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Astropsicología Holística

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El Factor Edad y los Ciclos Genéricos de Júpiter, Saturno y Urano



El ciclo de la vida: el enfoque holístico

Todo estudio serio de los ciclos de Tránsito en la vida de una persona exige que el estudiante los trace para toda la vida -es decir, para un lapso de 70 a 84 años. De este modo, se podrán establecer las culminaciones de esa vida y también el largo de tiempo entre ellos. Nunca deberá olvidarse que el potencial de todo ciclo corriente de Tránsitos es condicionado por lo que ocurrió y se concretó durante el ciclo anterior. El ciclo pasado -la porción vivida de la vida- deberá analizarse antes de que pueda entenderse cualquier situación presente. La vida total deberá ser el trasfondo sobre el cual se examinará cualquier momento particular. Como Plutón y Neptuno no pueden completar su ciclo durante la vida, uno deberá empezar anotando los cuartos del mapa que serán recalcados por sus movimientos de Tránsito, lo mismo que los aspectos mayores que ellos efectuarán en el mapa natal durante la vida entera. El cuarto del mapa más recalcado por Plutón en Tránsito indica la esfera en la que el universo o la sociedad efectuarán sus demandas más fundamentales sobre el individuo. También señala el sector de la vida en el que el individuo podrá efectuar su contribución más significativa a las necesidades de los tiempos. Los cuartos del mapa natal acentuados por Neptuno en Tránsito indican las esferas en las que las pautas de conducta del ego consciente se cuestionarán o disolverán sutilmente a través de la presión de acontecimientos o valores colectivos.Como Urano puede tomar una vida entera o más para completar su ciclo, el uso verdaderamente individualizado de la función de Urano se mide desde de la edad en la que el planeta alcanza por primera vez un Ángulo del mapa natal. Si, por ejemplo, la posición natal de Urano es la Casa 4, entonces el ciclo individual no empezará hasta que llegue al Descendente por Tránsito. En este caso, el significado del cuarto de verano será particularmente importante como la fuente de la inspiración uraniana para el individuo.

Los ciclos de Saturno y Júpiter empiezan a tener un significado verdaderamente individual después que por primera vez alcanzan al Ascendente. Los años desde el nacimiento hasta ese momento son un periodo en el que estos planetas "actúan" como influencia hereditarias, familiares o sociales sobre el individuo en crecimiento. Sin embargo, la edad de una persona cuando estos planetas llegan al Ascendente por primera vez es un factor importante a considerar, pues no se puede hablar habitualmente del "uso individual" de Saturno o Júpiter cuando el contacto del Ascendente tiene lugar en los primeros años de la niñez. Debido a este hecho, este estudio de los ciclos genéricos (y, por tanto, no individuales) de Saturno y Júpiter es extremadamente significativo. En estos ciclos de 30 y de 12 años, las fases criticas del desarrollo son marcadas por las Cuadraturas en Tránsito, la Oposición y el retorno a la posición natal. Como Júpiter y Saturno deben estudiarse siempre en relación recíproca, debe notarse dónde las Conjunciones, las Cuadraturas y las Oposiciones de Júpiter/Saturno caen el mapa natal. Las Conjunciones son claves especialmente importantes para la pauta básica de la relación de una persona con su destino social y nacional. Llegan en intervalos de 20 años, de modo que, al menos, hay tres de ellas en un lapso normal de vida. Especialmente, en el caso de personas orientadas hacia el público, deben notarse las Cuadraturas y Oposiciones en Tránsito, particularmente en términos de las Casas implícitas, y además, dónde las Conjunciones y Oposiciones de Júpiter/Urano, Júpiter/Neptuno, Saturno/Urano y Saturno/Neptuno en Tránsito caen en el mapa natal, lo mismo que las posiciones de las Casas de las fases criticas en el ciclo Urano-Neptuno. Finalmente, el estudiante debe también estudiar los ciclos de Eclipses y Nodos, y a los menudos repetidos ciclos Retrógrados de los planetas que se desplazan más rápidamente: Mercurio, Venus y Marte. Todos éstos son parte del desenvolvimiento cíclico del ser en su relación con los Tránsitos. La base interpretativa de todos estos ciclos de Tránsitos es el factor edad. La edad de un individuo en la época de las fases criticas de los ciclos de Tránsitos proporciona una clave básica del modo en que deben interpretarse estas crisis. Trazando las fases criticas de todos los ciclos de Tránsitos de acuerdo con los periodos de 7 años mencionados más tarde y de acuerdo con la edad en que ocurren, el estudiante verá un cuadro compuesto muy revelador de la vida en conjunto. Las relaciones mostradas por tal estudio son de máxima importancia para entender un problema o una crisis actual, y se perderán por completo si el estudiante es demasiado perezoso o se orienta hacia los acontecimientos en demasía para mirar más de un año o dos cerca del momento de la consulta. Sobre todo, en la astrología humanística, el individuo está en libertad para elaborar su propio destino. La astrología puede revelar posibilidades -no certidumbres, y nadie que interprete un mapa natal debe prometer nada. La astrología humanística se convierte, pues, en un ejercicio de toma de decisiones interiores -al elegir lo que uno decida ser respecto de lo que potencialmente  podría llegar a ser.

El Factor Edad

En el enfoque humanístico, los acontecimientos son importantes en el contexto del significado que un individuo les da. Este contexto del significado se relaciona directamente y depende de la edad de ese individuo en la época del acontecimiento -pues la edad es el "continente" en el que se tiene las experiencias de la vida. El mismo acontecimiento exacto que ocurre en diferentes tiempos de una vida tendría un significado totalmente diferente. Por ejemplo, tomase la experiencia de estar accidentalmente encerrado en un cuarto de baño. Tal experiencia bien podría ser profundamente perturbadora para un niño pero probablemente para un adulto la encontraría divertida o molesta. Aunque la mayoría de los estudiantes se da cuenta, al menos en teoría, de que las Progresiones y los deben considerarse en relación con la edad, en la interpretación real de un mapa natal ignoran a menudo la edad y leen el mapa del modo en que se les enseñaron -o sea, mediante el método del libro de cocina; simplemente, no saben cómo emplear el factor edad. La mayoría de los textos astrológicos ignora el factor edad, tal vez porque los autores creen que es demasiado evidente mencionarlo, o, más probablemente, porque omitirlo es una necesidad editorial. Por ejemplo, un texto tipo de 300 páginas llegaría a quizá 3.000 páginas o más si el "significado" de cada aspecto se presentara en términos de las diferentes edades en que podría experimentarse. Si un estudiante de astrología no puede observar libros ni maestros, ni la experiencia de su práctica astrológica para aprender acerca del factor edad, ¿dónde podrá, pues, buscar? La moderna psicología profunda suministra una sola fuente: la obra de Carl Jung en "Las etapas de la vida".

El Ciclo de la vida

Es fundamental una visión holística de la vida para toda discusión o interpretación del factor edad. Debe verse que la vida misma es un ciclo, y que los diferentes periodos de la vida son meramente fases de ese ciclo. Como las fases de la Luna, el ciclo de la vida tiene una mitad creciente y una mitad menguante. Por tanto, es un error suponer, como lo hacen muchas personas, que el significado de la vida termina con el periodo de la juventud y la expansión. La mitad menguante de la vida está tan lleno de significado como la mitad creciente, pero el significado cambia. Los estudiantes deben considerar esta diferencia entre los problemas de la juventud y los de la vejez y deben reconocer que no pueden resolverse del mismo modo. La juventud, la ola ascendente de la vida, es básicamente extrovertida, un tiempo de crecimiento y expansión en todos los niveles del desarrollo -físico, mental, emocional y social. Los problemas de este tiempo de la vida son problemas extrovertidos -educación, matrimonio (y divorcio), hijos, dinero, posición social, carrera y sexo. La exigencia es despejar las barreras para la expansión en todos estos niveles, y esto requiere soluciones extrovertidas -o sea, acción en el mundo físico/material. Después de un periodo simbólico de Luna Llena, comienza la ola descendente de la vida. Los problemas de esta segunda mitad de la vida son introvertidos y necesitan una retasación de todos aquellos valores estimados durante la primera mitad. Se torna necesario apreciar la importancia de los ideales opuestos a los de la juventud. La exigencia es volverse cada vez más objetivo hacia todo lo que parecía importante durante la primera mitad de la vida. Los valores se tornan menos absolutos. Todo lo humano es relativo porque, psicológicamente, todo reposa sobre una polaridad interior de los valores. Este axioma es uno de los cimientos del simbolismo astrológico, lo mismo que de la psicología profunda junguiana, y también debe ser fundamental para la interpretación astrológica. Muchos problemas psicológicos que surgen durante la segunda mitad de la vida derivan de cosas incompletas y omisiones durante la primera mitad. El intento de prolongar la juventud es resultado de no haberla experimentado realmente en su tiempo apropiado. Si bien debe ser claro que la mitad menguante del ciclo de la vida no es el tiempo de los intereses extrovertidos, debe igualmente ser evidente que la mitad creciente no es el tiempo para los intereses introvertidos. "Para todo hay tiempo de sazón, y un tiempo para toda finalidad bajo los cielos..."


El hemiciclo Creciente

Fase 1: Edad 0-7: Desarrollo del cuerpo, sus órganos y sus armónicos psíquicos. Ajuste básico a las presiones externas, especialmente dentro de la familia.

Durante este periodo, se construyen el cuerpo y las estructuras psíquicas básicas de la personalidad futura. La sustancia que llenará estas estructuras es provista por la herencia genérica y cultural, por las condiciones ambientales que prevalecen en el tiempo y el lugar del nacimiento. Estas producirán oportunidades de crecimiento armónico o tensiones frustrantes. Todo lo que ocurre en este nivel orgánico del desarrollo dejará su marca. Estas condiciones influyen no sólo sobre el crecimiento biológico del niño, sino también sobre sus instintos básicos y las armonías psicológicas esenciales de estos instintos. En el periodo de crecimiento y aprendizaje máximos, el niño no sólo logrará entre los 70 y el 74 por ciento de su potencial físico de crecimiento, sino que al mismo tiempo dominará todas las aptitudes esenciales necesarias para vivir como un ser independiente. Aprende a alimentarse y vestirse, a caminar, hablar, leer, escribir y efectuar cálculos aritméticos sencillos. También aprende sobre los peligros específicos de su medio ambiente y las cosas necesarias para la supervivencia, incluida la conducta negativa o antisocial como mentir, engañar o robar. Para esta época se instalan en él sus valores y creencias básicos. Todas estas cosas dan a un niño su actitud característica particular hacia la vida, y muchos psicólogos son de opinión que el adulto nunca consigue realmente vencer y transformar cuanto se construyó en su cuerpo y su psiquis antes de los siete años de edad. Igualmente importante para el desarrollo posterior del niño es la influencia de factores faltantes. Así como una falta de calcio durante esta época inhibirá el desarrollo de huesos fuertes y derechos, la falta de amor inhibirá el desarrollo de la capacidad de amar del niño. Al adulto que atraviesa la vida buscando una madre que le faltó, probablemente a tenido la experiencia de no ser nutrido en esta fase. Así, los aspectos -especialmente las Conjunciones- que se tornan exactos por Progresión durante estos primeros años de vida darán la clave del condicionamiento básico de la actitud del niño hacia la vida.

Fase 2: Edad 7-14: Construcción del ego consciente: desarrollo del sentido del Yo. Comprobación de los propios poderes personales en autoexpresión activa.

El primer periodo termina durante el séptimo año, pero antes de cumplirse los siete años. Este cambio de nivel o fase ocurre a menudo en la época en la que salen los primeros dientes permanentes, lo cual, según Rudhyar, es un síntoma muy significativo de una crisis orgánica y espiritual muy básica. Cuando los dientes ya maduros reemplazan a los dientes de leche, el niño debe entonces más bien "mascar" sus experiencias sobre la base de sus propias características del ego que sobre el ejemplo de sus padres. La Cuadratura creciente de Saturno a su posición natal es de correspondencia astrológica a esta crisis y revela una aceleración o una demora en el proceso del crecimiento. El equivalente psíquico del nuevo conjunto de dientes es el desarrollo del ego como una estructura psíquica autónoma. Cerca de los 7 años de edad, Urano llega a la segunda fase de su ciclo -la fase de la substanciación o encarnación. El principio de la individualidad, el "Yo" empieza a operar más fuertemente dentro del organismo cuando el niño habla cada vez más en si mismo en primera persona. Hasta que el niño dice "yo", es todavía una expresión de la influencia de los padres más que un organismo psíquico autónomo. Esto es así sin tener en cuenta si el niño acepta o se rebela contra la imagen que sus padres y su familia intentan grabar en él. En uno u otro caso, durante este periodo, empieza su existencia verdaderamente personal, y el niño revela una respuesta cada vez más clara e individual a la vida. Intentará exteriorizar sus sentimientos interiores -asumiendo actitudes y creando situaciones deliberadamente a fin de poner a prueba las reacciones de su cuerpo y su psiquis, lo mismo que cómo reaccionarán su familia y sus iguales. Para construir su sentido del "yo" y su poder personal, y luego observar qué ocurre. Deberá medirse contra las limitaciones impuestas por los padres, maestros, figuras de autoridad, y sus iguales. El resultado básico de este segundo periodo de 7 años es la autoafirmación creadora -el desarrollo de la voluntad. Para expresarse armoniosamente, el niño deberá poder asimilar plenamente la experiencia que la vida le aporta. Cuanto ocurra durante este segundo periodo influirá sobre su capacidad para revelarse a si mismo, y expresar externamente lo que se revela. La voluntad puede expresarse a través de actividades dirigidas contra algún adversario potencial o real, o puede manifestarse creativamente a través de actividades que moldeen materiales inertes en una imagen escogida por uno. Esto puede verse en los juegos competitivos de los niños con sus oportunidades para el ejercicio de mando, la proeza y el poder, cuyo ejemplo extremo es la guerra de pandillas. Por otro lado, esta misma fuerza volitiva puede expresarse a través del juego espontáneo de las facultades artísticas, especialmente a los 10 años y medio de edad -el punto medio de este periodo de 7 años. En la creatividad no existe adversario, sólo materiales a usar, amoldar y transformar en lo que uno quiere que sean. Aquí, la dificultad potencial es que el niño en esta edad descubre que sus esfuerzos creadores son sofocados por los diversos convencionalismos y tabúes sociales y culturales del mundo de los adultos. Los juguetes exquisitamente perfeccionados no proporcionan una oportunidad para que florezca la creatividad individual, y el niño pierde la excitación del autodescubrimiento al ver los resultados de sus propios esfuerzos al moldear y transformar la materia prima. De este vientre nace un espécimen de la mentalidad colectiva en vez de un individuo.

Fase 3: Edad 14-21: Desarrollo de las facultades emocionales y mentales. Orientación emocionalmente centrada hacia la cultura, la religión y las instituciones de la sociedad de uno.

Este periodo de 7 años empieza con la crisis de la pubertad. Según Jung, la erupción de la sexualidad corresponde al nacimiento del vientre psíquico del medio ambiente paterno y familiar. Ahora debe tener lugar una diferenciación consciente de los padres. Al padre y a la madre se los debe ver ahora como adultos (aunque en el sentido más estricto este término no se aplica a menudo), como seres humanos con el derecho a cometer errores, más que como las infalibles figuras paternas de la primera niñez de uno. Al comienzo de este periodo, Saturno se opone a su posición natal y el Sextil de Urano a Urano natal inicia la tercera fase de su ciclo. El aspecto de Oposición en la astrología humanística es siempre un símbolo de consciencia objetiva a través del impacto de las experiencias en la relación humana. En el ciclo de Saturno, el objeto del conocimiento es el sentido de la responsabilidad en las propias relaciones intimas, y este problema de la relación representa la exigencia central de la adolescencia. Antes de los 14 años de edad, el joven se expresa creadoramente y afirma su voluntad sin que tenga necesariamente consideración alguna hacia los resultados de sus acciones o su efecto sobre otras personas. Su deseo fundamental es simplemente ser él mismo -descubrir a través de la experimentación las posibilidades latentes dentro de él. En esta tercera fase del ciclo vital tiene ocasión de llegar a ser más plenamente lo que es a través de Saturno, si bien se vuelve diferente a través del impacto del nuevo tipo de experiencias cotidianas que ahora tiene con Urano. De pronto, en la arremetida de la adolescencia (pues la adolescencia es algo que no ocurre gradualmente) siente un nuevo impulso que crece dentro de él -el impulso de formar relaciones profundas y significativas. Bajo la estimulación de los cambios biológicos y glandulares, nace el amor adolescente y se convierte en el primer motor de la tercera fase del ciclo vital. En el nivel biológico-sexual, y ocasionalmente en otros niveles también, el adolescente se somete a un ritmo vital más que personal. De un modo u otro, empieza a sentir el impulso de participar en el ritmo de la totalidad más vasta de la que él es una expresión: la raza humana. Fuerzas aparentemente fatídicas, tanto dentro como fuera del individuo, le introducen en el mundo y le envuelven en él. Cosas que antes eran ajenas a su experiencia son ahora de vital interés para él. Se ensanchan los horizontes, y la anteriormente estrecha estructura de referencia se destruye en la tensión de los opuestos, conduciendo idealmente hacia un alcance más vasto y elevado de la consciencia. Por primera vez, el joven debe aprender por contraste (el aspecto de Oposición) quien y qué es. El amor se convierte en el gran revelador. Como la confrontación es la naturaleza del aspecto de la Oposición, el amado se convierte en la imagen espejada del yo y sus necesidades. Inicialmente, el amado es una figura idealizada que se basa en las ilusiones de la niñez y que es formada principalmente por los medios masivos de comunicación. Cuando la imagen ideal se proyecta en un ser humano real, la experiencia de la diferencia obliga a que uno modifique esas ilusiones. El amado puede, a su tiempo, llegar a ser una encarnación de las supremas aspiraciones del yo cuando la relación consciente verdadera reemplaza a la proyección. Antes de que el individuo que emerge pueda darse cuenta realmente de su pleno potencial deberá primero contemplarlo. El amor es una contemplación. Los años de escuela de este periodo tienen una finalidad mucho mayor que el simple amontonamiento de datos. Esta es la época en que uno aprende responsabilidad social. Asimismo, son los años de educación superior y, lo que es más importante, de la educación voluntaria. Antes de esta edad, el niño estaba legalmente obligado a permanecer en la escuela. Los padres eran responsables de enviarle a la escuela y los maestros eran responsables de mantenerlo allí. Sin embargo, después de los 14 años de edad (o poco después) el estudiante está en libertad de marcharse; y si se queda, es porque él lo decide. Así, aceptando la responsabilidad de su propia educación, el joven se convierte en participe activo y da el primer paso en el hecho de asumir una responsabilidad adulta plena; y hacia el final de este periodo, ocupará social, política y profesionalmente su posición individual.

Fase 4: Edad 21-28: Elección de socios y de tipo de participación social de uno. Establecimiento de la actitud básica hacia los frutos del pasado personal y socio-cultural. Rebelión contra la familia y/o la sociedad.

