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Astropsicología Holística

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El enfoque Holístico de los Tránsitos

El enfoque humanístico

Desde el inicio del tiempo mismo, el hombre midió su vida con los ciclos de los planetas -de alborada a alborada y de una Luna nueva a la siguiente computó su existencia con los cielos. En realidad, este conocimiento consciente del Tiempo es el que separa al ser humano de todas las demás criaturas vivas. De él sólo es la aptitud para ver el tiempo como un continoum de pasado, presente y futuro -para el hombre sólo es el conocimiento consciente de que sus días están numerados. La astrología humanística es el primer enfoque de la astrología para usar el concepto de los ciclos como la base para la comprensión e interpretación de sus símbolos básicos: Casas, Signos, planetas y aspectos. Esto es más que una "técnica nueva" de interpretación; es un nuevo enfoque. Durante miles de años, la astrología se basó en una creencia, en la existencia de fuerzas cósmicas, rayos y vibraciones planetarias que influyen directamente sobre la vida de este planeta y obligan a los individuos a hacer ciertas cosas o experimentar ciertos acontecimientos. Aún hoy, a pesar de que el individuo detesta contemplarse como una víctima del universo, este sistema de creencia persiste en la mayoría de los astrólogos. Existe el intento de debilitar el determinismo inherente de la astrología con el clisé corrientemente popular : "Los astros no obligan, impulsan"; sin embargo, la diferencia entre "obligar" e "impulsar" es vaga en el mejor de los casos. Subsiste el sistema de creencia. En esta filosofía, la interrelación cíclica de los planetas no tiene significación, y tampoco la tiene el orden periódico del universo. Precisamente, ese orden periódico inherente a todas las interrelaciones cíclicas de los planetas es el que hace que su uso respecto de la vida humana sea relevante y significativo para el estudiante de la astrología humanística. 

¿Qué es un Ciclo?

Un ciclo es una estructura formal del tiempo. Es el contexto en el que tiene lugar el cambio. Toda existencia es estructurada por el tiempo, y toda actividad tiene lugar en el tiempo. Un ciclo es el lapso de vida de cualquier entidad dada. Aunque un ciclo tiene un comienzo y un fin reconocibles, es erróneo interpretarlo como un punto perpetuo de partida: comienzo, fin y nuevo comienzo. Tal criterio sobre los ciclos astrológicos nos llevará a considerarlos como secuencias repetitivas de acontecimientos. Este no es un cuadro fiel de la realidad; pues aunque la pauta de su desarrollo desde del comienzo hasta el fin se repite, el contenido de un ciclo -los estados, acontecimientos o experiencias cambiantes dentro de un lapso- jamás se repite exactamente. Un día es un ciclo reconocible. Es una estructura temporal cuya forma es determinada por la rotación axial de la Tierra cada 24 horas. Concurrentemente, el día es una porción del ciclo de lunaciones descrito por las fases de la Luna y la medición de la relación Sol/Luna de la Luna nueva a la próxima; y estos dos ciclos se circunscriben dentro de otros ciclos. Esta interrelación entre los ciclos es la que describe la unicidad total de cada momento y al mismo tiempo los vincula en un orden rítmico. Estos valores temporales revelados en el sistema solar -la Totalidad mayor de la que nuestra Tierra es una parte- actúan sobre los valores temporales del individuo. La astronomía nos provee datos con referencia a los procesos de la vida en la Tierra y, particularmente, dentro del individuo. Como un ciclo es una "totalidad de actividad", contiene tanto una mitad como un principio y un fin, y a medida que se desarrolla hay fases reconocibles de desarrollo. Tan pronto se identifica a un momento particular como parte de un ciclo, se relaciona inextricablemente tanto con el comienzo como con el final de ese ciclo. A cualquier momento especifico dentro de un ciclo se le considera parte de la "mitad", un resultado del impulso que inició el ciclo, y se dirige hacia la consumación o finalidad, de ese ciclo. Así, todos los momentos dentro de un ciclo se extienden hacia atrás rumbo a la raíz cíclica y, al mismo tiempo, hacia adelante rumbo a la semilla cíclica. Este impulso simultáneo hacia adelante y hacia atrás abarca a cualquier momento particular con todos los demás momentos del ciclo. A esto Rudhyar lo llama "interpenetración temporal". Es la cuarta dimensión del tiempo. Rudhyar recalca el hecho de que tal interpenetración de raíz, semilla y todos los otros momentos de un ciclo significa mucho más que el concepto corriente de causa y efecto, que se basa en una rígida secuencia de separados momentos del tiempo. Todo momento del tiempo es parte, aspecto o fase de una realidad omniabarcante -la Totalidad, y tiene su significado esencial solamente con referencia a esta totalidad. Así, toda unidad aparentemente separada está envuelta y participa con toda otra unidad dentro del lapso de un ciclo. Esto es así porque en todo ciclo el efecto actúa también sobre la causa y todo momento presente es tanto arrastrado como empujado por el pasado. El ciclo entero está implícito en todo momento de él. La astrología como estudio de los ciclos se convierte, pues, en un estudio de las interconexiones de todos estos factores: entre el futuro y el pasado en todo momento presente; entre el macrocosmos universal y el microcosmos individual. El mapa natal es el punto de partida del ciclo vital del individuo. Se equilibra entre el pasado ancestral -las raíces kármicas; y el futuro potencialmente individualizado: la finalidad vital dhármica. Es la pauta o el plan de lo que Jung llamaba el proceso de individuación, que revela un lenguaje simbólico cómo cada persona podrá convertirse plenamente en lo que potencialmente es.

