciones y nuestras flaquezas. Quizá tengamos también que luchar con los valores parentales y sociales para hacer honor a nuestra condición humana y a nuestra propia alma. Como dice Carlos Castaneda:

"El acto de percibir los arquetipos astrológicos y de liberarse así de la esclavitud del inconsciente es, en un nivel, una hazaña extraordinaria de la rebelión humana contra la manipulación arquetípica; es, en esencia, robar el fuego de los dioses. En un nivel más alto, ese mismo robo está arquetipicamente dispuesto, y ese arquetipo es Prometeo. La astrología es el fuego de Prometeo".

Prometeo fue liberado, con la condición de que usaría siempre un anillo y una corona de hojas de sauce. Al anillo se le puede considerar un recordatorio simbólico del atormentado periodo de su encadenamiento; como condición de su libertad, parecía aludir a la necesidad de ser humilde. Ninguno de nosotros puede ser libre si desafía durante demasiado tiempo a los dioses, a menos que podamos sustituir nuestros limites por otros que incluyan el respeto por ellos. En tanto que no podamos o no estamos dispuestos a rendir honor a los dioses, y además a considerar los limites apropiados a nuestra propia hechura, a la sociedad en que vivimos, a las relaciones que establecemos y a la vida que llevamos, jamás seremos libres: estaremos siempre reaccionando ante alguna autoridad externa, con frecuencia de forma negativa. La corona de sauce también tiene su significado, ya que en general se asocia a este árbol con la muerte. Al llevar su corona, Prometeo es una imagen de la aceptación de la mortalidad. También Quirón tuvo que renunciar a su inmortalidad y descender a los infiernos, al dominio de la "anciana de la muerte", antes de ser inmortalizado. Aunque en la mitología griega Hades es un dios masculino, el país de los muertos era antes el dominio de la Gran Madre Tierra en su aspecto de muerte. De ahí que la entrega y la liberación de Prometeo y la muerte y la resurrección de Quirón tengan el mismo significado esencial. Tanto que Zeus como Hades son medio hermanos de Quirón: en la intersección simbólica del reino Olimpo de Zeus y del reino infernal de Hades, se cierra el circulo de las historias de Quirón y Prometeo. Este último recupera su libertad y Quirón encuentra la sanación largamente buscada: en este intercambio, los dos quedan liberados de su sufrimiento eterno. Acuario en la cúspide de una Casa, o contenido en ella, ejercerá una influencia similar a la de Urano; habrá una conexión entre la Casa que contenga Urano, como sucede con todos los planetas y sus respectivos Signos.

NEPTUNO: Regente de Piscis y la Casa 12
La Media Luna del Alma surgiendo de la Cruz de la Materia sobre el Circulo del Espíritu.

Nota clave: La disolución de la materia. La imaginación subconsciente, los sueños, las fantasías y los ideales. La espiritualidad cósmica, la nebulosidad o confusión. Libertad transcendente y del ego-yo. Hechizo, ilusionismo. Refinamiento, purificación y sanación.
Correspondencia psicológica: Primeras sacudidas de la nueva vida dentro de los restos de la vieja.
Impulsos representados: Impulso de huida de las limitaciones del propio yo y del mundo material.
Necesidades simbolizadas: Necesidad de experimentar unidad con la vida, fusión completa con la totalidad.
Expresión positiva: Armonización con la totalidad. Realización de la dimensión espiritual de la experiencia. Compasión omniabarcante. Vivir un ideal.
Expresión negativa: Escapismo autodestructivo; evasión de las responsabilidades y más profundas necesidades personales. Rechazo a enfrentar las propias motivaciones y a comprometerse en algo.
Las obligaciones de la sociedad se satisfacen como respuesta a un sentimiento desconocido de culpabilidad o deber espiritual. Sin embargo, la necesidad de conocer precisamente en qué forma uno sirve a la humanidad hace que divaguemos en profundos ataúdes en busca de algún alivio de la impuesta ansiedad que produce. Su extrema sensibilidad a la enfermedad de la sociedad, la inhumanidad del hombre. Cayendo en telarañas de circunstancias negativas, Neptuno es inconsciente. Su simpatía a la estética da apreciación de la utopia, rítmica, ilusión de la poesía, de la música que transciende la imaginación y fantasías eróticas. Neptuno usado positivamente da una apreciación por las sublimes manifestaciones creativas de una cualidad superior. La satisfacción llega de una purificación por el orden de las caóticas condiciones sociales. Compasión por los desamparados, con la esperanza de expulsar del individuo la culpa sobre la existencia de estas condiciones.