Este periodo de siete años se vincula astrológicamente con la primera Cuadratura menguante de Saturno y la Cuadratura creciente de Urano, que inicia la cuarta fase del ciclo de Urano. Este último aspecto coincide con el esfuerzo para abrirse camino (Cuadratura creciente) en el mundo profesional, comercial y cultural; y para adaptarse tan bien como sea posible en la vida de la propia comunidad. El aspecto de Saturno, por otro lado, señala la necesidad de separarse del pasado (Cuadratura menguante) y de las actitudes que se basaban en la vida despreocupada típica de los años escolares. Muchos de los ideales y objetivos que antes se tenían deberán examinarse bajo una nueva luz y adaptarse a las realidades de la existencia cotidiana de los adultos. Esto puede ser difícil y arduo para muchas personas. El joven tiende a apegarse a sus actitudes emotivas adolescentes, y le gustaría seguir actuando como si la vida fuera campo de expresión ilimitada del Yo según deseos estrictamente personales. En esta cuarta fase del ciclo vital, se dejan caer los últimos vestigios que quedan de la juventud. Las experiencias de este periodo de la edad revelan muy claramente la diferencia entre una Cuadratura creciente y una menguante. La crisis descrita por una Cuadratura creciente es extrovertida y existe en el nivel de la actividad. A menudo la acompaña una sensación de alborozo y excitación, cuando el individuo se lanza al encuentro de las dificultades que la vida le pone en su senda y a elaborar su propio destino de manera objetiva y concreta. La Cuadratura creciente de Urano afecta de este modo a la persona joven y dirige su atención hacia el futuro -hacia las metas que se fije cumplir. Lo que está delante de ella son oportunidades nuevas e interesantes. Concurrentemente, la Cuadratura menguante de Saturno dirige la atención hacia adentro, rumbo a una evaluación del pasado, señalando las cosas que deberán dejarse atrás, o, por lo menos, modificarse y reconsiderarse. Exige que se rompan los hábitos e ideales establecidos, tarea que a menudo es muy difícil. La crisis descrita por esta Cuadratura menguante es introvertida, exigiendo crecimiento en la madurez personal. Sin embargo, tales necesidades personales sólo podrán satisfacerse atendiendo a las necesidades de la sociedad. Así, la lección principal de esta Cuadratura menguante de Saturno será darse cuenta de la necesidad de actuar de manera responsable en todos los tipos de relación, ya sean interpersonales o sociales. El triunfo del esfuerzo uraniano para marcar un nuevo sendero como individuo dependerá del propio triunfo en apartarse de los viejos apegos y actitudes bajo la Cuadratura de Saturno, y el triunfo en las relaciones tanto interpersonales como sociales dependerá de la fuerza de la voluntad de un individuo para alcanzar la madurez psicológica. La astrología aclara la cuestión de que el propio triunfo personal en los años posteriores dependerá casi enteramente del modo en el que el individuo maneje estas dos Cuadraturas entre los 21 y los 28 años de edad. El estudiante debe también mirar los fuertes aspectos Progresados o en Tránsito respecto del mapa natal durante este periodo. Estos mostrarán las oportunidades o confrontaciones especificas que permitirán al adulto joven apartarse del vientre psíquico constituido por las influencias paternas de la niñez, lo mismo que por las actitudes emocionales e intelectuales construidas dentro del ego por un particular medio ambiente socio-cultural y económico. Estas actitudes e influencias forman las barreras para la propia experiencia del Yo, y hasta que se las puede reconocer tan precisamente que no se las confunda con el "yo", uno no podrá asegurar su individualidad verdadera. En consecuencia, todo lo que en la vida se experimente antes de los 28 años gira primordialmente en torno de la propia relación con su familia -o con cuanto la haya sustituido. Una persona deberá crecer y descubrirse -descubrir su verdad y finalidad vital mientras vive dentro de un medio familiar. Al mismo tiempo, el individuo deberá efectuar un esfuerzo para crecer fuera de la familia y separarse psíquicamente de sus influencias predominantes, si ha de llegar a ser un verdadero individuo. Cuando uno emerge del estado de dependencia de los padres y las pautas familiares, si no físicamente al menos espiritualmente, el problema toma una forma nueva y diferente en su vida. Después de los 21 años de edad, las personas procuran, por lo general, construir sus propias familias -se instruyen para un trabajo, se casan y tienen sus hijos. La mayoría ha experimentado estas cosas antes de llegar a los 28 años de edad, o, por lo menos, sabe el modo en que quiere organizar su vida. Lo que ocurre después de los 28 años, hasta la próxima crisis principal de la vida cerca de los 56 ó 60 años, será el resultado de las opciones tomadas y de las actitudes adoptadas antes de los 28 años. Por tanto, lo que debe entenderse claramente es que cuando se haga antes de los 28 representará psicológicamente, los diversos modos adoptados en el esfuerzo por emerger de la matriz familiar y de las presiones del medio ambiente social. La opción de esto es un ajuste pasivo -aceptando tranquilamente y siguiendo las pautas familiares y sociales establecidas.

Fase 5: Edad 28-35: Liberación de dote creadora de la personalidad. Posibilidad de "2º nacimiento" como semilla creadora del futuro. Negativamente, cristalización progresiva de la actitud personal en términos de pautas ancestrales y sociales.

En la triple división del ciclo de Urano, los 28 años marca el comienzo del segundo periodo con el Trígono de Urano a su posición natal. Esto inicia la fase quinta del ciclo. La Luna Progresada retorna también a su posición natal en ese año, y la posición de los Nodos de la Luna se invierten -el Nodo Norte en Tránsito en el Nodo Sur natal, y el Nodo Sur en Tránsito en el Nodo Norte natal. En el ciclo progresado de lunaciones , el Sol y la Luna repiten el mismo aspecto a la edad de 30 años como lo hicieran al nacer, y Saturno en Tránsito retorna a su posición natal y empieza un nuevo ciclo. Además de todo esto, a los 30 años de edad, Júpiter y Saturno en Tránsito están en aspecto opuesto y, por tanto, complementario, a su aspecto natal. Así, si estuvieran en Conjunción al nacer, estarán en Oposición a los 30 años de edad. Partiendo de todo esto, un estudiante podrá ver fácilmente que el periodo desde de los 27 a los 30 años de edad es un importantísimo lapso crucial en las vidas de todas de las personas. Una segunda crisis de esa índole ocurrirá durante el periodo de los 56 a los 60 años de edad, y lo trataremos más tarde. Rudhyar se refiere a estas edades como los nacimientos potenciales segundo y tercero. En esta fase, el individuo nace de lo colectivo; mientras que en el renacimiento aún por venir, el yo espiritual nace de la personalidad. Cada individuo concebido es la suma total del pasado colectivo, y, hasta los 28 años de edad, sigue siendo primordialmente resultado de su herencia ancestral y cultural. La finalidad de estos primeros 28 años -el primer ciclo completo de Saturno- es asimilar todo lo uno pueda de este pasado. Entonces, recién entonces, podrá emerger el verdadero individuo creador. La personalidad expresada plenamente podrá fluir solamente de una síntesis individualizada de las influencias y frutos colectivos del pasado. Antes de los 28 años se está aún dominado por estas influencias colectivas, y lamentablemente, mucho después de esa época, muchas personas siguen manteniéndose adherentes pasivas de sus modalidades ancestrales -ejemplos indistintos de una cultura nacional o local y de una mentalidad colectiva. Sin embargo, a los 28 años se abre la puerta y uno se presenta con la oportunidad de empezar a afirmar su verdadera individualidad, manifestando su propio destino único y efectuando su propia contribución particular al mundo. El Trígono de Urano -símbolo de esta oportunidad para la visión creadora- es capaz de hacer que uno se dé cuenta de para qué está aquí, por oscuramente que se experimente esta sensación de relación con algún ideal, meta o función. Cada uno de nosotros, en la visión humanística, es en potencia un elemento completamente nuevo que puede sumarse a la raza humana. La comprensión de esa necesidad llega alrededor de los 28 años de edad -la época de un posible "segundo nacimiento" en el nivel del logro psicológico y mental. Los 28 años es el comienzo potencial de la vida como individuo creador. Desde de los 28 hasta los 42 años de edad, el resultado básico será el establecimiento claro del yo como una personalidad integrada que trabaja de un modo nuevo y particular en la propia comunidad, es capaz de producir algo de valor dentro de esa comunidad. El retorno de Saturno a su lugar natal marca la oportunidad de dar un nuevo significado a la propia vida, basada en una actitud verdaderamente individual y también en la capacidad de relacionarse responsablemente con la totalidad mayor de la que uno puede ser parte consciente y creadora. El reverso del aspecto natal de Júpiter-Saturno revela la posibilidad de una perspectiva más objetiva en las tradicionales modalidades sociales, culturales y religiosas de los tiempos de uno. Teóricamente, todo lo que ocurrió desde el nacimiento se dirigió, en la vida espiritualmente positiva, a la realización, alrededor de los 28 años de edad, de la contribución individual que uno puede hacer en la vida. De allí en adelante, la vida podrá tener un significado original y personal, pero sólo si uno comprende más o menos claramente el tipo de ideal, la finalidad o necesidad humana que es capaz de satisfacer, y luego concentra su atención conscientemente en esta meta. Deberá descubrir sus propios modos de ocupar una posición individual e independiente en relación con los problemas que escoge afrontar. Cuando uno logra realizar o producir antes de los 28 años de edad será el florecimiento del pasado -su pasado del alma o su pasado genético. No será expresión de su identidad individual. Una persona puede nacer con dotes especiales; sin embargo, lo que importa es lo que hará con ellos como individuo. Deberá hacerlos servir a alguna nueva finalidad decidida conscientemente, o esos dotes le usarán en él. En otras palabras, la prueba es siempre cómo usar el propio legado del pasado de modo tal que, en vez de ser simplemente una expresión de él, una persona pueda decidir cómo lo usará como medio para contribuir a algo nuevo -algo que no existía antes que ella existiera.


El hemiciclo Menguante

Fase 6: Edad 35-42: Culminación de dote física y personal. Ulterior cristalización de actitud personal en términos de la actividad y la consciencia desarrollada entre los 28-35 años.  Necesidad de decidir claramente lo que uno tiene que hacer en la vida, conduciendo tal vez a intentos de purificar la personalidad.

Este periodo de 7 años marca el comienzo del hemiciclo menguante de la vida. Antes de esta época, las energías vitales se estuvieron construyendo y expandiendo; ahora empiezan su ola descendente. Cada nivel sucesivo, desde de este punto en adelante, será una expresión introvertida de su contraparte extrovertida durante la onda ascendente, y entrarán en juego los valores e ideales opuestos. El nivel extrovertido correspondiente a la edad entre los 35 y los 42 años es el periodo que lo precede inmediatamente -la edad de los 28 a los 35 años. Estos dos niveles forman juntos una meseta, ambos son niveles de la personalidad, y el primero se ocupa de las manifestaciones externas y la liberación de energías creadoras; mientras que el periodo entre los 35 y los 42 años se ocupa de las actitudes y creencias personales de las que brota la creatividad. El último periodo hace más concreto lo que se inició en el anterior. De este periodo meseta entre los 28 y los 42 años de edad, la exigencia básica de la vida, según Rudhyar, es ser un yo y ocupar el propio lugar en el mundo como un yo. Esto significa ser autodeterminado y autosostenido, consciente del propio destino individual. Pero antes de que uno pueda seguir afrontando este destino de la vida, deberá primero liberarse de los vestigios finales de las influencias externas, y escoger conscientemente su propia reacción básica ante la vida. La mejor oportunidad para tal conocimiento del Yo llegará a los 35 años de edad, que no sólo es el punto medio de este periodo meseta, sino también el punto medio del ciclo vital mismo. Simbólicamente, el año 35 es la Luna llena del ciclo vital -el punto del conocimiento. Aquí lo externo confronta lo interno, y las realizaciones que pueden provenir de una síntesis de estos dos factores podrán proveer la visión de un verdadero sentido del "yo". Aquí resulta posible para una persona "ver" por qué hace lo que hace, y luego decidirse a hacerlo o no. Sin embargo, la elección exige una aceptación de la responsabilidad. Mientras una persona permanezca atada por los hilos del delantal de alguna "imagen materna" -sea ésta una persona individual (como padre, un cónyuge o un mentor espiritual), un grupo o institución, o una ideología- tendrá algo fuera de si que determinará sus acciones y que asumirá la responsabilidad de ellas. Los sentimientos de culpa o inferioridad proporcionan una excusa excelente para perpetuar este género de inmadurez emocional. Estos sentimientos son alimentados por el recuerdo de los fracasos pasados, y por la proyección de estos fracasos en el futuro. El rechazo a aceptar la responsabilidad de sus fracasos coloca a uno en la posición de víctima permanente -eternamente a merced de cuanto haya escogido para que sea la "imagen materna" que gobierna su vida. Si durante el periodo entre los 28 y los 35 años de edad una persona no logró separarse de la necesidad de una víctima propiciatoria psíquica, entonces la visión que percibe a los 35 años puede, al menos temporalmente, sacarle de un tirón la alfombra que tiene debajo. Uno puede ver que su vida no funciona y que la vieja víctima propiciatoria no le sirve más. De modo que sale a buscar nuevas víctimas propiciatorias. Superficialmente, tal vez parezca que está volviendo a atrapar nuevas oportunidades; sin embargo, lo que realmente está haciendo es buscar una nueva "imagen materna" para que asume la responsabilidad de su vida -un nuevo vientre para gatear en él. Al no lograr ver que son sus creencias las que deben transformarse, saldrá en busca de nuevas técnicas, de una nueva ideología, de un nuevo mentor o de un nuevo cónyuge. Por desgracia, ninguno de éstos proveerá un sólido suelo del ser desde el que pueda afrontar las crisis del siguiente periodo de 7 años (42 a 49 años) y sin el cual la experiencia de menopausia podrá ser caótica o hasta trágica. Este periodo empieza aproximadamente en la Cuadratura creciente de Saturno y termina alrededor de la época de la Cuadratura menguante de Neptuno.

Fase 7: Edad 42-49: Se lleva una vida rutinaria y una sumisión pasiva a las cosas como son, o a la necesidad de rever activamente la actitud hacia los íntimos. Intentos de efectuar un nuevo comienzo en la vida.

Esta fase del ciclo vital corresponde al periodo de 7 años entre los 21 y los 28 años de edad, que es también un nivel social. Astrológicamente, ambos periodos están marcados por Tránsitos de Saturno y Urano. En el primer periodo, estos aspectos eran Cuadraturas, simbolizando la naturaleza extrovertida de ese tiempo. El adulto que emerge salió para introducirse en el mundo, tal vez se casó, se estableció socialmente y creó sus propias relaciones interpersonales. Los aspectos de Saturno y Urano en este último periodo son Oposiciones, que indican más bien conocimiento que acción. La Oposición de Urano ocurre al comienzo de este periodo de 7 años, y poco después, aproximadamente a los 45 años, Saturno se opone a su posición natal por segunda vez. Así, la primera Cuadratura de este periodo de 7 años es la necesidad de hallar el significado y el valor reales en las propias relaciones interpersonales y sociales. Establecer una nueva actitud hacia las propias relaciones tal vez exige que se rompan ciertas pautas habituales de muchos años de duración. Las presiones familiares, las consideraciones comerciales y sociales no necesitan más dictar la selección de los propios amigos. A menudo, no se aplican más motivaciones extrovertidas para mantener relaciones; en consecuencia, deberá hallarse un valor personal para esas relaciones. Un matrimonio que mantuvo junto "por el bien de los hijos" se disolverá cuando estos hijos crezcan y dejen el hogar, a menos que se halla una razón de ser verdaderamente personal. De modo parecido, las relaciones que originalmente se formaron porque adelantarían la propia carrera o posición social se tornan carentes de significado al comprender que uno probablemente ya se encaramó en la escala social o comercial. Los problemas que surgen durante este periodo de 7 años se basan en una sensación de soledad que se torna cada vez más difícil de soportar. Para compensar esta sensación de aislamiento uno puede tratar de huir introduciéndose en el mundo de los sueños (melodramas, novelas románticas y cosas parecidas), de perderse en su trabajo o actividades sociales, lanzarse a alguna aventura heroica, o hasta huir del hogar para iniciar la vida de nuevo. Durante todo este periodo fluye una corriente subterránea de ansiedad, una sensación general de "última oportunidad". Uno puede encontrarse tratando de agarrar el amor por la fuerza como si fuera la sortija de un tiovivo que jamás girará otra vez. Los trastornos emocionales que acompañan al "enamoramiento" precipitan un nuevo género de crisis adolescente. Mientras el adolescente se enamora del amor, las personas cuarentonas buscan el amor antes de que sea demasiado tarde, puede tener por resultado un grave desorden emocional cuyo producto puede ser trágico. Aunque la onda descendente de la vida empezó realmente en el anterior periodo de 7 años, no es hasta la edad entre los 42 y 49 años que se tiene el conocimiento consciente de que se está en la segunda mitad de la vida. Cuando contempla la muerte de la generación de sus padres y el envejecimiento de la propia generación, de pronto, un día, llega a darse cuenta de que él es la generación más vieja. Si una persona olvidara por un instante la realidad de su edad, sus hijos adultos y los medios masivos de comunicación servirán de recordatorio constante. La reacción natural e inmediata a esto es la negación. Muchas personas tratan de prolongar la juventud imitando la vestimenta, los amaneramientos o el modo de hablar de los jóvenes, y alguna hasta rehusan asociarse con los mayores que ellas como si el envejecer fuera una enfermedad contagiosa. En sus cuarenta años, una persona nota que su cuerpo pierde cada vez más su energía y resistencia, y que no puede depender más de él como lo hiciera automáticamente en el pasado. Esto causa mucha ansiedad y el resultado es preocupación por el cuerpo -qué apariencia tiene, cómo se siente y se comporta. Debido a que, según lo que cree la mayoría de la gente, el cuerpo está tan intrínsecamente atado a su aptitud para amar y ser amado, esta preocupación por el cuerpo se experimenta frecuentemente en el nivel de relación. La menguante potencia sexual de un hombre puede inducirle a buscar la compañía de una mujer más joven como prueba de su virilidad. Para una mujer, el problema es enteramente diferente. Su impulso sexual puede ser más fuerte hacia los cuarenta años que en años anteriores; sin embargo, puesto que siempre juzgó su sexualidad en términos de su deseabilidad, la aparición de arrugas, el afloramiento de la piel y otras señales externas de la edad son igualmente traumáticos. La consciencia creciente de la declinación física señala la necesidad de un cambio básico de la propia actitud tanto hacia los demás como hacia uno mismo. Por más que se intenten, las soluciones extrovertidas no se aplican más. Uno deberá darse cuenta alguna vez, durante este periodo, que no está en vías de ser más fuerte, más rico o mejor -que su ascenso llegó a altura de sus posibilidades. Lo exterior empieza a deteriorarse, de modo que lo mejor seria concentrarse en el interior. Sin embargo, ésta no es la aflicción de la vejez, sino su recompensa; cuando la vitalidad física empieza a menguar, hay un desarrollo complementario de los poderes internos. El cuerpo declina, como debe ser en todos los organismos naturales, mientras las energías de la personalidad se concentran en la mente y el alma individual. La capacidad mental podrá seguir siendo tan fuerte como siempre, y donde el individuo logró madurez psicológica, esa capacidad se volverá mayor aún. La mente también se cansa sólo en aquellas vidas en las que el temor y la tensión emocional impiden a la persona cambiar sus actitudes y les hace rebelarse insensatamente contra el proceso normal de envejecimiento. De hecho, el que se cansa es más bien el ego que la mente; el ego desiste cuando se enfrenta con la necesidad de un cambio básico de perspectiva o que se le llama para que dé un paso en una nueva dirección, con el que no esté familiarizado. Lo que le agobia no es el cuerpo sino las pautas habituales y fijas de pensamiento que penden en torno de su cuello como una rueda de molino. En sus cuarenta años, si una persona logró el estado de integración de la personalidad y se liberó de las exigencias inconscientes de sus creencias, entonces este periodo de 7 años puede señalar el tiempo de una real iluminación del espíritu, o de algún cambio profundo en la dirección positiva de su vida. 

Fase 8: Edad 49-56: Educación de los otros. Se asume mayor responsabilidad social. Negativamente, rigidez mental debida a incapacidad para cambiar la actitud vital y la conducta adoptadas.