¿Qué es una crisis?

Muchos tienen dificultad con el vocablo "crisis", confundiéndolo con "catástrofe". Estudian astrología en la creencia de que el conocer con antelación los aspectos "tensionados" les permitirá evitar las crisis. Sin embargo, una crisis no es una calamidad terrible. Deriva del vocablo griego "krino", "decidir", y significa simplemente tiempo de decisión. Una crisis es un cambio crucial, lo que precede al cambio. A fin de evitar una crisis, uno tendría que evitar su propio cambio, lo cual es una imposibilidad evidente. Aunque toda la materia, tanto viva como inanimada, está cambiando constantemente, sólo el Hombre tiene la capacidad para la decisión consciente. A fin de evolucionar, deberá abandonar la conducta instintiva que sólo sirve para la sobrevivencia o las compulsiones sociales en favor de la elección consciente. La barrera para la elección consciente es el "ego", aquello que la sociedad dijo que un individuo debe ser, en contraposición a la experiencia del Yo, que dice lo que él es realmente. Es de conformidad con el rol social que uno asume pautas habituales de conducta. Entonces, cuando llega un tiempo de decisión (crisis), uno permite que esas pautas determinen la elección, en lugar de utilizar pautas que broten de la propia verdad personal. Por desgracia, está siempre presente la tentación de evitar tomar una decisión con la esperanza de que esa necesidad desaparecerá y de que las cosas permanecerán en una cómoda "normalidad". A veces, esta técnica parece funcionar y parece que no se rompe el hilo del statu quo; sin embargo, no importa cuán pequeña sea la decisión o cuán insignificante sea la crisis, este hecho de evitar es una derrota espiritual. Rehusar la decisión, o aguardar a que las circunstancias u otras personas tomen la decisión, no absuelve de responsabilidad al individuo. Cada vez que no se toma una decisión, se ahondan las pautas instintivas inconscientes. Lo que en la niñez fue una estría, después se convierte en un surco y finalmente en una tumba. Esta falta repetida de decisión consciente podrá hacer subir la tensión de una situación hasta que finalmente explote. Entonces, uno puede verse obligado a reaccionar ante circunstancias difíciles o dolorosas que podrían haberse evitado si se hubieran afrontado las crisis primeras y menores con objetividad y valentía. La catástrofe resultante no es el resultado necesario de las crisis, sino de las decisiones que se evitaron. Así, los estudiantes orientados humanisticamente, las crisis no son acontecimientos externos, aunque acontecimientos externos las precipiten o condicionen su desarrollo. Las crisis, grandes y pequeñas, son esencialmente oportunidades de crecimiento -las únicas oportunidades que tenemos siempre realmente. Uno debe empeñarse continuamente en estar despierto y libre de las inconscientes pautas de los hábitos que obstaculizan el crecimiento espiritual. De esta manera, a las crisis se las podrá usar para las propias finalidades individuales. El desafío de las confrontaciones es interminable. Algunos de estos puntos cruciales son biológicos (como la adolescencia y la menopausia) y se encuentran en edades especificas, mientras que otros son individuales, y pueden ocurrir en cualquier momento durante la vida. El potencial de esto último es inherente al mapa natal, y la interpretación de efectos y respuestas dependerá de la edad de la persona en el tiempo de la crisis. Un estudiante podrá deducir la regulación temporal y la naturaleza de crisis potenciales futuras a partir de los Tránsitos y las Progresiones. Si se espera un tipo especifico de cambio, un periodo de transición o una crisis de crecimiento, uno se podrá preparar para afrontar esto conscientemente y con los ojos abiertos, y tal vez obtenga más de ello en términos de madurez personal y desarrollo espiritual. Tal conocimiento puede ayudar también a evitar decisiones demasiado precipitadas o presurosas. Asimismo, la sensación de desesperación que surge con frecuencia en medio de una crisis la podrá disipar la aptitud del estudiante para predecir el final del ciclo. Sin embargo, el conocimiento previo puede tener también efectos negativos. Anticiparse a una crisis inminente induce muy a menudo miedo y ansiedad: causas primordiales de todo mal. Idealmente, este enfoque negativo debería ser menos probable desde del punto de vista humanista, puesto que su objetivo es más bien el desarrollo espiritual que el enriquecimiento o la comodidad materialistas. Además el estudiante humanístico debe saber que las crisis no son acontecimientos aislados, sino fases del crecimiento individual. Debe interpretarlas con referencia a los ciclos más pequeños o más grandes dentro de los cuales ocurren: como fases de esos ciclos. La fase a la que corresponde la crisis revelará su significado y finalidad del ciclo en conjunto. La astrología humanística podrá, en consecuencia, aportar un sentido de dirección, orientación y finalidad a cualquier crisis. La aptitud para considerar lo que podría y debería desarrollarse en el futuro (o sea, el objetivo y la finalidad del ciclo completo) aunque uno esté en medio de una situación caótica común no cuenta con el auxilio de la mayoría de los libros de texto sobre astrología. Esto deberá aprenderse afrontando las experiencias en términos de la cuarta dimensión del tiempo -o sea, viendo el ciclo total en todo momento vivo y enfocando ese momento presente de manera clara y consciente.  Aunque la astrología humanística puede ayudar grandemente en la comprensión de las crisis futuras, este enfoque puede ser incluso más valioso en la comprensión de aquellas crisis que ya ocurrieron. Tal visión retrospectiva es la mejor preparación para afrontar constructiva y significativamente las crisis de crecimiento aún por venir. Empero, como toda técnica, su valor depende de la persona que la use: de su valentía, su sabiduría y su visión espiritual. Nadie podrá ver, en un mapa natal o en una persona misma, nada que esté más allá del alcance de su propia comprensión. Un estudiante sólo podrá sacar de un mapa natal lo que puso dentro de su propia vida.