Neptuno representa una armonización emocional  con niveles superiores, un anhelo de planos superiores del ser y una infatuación con ellos. Simboliza una fuerza que está enteramente más allá de los lindes de la razón o de algo comprensible para la mente lógica. El único modo en que Neptuno puede entenderse verdaderamente en su esencia es someterse a él; pues, por definición y por función, está más allá de las fronteras. Sólo cuando nos fundimos con él -o sea, cuando nos volvemos sin fronteras- podemos conocerle. De allí que Neptuno se asocie con la mística, el misterio, un sentido de unidad, desarrollo espiritual e inspiración. También se dice que representa informalidad, ilusión, disolución, imaginación e idealismo. Para mi, el modo más útil de describir el significado esencial de Neptuno es decir que representa el deseo de perdernos en otro estado de conciencia (ya sea una conciencia "superior" o "inferior") y el deseo de escapar de toda limitación, tanto de las limitaciones de la existencia material y de su tedio como de las limitaciones de la personalidad y del ego. Naturalmente, podemos tratar de escapar a través de actividades autodestructivas (como el alcohol y las drogas) o personalmente constructivas. Una persona neptuniana puede ser evasiva o escapista, o puede ser muy perceptiva de sutilezas y extremadamente compasiva (¡o una mezcla de ambas!) La experiencia de la "influencia" de Neptuno por parte de un individuo, simbolizada por las configuraciones natales, la posición de las Casas, y los Tránsitos, se caracteriza a menudo por una sensación de confusión, de inseguridad, "de estar en el aire", y "en el espacio". Al menos es por esto que a menudo se percibe cuando el individuo está suficientemente "apoyado" como para mantener su equilibrio psíquico. Esta confusión resulta en parte de la actitud común que exige que toda nueva experiencia "encaje" en nuestras categorías mentales preconcebidas. Sin embargo, no podremos lograr siempre poner fronteras a Neptuno. Lo que no tiene fronteras ni formas por su naturaleza misma, ¿cómo podrá ser introducido en nuestros limitados conceptos y estructuras vitales? En otras palabras, la confusión o el sentimiento de "estar vagando en el espacio" que tan a menudo se experimenta con Neptuno se desarrolla principalmente cuando resistimos la desintegración y la disolución inevitables de alguna pauta de nuestra vida o de algún aspecto de nuestra personalidad. Este lado negativo de la manifestación de Neptuno es también mucha más patente, cuando no estamos afirmados en el mundo material. Podríamos decir que, a no ser que nos pongamos de acuerdo con las presiones, realidades y obligaciones de Saturno, no estamos suficientemente apoyados como para manejar lo intenso y lo destructivo de algún planeta trans-saturnino. Tenemos que escuchar a Quirón, nuestro maestro interno y recibir las intuiciones y la libertad de Urano y la inspiración y el idealismo de Neptuno y hacerlos reales  bajando ese conocimiento a la Tierra, poniendo a prueba esas lejanas inclinaciones, e incorporándolas a nuestra vida cotidiana. El fracaso en trabajar en esta integración interiormente con gran honradez y diligencia provocará a menudo una tremenda sensación de descontento o, en algunos casos, trastornos psicológicos que, a su tiempo, llevarán a una desintegración en gran escala de la personalidad. Este descontento proviene del hecho de que Neptuno nos sensibiliza o armoniza con la realidad de las fuerzas invisibles e inmateriales de la vida. Cuando experimentamos que, de hecho, existe un plano más sutil y elevado del ser, que es accesible a la conciencia humana, es a menudo difícil vivir pacientemente una existencia mundana en un mundo material que cada vez más aparenta ser y que se siente como una prisión. Me parece que la clave para formar una relación correcta con la fuerza neptuniana de nuestras vidas es comprender que ninguna satisfacción o liberación provendrá de nuestra búsqueda constante del ideal que anhelamos en el mundo externo, y que esto sólo llegará cuando aceptemos la responsabilidad (Saturno) para que hagamos el ideal de nuestras vidas mediante nuestra creatividad y devoción. En otras palabras, hemos de volvernos hacia dentro, hemos de vivir el ideal a fin de hacerlo real.

Es inútil buscar siempre irrealistamente la situación perfecta, ya sea ésta el trabajo perfecto, el matrimonio ideal, o el hogar que es una pinturita con un hermoso escenario alrededor. Neptuno nos inclina a colgarnos de cuadros o imágenes de perfección, hacia lo que queremos luego correr para escapar del dolor de la vida diaria. Naturalmente, una persona muy sensible puede necesitar  vivir en un medio ambiente o tener un tipo de trabajo que, por lo menos, no vacía su energía mediante tensión constante. Pero insistir en que todo sea perfecto antes que lo vivamos en plenitud, antes de que nos comprometamos a ello por completo, es una actitud que asegura que jamás sentiremos paz interior alguna. Neptuno representa nuestro sentido de obligación hacia la sociedad y hacia los demás, manifestando, en casos extremos, sentimientos de culpa. Sin duda, este es el modo con que muchas personas experimentan la energía de Neptuno, en este caso, muestra un canal a través del cual hemos de saldar ciertas deudas kármicas a otros. Me parece que tal sentimiento de obligación para con la sociedad, la humanidad o realmente todo ser humano o animal sufriente deriva del hecho de que experimentamos nuestra unidad con todas las criaturas vivas. Si creemos intensamente que somos los mismos que cualquier ser humano (o incluso, que en esencia también somos uno con los animales) ¿cómo podremos dejar de dar ayuda a todos los seres que necesitan? En realidad, no es generosidad dar a otro que, en esencia, es el mismo que yo. Es más bien una obligación inmediata; y, si no cumplo con este sentido de obligación, en verdad puedo sentirme culpable, aunque sin duda es una fina cualidad espiritual, debe relacionarse con hechos prácticos; o nos franquearemos para que nos manejen, usen e incluso agoten las exigencias de los demás. Pues es rara la persona que, de hecho, no necesite alguna clase de ayuda, algún género de auxilio. Y el hecho de que creamos que somos uno solo con la totalidad mayor de toda la vida no significa que tengamos la energía o los recursos dentro de nosotros para sostener a todas las criaturas vivientes. Si aceptamos de buen grado la irrupción de energías neptunianas en una mente clara y un alma abiertas, podremos experimentar una percepción espiritual, una imaginación y una inspiración elevadas. Las imágenes arquetípicas se pueden ver, y las realidades intemporales se pueden sentir. Como escribe Rudhyar:

"..a aquel cuya alma se convirtió en templo santo de Dios vivo, cuya circunferencia  del yo incluye potencialmente al universo entero, cuya mente establece sus formulaciones en términos de la reconciliación de todos los opuestos, sin dejar nada fuera de su lógica multidimensional y omniinclusiva, a él dios le responde como gracia, (Triptycd)".