Este periodo de 7 años corresponde al nivel psicológico extrovertido desde los 14 a los 21 años de edad. Así como el joven en crecimiento que trata de introducir su egoísmo infantil en la vida adulta deberá pagar con fracaso social su egocentrismo, de igual modo quienquiera que introduzca en el atardecer de la vida el objetivo de hacer dinero, logro social o ambición dinástica deberá pagar por ello con prejuicio para su alma. Como dice Jung:

...las personas que envejecen deben saber que sus vidas no se elevan ni expanden más, sino que un inexorable proceso interior pone en vigencia la contracción de la vida. Si para una persona joven es peligroso preocuparse demasiado por si mismo, para la persona que envejece es un deber y una necesidad consagrar cierta atención a si misma... Ciertamente, un ser humano no vivirá hasta los setenta o los ochenta años de edad si esta longevidad no tuviera significado para la especie. (The Stages of Life, pág. 399)

La lección que hay que aprender de esta fase del ciclo vital es el significado que puede y debe recogerse de la vida que se vivió en tal extensión. Esto lo describe astrológicamente la segunda Cuadratura menguante de Saturno que ocurre hacia los 52 años de edad (también es el retorno de Quirón a su posición natal). Una vez más la persona atravesará un proceso de separación de las antiguas imágenes y los hábitos y actitudes fijas. Si bien en el nivel psicológico extrovertido al individuo se le pide que rompa con las pautas familiares y se libere de los conceptos tradicionales que le impusieran en la escuela, a los 52 años se le pide que despida los recuerdos de sus fracasos pasados -las dificultades psíquicas u orgánicas que las crisis de los cuarenta años pueden haber producido. Deberá limpiar la pizarra psicológica preparándose para el tiempo en que empieza el tercer ciclo de Saturno, alrededor de los 59 años de edad. Aquí se destaca nuevamente el apego o la identificación con los padres o con las actitudes familiares -sin embargo, esta vez de modo introvertido, o más en el nivel psíquico que físico. Durante el periodo psicológico extrovertido de la edad, entre los 14 y los 21 años, muchas personas jóvenes intentan romper los lazos de la dependencia psíquica de los padres abandonando el hogar. Pero rebelión no significa libertad. La solución extrovertida no respondió a un problema que es básicamente subjetivo; así, en el correspondiente nivel psicológico introvertido, reaparece el problema. Esta vez uno ya no depende financieramente de sus padres -por lo contrario, ellos tal vez dependen financieramente de uno; y si vive con ellos, es más bien el hogar de uno que el de ellos. Una vez más uno afronta todas las actitudes y los valores en que en su juventud hubiera desechado simplemente provenían de sus padres. Ahora tiene la oportunidad de escoger conscientemente aquellos valores hereditarios -ver objetivamente a sus padres, en una nueva perspectiva, y establecer una relación individual con ellos. Si los padres mueren o deben ser internados en un instituto antes de que uno pueda experimentar una relación verdaderamente personal con ellos, entonces uno puede quedarse por el resto de la vida con una sensación de algo trunco. La culpa podrá alzar una barrera formidable ante la verdadera experiencia del Yo, y entonces uno pasa a la tercer etapa de la vida y al renacimiento potencial a los 60 años de edad con una pizarra permanentemente manchada. A los 50 años, Urano entra en la octava fase de su ciclo -la fase regenerativa. Esto puede aportar profundas experiencias ocultas. La crisis mental-psicológica de los cuarenta años se convierte ahora en una crisis biológica. Durante este periodo uno verá los resultados concretos de cuanto tuvo lugar hacia la mitad de los cuarenta años. Si la persona no logra enfrentar constructivamente los impedimentos de los obstáculos físicos o las obstrucciones psicológicas que surgen de su fracaso para convertirse en una personalidad integrada, entonces ahora verá una cristalización gradual de las actitudes y creencias psicológicas y sociales establecidas que él no tenia la voluntad interior para modificar. Se convertirá en "demasiado viejo para cambiar". La persona que se las ingenia para vivir de manera positiva este periodo de 7 años -porque tiene la valentía espiritual y un sentido bastante fuerte del destino para atravesar cuantas crisis o tragedias le aportó la vida- debe ahora traer la cosecha de sus experiencias a un estado de semilla. En otras palabras, estará lista porque en el anterior periodo de 7 años intentó consciente y deliberadamente cambiar su relación con la sociedad. Tras unos treinta años de productividad y sus frutos, uno está ahora listo para introducir una nueva cualidad en sus relaciones -la cualidad de la sabiduría. En sus días más jóvenes, recibió del pasado un vasto legado de conocimiento, habilidades y comodidades. Al comprender esto, está ahora listo, al final de su vida, para devolver a la sociedad, y especialmente a la juventud, los frutos de la larga experiencia en el manejo y uso del legado que recibiera.

Fase 9: Edad 56-63: Posibilidad de "3º nacimiento" en el ciclo uraniano. Demostración de la capacidad de enfocar la cualidad espiritual del ser inherente al nacer a través de la personalidad. Nuevas actividades o, negativamente, ulterior cristalización de la mente y respuestas sentimentales.

El periodo de los 56 a los 60 años de edad es tan importante como el de los 27 a los 30. Los 56años coincide con el tercer nacimiento en el ciclo de Urano -la 9º fase. Esta es la segunda oportunidad en toda vida para reorientar y transformar el carácter, lo mismo que la naturaleza de las propias relaciones humanas. Siendo capaz de verse de un modo nuevo, se posibilita encontrarse con los demás de un modo nuevo, y así embarcarse en un nuevo género de participación social. Lo que en este tiempo puede ocurrir, hablando positivamente, es la decisión consciente de consagrar el atardecer de la propia vida a alguna forma de realización y cosechas creadoras. Negativamente, significa dejarse ir y establecerse de una forma cristalizada y limitada de la existencia física y mental: el retiro. Además del tercer nacimiento en el ciclo de Urano, este periodo ve el retorno de Júpiter y Saturno a sus ubicaciones natales. Empieza un cuarto ciclo nodal, que indica la renovación potencial de la pauta de la integración del destino y la personalidad. Por último, el aspecto Sol-Luna se repite en las Progresiones alrededor de los 59 años de edad, y Saturno empieza su tercer ciclo de la vida. Por todas estas indicaciones astrológicas uno ve una nueva tendencia que empieza a desarrollarse a los 56 años -una tendencia que llegará a un clímax a los 59-60 años con el comienzo del nuevo ciclo de Saturno y que se definirá más claramente cuando comiencen los sesenta años. Una nota clave se fijará aquí para los restantes años de vida, o por lo menos hasta los 70-72 años de edad, después de lo cual empieza la vejez, como se la considera ahora. Por supuesto, la "vejez"puede empezar realmente a los 60, si la persona no adopta una actitud positiva hacia el cambio de dirección de la vida, que iniciara a los cuarenta. En todo caso, cuanto más haya vivido la persona una suerte de vida diferente de la existencia rutinaria promedio impuesta por la sociedad moderna, es más probable que el periodo de los 56 a los 70 años de edad sea positivo. Desde de la época de la antigua Grecia, los 60 años de edad se consideraron la edad de la filosofía en el sentido de una búsqueda del significado esencial y de los valores fundamentales. Este debería ser el principal interés durante el atardecer y el anochecer de la vida. Además, en la vida del individuo creador, debería haber un esfuerzo para armonizar la propia perspectiva individual con las necesidades reales de lo colectivo. Entonces será posible actuar más sabia, serena y eficientemente en todas las relaciones. El individuo creador usará estos últimos años para aportar a su comunidad los frutos espirituales y socio-culturales de su experiencia y reflexión. Por esto tal vez reciba honor y fama relativa, y tal vez un grado relativo de seguridad. Sin embargo, si la comunidad no aprecia el valor de su cosecha, entonces estos últimos años podrán ser solitarios. Dane Rudhyar observó una vez que una persona creadora habitualmente no se las ingenia para dar en el blanco en su tiempo antes de los 60 años. Las obras realizadas por esa persona creadora después de los 28 años (la época del comienzo de la verdadera creatividad individual) se graban en la consciencia (y hasta en el inconsciente) de la generación nacida en la época en que estas obras se realizaron o produjeron. Este hecho de grabarse es la base de la inmortalidad social y cultural de la mente verdaderamente creadora. Cuando la generación nacida en esa época de las creaciones de tal mente llega a la madurez -los 28 años de edad- entonces estará en posición de entender y apreciar el valor de aquéllas. Entonces, el creador tendrá alrededor de sesenta años de edad. Así debe ser durante este periodo de la vida que uno debe comprender la importancia de tratar de efectuar alguna contribución permanente, y algunos casos inmortal, a la vida de su comunidad, grande o pequeña. Deberá concentrarse en el futuro espiritual, tanto de si mismo como de la humanidad. En esta época de la vida podrá ocurrir una repolarización. Esencialmente, esto exige una revisión de todo lo que uno asimiló durante la vida -decidiendo qué conservar y eventualmente pasar a las generaciones futuras, y qué desechar. El individuo deberá descubrir el mejor modo en que lo que llegó a ser pueda satisfacer alguna necesidad colectiva básica de los tiempos. Nunca es demasiado temprano para empezar la tarea de desechar lo que no es esencial, y luego ponerse a fortalecer, aclarar y, si es necesario, registrar para las generaciones venideras la cosecha de la propia experiencia. Se debe hacer esto durante esta 9º fase de la vida, porque a los 60 años de edad uno estará mejor adaptado para realizar el trabajo. Lo que debe contar no es tanto el tiempo que se gaste en la tarea, sino la cualidad del logro.

Fase 10: Edad 63-70: Preparación consciente para el más allá -o senilidad. Sabiduría radiante o, negativamente, sentido de tedio, vacío, futilidad. Se trae la vida a alguna suerte de consumación seminal.

Los 63 años son una edad particularmente crucial. En esta época, Urano llega a la Cuadratura menguante respecto de su posición natal, y Saturno está entonces próximo a la Cuadratura creciente de su tercer ciclo. La Cuadratura menguante de Saturno alrededor de los 66-67 años de edad puede significar una nueva y grande aventura en los reinos espirituales. Por otro lado, si la persona no tiene nada de positivo que ofrecer a la sociedad o no está abierta a los nuevos reinos de la consciencia, entonces el proceso de cristalización corporal y disminución de la vitalidad asume un poder adicional. La última alternativa ocurrirá particularmente si la Cuadratura menguante de Urano a los 63 años significó la separación gradual del yo creador respecto del cuerpo y de la establecida existencia rutinaria. Esta separación puede deberse a un sentimiento de desesperación ante el modo con que la sociedad y el poder de la tradición siguen frustrando todo esfuerzo creador del Yo. Puede ser también el resultado final del fracaso de la personalidad externa para afrontar la crisis de los cuarenta años y para ocuparse de sus resultados durante los cincuenta años de modo constructivo. Como siempre, el papel positivo lo representa el espíritu interior. Cuando la vida personal cotidiana no puede contribuir más a nada de valor para el espíritu, entonces el espíritu se retira gradual o repentinamente. Entonces el cuerpo y la mente se los deja desintegrar o, por un tiempo, cristalizar. Se  envejece por falta de interés en la vida -por una sensación de fracaso para recoger cualquier cosecha de valor de la experiencia personal. Esta es una muerte uraniana: dejar correr alguna situación insoportable, en gran medida bajo una sensación neptuniana de derrota. La muerte saturnina, por otro lado, es el lento resultado de una cristalización progresiva de las estructuras físicas y psíquicas que se tornaron cada vez más rígidas y contienen contenido espiritual cada vez menor. Esto significa la muerte por automatismo, ausencia de significado o senilidad. La razón de que el tiempo de morir no parezca tan a menudo estar registrado en el mapa natal es que el tiempo real de desintegración del cuerpo no es espiritualmente el momento más significativo. Muchas personas están interiormente "muertas", cuyos cuerpos están aún orgánicamente vivos, y algunas están realmente "vivas", cuyos cuerpos no funcionan más. Dice Rudhyar: aquí tocamos el misterio de lo que realmente constituye la identidad verdadera de un hombre.  

Mas allá del ciclo vital de setenta años

El sentido de la responsabilidad para con el futuro propio y el de la humanidad que puede haber redirigido la vida desde de los 60 años en adelante, puede llevar a una "tercera pubertad" cerca de los 73-74 años de edad cuando Saturno llega a su tercera Oposición a su lugar natal. Si el final de la vida es consagrado a intentar convertirse en semilla del futuro en términos de lo que el individuo realizó durante su vida, entonces ahora puede establecerse un nuevo ritmo de contactos vitales entre el individuo y la sociedad, y entre el ego consciente y el espíritu interior, dependiendo de dónde se concentre la atención. Si el cuerpo resistió la tensión de este nuevo tipo de relación desde de los 70 años de edad en adelante, entonces los frutos de esta nueva relación conducirán a un cambio ulterior del magnetismo a los 77 años de edad. Esta edad corresponde a 7 veces 11 -siendo el 11 el número del Sol y de la circulación de la energía solar a través de todo el sistema solar. Entonces, a los 84 años, ocurre un "cuarto nacimiento". Según Rudhyar, esto introduce completamente al individuo en un nuevo reino del destino -en una desintegración de la personalidad o en la inmortalidad (relativa).


Los Doce Ciclos de Siete años

ARIES corresponde al periodo que va desde el nacimiento hasta la edad de 7 años y a la Casa 1, la de la identidad. Comprende el nacimiento físico, el despertar de las pautas de la personalidad instintivas e innatas y el proceso gradual de diferenciación y separación de los padres que da lugar a una identidad distinta.

TAURO corresponde al periodo que va desde de los 7 a los 14 años y a la Casa 2, la de los recursos. Comprende el despertar material del yo separado, el amanecer de los sentimientos sexuales y de la pubertad. En la última fase de este ciclo empieza la confusa época de los cambios hormonales de la adolescencia, que continuarán al principio del siguiente.

GÉMINIS corresponde al periodo que va desde de los 14 a los 21 y a la Casa 3, la de la comunicación. Aquí se da el proceso de socialización y el aprendizaje consciente de aptitudes adecuadas a la vida antes de entrar en la edad adulta. En esta época se da algo más que un despertar mental, aparece también la exigencia social de ser "mayor", una persona más racional y capaz de utilizar la mente de una manera más efectiva, tanto para participar en la sociedad mediante el trabajo como para comunicarse con los demás.

CÁNCER corresponde a las edades comprendidas entre los 21 y 28 años y la Casa 4, la de los cimientos. Aquí se espera que el joven adulto se "arraigue", posiblemente a través del matrimonio, creando su propio hogar y su propia familia. Es una aceptación de las exigencias de la sociedad contemporánea y implica conformismo y una probable limitación de la libertad y las opciones.

LEO corresponde a las edades comprendidas entre los 28 y los 35 años y la Casa 5, la de la autoexpresión y la creatividad. Comprende una nueva fase de mayor libertad potencial, en que la influencia de los padres ha desaparecido y el posible nacimiento de un hijo propio hace adoptar una forma de vida más adulta. La adaptación social tiene que ser suficiente como para permitir un movimiento decidido hacia unas mayores posibilidades de creatividad, hacia la expresión de la propia individualidad. Este momento puede reflejar el principio de una etapa crucial en la vida; el individuo empieza a buscar seriamente el estilo de vida que quiere y no el que le dicta su programación social inconsciente.

VIRGO corresponde al periodo comprendido entre los 35 y los 42 años y la Casa 6, la del trabajo y la salud. Se trata del punto intermedio de los doce ciclos de 7 años, en el que el individuo reconsidera sus actitudes, su estilo de vida y su trabajo para decidir si aún sirven. Durante esta fase, Urano en Tránsito formará una Oposición con el Urano natal y estimulará la típica "crisis de la mitad de la vida", que puede irrumpir en la esfera de la vida en la que la necesidad de cambio sea más grande, y en donde la estabilidad y la confianza personales sean más débiles.

LIBRA corresponde al periodo comprendido entre los 42 y los 49 años y la Casa 7, la de las relaciones. Puede coincidir con el Tránsito de Urano en Oposición a su emplazamiento natal y es un momento crucial en el que a veces el equilibrio interior puede oscilar violentamente, como un péndulo, de un extremo a otro. La energía de Urano dificulta descubrir donde está el punto de equilibrio y a menudo se experimenta una insatisfacción en las relaciones personales, especialmente en las parejas que llevan muchos años de convivencia, lo cual añade otro factor desestabilizador a este ciclo. Es necesario descubrir nuevas maneras de relacionarse, tanto en la vida interior como en los seres queridos, para poder revitalizar relaciones estancadas.

ESCORPIO corresponde a las edades comprendidas entre los 49 y los 56 años y la Casa 8, la de la regeneración y el renacimiento. Aquí uno se ve enfrentado a la inevitable mortalidad, tal vez por la muerte de los padres y el nacimiento de nietos, y el cuerpo empieza a mostrar señales de desgaste. Las opciones se van limitando, ya que es más difícil realizar cambios radicales, debido en parte a pautas de conducta muy arraigadas y a las obligaciones económicas. La juventud se ha perdido y puede desaparecer la confianza en el propio atractivo sexual, lo cual suele dejar un vacío en la percepción personal, y causar confusión en las relaciones y conflictos emocionales por la gran diversidad de cambios interiores que se están produciendo. Es necesario aceptar el proceso de envejecimiento para lograr un renacimiento en la fase siguiente.

SAGITARIO corresponde al periodo que va de los 56 a los 63 años y a la Casa 9. Durante esta fase, Urano en Tránsito formará una Cuadratura con su posición natal (entre los 58 y los 62 años) y será necesario emprender adaptaciones interiores para aliviar la tensión. Puede ser el momento de cosechar los resultados de toda una vida de esfuerzos en la evolución personal, y potencialmente representa un nuevo nacimiento en las últimas fases de la vida. Esto puede lograrse mediante la liberación que supone la jubilación, ya que proporciona más tiempo para poder dedicarse a los intereses personales y a la autoreflexión. Alrededor de los 56, el Trígono de Urano en Tránsito con su posición natal puede estimular un renacimiento interior orientado hacia intereses más espirituales, o puede ser un momento de lucha que lleve a aceptar la inevitabilidad de la muerte. 

Los tres últimos ciclos, el de CAPRICORNIO, ACUARIO y PISCIS corresponden a las edades comprendidas entre los 63 a los 70 años, los 70 a los 77 años y los 77 a los 84 años, y las Casas 10, 11 y 12 respectivamente. Son la cima y la culminación de la vida, antes de que un ciclo nuevo y más trascendente empiece después de los 84 años. Aquí, la mayor parte de las semillas de la vida tienen que haberse expresado, explorado y aprovechado. La verdadera vida interior tiene que encontrarse en un punto más potente, concentrado y poderoso, con la riqueza y sabiduría acumuladas gracias a la experiencia. La propia individualidad podrá revelarse ahora con más claridad, ya que los vellos de la materia se han vuelto más translúcidos y penetrables a la luz del espíritu interior, sobre todo si el individuo ha tenido una vida espiritual y transpersonal. Es la fase para concluir asuntos pendientes, y de abstracción de las energías vitales. 


Los Ciclos de Júpiter

En el enfoque tradicional de la astrología, a Júpiter se lo conoce como “el gran benéfico”, el planeta de todas las oportunidades –riqueza personal, prominencia social, prestigio profesional y hasta elevado oficio político. Cuando el simbolismo astrológico se relaciona con la psicología, este planeta tiene realmente significación mucho más vasta, pues todas las formas de inflada autoestima, confianza excesiva y exagerada autoimportancia pertenecen también a Júpiter. Astronómicamente, Júpiter es el más grande planeta visible en los cielos, teniendo una masa que es dos veces y medio la de todos los demás planetas combinados. Su volumen es también mayor que la suma total de todos los otros planetas. Así, el impulso jupiteriano, tanto dentro de un individuo como dentro de la sociedad, es una expresión de la filosofía de que “más es mejor”, sin embargo, la expansión ilimitada no es intrínsecamente buena, y pueden verse también en el nivel social como inflación económica y dispersión urbana. Así, la lección de Júpiter en todos los niveles de la realidad es la importancia de las limitaciones. Algo en demasía, sin importar cuán bueno o deseable sea, se convierte en sí mismo en un mal. La consumición de demasiada comida llevará a la flatulencia, la pereza y la obesidad; demasiado licor dará por resultado dolor de cabeza. Un globo sólo puede contener determinada porción de aire antes de que estalle. En todos los niveles de la realidad –psicológica, física y social- la expansión jupiteriana sólo podrá tener lugar dentro de límites definidos. Estos límites son simbolizados por Saturno; por tanto, Júpiter y Saturno forman una pareja complementaria. Un estudiante jamás podrá entender realmente cómo trabajará Júpiter en el mapa natal individual sin tomar en consideración a Saturno. Estos dos planetas juntos mostrarán cómo una persona se las arreglará para mantener (Saturno) y expandir (Júpiter) los rasgos característicos de su personalidad dentro de un específico medio ambiente geográfico, y dentro de particulares normas sociales, culturales y religiosas. Júpiter dominando a Saturno en un mapa natal es un fuerte índice de que la persona tiende a tomar más de lo que específicamente podrá usar. La absorción supera a la asimilación, y en el nivel en que ocurre esto –físico, psíquico o mental- el resultado será una indigestión. El impulso jupiteriano hacía la expansión no es de por sí discriminatorio, y sin la mano moderadora de Saturno carecerá de dirección y finalidad. Continuaría recibiendo “nutrición” en todos los niveles del ser hasta que el individuo o la sociedad se ahogan, eventualmente, en su propia abundancia. Lo que se absorbe debe ser asimilado si ha de tener algún valor. Si Júpiter ha de participar en el cumplimiento de la finalidad solar de un individuo, entonces deberá encauzarse su impulso hacía la expansión. Esto lo expresa simbólicamente el arquero sagitariano que apunta su flecha hacía arriba y da así dirección a la energía de Júpiter. Júpiter y Saturno son los planetas sociales, que simbolizan los factores hereditarios y ambientales que proporcionan el potencial del crecimiento individual y las limitaciones de tal crecimiento. Describen la particular estructura establecida por las condiciones sociales, culturales y económicas en las que un individuo vive, y sus energías nunca podrán separarse de esta estructura. El empeño en procura de realizarse personal y socialmente tiene lugar siempre dentro de los valores de la propia sociedad. Dentro del enfoque humanístico, el impulso jupiteriano hacía el crecimiento puede inducir a un individuo a que realice el potencial de sus circunstancias natales, a saber, la familia y la sociedad en las que nació. En consecuencia, los desajustes sociales pueden entenderse astrológicamente estudiando las posiciones y los aspectos natales de Júpiter y Saturno, y también la relación de fase de sus ciclos en tránsito, en la época en que la dificultad apareció por primera vez y también en la época en que se busca una solución. Esto mostrará específicamente cómo un individuo se relaciona con la corriente social de los tiempos.