Progresiones y Tránsitos

El estudiante de astrología humanística debe usar tanto las Progresiones como los Tránsitos, pero los define como categorías distintas. Basta decir que, según el criterio humanistico, se refieren esencialmente a un proceso interno o subjetivo del crecimiento del potencial individual. Se ocupan de las transformaciones graduales que ocurren cuando la finalidad y el carácter del individuo revelados en el mapa se concretan a través de los procesos de la vida misma. Las Progresiones muestran cómo la estructura natal integra se desarrolla de por si, según la necesidad y el ritmo individual de desarrollo, de modo que lo que es una identidad arquetípica abstracta al nacer puede progresivamente convertirse en una persona plenamente realizada e integrada. Aquí no hay presión externa implícita; eso lo proporcionan los Tránsitos. Las Progresiones se ocupan de las transformaciones del ritmo del Yo mismo, mientras que los Tránsitos se refieren al impacto del medio ambiente como una totalidad sobre el Yo. Aunque uno no está en libertad de cambiar el propio potencial de la existencia (el mapa natal), un individuo está en libertad para decidir lo que hará con ese potencial. La realización de las posibilidades podría concretarse fácilmente si los seres humanos vivieran en vacíos individuales: aislados e independientes uno del otro. Pero como, de hecho, todos somos parte de un medio ambiente colectivo, nuestro triunfo individual en la realización de nuestro potencial individual, depende de lo colectivo. Las consideraciones planetarias, raciales, sociales, culturales y familiares ejercen presiones constantes y poderosas, especialmente en los primeros años; si bien suministran la materia prima para el crecimiento de la mente consciente y para el desarrollo necesario de un sentido del yo, también tienden a oscurecer, ahogar, deformar o adulterar el potencial de nacimiento. Estas presiones externas son medidas por los ciclos de Tránsitos, que muestran cómo la mente consciente puede desarrollarse experimentando una multitud de impactos y relaciones. La auto-realización debe ser un proceso consciente, y sólo a través del uso consciente de las confrontaciones reveladas por los ciclos de Tránsitos que esto podrá lograrse. Sin embargo, estas confrontaciones producen también toda modalidad de tensiones, miedos, inhibiciones, ambiciones y deseos, que casi siempre contradicen el potencial de nacimiento y tienden a convertir al individuo en lo que en esencia él no es. Algunas confrontaciones pueden causar goce, felicidad o incluso exaltación; mientras que otras podrán causar dolor, aflicción y depresión. Cuando los Tránsitos reproducen posiciones y aspectos planetarios contenidos en el mapa natal, tienden a fortalecer los factores básicos en la naturaleza esencial de esa persona. Por otro lado, cuando los Tránsitos trastornan tan fuertemente a la pauta de nacimiento, las presiones pueden tender a desintegrar la personalidad. El potencial de nacimiento -la esencia arquetípica del Yo- sigue siendo lo que es durante la vida. Es el factor permanente de todo individuo -la forma seminal de su ser y su destino. Todo lo que rodea a ese individuo en la vida (descrito por el ciclo de Tránsitos) tenderá a cambiar la cualidad de su ser esencial. Día tras día su integridad será exigida. Todos estos factores a los que se refieren los Tránsitos le alejarán de la esencia de su verdadera identidad, sin tener en cuenta las motivaciones e intenciones. La mejor, la más elevada y más noble de estas fuerzas -incluso el amor- tenderá a cambiar la experiencia verdadera del Yo y su destino inherente. Sintetizando: las Progresiones se ocupan del desarrollo interno de la personalidad, mientras que los Tránsitos se refieren esencialmente al impacto externo de la sociedad y del cosmos sobre la personalidad. Ninguno de los dos debe considerase solo. Una persona nace como semilla potencial único, y esa semilla debe desarrollarse normalmente en la concreción de una personalidad realizada. Sin embargo, el universo no se detiene en ese momento del nacimiento. Todas las cosas que vienen de allí en más, en el universo, astrológicamente ejercerán también en forma de Tránsitos influencias sobre esa personalidad en desarrollo y ésta deberá reaccionar ante ellas. Este es el modo eterno. El hombre no está atado por el hado. Surgen nuevas situaciones dentro del universo en cada momento sucesivo, pero ningún hombre está obligado a responder a ellas de modo predeterminado. Allí está su libertad, pero él deberá escogerla.