Mediante la posición de Casa del mapa natal, Neptuno indica dónde esta posibilidad de gracia, de armonización con influencias transcendentales, toma contacto más inmediatamente con nuestra vida. Pero sólo muestra una posibilidad de experimentar la gracia o las realidades espirituales. Todo depende en gran parte de cuán honrados, valientes y prácticos seamos. Debemos apoyarnos en una realidad saturnina para apreciar y utilizar en plenitud el elevador aspecto de la dimensión de vida de Neptuno. ¿Alguien de nosotros podrá afirmar que está libre de autoengaños, fantasías irrealistas o deseos de eludir a la dura realidad? Por esta razón, su posición de Casa en el mapa natal indica, a la mayoría de nosotros, un ámbito de vida y un campo de experiencia que tendemos a idealizar o a escapar de ellos, motivados habitualmente por impulsos de la mente inconsciente o superconsciente que poco se entienden. Es en ese campo de la experiencia que buscamos un ideal, que creemos lo que queremos creer; y el deseo de eludir y enfrentar ese ámbito de vida proviene, a menudo del temor subliminal de que enfrentarlo severa e inmediatamente revelará el vacío de nuestro autoengaño. De allí que a menudo prefiramos permanecer en la oscuridad, mantener más bien nuestro sentido del misterio que arriesgarnos a darnos cuenta de lo que hemos idealizado durante tanto tiempo no es realidad, tan valioso como habíamos querido creerlo. Parece que, con frecuencia, identificamos algún ámbito de la experiencia mundana con nuestros anhelos espirituales más profundos; y el resultado es la confusión. Se requiere discriminación aguda (¡Virgo!: el Signo opuesto del Signo de Piscis) que nos permita aclararnos qué se relaciona realmente con nuestro crecimiento espiritual y qué está meramente en el ámbito de vida que esperábamos (quizá durante vidas) que satisfaría nuestro anhelo espiritual y nuestra soledad. En cualquier mapa natal, el factor simbolizado por un planeta en estrecho aspecto con Neptuno está muy sensibilizado y depurado. Esta sensibilidad se manifiesta a menudo como una susceptibilidad a la ilusión, al autoengaño, a la confusión, o incluso a la desintegración en esta dimensión de la vida; pues Neptuno inclina a la persona hacia un conocimiento irrealista o a una fantasía acerca del ámbito particular de la vida. Pero estos mismos problemas pueden llevar al individuo a una búsqueda fructífera de una solución. Durante esta búsqueda de respuestas, cuando la persona llega a saber que, de hecho, está aprendiendo acerca de una realidad superior mediante la experiencia de la desilusión, un aspecto de Neptuno puede indicar entonces una idealización práctica y positiva, y realmente, una espiritualización del factor indicado. Neptuno disuelve las viejas y muy ordenadas pautas de conciencia. Así, tomamos conciencia de las limitaciones de nuestras percepciones habituales y del hecho de que existe algo mayor y más vasto de lo que habíamos presumido. Esta intervención en nuestras vidas de un "algo" más unificado, algunas personas la reciben como un profundo misterio espiritual o como un acto de "gracia". Personalmente, confirmo que cuando Neptuno está en Conjunción, Cuadratura u Oposición con los planetas personales o con el Ascendente en el mapa de todo individuo que vi que persigue activamente algún género de sendero espiritual como un trabajo principal de su vida. Evidentemente, estos aspectos tensionados no son tan "malos" para los buscadores espirituales. Podríamos suponer que la energía generada por tales aspectos es necesaria para impulsar a un individuo a fin de que actúe sobre la base de sus inclinaciones espirituales y se empeñe con mayor esfuerzo en este ámbito de la vida.

El planeta Neptuno está asociado con el dios romano del mismo nombre, y con el griego Poseidón. En cuanto personificación del agua, Poseidón era el dios de los mares, lagos, ríos y corrientes subterráneas. Aunque habitaba en el vasto palacio en el fondo del océano, envidiaba la soberanía de Zeus, y estaba ávido de tener más posesiones en el mundo. Poseidón luchó con Atenea por el Ática, y la perdió; también sin éxito, combatió con Hera por la Argólina, y tampoco pude despojar a Zeus de Egina. Enfurecido y solitario, inundó las tierras que no había podido conquistar, o bien, de puro despecho, secó sus ríos. Como le sucede a Poseidón (Neptuno), también nuestras versátiles emociones suelen estar ávidas de cosas que no podemos alcanzar. El elemento astrológico del Agua, asociado con el ámbito de los sentimientos, actúa también en otros sentidos de manera similar a Poseidón. Cuando él emergía del mar, podían suceder dos cosas. En ocasiones las aguas se abrían, regocijadas y magnificas, en torno de él. Otras veces, sin embargo, su aparición era anunciada por violentas tempestades y tormentas furiosas. De manera similar, cuando nuestros sentimientos afloran a la superficie, tanto puede ser plena y divinamente geniales como barrer con nosotros como un maremoto. El planeta Neptuno, lo mismo que la Luna y que Venus, es otra energía del Anima, que representa aquella parte nuestra que se funde con los otros, se adapta a ellos, los refleja e intenta unirles. Mientras que la Madre Luna adquiere su identidad reflejando a otro, y la seductora Venus da con la intención de recibir alguna cosilla a cambio, el sentimental Neptuno quiere perder su identidad confundiéndose con algo superior a él. En tanto que la tarea principal del ego aislado (Saturno) es la autoperservación, el planeta Neptuno simboliza las ansias de disolver los limites que hacen del yo una entidad aparte, y experimentar la unidad con el resto de la vida. Para muchas personas, la desintegración de la identidad individual constituye una perspectiva aterradora, y de buena gana relegan a Neptuno -es decir, al deseo del volver a conectarse con la totalidad de la vida- al inconsciente. Pero cualquier cosa que uno entierra en el sótano se las arregla para abrir un túnel que le permite salir de debajo de la casa y aparecer sobre el césped del jardín. Si lo suprimimos, Neptuno no se va; se disfraza, en cambio, y surge furtivamente ante nosotros. Es probable que, en la Casa de Neptuno, "montemos" sin darnos cuenta tales circunstancias que no nos queda otra alternativa que sacrificar nuestras necesidades y deseos personales en obediencia a fuerzas que no podemos cambiar ni aliviar de ninguna manera. De esta manera, el ego individual se ve librado de su sentimiento de superioridad omnipotente y de la creencia de que constituye una entidad aparte. Así purificados, somos recibidos afectuosamente en los brazos de algo que nos trasciende. De hecho, fue Júpiter quien rescató a Neptuno de la tiranía de Saturno: el deseo de expansión (Júpiter) del ego individual termina por socavar su condición de entidad aparte, en cuanto deja que Neptuno ande en libertad. De manera semejante, hay muchas personas que en vez de temer la desintegración del yo la favorecen activamente, en búsqueda de expansión y la bienaventuranza que van asociadas con una existencia sin limites. Este objetivo se puede alcanzar de manera constructiva mediante la meditación, la fe y la veneración religiosa, la creatividad artística y una generosa devoción a otra persona o a una causa; o -más peligrosamente- se puede intentar lo mismo por la vía de las drogas, del alcohol o de una desaforada entrega a las pasiones. Hay personas que recuerdan vagamente un perdido Edén del pasado y buscan el cielo en la Tierra en la Casa de Neptuno. Convencidos de que es deber de Neptuno concedérnoslo todo, probablemente depositemos grandes esperanzas en los asuntos que pertenecen a su dominio, como si allí estuviera nuestra redención misma. Tras habernos apuntado nada menos que al éxtasis absoluto, nos decepciona invariablemente que el mundo exterior no nos entrega lo esperado. Heridos y amargados, es probable que nuestros ojos recorran la casa buscando consuelo... con frecuencia en el bar o en un botiquín. Sin embargo, para algunos la desilusión que significa no obtener lo que deseábamos de Neptuno es el punto de partida de otra dimensión de la experiencia: en vez de buscar nuestra felicidad exclusivamente en las realidades externas de la vida, volvemos la atención hacia dentro. Y finalmente, es posible que descubramos que la bienaventuranza que buscábamos la teníamos ya dentro de nosotros, oculta en el áureo palacio indestructible que Neptuno tiene en las profundidades del mar.