La función de Júpiter según Jung

Jung relaciona la función de Júpiter con la “persona”, que es el compromiso entre el individuo y la sociedad –entre las exigencias del propio medio social y las necesidades de la propia constitución interior. Es una máscara creada por el rol social que uno representa, y con el cual a menudo se identifica el sentido consciente del “yo”. A través de la persona, un individuo parece ser lo que esencialmente no es. Construye una fachada social artificial detrás de la cual esconderá sus sentimientos de inadecuación o inferioridad personal. Su finalidad esencial es esconder aquella persona que uno teme que es –la persona de la que teme que el mundo no la aceptará. Bajo la influencia de esta máscara social, un individuo se comportará públicamente de un modo que puede ser diametralmente opuesto al que actúa en privado. Además, cuanto más se identifique con este venero social, menos consciente será de su propia identidad, hasta que finalmente la máscara suplante al hombre. Socialmente, puede ser una persona muy bien adaptada, si bien puede estar cabalmente inadaptada respecto de su propia individualidad. La persona se construye sobre un acuerdo colectivo, que comprende aquellas cualidades que un individuo siente que deberá necesariamente proyectar a fin de que se lo acepte en la sociedad. Es un yo falso –un concepto de cómo uno piensa que la sociedad desea que sea, más que una expresión de su experiencia verdadera del Yo. Cuando una persona actúa y reacciona dentro de su medio ambiente, construye este venero una capa tras otra, modificándolo y perfeccionándolo cada vez que se encuentra con el mundo externo. Esta actitud social externa cambiará como la piel de un camaleón para adecuarse a esa situación particular, siempre con la finalidad de obtener la aceptación del mundo externo y el acuerdo con éste. Su objetivo es siempre social y, en consecuencia, parece lógico relacionarlo con la función de Júpiter.

Marc Edmund Jones se refirió a Júpiter y Saturno como los planetas del “alma”. Tomando en el contexto junguiano, esto los relacionaría con las funciones del “Anima-Animus”, que revela la actitud inconsciente interior que “complementará” la actitud consciente de la persona. Contiene todas aquellas cualidades humanas generales que faltan en la máscara social. Cuando de algún modo la máscara social se desbarata, o no logra producir los resultados deseados de reconocimiento o aceptación social (la función social de Júpiter), entonces la función de Júpiter se volverá hacía adentro. Esta identificación con el mundo subjetivo se siente como una compensación por lo que uno halló insatisfactorio en su vida social o profesional. Un individuo volcará su atención fuera del triunfo externo, de la expansión social y del engrandecimiento personal, y en lugar de ello –a menudo de manera superemocional, compulsiva e irracional- buscará los denominados valores y actividades “espirituales”. Pondrá el énfasis más grande de su vida en escudriñar su propia mente inconsciente y en tratar de desarrollar eso más que en desarrollar sus contactos con el mundo. Cuando una persona se vuelve del lado externo al interno de su naturaleza, el resultado será cierta introversión. Un hombre tenderá a proyectar características femeninas, y la mujer características masculinas. Esto nada tiene que ver con su identidad sexual sino más bien se ocupa del lado inconsciente de sus naturalezas. Tal introversión de la función de Júpiter puede relacionarse a menudo con el movimiento retrógrado del planeta. La relación de Júpiter con la “persona” y con el “Anima-Animus” es una relación en términos del uso negativo de la función de Júpiter en términos humanísticos. Para que Júpiter trabaje de manera positiva, deberá haber primero un sentido vital de finalidad en la vida. De este sentido de finalidad un individuo deseará participar con otros en alguna totalidad mayor de la cual él mismo se siente parte consciente. En última instancia, el impulso jupitariano hacía el crecimiento y la expansión debería llevarnos a una manifestación plena de nuestro desarrollo solar. Las desviaciones de este ideal desarrollo de Júpiter son causadas, por lo general, por el rol de Saturno en la vida individual. Saturno fija las condiciones previas ante las cuales Júpiter reacciona –Saturno describe a la sociedad dentro de la cual Júpiter participa.

Los Siete ciclos de Júpiter

Los ciclos de Júpiter corresponden a los números 12 y 7, principalmente porque Júpiter insume aproximadamente doce años (en realidad 11 años, 10 meses y medio) para efectuar un tránsito completo del zodíaco, y porque una vida arquetípica de 84 años (un ciclo completo de Urano), habrá siete ciclos completos de Júpiter. El significado general del número doce es evidente de por sí (Signos y Casas) pero también identifica el número de lunas que orbitan al planeta Júpiter. El latido de 12 años que describe el pulso de Júpiter es un ciclo genérico que describe una condición de la edad común de la humanidad. Cualquiera, sencillamente en virtud del hecho de que vivió todo ese tiempo, experimentará un “retorno” de Júpiter en las edades aproximadas de 12, 24, 36, 48, 60, 72 y 84 años. El ritmo de estos ciclos describirá, en una espiral potencialmente ascendente, el intento del individuo por crecer en procura de ser “más que un individuo”. Expresan el impulso de expandirse no meramente hacía afuera sino también hacía arriba. Cada nuevo ciclo de Júpiter es potencialmente más que una sencilla repetición del último. Cada uno de estos siete ciclos, teniendo su sentido y finalidad significativos, marcará una crisis importante en la vida de un individuo. Sin embargo, esto no significa que necesariamente corresponderán a “acontecimientos” significativos, pues la crisis puede tener lugar subjetivamente o ni siquiera ocurrir en un nivel consciente. Lo que en estas épocas es posible es el empleo de la energía de Júpiter de un modo nuevo y diferente. Cuando empiece a desarrollarse esta nueva marea, afectará la relación de uno con la sociedad y la propia participación en ella.  La división de cualquier ciclo en siete periodos es de significación y aplicación universales. La Doctrina Secreta de Blavatsky, da numerosos ejemplos de tal análisis séptuple, y relaciona esto con lo que ella llama los “Siete Principios Del Hombre”. Estos principios son: 1) El físico; 2) El principio etérico o vital; 3) La naturaleza astral, del sentimiento y del deseo; 4) El mental inferior o intelectual; 5) El mental superior o la mente verdadera; 6) El Buddhi –el alma espiritual; y 7) El Atma o espíritu puro. Estos siete principios tienen sus contrapartes en todas las religiones, en todas las doctrinas de Egipto y Persia antiguos, en la Cábala, en el Taoísmo y en el I-Ching. Platón habla de ellos, y son parte de la doctrina hermética y del budismo. El cumplimiento de la Gran Obra de los alquimistas tenían también siete fases. La séptima es la etapa suprema de la iluminación. Así, las siete conjunciones de Júpiter con su posición natal en una vida de 84 años sugieren que la realización completa de la función de Júpiter dentro de la personalidad avanza en siete etapas y exige 84 años para que se complete.

El Ciclo de 12 años de Júpiter

Porque al ciclo de Júpiter se le vinculó con el número 12, cada año de este ciclo está asociado con un Signo del zodíaco. El primer año de este ciclo es un año de “Aries”, el segundo año de “Tauro”, y así sucesivamente. Sin embargo, debe recordarse que esta correspondencia zodiacal se relaciona con la ubicación de Júpiter en el mapa natal de un individuo y no ha de confundirse con el Signo a través del cual Júpiter está transitando. Si la posición natal de Júpiter es 29º de Leo, entonces al año de “Aries” empezará cuando Júpiter llegue a 29º de Leo por el tránsito y durará hasta que Júpiter llegue hasta 29º Virgo. De este modo, y en relación con los asuntos jupitarianos, el significado familiar de cada Signo podrá dar su matiz al año de Júpiter en cuestión. Asimismo, el estudiante deberá considerar siempre cada año del ciclo de Júpiter en términos del Factor Edad. Esto es especialmente cierto respecto del año de “Aries”.

El Año de “Aries” – El Retorno de Júpiter

Este año empieza con el retorno de Júpiter y señala un renacimiento del principio de Júpiter en la vida. Si una persona desea ganar más dinero, ganar más prestigio o reconocimiento social, o asumir un rol de responsabilidad dentro de la comunidad, éste es el tiempo de empezar a trabajar conscientemente en pos de esas metas. Las personas deben emplear su poder de iniciativa y liderazgo en asuntos de Júpiter si quieren que este nuevo ciclo dé fruto. “Ellas” deben tomar la iniciativa, realizar el esfuerzo, y enseñar sus posibilidades en los niveles social, financiero, religioso y político para que les llegue el buen éxito. El año de “Aries” no es una culminación sino un comienzo. Como lo sostienen muchos textos tradicionales, no es época en la que entren honores y recompensas sino más bien época de plantar la semilla. Cada persona iniciará su ciclo de Júpiter en la Casa en la que halla Júpiter natal. Esta posición natal de Casa determina el tipo de iniciativa requerida e indicará el ámbito de la vida en la que se manifestará el impulso de Júpiter. Por ejemplo, si el Retorno de Júpiter ocurre en la Casa 1, la nueva iniciativa será menos externa, como en el comercio, y más interna, como con respecto quizás a algún nuevo ideal social o religioso. La preparación interior para alguna futura función social “nueva” tal vez necesite del retiro de las actividades sociales o religiosas “habituales”. La nueva función social de Júpiter debe relacionarse cada vez más eficazmente, un ciclo tras otro, con nuestra finalidad vital básica como la revela todo el mapa natal. El periodo de “Aries” es especialmente útil para tomar consciencia del modo en que la función jupiteriana de asimilación opera dentro del organismo biológico y psicológico. Los problemas que uno encuentra en la vida social, religiosa y profesional de su comunidad se pondrán en foco también en esta época. Si un individuo es “consciente” de que empieza un nuevo ciclo y de que tiene una nueva oportunidad de hacer un uso más significativo de las energías de Júpiter en su vida, entonces, y sólo entonces, algo podrá cambiar en su manera habitual de crecimiento y expansión. Como otro ejemplo, Júpiter en Casa 10 indica que una persona es capaz de manejar poder social. En consecuencia, las pruebas de su vida serán del “uso” que ella haga de su posición social, prestigio, riqueza, o de su intuición religiosa y psicológica. Cada ciclo de Júpiter representará una nueva prueba en este ámbito, basado en los frutos del ciclo anterior. De esta manera, el año de “Aries” que cae en la Casa 10 no señalará un tiempo de retiro interior, sino más bien un desafío a crecer “más allá” de lo que uno fue en el mundo exterior. Lo que importará será el fin hacia el cual se use su influencia en el campo social o profesional. Sintetizando: la cualidad ariana de iniciativa y liderazgo será necesaria al comienzo de cada ciclo de Júpiter, pero siempre en términos de la posición y los aspectos de la Casa natal.

El Año de “Tauro”

Durante el segundo año del ciclo, uno debe ver el nuevo impulso de Júpiter que se vuelve más concreto. Ahora, la nueva iniciativa debe dar algún fruto y así la persona puede obtener alguna idea de lo que será realisticamente posible o imposible, necesario o innecesario. En consecuencia, debe renunciar a toda línea de esfuerzo que parezca estéril. El nuevo impulso podría demandar gasto de recursos personales –financiera, psicológica y físicamente. Para esta época, quizá se necesite una nueva apreciación de las propias posibilidades y poderes innatos, o un mejor manejo y organización de los propios recursos. El acento de la Casa 2 relevará si la oportunidad de Júpiter, como se la entendió en la fase de “Aries”, tiene posibilidades prácticas o no. También revelará si la inercia de las propias pautas y prejuicios es más fuerte que el nuevo impulso, y si el individuo podrá romper y salir del molde que él mismo se construyó. Si es capaz de hacer esto y de horadar capas más profundas de su ser, entonces, se revelarán dentro de su naturaleza poderes insospechados. En el caso de Júpiter natal de la Casa 10, la fase de “Tauro” del ciclo podrá coincidir con el tránsito de la Casa 11. Esto sugiere que todo impulso de Júpiter iniciado durante la fase de “Aries” deberá relacionarse con el “medio social” a mano, capaz de hacer de la visión de la persona como realidad para los demás. Uno quizá tenga que bajar su entusiasmo, y no deberá apartarse tan brutalmente de las personas que posibilitaron su triunfo social en el último ciclo de Júpiter. Sus ideales deberán ser realistas, aceptables para sus socios o comunidad, o podría encontrarse solo y sin amigos, impotente para actuar constructivamente en términos de lo que su sociedad necesita “realmente”. El nuevo impulso de Júpiter debe considerar las verdaderas necesidades sociales, no el engrandecimiento personal a expensas de los demás. Si esto representa una posible respuesta a una necesidad social, entonces el poder de la comunidad tratará ciertamente de actuar “a través del individuo”, que se convertirá en un hombre representativo en la esfera social relacionada con su competencia.

El Año de “Géminis”

Esta fase subrayará el poder de comunicación con el medio ambiente. Tal vez uno se encuentre leyendo y escribiendo mucho en su talento de expandir su mente y organizar mejor sus ideas. Quizá se vea tentado a vivir sólo en la mente y así deberá hacer esfuerzos para utilizar su nuevo impulso de Júpiter de modo significativo y práctico. Deben establecerse nuevas relaciones con la esfera social cuando uno empiece a exteriorizar su energía jupiteriana. Sin embargo, como éste es el tiempo de experimentación, estas relaciones no deben forzarse en pautas fijas, sino permitírseles fluir libremente. Son la primera prueba objetiva del nuevo impulso. Si la fase de “Géminis” coincide con el tránsito en la Casa 3, nuevos contactos y conceptos de uno respecto al medio ambiente podrán ayudar al impulso de Júpiter a que funcione mejor dentro de la realidad cotidiana. Una persona debe buscar demostraciones y una prueba concreta del valor -o falta de éste- de su nuevo uso de Júpiter. Durante esta fase del ciclo, un individuo debe ver su nueva perspectiva social o psicológica en su relación con la sociedad. Si la fase de “Géminis” corresponde a un tránsito de la Casa 12 se pondrá a prueba la capacidad de la persona para administrar fiel y eficazmente alguna aspiración del grupo. En esta fase, un individuo logrará hallar una respuesta a las necesidades subconscientes de su grupo, o tenderá a ser vencido por los fantasmas del ciclo pasado. Los recuerdos de los fracasos pasados y el “negocio sin concluir” alborotan la vida de una persona y ponen barreras a todo movimiento hacia adelante. En esta fase, se decidirá si el ciclo de Júpiter introducirá realmente nuevos elementos en la manera de la adaptación social de uno, o si a través de falta de valentía y poder de voluntad, lo “nuevo” será una repetición de la vieja pauta en tedio y resignación.

El Año de “Cáncer”

La fase canceriana de este ciclo corresponde al primer cuarto o Cuadratura creciente de Júpiter respecto de su posición natal, y describe una “crisis en la acción”. Este tiempo debe usarse para consolidar la nueva tendencia. El “Aries” a través de los años de “Géminis” son un tiempo de experimentación no ha de tomarse una decisión firme, ni escogerse una dirección definida. Sin embargo, en la fase de Cáncer, es imperativo una elección. Uno deberá decidir la forma y la dirección que tomará la nueva tendencia de Júpiter, y luego permitirse que ella lo limite a uno. Esto no significa que una persona deba renunciar a ciertas metas o ambiciones debido a temor, o que deba limitarse demasiado tratando de adaptar su nuevo impulso jupitariano para que se adecue a alguna forma o doctrina ya establecida. En este sentido, limitación significa “concentración” apuntando en una dirección específica como el arquero jupitariano, más que dispersándose sobre el universo. La fase de “Cáncer” es un punto crítico en el ciclo de Júpiter. Mientras en la fase geminiana el impulso era comunicar la tendencia de Júpiter, hablar acerca de ella, la Cuadratura creciente es un llamado a la acción. En esta época, uno debe escoger la actividad social de Júpiter que mejor corresponde a lo que uno procura y desea verdaderamente alcanzar. Este periodo fijará la dirección del resto del ciclo, de modo que la elección deberá ser personal. Si esta fase de “Cáncer” corresponde al tránsito de Júpiter en la Casa 4, entonces se subrayará doblemente el intento de consolidar la propia posición y echar bases concretas. Es importante no creer que tocó fondo y no puede progresar más; más bien, el nuevo impulso debe ser suficientemente bien formado y realista para ser desarrollado después. En otras palabras, durante esta fase un individuo deberá hallar alguna base estable desde la que pueda empezar a actuar socialmente de manera más dinámica y creadora. Solo una oportunidad que ofrezca la ocasión para poner la infraestructura del progreso “posterior” especialmente durante y después de la fase de “Libra” debe considerarse seriamente en esta época. Si la fase de “Cáncer” corresponde al tránsito de Júpiter en la Casa 1 entonces “consolidación” significará que el individuo deberá ahora decidirse a poner su personalidad al servicio de la empresa colectiva o grupal que corresponda a la visión de la fase de “Aries”. En este tiempo, un individuo debe estar preparado para consagrarse cabal y completamente al trabajo personal o colectivo que mejor parezca representar sus ideales sociales.

El Año de “Leo”

Como la fase de “Cáncer” es un importante punto crucial en el esfuerzo de un individuo para expandirse social y personalmente de algún modo nuevo, la siguiente fase de “Leo” sólo podrá llevar hacia adelante con fe e imaginación, dando libre juego a su aptitud creadora y a sus talentos sociales. Los sueños del primer cuarto se convierten ahora en realidad, y uno debe prepararse a no tener miedo de mostrar de modo concreto los valores que personalmente defiende. Si la fase de “Leo” corresponde con un tránsito de Júpiter en la Casa 5, la expansión social de uno dependerá más que nunca de la iniciativa personal. Puede haber problemas debidos a excesivo optimismo, especialmente en aventuras especulativas. Un individuo actuará como si tuviera una misión real que cumplir, y podrá asumir libremente la responsabilidad. En esta época, a una persona le es posible convertirse en vocera de algún grupo que exprese aquellos valores de Júpiter que ella quiera más. En todo caso, esta es la época de ganar reconocimiento social por los objetivos jupitarianos de uno, e incrementar la seguridad en uno mismo cuando se actúa socialmente. Han de evitarse tendencias al orgullo, la arrogancia y el tipo de pasión irreflexiva que bloquea la razón y la voluntad. Si Júpiter transita la Casa 2 durante la fase de “Leo”, habrá una prueba de la propia aptitud para manejar y expandir el alcance de las cosas que valoriza, sean materiales o espirituales. Esta prueba puede involucrar una elección entre el deseo de poseer el poder social en el que una persona confió, y el apropiado manejo de ese poder teniéndolo en confianza por el bien de todos. Si un individuo emplea el poder social a su disposición simplemente para alimentar su ego o ganar privilegios sociales o religiosos, entonces el ciclo íntegro de Júpiter se volverá espiritualmente negativo.

El Año de “Virgo”

Durante la fase de “Virgo” se cosechan los resultados de nuestra manera de expresarnos socialmente, que a menudo exige cambios de nuestra conducta social. La ausencia de buenos resultados en la fase de “Leo” deben inducir ahora un intento de mejoramiento personal. Aquí el individuo revelará su propia estatura espiritual por la calidad de su respuesta a esta falta o derrota. Esto tal vez implique simplemente el desarrollo de alguna nueva técnica social, o más vastamente, puede significar una completa autoconsagración al ideal social avizorado al comienzo del ciclo de Júpiter. Las crisis que surgen en este tiempo habrán de afrontarse, especialmente en todos aquellos casos en los que los problemas se deben a nuestro egocentrismo o egoísmo. Durante esta fase, un individuo debe estar dispuesto a crecer, a servir y a obedecer. Se exigirá mayor eficiencia en términos de lo que una persona trata de contribuir a la productividad y al crecimiento de su comunidad. No se debe tener miedo a que aumente el trabajo y a la necesidad de desarrollar la capacidad de servicio. Si esta fase de “Virgo” coincide con el tránsito de Júpiter en Casa 6, la persona debe trabajar para relacionarse cada vez más efectivamente con alguna pauta social más vasta, y para desarrollar su sentido de la participación en sociedad. Este es el último paso en el trayecto hacia alguna forma de realización social (si el ciclo de Júpiter se desarrolló de modo positivo hasta esta época) o hacia la comprensión de que uno fue suficientemente realista y, en consecuencia, no pude movilizar sus energías adecuadamente a fin de llegar a un resultado positivo en su vida social. Si nuestra conducta social no llega al ideal que sostuvimos al comienzo del ciclo de Júpiter, entonces esta fase de “Virgo” de la Casa 6 proporcionará una oportunidad para comprender con claridad las razones de este fracaso. No es demasiado tarde para cambiar. Cuando la fase de “Virgo” corresponde al tránsito de Júpiter en la Casa 3, puede haber necesidad de discriminación en la manera en que uno emplea sus nuevas ideas sociales o espirituales. Aquí, la respuesta de los propios vecinos o parientes a sus ideas puede obligarle a comprender que, como las expresa o trata de ponerlas en práctica, hay algo que no es digno o práctico como lo pensó originalmente. Esto puede producir una crisis, la necesidad de cambiar algo, en el propio modo de pensar o en su conducta; en consecuencia, puede ser necesario adquirir una nueva técnica para remediar los propios fracasos sociales y/o personales.