Son difíciles de evaluar el grado y la cualidad de resistencia que un individuo tendrá ante las presiones y fuerzas de su medio ambiente. Además de las tradiciones socio-culturales, de las lealtades raciales o nacionalistas y de las órdenes sutiles o rudas de la opinión pública como se las expresa a través de los medios masivos de comunicación (especialmente en sus propagandas), una persona es bombardeada también por radiación solar y cósmica, presión atmosférica, la tracción de la gravedad, y mucha contaminación que respira e ingiere. Todos estas influencias se abaten sobre el individuo -golpean su piel, sus sentidos, su mente y su campo electromagnético (o aura) con fuerza inexorable. Mientras el individuo pueda resistir estos impactos vivirá como un organismo relativamente separado. Cuando la suma total de estas fuerzas agota su aptitud para resistirlas y se cansa demasiado para mantenerse separado de ese océano cósmico y social circundante, el individuo se deja ir. El océano irrumpe entonces en el vacío de su separatividad y se ahoga, enloquece o muere. La capacidad de valentía no puede medirla un mapa natal, y nadie puede conocer plenamente la hondura de su propia aptitud para resistir, y mucho menos la de otro. Y muy aparte de esta cualidad personal de resistencia, la presión puede aliviarse porque otras personas ayudan a que uno lleve sus cargas. Hay muchas anécdotas sobre una persona a la que el amor de otra salva de un accidente o hasta de la muerte. Sin embargo, tal ayuda es meramente una medida temporaria, y eventualmente puede hacer que la persona a la que se ayuda pierde su aptitud para ayudarse a si misma. En última instancia, cada individuo deberá aprender a resistir solo. Existen ciertas contingencias que es imposible la predicción exacta de acontecimientos internos o externos sobre la base de Tránsitos críticos únicamente. El hombre deberá ser atacado desde fuera (Tránsitos) en un tiempo en el que esté débil dentro (progresiones) y de otro modo sin apoyo, si ha de derrumbarse su resistencia contra la presión constante de la sociedad y del universo. No debe olvidarse esta relación entre Progresiones y Tránsitos. No es menester que una persona siga alguna tendencia colectiva predominante debido a un Tránsito a la sazón en vigencia, a menos que corresponda o le permita satisfacer alguna necesidad individual revelada por sus Progresiones. Un individuo puede cambiar su vida conscientemente en cualquier tiempo como resultado de una decisión socialmente motivada. Así, los factores individuales y colectivos-sociales se interrelacionan constantemente; y como consecuencia, los estudiantes deben usar las Progresiones y los Tránsitos. 