Hizo falta Júpiter para rescatar a Neptuno, y es muy frecuente que, en la Casa donde está emplazado Neptuno, andemos en busca de un salvador. Al hacer el papel de víctima o de desvalido (al mismo tiempo que renunciamos a la responsabilidad y el esfuerzo personal), abrigamos la esperanza de que aparezca alguien que se haga cargo de nosotros de ese aspecto de la vida. A la inversa, hay personas que ponen del revés esta dinámica y se empeñan en hacer, en este dominio, el papel de salvador de otros. A diferencia de los dos casos en que la influencia es de Saturno, esta actitud no obedece a la presión de una "obligación" o un "deber", sino a un sentimiento de empatía por el sufrimiento de la otra persona. En algunos casos, hasta podemos convertirnos en la encarnación viviente de alguna forma de imagen popular o ideal en la esfera de Neptuno, capaz de asumir las formas más variadas: desde un nuevo dios o diosa, o superestrella, a un escándalo publico o un conveniente chivo emisario. Tal como se podía imaginar del dios del mar, Neptuno es bastante escurridizo. Cuando en su dominio andamos en pos de algo, es probable que nos eluda misteriosamente. Con frecuencia, en vez de hacer frente a los hechos, actuaremos como Blanche Dubois, inventándonos la ilusión de que todo es maravilloso. Puede ser que decidamos no ver más que aquello que fundamenta nuestra fantasía, pero tarde o temprano, lo más probable es que la realidad se nos desplome encima. Pero también puede ser que no: con Neptuno nunca se puede estar seguro. Este planeta va asociado con las cosas del mundo etéreo, que no necesariamente se puede captar, medir, ni siquiera ver. Antes que la forma misma, es la esencia subyacente en la forma. Por mediación de la Casa de Neptuno podemos tener atisbos de estados de conciencia superiores o diferentes, una visión del infinito y de la eternidad, y de aquello que trasciende las fronteras normales del espacio y del tiempo. En otro nivel, Neptuno es bruma, niebla, y nebulosidad; según en qué Casa esté, puede mostrar dónde nos encontramos desorientados, confundidos o poco claros respecto a nuestras metas y objetivos, o nos inclinamos a andar flotando a la deriva y a dejarnos llevar con cualquier cosa que se presente. Si (como cree Neptuno) Todo es Uno, entonces nada que suceda puede ser, de todas maneras, demasiado importante para nosotros. Dos figuras asociadas con Neptuno son Dionisos y Cristo. Ambos predicaron el abandono de la identidad independiente y la necesidad de fundirnos con algo luminoso y divino. Dionisos reunía a un grupo de sus adeptos y, con la ayuda de los efectos embriagadores del vino, se dejaban transportar, por la vía del sentimiento y del éxtasis, a otros ámbitos. Olvidando las realidades terrenales de la vida, simplemente se abandonaban a algo más vasto que el yo, sin preocuparse por si habían dejado el coche aparcado en doble fila. En este sentido, trascendían el tiempo, los limites y las formas. Hay quienes consideran a Cristo "el maestro neptuniano". Al mismo tiempo víctima y salvador, enseñó a "renunciar" al yo por el espíritu. Para lo establecido o institucionalizado -la conciencia ordinaria en el nivel del yo- es difícil reconocer como dioses tanto a Dionisos como a Cristo. Ambos sufrieron de alguna manera un desmembramiento; ambos murieron, pero volvieron a nacer. La posición por Casas de Neptuno es el lugar donde, hasta cierto punto, podemos compartir la experiencia de estas divinidades. En ese dominio podemos desmoronarnos, pero luego volver a levantarnos de una manera diferente, abiertos a algo que está más allá del ego. Actitudes como la buena disposición, la aceptación y la fe ayudan al proceso. A veces en la Casa de Neptuno, no contamos con otras opciones viables. Cuando Neptuno entra en contacto con algún planeta de nuestro mapa, normalmente nos incita a entregarnos totalmente a todo cuanto este planeta representa y ello hace que nos convertimos en víctimas o mártires a este respecto. Tanto las víctimas y los mártires se sacrifican a si mismos, pero la única diferencia entre los dos quizás estribe en que los mártires se sacrifican a si mismos con el fin de ganar algún tipo de reconocimiento o, bien, porque dicho sacrificio puede llegar a contener algún significado de índole espiritual. El efecto de Piscis en la cúspide de una Casa, o contenido en ella, es similar al de Neptuno.