El Año de “Libra”

La fase de “Libra” marca el punto medio del ciclo de Júpiter, la culminación de los factores externos de un individuo para establecer nuevos valores de Júpiter en su vida. Cuando uno trata de cambiar el carácter de sus relaciones interpersonales, de perfeccionarlas y de volverlas más plenas, llega a su culminación la nueva marea de energías de Júpiter relacionadas con la propia vida social y religiosa. Cuando se haya iniciado durante el año de “Aries” y se haya consolidado suficientemente durante el año de “Cáncer” debe llegar a una consumación clara, de alguna índole, en el año de “Libra”. En esta época, una persona tal vez tenga que adaptarse conscientemente, de algún modo nuevo, a todo lo que Júpiter significa en su vida. Si desde el año de “Aries” se estuvo preparando deliberadamente para desarrollar una nueva consciencia social o espiritual, entonces el año de “Libra” podrá llevar esta tendencia a una culminación a través de alguna “iniciación” definida en aquella totalidad social o espiritual mayor de la que el individuo sabe “ahora” que él es parte significativa. El deseo de huir de uno mismo, de perder el propio sentido de identidad en actividades sociales o en una relación, puede ser especialmente fuerte en este tiempo. Además, el impulso de Júpiter puede tentar al individuo a perder su sentido del Yo entrando en proyectos o asumiendo tareas que son demasiado ambiciosos. Sin embargo, al mismo tiempo, existe la posibilidad de adquirir mayor prestigio social durante esta fase, formando importantes vínculos comerciales, casándose, o finalmente hallando el verdadero trabajo social o profesional de uno. Si el tránsito de Júpiter ocurre en la Casa 7 durante esta fase, las propuestas de sociedad ofrecerán oportunidades de crecimiento y expansión. Esto será particularmente cierto si tales sociedades son producto de un trabajo ya en marcha, o siguen un lineamento que ya se persiguiera desde la fase de “Aries”. El matrimonio es una posibilidad, es como alguna suerte de promoción. Sin embargo, en todos los casos, debe ampliarse la esfera de los contactos personales. Las oportunidades futuras de progreso provendrán de las nuevas relaciones sociales e interpersonales establecidas durante este año de “Libra”. Cuando la fase de “Libra” corresponde a un tránsito de Júpiter en la Casa 4, la culminación de los esfuerzos sociales o espirituales iniciados en la fase de “Aries” conducirán ahora a un fuerte sentido de poder personal. Esto permitirá que una persona establezca su vida sobre bases más seguras. Ahora uno podrá llegar a ser un hombre representativo de verdad, plenamente consciente del nuevo rol social que su personalidad podrá representar. La vida interior debe ser más rica, los sentimientos más expansivos, y debe haber un exaltado sentido de confianza en uno mismo. Sobre esto, uno podrá construir una base más amplia y firme para su vida personal.

El Año de “Escorpio”

Cuando se haya cumplido durante la fase de “Luna Llena” de “Libra” debe consolidarse ahora en el año de “Escorpio”. Estas realizaciones deben ahora sustanciarse en lo social, y habitualmente esto lleva a la necesidad de algún género de reorientación o revisión de la tendencia de Júpiter que estuvo buscando reconocimiento social desde el comienzo del ciclo. Uno debe considerar atentamente las expectativas que tenga desde la nueva relación del Yo con la sociedad, iniciada teóricamente durante la fase de “Libra”. En esta época, podrán aflorar problemas en la elaboración práctica de la propia finalidad vital a través de sus nuevas relaciones interpersonales. Ahora deberán olvidarse o ponerse de lado los sueños no realistas. A pesar de la naturaleza posiblemente idealista del año “Libra” de una persona y su deseo de compartir, toda nueva relación establecida sobre esta base deberá aún tener lugar dentro de la estructura del orden social, cultural y religioso existente. Así, en la fase de “Escorpio”, puede haber problemas debidos a la necesidad de conformarse a esta estructura socio-cultural, o debidos a nuestra oposición a los valores tradicionales. Esta fase del ciclo de Júpiter es la más importante en términos de nuestro triunfo real. Si una persona no es bastante realista y consciente en sus actuales esfuerzos sociales, es probable que en esta época presencie el fracaso de sus esfuerzos en relacionar su finalidad individual con el medio social a mano. Sea cual fuera lo que ocurra, esta fase revelará la realidad concreta –triunfo o fracaso- del esfuerzo para llegar a ser una persona socialmente armoniosa y significativa. Si Júpiter transita la Casa 8 durante esta fase de “Escorpio”, será evidente la necesidad de alguna forma de regeneración personal. Si un individuo desea renacer como persona capaz de participar productiva y eficientemente dentro de la estructura de este grupo, comunidad, nación o cultura, este es el tiempo más probable. Lo que deberá evitarse es la tendencia a perderse en las cercanías o valores de las demás personas, o en la pauta establecida de las actividades sociales de la “totalidad mayor”. Tal vez sea necesario conformarse a ciertos procedimientos sociales a fin de ser aceptado socialmente; sin embargo, nunca debe perderse de vista la finalidad individual. Así, inclusivo después de conformarse, uno puede trabajar para dirigir las energías sociales de que dispone hacia sus propios fines. Cuando la fase de “Escorpio” coincide con el tránsito de Júpiter en la Casa 5, este periodo podrá ser una prueba de la propia conducta personal desarrollada en la precedente fase de “Libra”. Deberá comprobarse el valor real de la personalidad social teóricamente nueva de uno. En esto un individuo tendrá que ser veraz respecto de su finalidad, actuando de modo que convenza a los demás sin herirlos. En este tránsito está el peligro de expresarse a través de la máscara-persona, especialmente si uno se siente inferior. Deberán evitarse el orgullo, la ira y la lujuria. Estos revelan simplemente que la persona no es dueña de su propia casa, y que las energías de la naturaleza humana actúan en lugar del Yo individual.

El Año de “Sagitario”

Si hasta este punto el ciclo fue positivo, entonces la fase sagitariana podrá ser de real expansión social. Durante esta época, uno verá que las nuevas actividades o significados sociales introducidos durante la fase de “Libra” empiezan a impregnar a la sociedad. Aquí debe acentuarse el manejo o la organización sociales, y la extensión del poder social de uno. Uno debe hacer un esfuerzo para transformar esos elementos de su vida social o religiosa que se relacionan con su ciclo corriente de Júpiter. Se vuelven importantes los principios sociales y éticos. La seguridad y expansividad de un individuo provendrán de la seguridad que ganó fundiendo sus energías con algún grupo. Si Júpiter transita la Casa 9 durante esta fase, el tiempo está maduro para hacer planes de largo alcance. Tales planes deben apuntar a la reorganización de las propias relaciones sociales en términos de la nueva visión social que ese individuo logró desarrollar. Aquí se deberá tener cuidado de no deshacer las cosas, de no dejarse llevar por el deseo fanático de engrandecimiento personal. Será posible realizar objetivos concretos en la esfera religiosa u oculta, y podrá haber una pérdida extática del Yo en experiencias místicas. En niveles más mundanos, las oportunidades personales, profesionales y sociales, pueden llevar a contactos con países extranjeros o a una mudanza a un territorio nuevo. Uno podría también invertir en esta época en proyectos nuevos o distantes. Entre las posibilidades del tránsito de la Casa 9 están el trabajo educativo, editorial y de propaganda, la navegación, el derecho, pedidos por correo, o toda labor que exija viajar. Cuando Júpiter transita la Casa 6 durante la fase de “Sagitario”, existe la posibilidad de avanzar bien en el propio trabajo y, si es necesario, no debe de ser difícil hallar un nuevo trabajo. Las mejores oportunidades de la persona provendrán generalmente de su aptitud para aplicar métodos eficaces a su rutina diaria, ya sea en el hogar como en el mundo de los negocios. En alguno casos, este periodo podrá aportar una crisis de respuesta a alguna nueva necesidad social o nacional. Tal vez algunas cosas tengan que cambiarse en las respuestas del cuerpo o en la expresión de los impulsos y deseos instintivos. En la fase sagitariana uno deberá estar preparado para aprender un nuevo enfoque de las habilidades que posee, especialmente si la fase de “Escorpio” reveló debilidades. Una persona debe, sin embargo, comprender que la técnica no lo es todo. Su enfoque personal, emocional o psicológico de la posibilidad de crisis podrá derrotar su aptitud para usar esa técnica. En niveles mundanos, en esta época podrán ofrecer posibilidades profesionales los nombramientos gubernamentales, el servicio civil, los puestos en producción o personal, las actitudes públicas, enfermería y dietética.

El Año de “Capricornio”

La fase de “Capricornio” corresponde a la Cuadratura menguante de Júpiter en tránsito respecto a su posición natal y, en consecuencia, presenta otro periodo de reajuste. Aquello por lo que uno estuvo trabajando desde el comienzo del ciclo debe establecerse firmemente ahora de modo concreto en el contexto social o profesional de uno. Uno no podrá esperar ulterior expansión siguiendo los lineamientos establecidos, y es necesario, desde esta época en adelante, mirar objetivamente los resultados alcanzados en términos de su valor a la comunidad y al crecimiento del propio Yo verdadero. Ahora, uno debe formularse ciertas preguntas: ¿Qué me significa personalmente mi trabajo o carrera actual? ¿Qué espero de ello? ¿Me dio lo que esperaba? ¿Di a mi trabajo o carrera todo lo que yo podía? ¿En qué medida me adecué a ideales colectivos y conducta colectiva hasta ahora? ¿Cuánto podré proporcionar para ser más yo mismo en el futuro, dentro de los límites de lo que la sociedad espera de mi? Si las respuestas a tales preguntas evidencian que las actividades sociales o profesionales que una persona escogió no le permitieron demostrar efectivamente en público quién y qué es como individuo entonces llegó el tiempo de que revea cabalmente la situación. Idealmente, cada individuo debe contribuir a la sociedad lo que él es esencialmente. El propio trabajo en el mundo debe servir para resolver los problemas personales y, al mismo tiempo, satisfacer las necesidades de la sociedad de algún modo. No será necesariamente el tipo más fácil de trabajo; sin embargo, debe ser una ocupación que proporciona las experiencias capaces de estimularlo a uno para que sea verdaderamente uno mismo y dé verdaderamente de sí. No interesan ni el trabajo ni el lugar, hablando espiritualmente, sino más bien la oportunidad de contribuir con algo de valor a los demás en términos de su propia personalidad y unicidad. Si la fase de “Capricornio” coincide con el tránsito en la Casa 10, habrá una particular necesidad de reajustes en términos de la propia carrera o imagen pública. Esto revelará lo que uno pude exteriorizar del ideal de Júpiter establecido en el Ascendente. Como esta exteriorización nunca es completa y perfecta, siempre que se enfatiza la Casa 10, ése es el tiempo para admitirse que falta algo, y para aceptar la necesidad de mejorar el propio desempeño. Durante este tránsito, una persona tendrá el prestigio que merece, y se le pedirá que compruebe sus capacidades y aptitudes sociales, personales y profesionales públicamente. Esta es la época de presentar al público el propio trabajo creador y de ponerse a la altura de la ocasión social o profesional. Si la fase de “Capricornio” corresponde al tránsito en la Casa 7, entonces los reajustes exigidos por el ciclo de Júpiter afectarán las relaciones personales del individuo, lo mismo que su aptitud general hacia el mundo. Uno deberá comprobar el valor de sus ideales sociales por el modo en que “actúa” en relación con otros individuos y también con la comunidad. En otras palabras, uno deberá reajustar sus relaciones sociales de modo que éstas realmente sirvan a una finalidad en algún proceso más vasto.

El Año de “Acuario”

Esta fase del ciclo de Júpiter es el tiempo de considerar “todas” las ideas y los ideales sociales de uno para comprender la necesidad de dar nuevo valor a las actividades sociales de uno. Se necesitará sentido común cuando se trata de evaluar, tan calma y objetivamente como sea posible, lo que se considera que son las necesidades “reales” de la sociedad, de los amigos y de uno mismo. Este es un periodo durante el cual uno tiende a construir castillos en el aire en su esfuerzo por compensar lo que descubrió que faltaba en la fase de “Capricornio”. Es también el tiempo en el que un individuo se inclina a que lo afecten por igual y profundamente la aprobación pública de sus esfuerzos y la condenación pública. Aunque ahora uno puede disfrutar de los frutos de su triunfo público e inclusive puede lograr acrecentar el valor y el prestigio de todo lo que llega a él como resultado de su expansión jupiteriana, este periodo debe despertar también en él el anhelo de nuevos horizontes. Si la fase acuariana coincide con el tránsito de Júpiter en la Casa 11, uno puede disfrutar ahora de los frutos de sus esfuerzos (siempre que el tránsito en Casa 10 haya sido positivo). Sin embargo, lo que es más importante, esta fase debe de ser una clara comprensión de lo que se alcanzó en el ciclo completo de Júpiter. Uno debe ver la brecha entre el ideal y la realidad, y hacer preparativos para un nuevo ciclo de realización jupiteriana. Tras decidir qué nuevo paso deberá hacer en el futuro, uno debe concentrar su atención en el medio social a mano, los amigos y socios que posibilitaron su ascensión pasada, y con quién debe acompañarse en la nueva ascensión. El principal peligro de esta fase es la tendencia a ser demasiado utópico, o apartarse completamente del pasado. A fin de triunfar, uno debe hacer lo más que pueda para formular nuevos ideales de manera socialmente efectiva, de manera aceptable para los que siguieron sus huellas hasta esta fase de la Casa 11. Los recursos sociales son la clave de nuestro triunfo futuro. El medio de progreso serán las personas que uno conoce profesionalmente y los clubes y organizaciones a los que pertenece. El entretenimiento de personas importantes, amigos y prestigio familiar podrán ayudar en la realización de los propios planes. Si Júpiter transita la Casa 8 durante la fase de “Acuario”, uno deberá ahora sustanciar de modo práctico las relaciones que ingresaron durante la fase capricorniana. Aquí la persona deberá poner a prueba sus aptitudes de conducción a fin de acrecentar los frutos de su labor común con otros miembros del grupo. Pueden llamarlo a uno para que corrija y ajuste muchos problemas diferentes suscitados por sus relaciones interpersonales, y a que desarrolle un sentido real de honda simpatía humana. El triunfo llegará aún a través de sociedades, siempre que uno esté preparado a mancomunar sus recursos para beneficio mutuo. Una actitud de colaboración y el encanto personal pueden allanar el camino. En esta época, es esencial mirar hacia adelante y no permitir que el pasado sea un estorbo. Uno debe tratar de transformar sus modalidades habituales demostrando un nuevo principio de conducta. Aquí es importante no perder de vista la finalidad vital que se descripta por Júpiter en Casa 10. Lo que uno haga durante este tránsito en Casa 8 ayudará o estorbará, en todos los niveles prácticos, a lo que uno espera alcanzar como imagen pública de su realidad individual.

El Año de “Piscis”

Esta fase final de ciclo de Júpiter es un periodo de transformación. Las acciones y decisiones tomadas en esta época podrán retardar la capacidad de uno para afrontar las nuevas condiciones y el nuevo medio ambiente que asoma en el horizonte. Como se trata de ir más allá de la consciencia y las actividades sociales, religiosas o políticas que hasta ahora le exigieron lealtad, tal vez tenga que renunciar a mucho. El nuevo impulso jupitariano no será verdaderamente nuevo, a no ser que durante la fase de “Piscis” uno consiga desechar esas creencias y actitudes que le atan al pasado. Durante esta fase uno deberá asimilar tanto los valores no familiares y distantes como sea posible. Ahora, la expansión jupiteriana debe incluir todavía, especialmente lo que lo desafía a uno por su notable diferencia o hasta antagonismo. Sólo de este modo uno podrá prepararse para un “nuevo” ciclo de Júpiter; pues mayor comprensión y mayor amor dependen de la capacidad del individuo para incluir lo ajeno y lo desconocido. Si Júpiter transita la Casa 12 durante la fase de “Piscis”, la tendencia de disolución de apegos y de limitaciones que atan asume un carácter fuertísimo. El Júpiter en Casa 1 nunca será un símbolo de identificación personal con algún nuevo ideal social o religioso a menos que haya habido algún renunciamiento y abandono anterior. Así, el llamado al renunciamiento llegará cada 12 años cuando Júpiter transite la Casa 12 natal. Sólo cuando el pasado no tironea ni ata más al alma y a la mente, el espíritu podrá actuar y dirigirlo a uno hacia adelante y más allá. Durante esta fase final del ciclo uno deberá cuestionar su lealtad a la sociedad y a las costumbres sociales. Si durante esta época no llega el cambio, entonces no se vive como individuo libre. La única libertad verdadera reside en nuestra aptitud para cambiar las lealtades según el crecimiento en ideales espirituales, morales y sociales. Si una persona resiste al cambio, entonces también resiste el crecimiento. Sin embargo, cuando uno toma consciencia por primera vez de que no crece porque no quiso cambiar, entonces surge la oportunidad de “usar” esa libertad. Renunciando a los valores módicos y a las satisfacciones estrechas de uno, tal vez busque, en lugar de ello, el logro de metas más grandes y nobles. Esta es la pauta de la oportunidad que se presenta cada 12 años cuando Júpiter atraviesa su fase de “Piscis”, y también cuando el planeta transita la Casa 12. Si la fase de “Piscis” corresponde a un tránsito jupitariano en Casa 9, entonces significará la oportunidad de volver a tasar y renunciar a los valores y creencias que forman la base de su ubicación en casa 10. Específicamente, será en términos de asuntos de la Casa 9 que uno se encontrará con condiciones a través de las cuales su antiguo modo de sentir, pensar y comportarse debe ingresar gradualmente en un nuevo camino. Tal vez a través de alguna experiencia religiosa o de la lectura de alguna obra filosófica, o escuchando a un maestro, uno transformará su impulso jupitariano; y quizá sea a través de un viaje a un lugar distante o encontrándose con una persona de un país extranjero que uno ganará una nueva perspectiva y cambiará sus lealtades. En todo caso, este tránsito en Casa 9 se refiere al esfuerzo de un individuo para averiguar “por qué” ocurren o ocurrieron ciertas cosas en sus relaciones interpersonales y en su intento por relacionarse significativamente con el mundo externo. La influencia pisciana sugiere la necesidad de atravesar la crisis a fin de poder enfocar al mundo de modo nuevo y más libre.