Rudhyar advirtió que hay dos tipos de seres humanos, hay dos tipos básicos de estudiantes de astrología: extrovertidos e introvertidos. El extrovertido centra su atención y su interés en el mundo externo y sus relaciones interpersonales, mientras que el introvertido centra la suya en el mundo subjetivo del yo, dando máxima importancia a lo que ocurre dentro de su propio ser individual. En consecuencia, el estudiante extrovertido seria el que confía en el uso de los Tránsitos, mientras que el introvertido recalcaría el uso de la Progresiones. Esta diferencia de opinión es básicamente una diferencia de estructura psicológica y orgánica, y como resultado no puede resolverse en común consenso mediante mera discusión intelectual. Según Jung, estos dos tipos nunca podrán entenderse entre si completamente. No obstante, el estudiante humanístico deberá poder darse cuenta de que estos dos puntos de vista representan juntos las dos mitades de una verdad completa y deberán aprender a usar tanto los Tránsitos como las Progresiones. Además de esta predisposición psicológica individual inherente, en la civilización occidental en conjunto existe una proclividad hacia la extroversión. Los valores colectivos y el destino colectivo pesan mucho en cada individuo en una sociedad denominada "moderna", y especialmente en quienes viven en grandes ciudades, donde la dependencia casi total de una persona respecto de lo colectivo es un factor dominante en su vida.  Una sociedad tecnológica está proyectada por y para los extrovertidos -para personas que, por naturaleza, acuerdan máxima significación a sus relaciones con el mundo externo. En consecuencia, no es sorprendente descubrir que la mayoría de los estudiantes ponen acento en los Tránsitos y en la predicción de acontecimientos, puesto que primordialmente se les pide que se ocupen del mundo concreto y del triunfo o el fracaso externos del individuo -de todo lo que es caro para la mentalidad extrovertida.  Empero, otra razón de la preferencia del estudiante contemporáneo por los Tránsitos es el deseo de que la comunidad científica le reconozca. En estos, los Tránsitos -con las posiciones reales, día tras día, de los planetas- representan datos astronómicos, en oposición a la naturaleza puramente simbólica de todas las formas de Progresiones, y son más científicamente aceptables. Como el estudiante orientado hacia los acontecimientos es a menudo adherente de algún sistema "científico" de pensamiento, esta predilección por los Tránsitos parece lógica, aunque una explicación científicamente aceptable de cómo el mapa natal sigue siendo una placa sensible capaz de registrar los impactos planetarios durante toda la vida continuará siendo siempre una dificultad casi insuperable. El estudiante holístico no estudia los cielos con la esperanza de encontrar modos de evitar situaciones indeseables. Al mismo tiempo, no podrá desestimar los Tránsitos en la misma medida en que no podrá ignorar al mundo externo que aquellos representan. El estudio y desarrollo de la personalidad es un equilibrio sutil de Progresiones y Tránsitos -de lo externo y lo interno. El estudiante humanístico deberá entender y usar los Tránsitos de un modo que sea fundamentalmente diferente de su colega orientado hacia los acontecimientos. Si bien aceptará el hecho de que todos estamos sujetos a las presiones constantes del medio ambiente externo, deberá postular que, como individuos, somos capaces de resistir a esa presión si interiormente somos bastante fuerte.

El estudio de los Tránsitos

Como se la ve desde de la Tierra, la pauta del sistema solar está cambiando constantemente. El término "Tránsito" se refiere a esos cambios -los datos astronómicos en bruto que la astrología procura interpretar. Por definición, "Tránsito" significa "moverse o pasar a través o de una parte a otra"; el Sol, la Luna y los planetas  desplazan todos a través del Zodiaco y pasan a través de puntos de referencia específicos. En la práctica, los estudiantes consideran primordialmente a los Tránsitos en su relación angular con las posiciones natales del Sol, la Luna, los planetas y los Ángulos del mapa natal, aunque en el sentido más estricto, deben referirse solamente al pasaje de un planeta sobre una posición natal -por ende, a la Conjunción. El estudiante tradicional contempla al mapa natal como una estructura fija que permanece sin cambio durante toda la vida, y usa los Tránsitos para explicar cómo cambia constantemente la vida a la que el mapa natal se refiere constantemente. Hace esto calculando el aspecto entre el planeta en Tránsito y la posición natal, estipulando que el Tránsito causa cambios en la operación de la función del planeta natal. La naturaleza de estos cambios es determinada supuestamente por el carácter del planeta en Tránsito. Por ejemplo: cuando Mercurio en Tránsito aspecta a un planeta natal, debe ocurrir una estimulación mental que acreciente las facultades racionales de esa persona. Un Tránsito de Venus debe causar una intensificación de la naturaleza sentimental, mientras que se supone que Marte activa un planeta aspectado con energía (ira o agresión, si Marte es contemplado como "malo"). Un Tránsito de Júpiter expandirá y aportará oportunidades de crecimiento y buena suerte, y un Tránsito de Saturno debe inhibir o contraer (o aportar mala suerte o pérdida si se lo juzga maléfico). Un Tránsito de Urano inspirará, transformará o aportará cambios radicales; mientras que un Tránsito de Neptuno debe cubrir la experiencia en una niebla poética y aportar oscuridad; y se supone que un Tránsito de Plutón causa la ruptura respecto de tradiciones pasadas. A esta altura, el estudiante puede preguntarse: ¿Por qué un planeta en Tránsito debe "producir" necesariamente efecto alguno? La explicación tradicional de las "influencias planetarias" postula que dentro de cada individuo hay "puntos sensibles" o "centros" a los que corresponden las posiciones planetarias al nacer; estos puntos sensibles son activados de algún modo por los Tránsitos (o por Progresiones). Esta hipótesis es la quintaesencia de la astrología orientada hacia los acontecimientos. Aquí la tendencia es aislar cada aspecto en Tránsito de los otros, el cual puede ser un procedimiento lógico si se buscan acontecimientos muy específicos. Sin embargo, los acontecimientos, así considerados, adquieren casi inevitablemente un matiz de predestinación, y los resultados de este enfoque pueden ser espantosos. Cuando un estudiante ve que un eclipse va a caer en su retorno solar, o que una Conjunción de planetas tradicionalmente "maléficos" hará Cuadratura a su Sol natal, les es difícil evitar manifestaciones de temor subconsciente, si es que no consciente. Casi todos los estudiantes, antes de tornarse de orientación humanística, aprendieron los rudimentos de la astrología de los libros de texto habituales y de maestros que recalcaron el concepto de la "influencia planetaria". Este concepto, aceptado por generaciones de astrólogos, persistirá en el nivel inconsciente. Aunque que uno sea atraído intelectualmente hacia el humanismo, en los niveles más profundos del sentimiento se estará aún sujeto a la noción de las "influencias". 