PLUTÓN: Regente de Escorpio y la Casa 8
El Circulo del Espíritu encumbrándose por encima de la conexión entre la Media Luna del Alma sobre la Cruz de la Materia.

Nota clave: La invisibilidad. La eliminación, la destrucción, la regeneración y la pasión; la transformación. La psicología. El poder de evolución. Supervivencia. Obsesión. Coacción. Crisis. Paranoia.
Correspondencia psicológica: Aguante y perseverancia, la lucha despiadada por la supervivencia.
Implusos representados: Impulso hacia un renacimiento total. Impulso de penetrar en el meollo de la experiencia.
Necesidades representadas: Necesidad de purificarse. Necesidad de dejar pasar lo viejo mediante dolor.
Expresión positiva: Aceptación de la necesidad de concentrar la propia mente y la propia facultad volitiva en la transformación personal; tener el valor de enfrentar los más profundos deseos y compulsiones personales y transmutarlos a través de esfuerzo e intensidad de experiencia.
Expresión negativa: Expresión compulsiva de anhelos subconscientes. Terco manejo de los demás para que sirvan a los fines de uno; uso cruel de cualquier medio para evitar el dolor de enfrentar al propio yo. Infatuación con poder.
Nos fuerza despiadadamente a sacrificar las demandas de una sociedad o estructura, evolucionando. También se vale de todos los recursos para descubrir la forma de esa evolución. Es el poder al alcance de la gran organización del gobierno, que tienen o deberían tener un equilibrio económico para controlar el destino del hombre. Sin embargo la energía de Plutón es tan poderosa que cuando su dinamismo se usa positivamente elimina el parásito estancamiento del crecimiento, que destruye al hombre, la religión, la política y los trastornos sociológicos. Periódicamente trae una revisión de los valores prevalecientes pero que ahora deben dar paso a una nueva visión.

Plutón representa un compromiso para actuar sobre nuestras necesidades de transformación, para incorporar los niveles superiores de conciencia dentro de nuestro ser, sabiendo que todos los deseos y apegos tendrán que ser llevados a la superficie y purificados, y que tendrán que enfrentarse todas nuestras motivaciones verdaderas. En este nivel de la conciencia, ya no nos contentamos con el mero conocimiento o la infatuación; queremos que todos nuestros recursos mentales y emocionales se apliquen al proceso de transformación. Para los Griegos, Plutón se consideraba como la antítesis del Dios Apolo, por ende como enemigo irreconciliable de toda nueva vida. Esta interpretación corresponde a factores astrológicos; pues el Sol en el mapa individual muestra lo que estamos asimilando y en qué sector de la vida se expresa nuestro yo más recóndito, mientras que Plutón muestra qué aspectos de la personalidad deben eliminarse antes que el pueda crecer y en qué sector de la vida expresamos modos viejos y compulsivos del ser. Plutón se correlacionaba con el poder divino que vive dentro de la tierra (el Dionisos subterráneo) quien tiene las llaves de las grandes riquezas, lo mismo que quien da y luego quita las fuerzas dadoras de vida dentro de todas las formas naturales. Esta polaridad entre la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, lo nuevo y lo viejo, revela cuán íntimamente se conecta Plutón con los procesos vitales más profundos, activos en los niveles más hondos de la experiencia. Bajo esta luz, Plutón puede verse como un idéntico poder abrumador e impersonal de la Tierra, que Jung llamó "poder ctónico"; y la impiedad y la crueldad asociadas a menudo con Plutón son notablemente evidentes en la naturaleza, en la supervivencia de los más aptos es la norma, y los fuertes y astutos hacen presa de los débiles y lentos. Por supuesto, hay una ley natural que guía este proceso, pero no disminuye el terror y el horror que a menudo sentimos ante la crueldad impersonal de la naturaleza en el plano material. Uno de los aspectos paradójicos de la naturaleza de Plutón es que su simbolismo incorpora las viejas formas de vida que están listas para ser eliminadas y el poder mismo que destrozará esas formas y efectuará este tipo de cirugía psicológica-emocional. Esta aparente paradoja puede entenderse cuando vemos que la energía plutoniana está contenida dentro de las viejas formas y que sencillamente necesita activarse (por ejemplo, mediante un Tránsito potente) para que la energía se libere y así lleva las cosas rápida y compulsivamente a la superficie. Una analogía seria el brote de una semilla; pues la forma rígida y concentrada de la semilla se destruye realmente cuando empieza a agitarse la energía latente de la semilla. Cuando está recibe la humedad y el calor que necesita para que se desarrolle la energía potencial, la forma de la semilla se parte y realmente se usa como alimento a fin de nutrir y sostener al nuevo crecimiento. Podríamos tomar lección de esta analogía en la que mientras las viejas pautas y formas de vida se destruyen y eliminan de nuestra actual modalidad de vida durante un periodo plutoniano, la energía liberada de esta transformación (aunque en forma de dolor y profunda agonía) es la energía misma que nos nutrirá y permitirá pujar hacia adelante en procura de un nuevo crecimiento. Otro modo de plantear esto es que estamos encontrándonos más intensamente con nuestro karma en cuanto sector de la vida esté simbolizada en la posición de Casa de Plutón. Saturno revela ciertamente pruebas kármicas especificas y necesidades especificas de autodisciplina. Pero la esencia de la ley del karma es encontrar al "yo". Y la posición de Casa de Plutón muestra el campo de la experiencia en el que nos encontramos con nuestro viejo yo y nuestros deseos pasados. El sufrimiento obligado a menudo por la confrontación con este viejo yo es un claro ejemplo de cuán difícil es vivir de conformidad con el antiguo axioma de "conócete a ti mismo".