El Ciclo de Saturno

Todo individuo tiene antecedentes en forma de herencia familiar, racial y, en el límite, humana. Cada infante recién nacido es pues, una síntesis de elementos colectivos, lo mismo que si uno cree en la reencarnación- el producto final de una serie infinita de manifestaciones como alma divina. Astrológicamente, el símbolo de ese pasado es Saturno. La posición de Saturno en el mapa natal indica, pues, cómo la historieta condicionará el desarrollo de la vida futura del individuo. Saturno define el punto de partida individual, el universo llegó hasta aquí antes de que él arribara, y desde este punto él deberá desplazarse por su propio camino. Saturno no gobierna el futuro, sino que más bien define el pasado, los antecedentes y las tradiciones raciales y culturales en el que el nativo nació. El comienzo de un ciclo no determina absoluta e inevitablemente su fin. En todo ciclo hay un punto medio -el presente incesante- que simboliza el poder creativo del individuo, el factor impredecible en todos los procesos vitales. Sin embargo, el elemento creador es sólo un “potencial” y no es necesariamente activo en un hombre o mujer en particular, puesto que sólo podrá actuar cuando un individuo llegue a ser una personalidad relativamente completa e integrada. Cuando tal integración no tiene lugar, el individuo sigue siendo un espécimen pasivo de su raza, comunidad y cultura. Para el individuo creador, el momento presente es siempre más que un mero resultado del pasado. El momento saturnino actual asume el aspecto de un capataz sólo para una persona que no está individualizada. En este caso, cree que su originalidad está ligada por la rutina; que sus aspiraciones se nivelan en la norma colectiva y que sus acciones se basan en lo precedente y que, en consecuencia, son carentes de iniciativa creadora y, de esta manera, libre. En el mapa natal, Saturno concentra las energías; donde Saturno es hallado por Signo y Casa, hay algún nudo del destino inevitable. Cuando Saturno forma Conjunciones u Oposiciones a otros planetas en el mapa natal, se revelan algunos de los secretos más básicos del individuo. Las Conjunciones de Saturno muestran la naturaleza de una nueva situación que enfrenta al Yo encarnante, o una relación con la tradición familiar, que ocuparán profundamente su consciencia. Será una situación obligatoria; y, porque es nueva y no familiar, requerirá la total atención de esa persona durante una gran parte de su vida. Del planeta en Conjunción con Saturno brotarán las experiencias básicas, y una comprensión de estas experiencias puede consumir mucho tiempo y energía, y necesitar muchas repeticiones. La tarea de esa persona será apartarse de esas experiencias para que, a su tiempo, pierdan su carácter compulsivo. Cuando Saturno en tránsito se opone a la Conjunción natal, la persona tendrá su mayor oportunidad para alcanzar una comprensión objetiva de la condición y, de este modo, ser libre de ella. Sin embargo, tal libertad sólo llegará a través del cumplimiento de la tarea a la que la Conjunción apunta. Podrán sobrevenir momentos secundarios de conocimiento más profundo del significado de la Conjunción cuando cualquier otro planeta, o el Sol y la Luna, se oponen a ella. Sin embargo, debe señalarse además que el conocimiento sólo es posible “siempre que” el nativo preste su atención consciente a la tarea. Las Conjunciones natales con Saturno son a menudo el símbolo de “complejos” psicológicos, especialmente si se trata de los planetas personales. Sin embargo, en los años intermedios hay muchas oportunidades secundarias para tal conocimiento más profundo. Mensualmente, la Luna transitará esa posición, elevando el propio conocimiento instintivo y la posibilidad de asumir una acción para aclarar la finalidad de esa Conjunción, similar ocurrirá con el tránsito solar que ocurre cada año. El tránsito anual de Mercurio indica un tiempo en el que la persona puede emplear el principio del intercambio intelectual para aclarar su comprensión. El intelectualizar el problema y darle expresión verbal podrá ayudar al individuo a ser más objetivo. Con el tránsito de Venus, cada doce meses aproximadamente, la persona puede extraer sus valores básicos para hallar el significado interior en este conflicto vital. El tránsito de Marte ocurre cada 2 años y dará la oportunidad de expresar externamente el complejo. El dirigir la energía hacia afuera lo objetivará más y liberará al individuo de su naturaleza compulsiva. El tránsito de Júpiter a este punto o Oposición cada doce años proporcionará una ocasión de ubicar el problema en una más vasta estructura de referencia –a contemplarlo más bien desde un punto de vista social que puramente personal.

El Ciclo Genérico de Saturno

El Primer Ciclo, Saturno y el Pasado

Este ciclo empieza en el nacimiento y concluye cuando la persona se acerca a los 30 años de edad. Aquí Saturno es expresado en términos del pasado colectivo, o sea, la herencia y el medio ambiente en el que el individuo nació y del que deberá emerger a fin de cumplir con su potencial natal. Los lazos de Saturno, experimentados primero como la figura-de-padre/figura-de-autoridad, y más tarde como las censuras de las tradiciones familiares y sociales, deberán romperse a su tiempo. Si durante este ciclo no se los rompe, pasarán al próximo, manifestándose de modos mucho más negativos. Todo niño comienza la vida como un ser totalmente dependiente, incapaz de hasta la afirmación más elemental de su propia volición. Cuando Saturno en tránsito se aleja de su posición natal, el niño se vuelve progresivamente más independiente y mejor capacitado para divorciarse de su condicionamiento natal, ganando así perspectiva sobre sus padres, su dependencia y todas las pautas familiares. Durante todo el ciclo, esta separación toma frecuentemente la forma de rebelión; y, aunque muy deplorado por los padres, es un paso importante en el proceso de crecimiento hacia la individualidad.

La Cuadratura Creciente

La primera “crisis” ocurre cerca de los 7-8 años cuando Saturno entra en Cuadratura a su posición natal. Tales Cuadraturas, según Rudhyar, asumen a menudo el carácter de un crítico aspecto de Marte. En esta Cuadratura creciente, existe el primer intento de subrayar el “yo” contra las presiones de la familia y del medio ambiente. Dícese que el niño llegó a la “edad de la razón” y no responde más a “porque yo lo dije...”. Por primera vez, cuestiona la autoridad aparentemente divina de padres y maestros. Empezará a expresar un deseo de escoger sus ropas y los alimentos que desea comer. Si antes se impuso una hora fija de irse a dormir, a menudo hará de esto una cuestión con la que intentará afirmar su propia voluntad. Esta puede ser una época de gran conflicto de voluntades en la medida en que el niño busca cada vez más medios de autoafirmación. Quiere descollar sobre los demás, para “ser” una figura de autoridad. Al darse cuenta de que tiene ventaja sobre alguien más pequeño, tal vez se vuelva mandón con sus compañeros de clase o con sus hermanitos, y si no tiene hermanitos quizá pida o hasta exija uno. Como una pincelada común en Saturno (las censuras de la sociedad) que se experimenta en esta edad, se le atrapa robando. Antes de esta edad, cuando un niño tomaba algo era porque no podía diferenciar entre la propiedad de los demás y la propia. Sin embargo, hacia los siete años de edad, el concepto de propiedad se define claramente, y el niño sabe que tomar lo que pertenece a otro está mal. Lo que está haciendo es poner a prueba la autoridad de la sociedad. A su tiempo, le atraparán y deberá ser reprochado adecuadamente. Las lecciones de la primera Cuadratura de Saturno, si no se aprenden para entonces, derivarán en conducta adulta antisocial. Sin embargo, un padre deberá darse cuenta de que, en un niño de siete años de edad, son lecciones que han de aprenderse como parte del proceso natural del crecimiento.

La Oposición

La crisis de la pubertad o inmediatamente siguiente a ésta (aproximadamente a los 15 años de edad) corresponde a la Oposición de Saturno en tránsito con su ubicación natal. Todo este periodo se caracteriza por drásticas oscilaciones entre la niñez y la adultez. En un minuto es demasiado joven y en el siguiente demasiado viejo. Cuando el individuo que emerge realiza sus primeros intentos para volar por si sólo, descubre que ser adulto no es lo que pensaba que sería. Con la libertad llega la responsabilidad, y, cuanto mayor es la libertad, mayor es la responsabilidad. Aunque durante este periodo, los problemas de sexualidad y relaciones de parejas parecen máximos, son sólo una parte de la crisis. La mente está también desarrollando sus facultades objetivas y se la utiliza como medio de evaluación crítica. Este es el real punto crucial de la adolescencia –no meramente un conocimiento biológico del sexo y las relaciones sociales- sino mucho más profundamente una confrontación y evaluación objetiva respecto de la familia, todas las figuras de autoridad y la sociedad misma. En nuestra sociedad, esto incluye también los medios de comunicación y el gobierno. En su intento por separarse de las censuras de los padres y de la familia, el jovenzuelo adopta con frecuencia una actitud abierta de rebelión. Los pobres padres no pueden hacer NADA bien. Lo objeta todo, desde los alimentos que comen hasta sus valores morales básicos. El grupo de compañeros reemplaza a los padres, a los maestros y, a veces, a las leyes de la sociedad como autoridad final. Adopta una mentalidad sitiada de nosotros-contra-ellos, y la popularidad entre sus compañeros es la meta última en esta época. El individuo que emerge adherirá a sus códigos de vestimentas y comportamiento con un fervor casi religioso. Este es un paso natural hacia la independencia plena, pero hasta que uno pueda moverse más allá de esta dependencia de la aprobación del grupo, el ego no continuará desarrollándose en sentido creador. La evasión de la responsabilidad es otro fenómeno natural de esta edad. Habitualmente, aparece como evitando los quehaceres domésticos, pero a veces asume un aspecto mucho más drástico y potencialmente perjudicial: el matrimonio prematuro. La mayoría de los matrimonios que tienen lugar tempranamente en este ciclo está condenado al fracaso, puesto que su finalidad no es establecer una relación sino huir de la restricción hogareña y paterna. Separado prematuramente de su grupo de compañeros mediante la selección de uno solo, el individuo tal vez sienta como si le hubieran quitado por la fuerza el suelo debajo de sus pies. La reacción es, a menudo, escapar del matrimonio. Y una vez más se encuentra “huyendo del hogar”. Si Saturno (las leyes de la sociedad) no cayó duramente sobre él cuando robó aquella primera goma de mascar alrededor de los siete años de edad, entonces el jovenzuelo tal vez ponga nuevamente a prueba el sistema con otro latrocinio. Esta vez puede ser con la colaboración de sus compañeros. Cada vez que se aleja con eso, el objeto es más grande o de mayor valor monetario. ¿Hasta donde podrá ir? Tarde o temprano Saturno le atrapará. A través de este periodo deberá recordársele que el jovencito necesita alguna autoridad establecida para rebelarse contra ella. Si no se le impusieron disciplinas, irá tan lejos como sea necesario para hallar una salida. Los padres que dejan a sus hijos totalmente a sus anchas no les están haciendo un favor, no importa lo que pueden decir algunos libros. Este es el verdadero significado de “estropear un hijo”.

La Cuadratura Menguante

Mientras la crisis de la Cuadratura creciente (7-8 años de edad) es primordialmente de la acción, la crisis correspondiente a la Cuadratura menguante de los 21-22 años de edad es esencialmente cerebral, una “crisis de la consciencia”. Esta es la época en la que finalmente pueden romperse los vínculos de dependencia de los padres. La sociedad reconoce al individuo como un adulto con todos los privilegios y responsabilidades correspondientes. Puede beber, votar, casarse y firmar contratos sin permiso de sus padres; si quebrante la ley, irá a la cárcel. Para esta época a menudo completó su educación y aprendizaje, y está listo para embarcarse en una carrera y sostenerse a sí mismo. Ahora es la época en que puede viajar por el mundo sin escapar de su hogar. Para este tiempo, el lazo paterno-familiar, que estuvo disminuyendo desde los siete años de edad, no debe ser de mayor interés. Ahora, el problema es que el individuo deberá separarse finalmente de sus compañeros y permanecer solo. Hay un fuerte conocimiento de que la “individualidad” verdadera es más bien mental que física. En esta época, la persona puede convertirse en una solitaria, aislándose del grupo. Este puede ser un tiempo muy analítico, con mucha energía que se gasta en cuestiones filosóficas. La separación respecto del pasado debe incluir también la ruptura de los lazos de las viejas actitudes. Una vez que el individuo se libera de la dependencia de padres y compañeros, está listo para establecer una relación de una persona con otra y ocupar su lugar en el esquema social. La ruptura con el grupo de compañeros no exige que uno se convierta en ermitaño, pues la única libertad verdadera está en la mente. Si el individuo tiene aún la necesidad de dependencia, se casará con una madre o un padre, no importa cuál sea su edad, y nunca podrá establecer una relación verdaderamente adulta. Si no puede apartarse del grupo de compañeros, nunca establecerá amistades verdaderas y eternamente estará en términos de igualdad con sus vecinos.

El Segundo Ciclo, Saturno y el Presente 

El nuevo ciclo comienza inmediatamente antes de los 30 años de edad, cuando Saturno regresa a su posición natal. A menudo, éste es un año de elección que determina la dirección de la vida, el tipo de socios que uno valora, y la actividad profesional o comercial que adopta. El segundo ciclo es una antítesis del primero –es el ciclo de la productividad potencial. Durante todo este ciclo, a medida que uno lucha para ganarse la vida y producir algo de valor dentro de la comunidad, Saturno se manifiesta como el capataz. El individuo está obligado a actuar según un principio, cumpliendo una función o un papel claros en la sociedad, tan significativamente como sea posible. Aquí Saturno es la fuerza que constriñe y afirma el presente a través de la rutina compulsiva de la existencia. Sin embargo, el desarrollo personal a través del segundo ciclo depende totalmente del crecimiento y del grado de madurez alcanzado durante el primero. Si al final del primer ciclo uno emergió como un individuo creador dispuesto y capaz de usar su potencial pleno, entonces, el segundo ciclo será de creatividad y productividad siempre crecientes. Por otro lado, si uno no emergió del primer ciclo como individuo completo y total, si permanece atado por las censuras de la sociedad, las exigencias de algún grupo de compañeros o una dependencia de padres y familia, entonces es probable que el segundo ciclo sea una repetición torcida o invertida del primero. Esto no equivale a decir que si los desafíos de Saturno no se satisfacen plenamente antes de los 30 años de edad, una persona esté condenada a una existencia sin sentido, sino sólo que estará todavía resolviendo conflictos a los 45 años de edad, los cuales debería haberlos resuelto cuando tenía quince. Siempre hay ocasión, pero alrededor de la segunda vez, las pautas están más profundamente atrincheradas y su resolución es más difícil. Cuando empieza el nuevo ciclo de Saturno, el individuo se encuentra confrontado con nuevas situaciones y limitaciones que condicionan y definen su destino (la pauta de su consciencia y su carácter) para los treinta años venideros. Este es un tiempo psicológicamente crítico puesto que las personas están agudamente conscientes de que algo terminó, pero apenas conscientes de lo que queda por delante. Hay una nueva tendencia a evaluar el ciclo pasado, no en términos de su valor como experiencia de aprendizaje, que es lo que tiende a ser, sino en términos de productividad, que es lo que se supone que será el siguiente ciclo ce 30 años. “Si no lo hago hacia los treinta...” es la frase que se repite a menudo entre la gente veinteañera. Lo implícito que no se dice es que uno renunciará si no logró para esta época las metas de su vida. Lo que no entra en consideración es lo que hará con el resto de su vida si “lo hace” hacia los treinta, tiene todavía otro ciclo completo de Saturno por delante para alcanzar, crecer, cumplir y realizar su potencial creador. El regreso de Saturno en tránsito a su posición natal proporciona una oportunidad de revalorar los sueños y metas de la juventud a la luz de la madurez. Muchas veces, las ambiciones que parecen significativas a los 25 años, aparecen marcadamente superficiales a los treinta. Esta es una época de detenerse y echar una cuidadosa mirada a la propia vida antes de zambullirse.

La Cuadratura Creciente

La crisis adicional de este segundo ciclo de Saturno, paralela a la de los 7-8 años de edad, ocurre cerca de los 36 años. En esta época, el individuo bien debe andar rumbo a la madurez, y sus reacciones básicas ante la vida deben ser claramente evidentes. Aquí la cuestión primordial es si son evidentes de por “sí” o no. Antes de poder emplear su plena potencia, el individuo deberá separar finalmente el Yo de lo que la sociedad le dijo que es o debe ser. Este es tiempo de cavar alrededor de las propias raíces, de hallar los propios cimientos. El sentido de “Yo” es fuerte, pero, “¿adónde pertenezco yo? A lo largo de este periodo, el individuo puede experimentar, pues, fuerte sensación de aislamiento. Al liberarse del pasado, tal vez sienta que dejaron de acuciarlo. En esto experimentará libertad verdadera, solamente cuando reconozca que fue “él mismo” quien tomó la decisión, aceptando, pues, la responsabilidad total de su propia vida. En esta época de espacios vacíos, hay un agudo conocimiento, y el individuo puede intentar llenarlos con personas o bienes materiales. Tal vez difícilmente se llegue a entender que el “espacio” es necesaria condición previa del crecimiento, pero hasta entonces uno será un consumidor que abarrote con bienes los rincones vacíos de su vida. En esta época, el impulso en procura de bienes propios es una expresión del deseo de establecer una base permanente. Es la manifestación externa de la base que se establece dentro. Según Rudhyar, las Cuadraturas creciente y menguante de este ciclo participan de las características de Júpiter. Siendo Júpiter el opuesto solar de Saturno, es capaz de compensar las restricciones de Saturno con recompensas financieras y triunfo social. Empieza a ser claro problema el tomar consciencia de la edad, lo cual apareció por primera vez en la época de la Conjunción. En una sociedad orientada hacia la juventud, el individuo descubre de repente que se lo juzga “demasiado viejo”. A los aspirantes de más de treinta y cinco años se les cierran muchas oportunidades laborales, y aunque se tenga excelente estado físico, se advierte cada vez más que el cuerpo no soportará más el castigo de otrora y de buena gana se echará atrás. Nuestros contemporáneos se mantienen siempre en nuestra misma edad, pero observamos que nuestros hijos y padres envejecen casi ante nuestra vista. Cada vez somos más conscientes de que si entre nosotros y nuestros padres existen todavía diferencias sin zanjar, deberán ser resueltas pronto. Los padres dejan de ser inmortales, como nos parecían a los siete años de edad; y si para esta época no perdimos a uno de nuestros padres, experimentamos la muerte de los contemporáneos de éstos. El tiempo se acorta. Sabemos que no tendremos que portarnos bien eternamente ante nuestros padres. Para una mujer, esta época puede ser especialmente crítica puesto que a los 36 años señalan el comienzo del cuarto final de sus años fértiles. Hasta una mujer con varios hijos llega a conocer que, si va a tener otro, mejor sería que fuera ahora. Para una mujer estéril, esta situación podrá ser fuente de abatimiento. Quizás una vez le pareció que tenía mucho tiempo para pensar después en hijos, pero a los 36 años de edad el tiempo se acaba.

La Oposición

En la época de la Oposición (44-45 años de edad) ocurre una crisis de revaluación. Es una evaluación de todo lo que uno construyó como individuo desde los 29 años de edad. La nota clave deberá ser aquí la “objetividad”, deberá efectuarse según los propios valores personales, más que las expectativas de familia, rituales o sociedad, a fin de que el individuo encuentre el significado verdadero en su existencia. Aunque es un periodo de crisis, con una gran comprensión clara y objetiva de su finalidad vital, el poder creador del individuo podrá emerger plenamente. Esta podrá ser una experiencia de iluminación real –el portal hacia un periodo más creador y productivo- los 44-59 de edad. Si en esta época se encuentra problemas, uno puede estar seguro de que la raíz de la molestia radica en el hecho de que la persona permaneció inmadura, interiormente insegura y frustrada en alguna dirección importante. Tener consciencia de esto tal vez induzca a procurar un nuevo inicio antes de que sea demasiado tarde, experimentar a los 45 años lo que no se logró experimentar en la época correcta del pasado. Si es demasiado grande la brecha entre el ideal y la realidad, entonces la sensación de frustración, fracaso e impotencia podrán obligar a que uno renuncie a luchar en procura de la individualización, y a entregarse eventualmente a una existencia personal sin sentido, según la norma colectiva. Los problemas de la segunda Oposición pueden guardar estrecho paralelismo con los que se experimentaron a los 15 años, durante la primera Oposición. Una vez más ocurren problemas en el ámbito de la sexualidad y de las relaciones de pareja, y éstos están compuestos por los cambios hormonales que acompañan a la menopausia. Una mujer está cerca o al final de sus años de gestación, mientras que un hombre ve grandemente disminuida su potencia sexual. Ambos sienten que su atractivo sexual mengua, son claramente visibles las señales de vejez; y, según los valores colectivos de una sociedad orientada hacia la juventud, esta es una tragedia de deberá evitarse a toda costa. Las deudas por afiliarse a la “generación de Pepsi” suben cada más –centenares de millones de euros por cirugía cosmética, tinturas de cabello, vitaminas, terapia hormonal, reducción de peso, y una miríada de bienes y servicios que prometen la juventud eterna. Ni siquiera puede contarse el costo emocional. Para muchos es un pozo sin fondo de frustración e ira, y la muerte se convierte en temible realidad cuando uno está a la caza de su juventud perdida. Por primera vez, el nativo experimenta que sus contemporáneos mueren de las denominadas “causas naturales”. En esta época, uno experimenta frecuentemente la muerte de uno de sus padres. Por otro lado, tal vez descubra que la situación de la adolescencia está al revés cuando asume la responsabilidad por un padre que no puede cuidar más de sí. Si subsiste un complejo de padre, por lo general, lo transferirá a la relación del individuo con el jefe, la corporación o el cónyuge. Sin embargo, las avenidas de la rebelión son limitadas. Habitualmente, a los 45 años de edad, uno es demasiado viejo para cambiar de trabajo, por lo que el divorcio llega a ser una alternativa viable. De hecho, en esta época al divorcio se le ve como solución de muchos problemas, si el matrimonio se lo juzga a la sazón responsable de todos los problemas que uno censuró a sus padres cuando era jovenzuelo. Una nueva pareja reafirmará el propio atractivo sexual, regenerará el vacío estilo de vida personal, revitalizará la propia carrera en descenso. Tal como muchos jovenzuelos escapan del hogar para casarse, muchos denominados adultos hacen lo mismo. Literalmente, están huyendo. No son raras en esta época las desapariciones al estilo Peter Pan.