Así, cuando se notan tales Tránsitos poderosos, y porque son manifestaciones objetivas y concretas de lo que puede verse en el cielo, se los juzga fenómenos fatídicos e inevitables, por más que uno pudiera resistir a ese sentimiento en el nivel consciente. Sea lo que fuere lo que se procura hacer para evitar el peligro proyectado, no podrá hacer que el Tránsito mismo desaparezca. El Tránsito tendrá lugar, y si uno "cree" verdaderamente en la astrología, entonces está obligado a ocurrir algún acontecimiento relacionado con significados establecidos. De otro modo, seria falsa la tesis astrológica de alguna forma de correspondencia entre planetas y hombres. La astrología puede tenerla en ambos sentidos. Cuanto más recalcan los astrólogos las razones científicas impersonales de las correspondencias astrológicas, mayor es el peligro psicológico potencial en el asesoramiento astrológico. Pero, ¿la doctrina de las "influencias planetarias" puede verdaderamente llamarse científica, cuando no tiene en consideración los hechos astronómicos en la interpretación de los Tránsitos? Un Tránsito se refiere a un cambio astronómico que tiene lugar literalmente en el cielo. Estos cambios nada tienen que ver íntimamente con nosotros como individuos; en realidad, tendrían lugar aunque en la Tierra no existiera vida. La presencia de los planetas como aparece en las efemérides corrientes en cualquier tiempo en un Signo dado puede, por tanto, referirse solamente a una tendencia general en efecto durante el tiempo de sus Tránsitos. La duración de la tendencia varía según el lapso que un planeta dado permanece en un Signo dado. Asimismo, como todos los planetas se mueven continuamente a diferentes velocidades y aspectándose entre si en el cielo, crean una completa pauta siempre cambiante que deberá interpretarse en conjunto. Por esta razón, la tendencia de los principiantes, de los libros de texto sobre astrología y de muchos astrólogos profesionales es aislar cada aspecto de cada planeta en Tránsito respecto de cada planeta natal o Ángulo, y estudiarlo separadamente nunca dará un cuadro de la realidad viva. Tal como la pauta celeste siempre cambiante es un hecho, así también es un hecho que un individuo es parte del mundo que le rodea, y que su destino individual es influido por las tendencias generales en cualquier tiempo dado. Debido a esto, un individuo deberá eventualmente ocuparse de los factores colectivos -del modo en que las personas en general tenderán a pensar, sentir y actuar. Cuando los planetas en Tránsito aspectan su mapa natal, solar o lunar, esa persona es agitada por una tendencia general; y le guste o no, está sujeta a las presiones de lo colectivo. Lo que ocurre como resultado no se relaciona directamente con su destino vital individual -no es la exteriorización de una fase de desarrollo individual, aunque pueda cambiar su vida individual. Esta última posibilidad es más probable que ocurra cuando las Progresiones y los Tránsitos apuntan en la misma dirección.