Plutón, en el mapa individual, revela qué trabajo tenemos que hacer en los niveles profundos de nuestro ser, qué pautas del ser tenemos que dejar salir, eliminar o rechazar. Podemos decir, en consecuencia, que la posición de Plutón en el mapa natal individual revela el ego viejo, o a la vieja caparazón de la personalidad que aún está activa y que todavía encarna una considerable concentración de energía psíquica. Mientras esta energía permanece inconsciente e inextricablemente conectada con viejas pautas de vida, actúa como un complejo psicológico que promueve pautas compulsivas y obsesivas de pensamiento y conducta en nuestra vida consciente. Sólo cuando esta energía se libera de los confines de la vieja caparazón -la caparazón que ahora hemos superado- podrá ser utilizada conscientemente para que nos ayude a manifestar la esencia de la individualidad solar, el nuevo modo de ser que es necesario para nuestro desarrollo. Plutón en el mapa individual simboliza, por tanto, (mediante la posición de Casa) las impresiones psíquicas, hondamente asentadas, resultante de deseos y acciones pasados, que ahora se manifiestan sutilmente como compulsiones que no tienen una explicación racional. En otras palabras, la naturaleza verdadera del deseo original ya no está clara para nosotros; empero, estamos aún a merced de esta inclinación, y esto a menudo nos aflige. La posición por Casa de Plutón, por tanto, también muestra dónde vivimos hasta el fin de acuerdo con un viejo deseo o pauta de conducta, y dónde los resultados de ese impulso abrumador están creando a menudo dolor y sufrimiento. Los aspectos de Plutón con otro planeta del mapa individual muestran cuán fácilmente podemos usar la energía de Plutón y cuán fácilmente podemos experimentar una regeneración plutoniana. Por ejemplo, un tipo similar de desarrollo y transformación pueden indicarlo tanto el Trígono como la Cuadratura. Cuando el aspecto es más fluido con los planetas personales, parece que la persona tiene a menudo conocimiento interior de por qué es necesario este cambio particular, y de allí que se acomode a los cambios necesarios con más facilidad. A menudo, parecen dar por sentado el hecho de que la vida exige siempre que dejemos atrás lo viejo y nos abramos a lo nuevo. Entre los aspectos tensionados, la Conjunción, la Cuadratura, la Oposición y el Quincuncio indican habitualmente una tensión interior y un desafío que deberemos enfrentar con intensidad y compromiso plenos, o que podremos tratar de eludir o de escapar de ello. La Oposición indica habitualmente que tendencias compulsivas, exigentes y porfiadas interfieren muy regularmente en el desarrollo de ciertas relaciones en nuestras vidas, muy raras veces advierten el hecho de que son sus exigencias sutiles -exigencias para que la otra persona sea distinta de lo que realmente es- las que crean los problemas de relación.  Los Trigonos y Sextiles pueden significar que expresamos fácilmente la energía plutoniana de modo creativo; pero esto no es siempre necesariamente cierto. Estos aspectos muestran efectivamente que está abierto el canal para que esa energía se exprese; pero si esa energía todavía no está depurada, ni regenerada, estos aspectos podrían significar sencillamente que expresamos más bien con facilidad el lado negativo y compulsiva de la energía de Plutón. De hecho, la razón de que Plutón, Escorpio y la Casa 8 estén tan conectados con la transformación es que tienen que ver con el poder de los deseos, los deseos que forjan nuestros apegos, los deseos que aún nos motivan compulsivamente. El hecho de llegar al corazón de estos sentimientos, de penetrar en el origen de estos deseos y sus implicancias podrá iluminar no sólo nuestra experiencia cotidiana sino también las pautas kármicas de nuestras vidas.

Como Quirón, Urano y Neptuno, Plutón es otro principio de "des-estructuración" que impulsa inexorablemente a la vida a seguir adelante y a deshacerse de formas viejas para dejar paso a las nuevas. Así como un serpiente se despoja de su piel, algo nos empuja desde adentro, desde muy profundo; nos impele a trascender las fases antiguas y gastadas de vida y nos señala el camino que ha de permitirnos seguir creciendo y evolucionando. Finalmente, lo nuevo se convertirá en lo viejo, y también eso habrá de ser abandonado para emprender aún una nueva fase. Plutón y Neptuno en particular, ambos dioses del mundo subterráneo, tienen en común ciertas similitudes, en cuanto socavan con ánimo subversivo nuestros antiguos marcos de referencia y nos obligan a levantar las manos y entregarnos. De todas maneras, difieren de forma espectacular en el modo de hacerlo. Como las termitas o la carcoma que devoran los cimientos de una casa, Neptuno disuelve lentamente las rigideces de la antigua estructura. Con Plutón, en cambio, el techo se nos viene encima, aplastándonos la cabeza como una tonelada de ladrillos. Más tosco que Neptuno, Plutón representa una presión creciente que gradualmente va llegando a su culminación, hasta que nos liquida. En tanto que Neptuno nos engatusa para que cambiemos, haciéndonos sentir que podemos limpiarnos y purificarnos por mediación del sacrificio y del sufrimiento, Plutón se asegura de que renunciaremos a lo viejo aniquilándolo totalmente, hasta que no queda nada. Con su exigencia de que un ciclo termine y comience uno nuevo, Plutón no nos deja otra opción que cambiar o morir. Aunque todo esto suene desagradable, y con frecuencia lo sea, debemos recordar que Plutón era también el dios de los tesoros escondidos y de las riquezas ocultas. Mediante la conmoción que él provoca, aquellas partes nuestras que habíamos desconocido y desterrado al inconsciente -y que estaban, por ende, fuera de nuestro alcance- son reclamadas para volver a ponerlas a disposición y uso de la conciencia. De esta manera volvemos a conectarnos con la energía perdida y además, como resultado, ganamos acceso a fuerzas y recursos hasta entonces ignoradas y no explotados. Algo más se gana al ser destruido, al perder lo que ha sido precioso, y por efecto de la desintegración de aquello que una vez nos servio como fuente de identidad y de vitalidad. Al ser despojados de todo se nos recuerda que hay una parte de nosotros que aún está allí después de que nos han quitado todo lo demás. En lo profundo del si mismo descubrimos algo que nos sostiene, a pesar incluso de la pérdida de las antiguas amarras del ego. Tal es el don que volvemos a encontrar en la Casa de Plutón: el conocimiento de algo en nosotros y que es indestructible, Plutón libera lo perdurable de lo que es meramente transitorio, y entonces renacemos con un sentimiento de estar vivos que es incondicional, no contingente respecto del mundo fenoménico, exterior o relativo que nos proporciona ciertos "soportes". Como es obvio, allí donde Plutón erige su altar en el mapa, no hay que tomarse al pie de la letra los asuntos de esa Casa. Aquí las consignas son la complejidad y fascinación.