La Cuadratura Menguante

La crisis de la consciencia que sobreviene a los 52 años de edad guarda paralelo con la crisis experimentada a los 22-23 años de edad. Una vez más el individuo afronta la necesidad de apartarse de sus establecidas pautas de conducta, sentimiento y pensamiento. En este punto medio de los años creadores y productivos, se siente el desafío de aprovechar la ocasión y a ensayar algo nuevo. Cuando uno acepta el desafío, el carácter jupitariano de la Cuadratura se torna muy evidente. La vida se expande en un sentido social cuando uno intenta ensanchar sus horizontes. En esta época, muchas personas vuelven a la escuela y descubren que empiezan a abrirse ante ellas nuevos intereses. Podrá hallarse satisfacción personal en la expresión creadora, pintura, música, fotografía y jardinería, para nombrar sólo unos pocos. Hay también el impulso a lanzarse al mundo y efectuar una contribución a otras personas. Liberadas de responsabilidades financieras para con sus hijos, muchas personas emplean esto como una oportunidad para viajar, tomarse las vacaciones de sus sueños, que siempre planearon pero que en realidad nunca juzgaron posibles. Estos son años de ganancias. Por desgracia, en esta época uno también se da cuenta de que llegó a lo más alto de la jerarquía, y a quien esté en un nivel bajo tal vez le parezca que no le queda sino aguardar pasivamente el retiro. En este caso, podrá asumir una sensación de derrota, y la vida misma se torna sin sentido y fútil. Sin embargo, para otros, éste puede ser el tiempo de un cambio laboral mayor. Aprovechando una oportunidad y ensayando algo nuevo, uno podrá expandir vastamente su potencial creador. Sin embargo, a fin de hacer esto, uno deberá liberarse primero de los obstaculizadores recuerdos de los fracasos pasados, especialmente los vinculados con las experiencias que ocurrieron en la Oposición (44-45 años de edad). Si pasado los 40 años, uno se complació en comportarse como un jovencito, entonces esta Cuadratura señala la época en que le presentarán la cuenta. Si se abusó de la salud, entonces en este ámbito pueden ocurrir problemas. Tales problemas pueden ser bastantes graves como para exigir un retiro forzoso, pero, por lo general, son meramente una advertencia de que uno deberá cambiar su estilo de vida. El cuerpo no es más capaz de absorber mas castigo sin mostrar malos efectos. Para esta época, los “niños” son adultos por derecho propio y deberá reconocérselos como tales. Esto exige revalorizar la relación padre-hijo. Finalmente, uno deberá poner distancia con sus hijos y aceptar una posición de influencia cero. La recompensa por esto podrá ser el estado de abuelo: una relación libre de responsabilidades en la que uno sea capaz de consentir a los nietos sin necesidad de disciplina. Para muchos, esta es la más grande de todas las recompensas jupiterianas. Sin embargo, el padre que abandonó a sus hijos a la edad de 44-45 años tal vez descubra que sus hijos no quieren tener nada que ver con él. Tal venganza se expresa a menudo reteniendo a los nietos. Tal como el lazo de dependencia paterna lo rompe a menudo la muerte por la fuerza en la época de la Oposición, el lazo del grupo de iguales lo empieza a disolver la muerte en este tiempo. A algunas personas las conducirá a la desesperación el darse cuenta de que, en última instancia, uno está solo, que no puede depender de padres, hijos, compañera, amigos o carrera para promocionar significado y satisfacción creadora a su vida, mientras que a otras les lleva a la cima de su potencial individual.

El Tercer Ciclo, Saturno y el Futuro

Inmediatamente después de los 60 años de edad, Saturno retorna a su posición natal por segunda vez, y empieza el ciclo final de la vida. Aquí, Saturno trata de reunir el significado esencial de la vida en una forma de consciencia o símbolo-semilla que pueda garantizar la inmortalidad. La crisis psicológica que ocurre en esta época guarda paralelismo con la crisis en el primer retorno de Saturno. Una vez más el individuo es agudamente consciente de que terminó algo; sin embargo, en este caso, lo de que su juventud se fue, su vitalidad disminuye, y sus años productivos están cerca de su fin. Parece que no queda sino aguardar pacientemente la muerte. En esta época, el desafío real es ver que aún hay otro ciclo de vida que tan sólo comienza. En la antigüedad, a los 60 años se los consideraba la edad de la filosofía, de la sabiduría, porque sólo a través de la sabiduría es posible integrar significativamente la contribución individual con las necesidades reales de la raza. Rudhyar señaló que una mente creadora –artista, científico, estadista, escritor- habitualmente no deja su sello en su época antes de llegar a sus 60 años de edad. Las obras que realizó durante el segundo ciclo de Saturno se graban sobre la generación que nació en la época en que esas obras se produjeron. Esta marca es la base de la inmortalidad socio-cultural posible para la mente creadora. Es la prueba de la positiva síntesis de la finalidad individual con las necesidades colectivas de la raza. Esta es la meta en pos de la cual debe trabajar toda persona creadora después de la Oposición de Saturno, correspondiente a los 40 años. En tales casos, Saturno simboliza la semilla, y su tercer ciclo se refiere a la recolección de la cosecha de la vida. La semilla, que será legada a las generaciones futuras para que éstas la planten y cosechen, es la inmortalidad del individuo. La tragedia de la sociedad contemporánea es que el final de la vida no se considera como una edad de sabiduría. No se espera que los ciudadanos mayores desempeñen un papel creador y, en consecuencia, es muy difícil dar significado positivo al tercer ciclo de Saturno. Si en el mundo actual hay tan pocos líderes espirituales es porque nuestra sociedad no reclama realmente un liderazgo espiritual. Las personas depositarán su fe en la producción y la tecnología, y por ello tenemos grandes productores y técnicos eminentes, productos del “segundo” ciclo de Saturno, La consciencia colectiva está adherida al segundo ciclo y seguirá así mientras se glorifique el culto de la juventud y sólo adore a la productividad. Al tratar de prolongar el periodo de la productividad y eludir la realidad de la edad, estamos también eludiendo la sabiduría. Tal vez inconscientemente tengamos que buscar la sabiduría que la edad puede aportar, porque si fuéramos sabios tendríamos que cambiar algunas de nuestras caras ideas relativas a la productividad. El temor a la edad no puede ser culpa solamente de la falta de referencia que la sociedad tiene para con la sabiduría y la fortaleza de sus ciudadanos mayores. Más profundamente, el temor a la muerte. Mientras un individuo crea que la sociedad espera de él que siga produciendo o salga del camino y dé lugar a las generaciones más jóvenes, esta actitud negativa hacia la vejez persistirá. Si a través de un conocimiento del significado de los tres ciclos de Saturno, más individuos tratan de crecer en sabiduría, así ser más sabios en sus relaciones humanas y en su comprensión de los problemas de la vida, entonces, quizá la sociedad aprende a confiar a sus ciudadanos mayores algunas de las funciones cumplidas ahora inadecuadamente por mentes más jóvenes, todavía llenas de la fiebre de la productividad y gobernadas por egos ambiciosos. Al patrocinar el futuro espiritual de la humanidad, uno está patrocinando también su propio futuro, y ese futuro se extiende más allá de la crisis de crecimiento que llamamos muerte.

El Ciclo Genérico de Urano

En el enfoque humanístico, los planetas que están más allá de la órbita de Saturno simbolizan etapas de la evolución humana que son “trascendentes”. Estos planetas representan nuevos factores que afectan a la actividad humana en los niveles social e individual, factores que trastornan continuamente el status quo, tanto en el pensamiento como en la acción en todos los niveles de la sociedad. Desde que lo descubrió, la civilización occidental se halla en un estado de crisis, debido en parte a los fundamentales cambios sociales y económicos introducidos por la ciencia y la tecnología moderna. Además, se sienten repercusiones en el nivel personal, pues los individuos se hallan en un perpetuo estado de inquietud. En un intento de afrontar este constante estado de crisis, aparecieron diferentes escuelas psicológicas, subrayando cada una su propio enfoque de los problemas de la vida moderna. Como lo señalara Rudhyar, el difundido énfasis actual sobre el uso de términos psicológicos, incluida la astrología, es el resultado directo de la necesidad de afrontar este estado universal de crisis. Hay una tendencia general a reaccionar con exceso, especialmente en un nivel emocional, ante la palabra “crisis”, a verla como algo cruel y terrible que debe evitarse a toda costa. Las más recientes escuelas psicológicas definen a la “crisis” como “una fase del crecimiento”, del individuo o de la sociedad. Tiene finalidad y significado en relación con la evolución total de la personalidad humana o de la colectividad que atraviesa tal fase. La crisis es necesaria para esta evolución, aunque la “forma” que tome no sea inevitable. En cambio, la transición y la transformación son ingredientes necesarios de la experiencia humana, pero esto no significa que la revolución violenta o la guerra sean el único medio de realizarlas socialmente. Del mismo modo, una crisis personal de crecimiento no produce “necesariamente” enfermedad, neurosis, insana o pérdida trágica. Pero que existen dos objetivos fundamentales claramente diferentes respecto del tratamiento psicológico de las crisis. El primero, y lamentablemente el más común, es tratar de restablecer el estado de la denominada normalidad que la crisis trastorna. Este es el objetivo tanto de los psicólogos sociales como de los freudianos, y puede vincularse astrológicamente con el nivel Júpiter/Saturno de funcionamiento. El objetivo de alternativa, adelantando primero por Carl Jung, es “usar” las crisis como exigencias de un crecimiento mayor, como medio para inducir una metamorfosis interior de la personalidad. Esta actitud puede vincularse astrológicamente con Urano y Neptuno. El estudiante humanístico sabe que tales crisis son a menudo tensionantes y perturbadoras. Es el punto del cambio/no cambio en que la persona deberá tomar una decisión consciente o convertirse en víctima del destino. Deberá actuar o actuarán por ella. El punto de cambio nunca es cómodo ni consolador; sin embargo, a fin de alcanzar la madurez personal, a las crisis deberá afrontárselas, entendérselas y asimilárselas.

Este enfoque lleva a la persona mucho más allá del nivel del “yo”. Mientras en el nivel Júpiter/Saturno uno es desafiado a convertirse más bien en “un individuo mayor y mejor” que a meramente aceptar el status quo, en el nivel de Urano/Neptuno es desafiado a llegar a ser “más grande que un individuo”. Cuando uno cambia de estructura de referencia, su vida asume un significado en el nivel colectivo e incluso universal y descubre el significado de los valores que tienen significado, ya sea que él exista o no como individuo. En vez de encontrarse con la gente en términos de sus propios deseos, uno busca una realidad mayor en pos de la cual pueda trabajar con los demás. Entonces, una persona es capaz de expresar el significado universal de Urano y Neptuno. Si uno simplemente quiere ser “normal” como todos los demás, entonces la crisis parecerá destructiva, algo contra lo que habrá que luchar hasta que las cosas vuelven a la existencia familiar y comodona que se tenía antes. Aquí el problema es que la rutina “normal” nunca será tan cómoda como lo fue, llevando a un resultado final de miedo, frustración y de haber sufrido por nada. Tal resultado indica la derrota espiritual. El estudiante humanístico deberá ayudar a su prójimo a que encuentre el significado positivo de las crisis de Urano y Neptuno y a que asuma una actitud positiva respecto a aquéllas primero de todo, aconsejando sobre la duración que es de esperar de ellas. Segundo, el estudiante podrá señalar la finalidad aparente de la crisis y su ímpetu de transformación en la vida y el carácter de ese individuo. Aquí el estudiante deberá considerar no sólo el mapa íntegro, incluidas las progresiones de la vida, sino también el factor edad. Con esta información, una persona podrá trabajar conscientemente con los cambios que la crisis le exige realizar, en vez de combatirlos. Desde el punto de vista humanístico, Urano actúa positivamente, como el revelador de los mundos más grandes y de las verdades más inclusivas. Urano es el inspirador, la fuerza que trata eternamente de transformar las modalidades autocráticas y fijas de Saturno. Los valores universales de los que Urano es el símbolo no pueden alcanzarse hoy, salvo a través de algún género de rebelión contra los privilegios y la denominación de las cristalizadas pautas de conducta saturnianas. Sin embargo, esta rebelión no es menester que se base en el odio ni en los sentimientos de venganza que conducirían a expresiones negativas, como la anarquía y la revolución en el nivel social, y la conducta caprichosa y la excentricidad por ellas mismas en el nivel personal. Estas son manifestaciones atribuidas tradicionalmente a Urano. Cuando Urano desafía, uno debe buscar los medios de dar una finalidad, una dirección y un significado nuevos a la vida desde una estructura de referencia mayor que el ego personal. El sometimiento pasivo a los dictados de una tradición y de un modo de vida incuestionados deberá transformarse en una búsqueda dinámica, positiva y creativa de valores y metas nuevos, y más amplios. Al hacer esto, el individuo no deberá destruir las fronteras saturnianas del yo, sino tratar de hacerlas más adaptables y menos limitadoras. Deberá ansiar permitir que entren los que parecen elementos extraños. Uno deberá cuestionar la creencia de que el propio conjunto personal de tradiciones raciales y culturales son inherente y espiritualmente superiores a todas las demás. Deberá franquearse a la posibilidad de actuar con modalidades sin precedentes y de experimentar un cambio básico de actitud a fin de relacionarse con los demás según los valores más que personales. La posición de la Casa natal de Urano indicará el campo de experiencia en el que es más probable que uno experimente un profundo cambio personal, donde de hecho tendrá a menudo que ocuparse de trastornos. La propia finalidad individual será la de trabajar conscientemente con Urano, aprender a entender y dar la bienvenida a la finalidad de esta metamorfosis. Sin este esfuerzo consciente para “usar” a Urano en los asuntos de la Casa natal, ninguna transformación será posible, y Urano trabajará a través de las circunstancias sociales para aportar trastornos que parecerán sin sentido y tendrán un efecto desintegrador.

Debido a que una creciente cantidad de personas experimentan un completo ciclo de Urano de 84 años en el curso de su vida, pueden darse a Urano características individuales, lo cual no es posible con Neptuno y Plutón. Sin embargo, “individual” no significa “personal”. La acción uraniana positiva presume como base una individualización, una consciencia abierta a lo que es nuevo y “más que personal” en sus implicaciones. A diferencia de Júpiter y Saturno, que se refieren al progreso de una persona dentro de las limitaciones de los valores establecidos por su nacimiento, su estructura racial, nacional, cultural y religiosa, Urano abre la puerta al inconsciente colectivo. Es el sendero al que Jung llamaba “individuación”, esa metamorfosis que le permite a uno darse cuenta de que su ego no es el gobernante central de su personalidad. Urano promociona una clave del tipo de genio que un individuo pueda tener; en niveles más corrientes, señala espíritu aventurero o fuerte impaciencia. Esto puede significar impulso interior de huir de las condiciones de vida que procuraron insatisfacción o fracaso. Es la energía para empezar de nuevo. Mientras una persona busque la felicidad o el triunfo siguiendo lineamientos establecidos, socialmente aceptables, y se limite al nivel Júpiter/Saturno de la consciencia, que no da cabida a la metamorfosis espiritual o social, la energía uraniana existente dentro de él le hará experimentar tal insatisfacción o fracaso. Sólo cuando una persona se vuelve insatisfecha con el status quo y empieza a buscar valores diferentes, Urano se vuelve activo dentro de ella, sacudiéndola para que salga de su rutina de la vida e instándola a que inicie los cambios que presenta una nueva visión o meta. Cuando Urano empieza a funcionar, el ego consciente, condicionado como está por la herencia y el medio Júpiter/Urano, se llena de “divino descontento”. Uno comprende que los valores de su ego consciente son demasiado limitadores y limitados, y que deberá buscar los medios para liberarse de la pauta de vida establecida por su familia y el medio social. La visión de valores más universales entra en la propia vida, una visión que le permitirá entenderse bajo una nueva luz. Cuando ocurren tránsitos significativos de Urano al Sol, Luna, Saturno o “planeta regente” natales, el estudiante deberá interpretar las perturbaciones sociales o familiares en términos de metamorfosis personal que será la finalidad detrás de acontecimientos externos, teniendo presente todos los aspectos natales entre Urano y el Sol, la Luna, Saturno o el planeta regente. Si en el nacimiento no hay contactos significativos, entonces el tránsito de Urano sobre los emplazamientos natales no tendrá necesariamente un significado personal profundo. Sin embargo, cuando Urano toque un planeta por tránsito en el mapa natal éste tenderá a ser muy estimulado o alterado. El desafío potencial será presentado siempre para que una persona “use” la función planetaria así estimulada en un nivel más universal, menos personal. Si uno no logra dar a esta meta trascendente al tránsito, entonces sencillamente coincidirá con algún insignificante cambio externo o un contratiempo sin sentido. Los aspectos de tránsito de Urano a los otros planetas proporcionan al individuo oportunidades de crecimiento, o pueden conducir a la pérdida parcial de la propia integridad personal si el desafío de Urano no se afronta constructivamente. Esta energía misteriosa que existe dentro de la psiquis procura “transformar” el carácter esencial de la personalidad, convertirlo a uno en una persona fundamentalmente diferente de lo que era antes del desafío de Urano. Esta diferencia obligará a que uno ponga a prueba la validez de su anterior estado de cosas, dentro y fuera. Los ideales y valores sociales se verán bajo una nueva luz, y probablemente como factores limitadores en términos de la nueva visión. En consecuencia, uno dará pasos para alterar radicalmente su relación con ellos.


Los Ciclos de Siete años de Urano

El ciclo de tránsito de 84 años de Urano simboliza un esfuerzo progresivo en pos de transformaciones radicales, tanto sociales como personales. El ciclo puede dividirse de varios modos diferentes, en subciclos: 7 ciclos de 12 años, 12 ciclos de 7 años y 3 ciclos de 28 años. Implícita o explícitamente, en cada uno de estos subciclos, la cantidad 7 es recurrente, una cantidad significativa no sólo porque Urano transita cada Signo del zodíaco en aproximadamente 7 años, sino también debido a su significado numerológico. Jung nos dice que los que los números tienen una base arquetípica, y define al número psicológicamente como un arquetipo de orden que se volvió consciente. En otras palabras, los números “no” son invenciones de la inteligencia consciente, sino productos espontáneos del inconsciente –el inconsciente usa el número como un factor ordenador. Al dividir el ciclo de Urano en subciclos de 28 años, Rudhyar los asemejó a los “tres nacimientos” de una vida humana. El primero es el nacimiento físico, mientras que el segundo y el tercero ocurren cuando Urano forma Trígonos crecientes y menguantes a su posición natal. Los aspectos Trígonos ofrecen dos momentos particularmente propicios a una metamorfosis espiritual de la personalidad. Analicemos los números cabalísticos de Rudhyar. Como lo explicara, mediante la operación conocida como “sustancia cabalística” el número 7 produce o implica al número 28: 1+2+3+4+5+6+7=28. Esto significa que el número 7 contiene “potencialmente” el número 28, Para expresar esto de otro modo, la naturaleza característica del 7 resulta en 28 fases (27 fases más una fase 28ª que será el cumplimiento del ciclo, lo mismo que la simiente del nuevo ciclo que seguirá). El número 27 es la tercera potencia, o cubo, del número 3: 3 X 3 X 3=27. La tercera potencia de 3, vinculado con el aspecto Trígono, es el número que se refiere al plano de la Ideas “antes” que se concreten o corporicen a través de la operación del número 4 (el aspecto cuadrado). Así el número 27, como la tercera potencia del 3, se refiere a la operación de la Ideas en los tres niveles del ser en total. Una nueva idea deberá pasar a través de 27 fases de operación antes de que pueda decirse que impregne al ser humano completo. Entonces, durante la fase 28ª, la idea podrá expresarse a través de algún acto creador. He aquí por qué Rudhyar dice que el ciclo de 28 años pertenece al hombre como “individuo creador”.