Los Tránsitos llaman la atención sobre el hecho de que los individuos no viven en un vacío. Uno no puede aislarse del universo. Está obligado a responder del mismo modo a todos los cambios del mundo social, cultural y político, lo mismo que a todos los cambios de la biósfera. La tarea del estudiante humanistico es responder al universo -a los Tránsitos- de manera individualizada. Nadie está obligado a seguir pasivamente alguna tendencia colectiva predominante debido a un Tránsito en vigencia en ese tiempo. Los resultados dependerán, pues, de su condición subjetiva y de su capacidad para resistir a las presiones externas. Por esta razón la astrología humanística recalca el principio de que no es menester considerar que un Tránsito supuestamente "tensionado" denote el impacto de una fuerza externa al hombre. Aunque la situación astrológica se relacione o sea sincrónica con un acontecimiento que tenga una causa externa -un accidente de tráfico, asalto a un avión, o verse involucrado en un disturbio callejero, o perder el trabajo por quiebra de la empresa- no deberá darse por hecho en su aspecto externo. El estudiante humanístico considera que la configuración astrológica se refiere a lo que tiene lugar dentro del individuo. Lo importante es la respuesta interna, cualquiera sea el acontecimiento externo. La predicción exacta no es lo importante, sino más bien la creación dentro de uno mismo de una actitud positiva, valiente y consciente frente a una experiencia necesaria para el propio desarrollo psicológico y espiritual. Cualquier sea la crisis externa, deberá entendérsela como una fase necesaria del crecimiento. A menudo la situación externa no podrá cambiar, de modo que lo que importa es cómo se la enfrenta y qué significado se da a la experiencia. La única libertad verdadera existe en la aptitud del individuo para dar a sus crisis el significado de crecimiento y realización, o el significado de desesperada frustración y desintegración. Nosotros -no los planetas- somos responsables de los resultados de todas las confrontaciones vitales. En consecuencia, la tarea del estudiante no consiste en erigirse en una especie de oráculo, sino más bien en ayudarse a si mismo a entender mejor su potencial natal y alcance su plena estructura como ser maduro que irradia espiritualidad. Es psicológicamente importante que uno debe evitar acentuar cualquier Tránsito simple, particularmente los denominados "tensionados". En el enfoque humanístico se estudia más bien tendencias que acontecimientos -más bien las fases cíclicas que aspectos agudamente definidos. El humanismo se dirige más bien a la totalidad del ciclo vital que a un resultado particular considerado fuera del contexto de la vida total. Practicar de este modo la astrología no hará de uno un adivino asombroso, y eso es esencial si uno quiere ayudarse a si mismo.

Los Ciclos Genéricos

Enteramente aparte de los aspectos que los planetas en Tránsito hacen a los planetas y Ángulos de un mapa natal, un estudiante podrá también aislar un planeta especifico y estudiar su ciclo individual, relacionando el planeta en Tránsito a su posición natal. Cada "retorno" de un planeta en Tránsito a su posición natal simboliza un nuevo comienzo de acuerdo con la naturaleza de ese planeta. Habiendo absorbido las lecciones del ciclo anterior, el retorno es un escalón arriba en la escalera del desarrollo hacia un nivel nuevo y superior. Sólo cuando se aprendieron las lecciones del ciclo anterior, o cuando el desarrollo necesario no tuvo lugar, el nuevo ciclo es una repetición de si mismo. Estos se llaman los ciclos "genéricos" porque se relacionan específicamente con el género homo, que significa "hombre"; y las crisis que describen son las comunes a todos los seres humanos en virtud del hecho de que llegaron a una edad especifica. El punto de partida de un ciclo genérico es la posición natal; y en el curso de una vida de 84 años, todos los planetas, excepto Neptuno y Plutón, efectuarán por lo menos un circuito completo del mapa natal y retornarán a su posición natal. Los ciclos genéricos no describen acontecimientos externos, sino más bien las etapas de un proceso interior de crecimiento, desarrollo y decadencia específicamente relacionados con la naturaleza de los planetas. Aunque las crisis que describen son generalmente dolorosas -físicamente como en el caso de cuando nacen los primeros dientes, o emocionalmente, como en la experiencia de la adolescencia- no sólo son fases naturales sino necesarias del desarrollo. Estas son las crisis de las que la gente más se queja y que menos controla; pues ni siquiera con medidas extraordinarias hay modo con que un individuo pueda evitar experimentarlas, excepto muriendo.

El Retorno de Saturno

Para entenderlo fácilmente, el retorno de Saturno corresponde a lo que, socialmente, entendemos como la mayoría de edad de un joven, es decir, es una etapa desde la cual esperamos que proceda como individuo responsable, más juicioso y consciente, y como tal lo empezamos a tratar. Lo mismo sucede, desde un punto de vista astrológico, cuando Saturno regresa a su posición natal después de 29 años. Las consecuencias psicológicas y emocionales de su retorno marcan un momento muy especial en la vida de una persona, porque comienza a consolidarse el proceso de madurez en el que se encuentra, aportando mayor discernimiento y moderación para evaluar sus circunstancias personales. La única diferencia en esta comparación, es la edad en que sucede esta toma de conciencia, ya que el retorno de Saturno sucede entre los 28 y los 29 años de edad aproximadamente, según las retrogradaciones que haya experimentado antes, por lo tanto, la verdadera “mayoría de edad” o la llegada de la madurez que la sociedad espera observar en un adulto joven realmente sucede entre los 28 y los 29 años y no antes! Esto se debe a que la energía de Saturno, que es la que nos conecta con el mundo tangible de los límites materiales y todas las experiencias del mundo físico, a medida que avanza por los 12 sectores de la vida, nos va enseñando lecciones y exigiendo el desarrollo de determinadas capacidades con el objeto de integrarnos y hacernos crecer como individuos. Lo que sucede durante su retorno, es que Saturno “toma examen” de todo lo que deberíamos haber aprendido e integrado de nuestras experiencias pasadas. Por esto, conviene adoptar una actitud disciplinada y dispuesta a realizar los esfuerzos que se nos exige durante este tiempo, y es siempre más sabio que resistirse, desalentarse o frustrarse ante el trabajo adicional de este período. En realidad, el año del retorno de Saturno debe ser visto como una prueba personal de todo lo experimentado hasta ese momento, y se le puede comparar con el momento en que uno comienza a poner todas las piezas del puzzle de su vida en el lugar correcto para finalmente poder ver la imagen terminada…. en el fondo, es nuestro primer momento de toma de consciencia. En ese momento, la persona comienza a entender el por qué sí y el por qué no de muchas cosas, ya que está mejor preparada para aceptar las consecuencias de sus decisiones u omisiones…. por lo menos, ese es el potencial de este período, si la persona colabora con el proceso.