En los dominios de Plutón, hemos de ir en busca de causas ocultas y motivaciones inconscientes y subyacentes. Al ego aislado no le interesa supervisar su propia destrucción. Plutón es el lacayo de un si mismo nuclear y más profundo, que se vale de este planeta para derribar los limites del ego y dejar en libertad una parte mayor de aquello que en realidad somos. Tal como lo expresa Jung, "hay cosas más altas que la voluntad del ego, y ante ellas uno ha de inclinarse". Plutón se va los extremos, y somos capaces de exhibir tanto lo peor como lo mejor de la naturaleza humana en el sector de la vida donde este planeta se encuentre. Cuando se pone en cuestión la omnipotencia del ego, nos aterra la posibilidad de vernos destruidos: de acuerdo con ello, procuramos protegernos controlando, aunque sea al precio de la traición o de la crueldad, lo que sucede en la Casa de Plutón. Sin siquiera saber por qué, podemos vernos arrastrados a actuar de manera compulsiva y obsesiva. Y sin embargo, en esa misma esfera, si reconocemos una fuerza misteriosa, más poderosa que nosotros, y nos ponemos a su servicio, tenemos la potencialidad para descubrir y exhibir nuestra mayor fuerza y nuestra nobleza, nuestro propósito y nuestra dedicación. No sólo resultamos significativamente cambiados por lo que sucede en ese dominio, sino que allí también es donde podemos actuar como catalizadores o desencadenadores de la transformación de otros. En algunos casos, la fuerza misma que mueve la historia puede adueñarse de los nativos para, por intermedio de ellos, poder operar en el dominio de Plutón. Probablemente los aspectos de Plutón sean los más difíciles de resolver pero, el explorarlos, a menudo nos proporciona grandes riquezas. Quizá las riquezas enterradas que se relacionan con los planetas que entran en contacto con Plutón sean las que posiblemente nos aporten la profundidad de pensamiento que podemos llegar a tener con respecto a este planeta. Tendemos a poseer imágenes muy oscuras de los mundos subterráneos porque, como es natural, estamos asustados de las cosas que no podemos ver y que no comprendemos. Las cosas que permanecen ocultas son siempre las más poderosas, de la misma forma que los aspectos más inconscientes de nuestra psique, potencialmente, son los más peligrosos, pero, junto con toda su fealdad, normalmente, también suelen ocultar algún tesoro y éste es precisamente el premio que recibimos por adentrarnos en el territorio de Plutón. Estudiaremos el mito de Fausto. Aquí, como en la leyenda de Parsifal, entramos en el mundo medieval, aunque la figura del mago y su lucha con el doble oscuro, el serpentino Mefistófeles, sea un relato más antiguo. Mefistófeles era un hijo de la Madre "cuyo poder siempre quería hacer el mal y sin embargo siempre hacia el bien". La historia de la avidez de poder y de placer de Fausto, su corrupción y su posterior redención ha inspirado óperas, novelas, juegos y sueños en todas las edades, y aunque actualmente tengamos dificultades en creer en criaturas como las Gorgonas y las Hidras, Mefistófeles está a la vuelta de la esquina. El mito del mago es un relato sobre el hombre o la mujer que, por amargura, soledad y aislamiento de sus semejantes desea vender su alma a cambio de obtener poder sobre todas las cosas que le han dañado en la vida. Así consigue poderes mágicos pero pierde su alma y se condena eternamente. De este modo su diabólico doble le persigue destruyendo el placer que podía haber alcanzado con el ejercicio de su poder. Al final cualquier cosa que toca se marchita. Aun así es un héroe, como Lucifer en el paraíso perdido (Milton tenia el Ascendente en Escorpio) ya que tiene la osadía de entrar en lugares en los que las "buenas" personas no se atreven a penetrar, y eso tiene cierto valor a los ojos de Dios. Así, al final del gran poema de Goethe, Fausto es redimido:

"... dice Dr. Fausto. Mi promesa me encadena. He menospreciado caprichosamente a Dios, abjurando de Él y siéndole infiel y he confiado en el diablo. Por lo tanto, habiendo perdido su Gracia no puedo volver a Él ni obtener consuelo alguno. Además, tampoco seria honesto y diría poco en mi honra si violara una promesa que he firmado con mi propia sangre. El diablo ha cumplido la promesa que me hizo y por consiguiente yo debo mantener la mía".