En relación con el ciclo de Urano, la palabra “Idea” no es meramente un pensamiento que el cerebro tenga, sino que es lo que la psicología junguiana llama un “arquetipo”. Es una emanación de la Mente Universal que tiene forma y energía, que es capaz de “impregnar” toda la persona en los tres niveles del ser. Un arquetipo es sinónimo de una imagen primordial. La idea de Dios, un ser divino y omnipotente, es un arquetipo, una imagen primordial dentro de la psiquis colectiva de la humanidad. Así es el profeta y el discípulo del profeta a través del mito del héroe solar. Jung demostró cómo las ideas más poderosas de la historia se remontan a los arquetipos. Esto es tan cierto respecto de los conceptos centrales de la ciencia, la filosofía y la ética como de las ideas religiosas. En su forma actual, son variantes de las ideas arquetípicas creadas mediante la aplicación y adaptación consciente de estas ideas a la realidad. Otra razón para dividir el ciclo de Urano en tres períodos es el proceso dialéctico así activado. El mismo proceso se usa para analizar las tres Casas de cada cuadrante del mapa natal: primero acción, luego reacción, y finalmente la integración de la última con la primera: tesis, antítesis, síntesis. Rudhyar explicó esto:

“Cuando un Impulso de vida o una Idea (un arquetipo o imagen primordial) golpea a un organismo ya formado -un hombre, una nación o la raza humana en su conjunto- “le lleva tiempo” para grabarse en este organismo. La idea se percibe, se formula luego. Altera el “viejo orden”. Produce una revolución, repentina y gradual, es ciertamente siempre un proceso gradual con una o más llamaradas. El proceso de impregnación insume 28 fases. Luego entra la reacción. Después de la tesis tenemos ahora la antítesis; el viejo orden de la consciencia lucha por su vida, mientras la sustancia misma del organismo se ajusta lentamente al nuevo Impulso/Idea. Las “masas” cambian mientras los “líderes” hacen esfuerzos desesperados por contener la marea. Finalmente, empieza el tercer ciclo de 28 años, que procura la síntesis de lo que fue valioso en lo viejo con la que fue realmente permanente en lo nuevo –o más bien lo que el organismo en conjunto “demostró estar dispuesto a incorporar”.

Este triple proceso uraniano es la base vital de una persona que puede llegar a ser más que una simple expresión de su raza y su cultura tradicional, una persona que alcanza el estado de una personalidad creadora e integrada. Durante los primeros 28 años, desciende lentamente el Impulso/Idea uraniano que corresponde a la verdadera identidad individual de uno. Este primer ciclo es involutivo. Si todo marcha bien, habrá 28 fases de incorporación progresiva para que tenga lugar, una persona emergerá gradualmente del vientre psíquico de su familia, nación, cultura y religión, estableciendo su carácter y destino individuales. En lo que Rudhyar llamó el “segundo nacimiento”, se incorpora plenamente la verdadera identidad de un individuo y puede empezar a manifestarse creadoramente. El esfuerzo por expresar esta verdadera identidad de manera creadora producirá habitualmente hondos conflictos entre la propia identidad -el Ideal- y todo lo que se heredó de su pasado personal y social. Muchas personas hallan difícil comprender cuán poco encarnaron “realmente” sus ideales en su conducta. Uno piensa que vive fiel a sus ideales, mientras que con más frecuencia trata de ignorar todo lo que no le gusta de su herencia personal y social, viviendo así una ilusión de su naturaleza verdadera. “Si” uno logra permanecer fiel a su visión e identidad esencial durante el segundo ciclo de 28 años, entonces, a los 58 años de edad llegará el potencial de una “tercer nacimiento”. Para que esto sea posible -y por desgracia hay una posibilidad rarísima, hasta para los que se empeñaron mucho en ser “individuos” reales- uno deberá primero ponerse de acuerdo con su pasado. En términos junguianos, deberá haber logrado asimilar en su ego consciente algún contenido del inconsciente colectivo. Esto significa convertirse en un verdadera hombre de sabiduría, que irradie a través de su personalidad la esencia espiritual que fue su destino que manifestara. Tal condición de individuación es una síntesis equilibrada de todos los elementos colectivos que, junto con la Idea/Impulso de su identidad espiritual, forman el ser consciente. Los frutos de esta síntesis deben manifestarse entonces en la propia vida desde los 56 años de edad en adelante.

El número 7 es una medida básica en la filosofía oculta, y la división de todo ciclo en períodos de 7 parece ser de aplicación y significación universales. Dividir el ciclo de Júpiter, que dura 11,8 años. Esto significa que Urano trastorna y transforma las formas religiosas, psíquicas y culturales jupiterianas de acuerdo con un ritmo de 7X12. La división de 12 períodos de 7 años, que incluye los 3 períodos de 28 años ya discutidos, vincula el ciclo de Urano con los ciclos de Saturno y la Luna Progresada. El ciclo de la Luna Progresada, el ciclo de lunaciones y el ciclo de Saturno se aproximan todos los ciclos de 28 años de Urano. Debido a que la Luna y Saturno se refieren al desarrollo del ego consciente y la función de Urano es transformar ese ego consciente y su contenido, este vínculo existe entre sus ciclos. Rudhyar estableció en términos generales el significado que puede darse a los 7 períodos de 2 años cada uno, y esta interpretación se aplica igualmente a cada año de los ciclos de 7 años. El significado se relaciona directamente con la manifestación del tipo transformador uraniano de fuerzas. En el primer año o ciclo se siente el nuevo Impulso, habitualmente de manera muy confusa. Este período entero puede describirse como ir a tiendas hacia una nueva condición del ser. En el segundo año o ciclo gana sustancia el nuevo Impulso, despertando las profundidades de la propia naturaleza. Habrá resistencia del propio pasado; recuerdo, complejos, inercia social y miedos que se oponen a la nueva tendencia. En el tercer año o ciclo ocurre la primera etapa de exteriorización del Impulso. Esto puede vincularse con una “visión”. Cuando la forma arquetípica se revela más o menos claramente, uno puede experimentar soledad y tal vez abatimiento, pues la visión puede parecer inalcanzable y muy inadecuado el medio para realizarla. En el cuarto año o ciclo la incorporación de ese Impulso/Idea puede ocurrir a través de un período de conflicto y lucha. Puede liberarse energía a través del organismo, o habrá una vuelta estéril al pasado. El punto medio de este período (3 años y medio ó 42 años de edad) marcará su crisis más importante. Esta es la etapa de la Planta. En el quinto año o ciclo, pueden ocurrir belleza y actividad creadora en proporción directa al progreso que se hizo. Esto llevará al Impulso/Idea a su período más fino y riguroso. Esta es la etapa de la flor. En el sexto año o ciclo uno debe recoger la cosecha del Impulso/Idea y evaluar su triunfo o su autosacrificio. Es la etapa del fruto. En el séptimo año o ciclo se forma la semilla del ciclo futuro. Lo que se desarrolló de los seis años precedentes, o 72 años del ciclo mayor, llegará fatídicamente a una culminación. En la medida en que haya habido cumplimiento y claridad de consciencia, habrá también libertad. Esta es la etapa de semilla. Todo esto es una fórmula abstracta que sólo tendrá significado cuando se aplique a un caso específico y con respecto a un periodo particular.

En la división de la vida en 12 períodos de 7 años, Rudhyar relacionó cada período a un Signo del zodíaco. Estos significa que, desde el punto de vista de la función transformadora de Urano, los primeros 7 años de vida constituirán el período de Aries, los próximos 7 años de vida un período de Tauro, y así sucesivamente. Al relacionar de esta manera los 12 períodos con los Signos, podemos notar que los tres “nacimientos” antes mencionados corresponden a los tres Signos de Fuego. En Aries hay un nacimiento del cuerpo físico como entidad independiente en el nivel de la naturaleza humana genérica e instintiva. En Leo, está el nacimiento “potencial” del Alma Individual, permitiendo a la independencia asertiva del ego o mente consciente que efectúe alguna forma de contribución original a la sociedad. En Sagitario, está el tercer nacimiento “potencial” en la luz. Esta acción del espíritu llega normalmente a un clímax cada séptimo año. Así, esto ocurre según el Signo relacionado con el período, y en el nivel de operación indicada por el período de 7 años. Esto significa que las características del Signo ayudarán a un estudiante a que entienda sobre todo la naturaleza del nivel en el que pueden tener lugar posibles transformaciones uranianas. Éste es un sencillo y revelador ciclo corto para utilizar en las interpretaciones, ya que ofrece una pauta de evolución que puede aplicarse al desarrollo de la vida adulta y a las fases de expresión personal. Pueden darse pautas repetidas durante la vida que corresponden a este ciclo y que reflejan un progresivo enfrentamiento con aspectos de la personalidad que todavía necesitan resolverse con una mayor autocomprensión. Estas pautas pueden coincidir también con los aspectos que forma Urano en Tránsito con los planetas natales, en especial aquellos cuya naturaleza sea más difícil, como la Cuadratura, la Oposición y alguna de las Conjunciones no complementarias. En este ciclo de siete años, cada año actúa como un símbolo de una fase distinta del ciclo total con respecto a la vida personal. Indica cuáles serán las tendencias generales que surgirán y el nivel de comprensión y actividad individual que puede llevar al máximo grado de bienestar si se armoniza de una manera correcta con el ciclo. Cada "año" comienza el día del cumpleaños y concluye en el cumpleaños siguiente. Un ejercicio muy interesante es comparar una vida personal con esta pauta de evolución. Una revisión personal puede revelar una afinidad con este ciclo, y los acontecimientos y experiencias de la vida pueden estar íntimamente relacionados con esta pauta; si es así, resultará inteligente considerar la vida futura bajo la luz de esta guía. El primer ciclo empieza a nacer. Las edades que comprende cada ciclo son:

Primer año de Urano: 7, 14, 21, 28, 35, 42, 49, 56, 63, 70, 77, 84

El primer año es la liberación del nuevo impulso condicionante que marcará el tono del resto del ciclo. Este impulso estará conectado con la siembra del séptimo año del ciclo previo. Es posible que se sienta inseguro con respecto a la naturaleza de este nuevo impulso, ya que existirá una falta de claridad consciente y una tendencia evasiva ante la toma de la nueva dirección hasta que no esté seguro de su realidad. Sentirá que algo nuevo e inexplorado se mueve en su interior y ello estimulará tantos sentimientos de miedo e intranquilidad como esperanzas ante las oportunidades más amplias de las que podrá aprovecharse. Psicológicamente, se sentirá como "la cara de Jano", mirando simultáneamente hacia el pasado reciente y hacia el futuro. De hecho, es probable que alguna experiencia o acontecimiento ocurridos durante el séptimo año del ciclo anterior o el principio de éste contenga la esencia, la semilla de esta nueva dirección. Sin embargo, en este punto, sentirá la inminente necesidad de cambio a la vez que se sentirá inseguro y confuso acerca de cómo satisfacerla y qué dirección tomar. Es un problema de opciones y elecciones, y en muchos casos se da una cierta renuncia a tomar una pronta decisión. Emocionalmente se sentirá vulnerable y algo inestable debido a su agitación interior, y es posible que se den cierta volubilidad y fluctuaciones emocionales. Hasta que se sienta más seguro y confiado acerca de la dirección que desea tomar, se mostrará reticente. En una minoría de los casos, puede darse una gran sensación de libertad, una liberación de las limitaciones que ofrece la posibilidad de realizar el potencial latente mediante una experimentación confiada y la apertura de nuevas puertas. Puede considerarse un año de preparación y reequilibrio interior.

El primer año cíclico: El tipo de desarrollo que caracterizará a todo periodo de 7 años empieza como un nuevo impulso que se basa en lo que ocurrió en el último año del periodo precedente de 7 años. Habitualmente, este impulso no es claro de modo inmediato, aunque que algún suceso definido fije su periodo. Muy a menudo, este año es de carácter peculiarmente esquivo e incierto, o lleno de confusión emocional. El desarrollo primario es interno y debajo del nivel de la conciencia personal. La vida no parece una cosa ni otra. Empero, en algunos casos, hay gran impulsividad, experimentación e intensidad emocional que puede incluir sensación de libertad y de nuevos comienzos.

Segundo año de Urano: 1, 8, 15, 22, 29, 36, 43, 50, 57, 64, 71, 78, 85

Este es un año para elegir, para responder activamente a los cambios que encarna el nuevo impulso o reaccionar contra el impacto que éste tiene sobre su vida. Una respuesta positiva puede llevarle a descubrir una vitalidad renovada y una dirección en la vida, que puede afectar a todos los niveles de su naturaleza y su estilo de vida; o tal vez se muestre usted resistente a cambiar por miedo o por renuncia a reestructurar su estilo de vida y reestructurarse a si mismo. Esta inercia interior que se opone al nuevo impulso que lentamente buscará la manera de socavar las bases de esa resistencia. Es posible que surjan dificultades en su vida social y financiera o que tenga problemas psicológicos personales. Estas situaciones le exigirán que tome decisiones claras, y tendrá que buscar soluciones que impliquen compromiso, ya que lo que decida ahora afectará a sus opciones durante el resto de este ciclo. Probablemente lo más sabio sea aceptar la inevitabilidad del cambio en vez de desperdiciar energía y tiempo en reacciones inútiles.

El segundo año cíclico: En este año, el nuevo impulso y el destino pueden dar una nueva dirección en la vida y cambiar la base de los sentimientos de la persona. Por otro lado, lo que ocurre puede revelar mucha resistencia hacia la nueva tendencia en forma de temores, recuerdos y inercia social. Lo que se desarrolló en el precedente periodo de 7 años puede oponerse a la nueva dirección que uno quiere seguir, o la nueva tendencia tiene que abrirse paso a través de las viejas ideas paso a paso. Para esta época pueden surgir conflictos psicológicos o problemas sociales. Tal vez se tomen importantes decisiones.

Tercer año de Urano: 2, 9, 16, 23, 30, 37, 44, 51, 58, 65, 72, 79, 86

En este momento, la naturaleza del impulso del ciclo deberá estar ya clara y definida; usted habrá reconocido la dirección que lleva y es probable que haya hecho algunas de las adaptaciones necesarias, internas y externas, para que sea capaz de responder a ese impulso. Cooperando con él implica llevar a cabo acciones definidas para poder manifestar su cualidad transformadora en la esfera que haya elegido para desarrollar sus actividades. Aunque es posible que usted no se sienta preparado para hacerlo, debido quizás a una falta de habilidad personal o de confianza en si mismo o por carecer de los medios necesarios, ha de proponerse llevar a cabo esta tarea tan bien como le sea posible. Los esfuerzos que haga ahora darán fruto en la fase equivalente del siguiente ciclo, o pueden incluso proporcionarle bienestar más pronto de lo que creía posible o esperaba.

El tercer año cíclico: La nueva tendencia asume una forma más definida. Habitualmente, se tiene una idea de lo que la vida ofrece ahora. Este debe ser un año de clara exteriorización y acción, aunque no se siente muy solo; los nuevos ideales parecen irrealizables, y las propias aptitudes parecen muy inadecuadas. Esta falta de técnica y de medios adecuados es tan a menudo aguda, pero hay un sentido profundo de que uno tiene que seguir, aunque sea sólo motivado por la emoción o el entusiasmo o la devoción irracional.

Cuarto año de Urano: 3, 10, 17, 24, 31, 38, 45, 52, 59, 66, 73, 80, 87

La mitad del cuarto año es un punto crucial, donde coincide con la mitad del ciclo de siete años, y es cuando el impulso ha alcanzado la posibilidad de materializarse y realizarse a través del individuo. El crecimiento bajo la tierra, en la oscuridad, ya se ha completado y ahora ese impulso puede surgir a la luz del día. Se presentarán nuevas oportunidades y dificultades, ya que es un año de crisis en el que, mediante la dedicación y el trabajo duro, el impulso puede encarnarse por completo ya que no está frenado por la inercia que hasta ahora ha restringido su aparición. Idealmente, lo "nuevo" habrá vencido a las viejas y ajadas pautas. Escondido en este año habrá un punto crucial de elección, cuyas implicaciones pueden ser obvias o estar encubiertas. Conllevará una decisión que no puede ser evitada, y que está conectada con la esencia del impulso que emerge. Esta elección tendrá poderosas repercusiones en su vida y en sus futuras opciones.

El cuarto año cíclico: Ahora debe incorporarse la nueva tendencia a actividades definidas. Se revelan nuevas posibilidades, y se encuentran nuevos resultados -sociales o personales. Este deberá ser un año de lucha, de conflicto, y a menudo de arduo trabajo, pero también de fecundación espiritual -de otro modo será infructífera renuncia a las viejas pautas. Habitualmente se efectúa una elección, consciente o inconsciente, personal o social, o aparentemente forzada sobre la persona por las circunstancias. Puede llegar en el punto medio exacto del periodo de 7 años (tres años y medio, que es el crucial punto critico), pero más generalmente ocurre durante todo este cuarto.

Quinto año de Urano: 4, 11, 18, 25, 32, 39, 46, 53, 60, 67, 74, 81, 88

Potencialmente, éste puede ser un año en el que, como resultado de sus esfuerzos previos en este ciclo, se dé un avance en sus intentos de autoexpresión y en el camino elegido. El tema, el mensaje y el objetivo del impulso seguramente se percibirán con intensidad y claridad. Todo ello se derivará del trabajo y la visualización del tercer año, y le permitirá evolucionar de una forma más rápida y consciente para que la semilla se convierta en "flor". Habrá además una dimensión social, y tal vez empiece a participar en grupos, a actuar como punto de influencia irradiante y a convertirse en un guía y líder. Sin embargo, si hasta ahora se ha resistido usted al impulso del ciclo, este año puede asistir a la disolución de sus sueños y esperanzas, ya que la energía es incapaz de revitalización.

El quinto año cíclico: Este es, con frecuencia, el año de máxima autoexpresión, cuando la nota clave del periodo de 7 años puede revelarse con la máxima intensidad personal -un año de florecimiento y de desarrollo consciente dentro de los limites de lo que realizó o visualizó durante el tercer año. Habitualmente, ahora se efectúa un contacto con los alcances supremos de la propia naturaleza asequible en ese periodo de 7 años. Se puede encontrar a un "maestro", un guía o un auxiliador -o uno puede funcionar como líder. Negativamente, la destrucción de las esperanzas, la "materia" o la "naturaleza humana" vence al espíritu.

Sexto año de Urano: 5, 12, 19, 26, 33, 40, 47, 54, 61, 68, 75, 82, 89

Puede ser un año de logro y realización, que tal vez conlleve también la necesidad de abandonar o sacrificar algo a cambio de los dones recibidos de los dioses. En momentos de bienestar puede sufrir pérdidas que le recuerden la transitoriedad de la vida, lo cual le alentará a buscar una perspectiva más amplia y a dedicar interiormente sus habilidades a la feliz realización de los ciclos futuros. Es probable que sienta una corriente subterránea de profunda agitación, quizá una sensación de frustración o descontento escondida en los resultados de sus éxitos, y que sufra la pérdida de algo importante. Existe una ambigüedad: en el seno del éxito se halla la semilla del fracaso, y dentro del fracaso se encuentra la semilla del éxito, lo cual refleja la polarización de la vida humana y la creencia de que cada acción reside una reacción igual y una opuesta.

El sexto año cíclico: Este puede ser un año de goce y culminación, pero con la necesidad de algún genero de sacrificio, renunciando tal vez a algunos acariciados ideales y contactos personales. Deberá cultivarse la compasión y la comprensión para salir al encuentro de la experiencias profundas y a menudo trágicas, las insatisfacciones, y la desasosegada sensación de frustración que puede surgir -incluso en medio del triunfo y la felicidad aparentes. Debe tratarse de evaluar el propio grado de triunfo o fracaso y estar preparado, idealmente, para consagrar los propios esfuerzos al logro de algún nuevo estado futuro.

Séptimo año de Urano: 6, 13, 20, 27, 34, 41, 48, 55, 62, 69, 76, 83, 90

Este es el año de la conclusión de un ciclo y de la formación de semillas para el siguiente. Se manifestará la necesidad de cambiar y de encontrar nuevos valores o modificar los existentes, y se verán los resultados del ciclo de siete años que concluye; éxito o fracaso relativo. Se presentarán nuevas oportunidades para expandirse en horizontes nuevos. Si está ahora se ha movido con los cambios, aceptará el siguiente impulso y cooperará con él, porque ya sabe que así conseguirá algún beneficio. Si la última vez se resistió al cambio, aquí se le presenta una nueva oportunidad para sembrar un ciclo futuro lo más brillante y positivo posible.

El séptimo año cíclico: El año seminal. Concluye el periodo entero, y se siente la necesidad de algunos nuevos valores vitales y de una nueva fase de desarrollo del destino o del carácter -a veces con punzante intensidad. Este debe ser un periodo de consumación e iluminación, un punto alto en la conciencia. Sin embargo, en muchos casos, predominan los factores negativos; la necesidad y la esperanza de una nueva fase de la vida es más fuerte que la alegre realización de la vieja fase. Empero, la realización de lo viejo creará realmente lo nuevo. Donde hubo frustración en vez de realización, o sensación de inadecuación frente a las presiones familiares o sociales, la necesidad y la esperanza de lo nuevo "clama a los cielos" en procura de otra oportunidad para empezar de nuevo. En uno u otro caso, este séptimo año contiene la forma de semilla la sustancia del ciclo subsiguiente de 7 años, la promesa de un nuevo comienzo, y uno debe prepararse confiadamente para ello.




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