Según la biografía medieval así hablaba el Dr. Fausto, una sombría figura que perdió la vida intentando volar, ligado a la tradición de Simón el Mago de acts. Marlowe, en su drama, se mantuvo estrechamente fiel a la leyenda del corrupto y disparatado Dr. Fausto, pero Goethe cuya comprensión y penetración era más profunda, lo convirtió en un estadio del viaje del alma de la oscuridad a Dios. Goethe atendió básicamente al egotismo de Fausto y a su búsqueda ciega del poder pero infundió en el carácter de Fausto toda la grandiosidad empeñada del ángel caído Lucifer. El egoísmo de Fausto abre la puerta a Mefistófeles, el espíritu de la negación. El diablo reptiliano no es fogoso ni está inflamado por la pasión sino que es frío, tan frío que marchita toda frescura e inocencia. En la introducción a su traducción de Fausto Philip Wayne escribe:

"Parece simple, pero no por ello es menos profundo, decir que el cinismo es el único pecado. Para apreciar justamente al diablo de Goethe debemos conocerlo bien. Es el retrato más convincente de Satán, y su cinismo, sus burlas y sus negaciones son la nota fundamental de su intelectualidad... Es más moderno hoy que ayer. Una mecanógrafa, por ejemplo, puede encontrarlo escondido en su secreto resentimiento por todas las obscenidades que debe escuchar en la oficina. Satán está presente hoy en día como en la antigüedad y la antigua palabra diabolo tiene hoy el significado de balística y "difamación".

La actitud de negación cínica es una plaga que afecta a muchos Escorpios. A menudo permanece oculta tras un aspecto más optimista y el individuo desconoce su negatividad destructiva y sólo tiene conciencia de ella a través de algunos efectos apenas perceptibles en su vida. Es un tipo de depresión o de apatía, una convicción de que nada cambiará, que hunde sus raíces en la desesperación de la infancia y una particular sensibilidad hacia el lado oscuro del psiquismo que el escorpiano posee desde muy joven. Fausto hace un trato con Mefistófeles, le entrega su alma a cambio de parar el flujo de la vida y mantenerle en el momento presente. Esto parece estar relacionado con la fijeza del escorpiano ya que por su amargura y negatividad suele aferrarse a la felicidad y al placer en lugar de fluir, de modo que en el mismo momento de la posesión pierde su felicidad. Los celos y la posesividad son un tema típico de Plutón que suele marcar negativamente las relaciones con los demás. Esto es lo que Fausto formula a su Mefistófeles:

"Salvado está el noble huésped del mundo de los espíritus, está salvado del mal.
Bien merece este premio aquél que ha sabido luchar sin descanso.
Animado siempre por nobles deseos.
El propio amor se interesa por él desde de las alturas.
y el celestial cortejo se adelanta a recibirle
y le dispensa una acogida fraternal".

Fausto y Mefistófeles configuran una diana que me parece el vivido retrato de un conflicto inherente a Plutón que, a pesar de su tendencia al orgullo y el egoísmo, al cinismo y a la avidez de poder, no deja en ningún momento de aspirar al amor, y eso le redime. Sea lo fuera lo que sintamos sobre Fausto, se trata de una de las obras más grandes y complejas de la creación literaria ya que encarna el dilema humano arquetípico. En la segunda parte del poema de Goethe, Fausto realiza una obra alquímica a través del aire, del agua, del fuego y de la tierra, descendiendo al misterioso mundo de la Madre y ascendiendo después a los cielos, y en su viaje de purificación nunca abandona su búsqueda espiritual. Jung estaba fascinado por la figura de Fausto, veía en él la encarnación de un problema inherente a la cultura occidental, el difícil y espinoso sendero de caminar por la cuerda floja de una renuncia a la vida motivada por un amargo cinismo sobre las posibilidades del mundo y una identificación y una indulgencia demasiado grande en el dominio de las gratificaciones materiales. Fausto es un hombre espiritual y un hombre sensual y de ese modo puede caer presa de las trampas que acechan a ambos: el rechazo de los seres humanos y el rechazo de Dios. Jung describe el complejo carácter de Fausto del siguiente modo: "El anhelo de Fausto le lleva a la ruina. Su nostalgia por el otro mundo le lleva a aborrecer la vida, conduciéndole al borde de la autodestrucción, y, al mismo tiempo, su ansia por la belleza del mundo le sumerge en un renovado infortunio, en la duda y en la desdicha, que culmina con la tragedia de la muerte de Gretchen. Su error fue el de dejarse arrastrar por lo peor que le ofrecían ambos mundos siguiendo los impulsos de su libido, como un hombre dominado por fuertes y violentas pasiones." Muchos daimones de Plutón se ajustan estrechamente a esta imagen, que le impulsa simultáneamente de un modo violento hacia arriba y hacia abajo y, como la imagen primitiva de lucha con el dragón, deben pelear con él y aprender a vivir con las imágenes vitales y aterrorizadoras de la vida instintiva representadas, en su aspecto negativo, por la Gorgona y la Hidra. Las elevadas aspiraciones, que como dice Jung pueden llevarle a despreciar la vida, y su poderosa sensualidad, que le arroja al mundo, son compañeros de viaje muy poco agradables, ambos se originan en su propio centro, mitad sexualidad y mitad espiritualidad, y así Fausto debe realizar un largo camino. Para Plutón no es fácil combinar el erotismo espiritualizado con la espiritualidad erotizada de ese modo no resulta sorprendente que, ante la imposibilidad de reconciliar ambos aspectos muchos escorpianos repriman o subliman uno u otro. Fausto, aunque "tome lo peor de ambos mundos", termina abarcándolos a los dos y se convierte en una figura de dignidad y de redención potencial. Cuando Escorpio está en la cúspide de una Casa, o contenido de ella, su interpretación es similar a la Plutón en este mismo emplazamiento.



                 
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