Cuando Saturno regresa a su posición natal, se producen una serie de sucesos trabajosos y exigentes experiencias personales que determinan importantes cambios en la percepción que el individuo tiene de la realidad y de sus verdaderas posibilidades, porque finalmente toma consciencia de sí mismo como un ser aislado, con sus limitaciones y diferencias respecto de los demás, lo que introduce severas consecuencias en su estilo de vida. Generalmente estas vivencias se presentan a través de significativos cambios en el trabajo, la residencia, la familia, los proyectos o la vida en general, cuando muchas de sus relaciones más importantes se transforman drásticamente o finalizan. Surgen serias responsabilidades que deben ser asumidas, éstas requieren y exigen mayor reflexión, moderación y madurez para enfrentarlas, y es muy real el hecho que los grandes progresos o los obstáculos que aparecen en esta época son el resultado de cómo se ha procedido hasta ahora en relación a obligaciones pasadas. Si ahora se aceptan las circunstancias personales con más compromiso, disciplina y realismo, podrá establecer las bases para futuros proyectos personales de largo alcance. Pero si sus ambiciones son egoístas o se rebela ante las exigencias de este tiempo, es posible que termine siendo objeto del egoísmo de otros y sea utilizado o engañado por otros que tampoco quieren aceptar límites en sus vidas. También es un tiempo durante el cual la persona toma más conciencia del efecto que sus acciones e imagen tienen sobre los demás y sobre el medio donde se mueve, por lo que suele contraer deudas, involucrarse en compromisos más serios, esforzarse por lograr sus metas laborales, tener problemas en el trabajo o dedicar más tiempo y energía a su reputación e imagen pública. Muchas veces se presentan opciones difíciles y el individuo siente que debe saber elegir aquellas cosas que son más valiosas y perdurables, y paralelamente intuye que debe comenzar a eliminar ciertas realidades o alejarse de algunas personas que ya no sintonizan con los cambios que se están consolidando en su interior, ya sea porque ya cumplieron su etapa o porque, a lo largo de los últimos años, han perdido valor a medida que la persona madura y cambia sus prioridades y consciencia de lo que es o no importante en su vida. Cuando la persona no está consciente del proceso dentro del cual se encuentra, puede experimentar un sentimiento de miedo, pérdida, frustración, inseguridad y eventualmente caer en una leve depresión, pero el ideal es que logre comprender que se encuentra en medio de un período de maduración, de consolidación personal e iniciando una nueva etapa en su vida, y que debe asumir completamente sus responsabilidades como el adulto formado en el que finalmente se ha convertido.

El Ciclo de los 40 años

Considerando los ciclos de los planetas transpersonales que nos afectan entre los 38 y los 43 años, se describe los desafíos y la apertura de horizontes que acompañan la tan temida “crisis de los 40”. Todo lenguaje simbólico nos ayuda a traducir un concepto y encontrar un significado para una experiencia. De la misma forma, la astrología se apropia del símbolo para descodificar los fenómenos que ocurren entre el cielo y la Tierra. El mapa natal, siendo una estructura de espacio y tiempo, puede ser vista como una semilla, que ya contiene en sí todo el potencial de vida futura. A través de la observación de los tránsitos y progresiones de los planetas, el mapa puede indicar los ciclos de desarrollo individual; el tiempo en este contexto no es sólo matemático y lineal, sino “cualitativo”. Este estudio aborda, bajo el prisma astrológico, un período bastante complejo de desarrollo humano que ocurre cerca de los 40 años, frecuentemente llamado como la “crisis de la mitad de la vida”. De acuerdo con astrólogos y psicólogos, este período se caracteriza por una crisis de identidad, en que la falta de sentido va influyendo de diferentes maneras la vida de muchas personas. Los objetivos profesionales, la importancia de la familia y de las relaciones, las creencias y valores religiosos, todo puede quedar temporalmente como inmerso en un vacío existencial. En la faja de los 40 años, la pérdida de resistencia y de belleza física genera una ansiedad que va minando la autoestima, creando en algunos personas comportamientos compulsivos y hasta patéticos. La sensación de “última oportunidad” o de “necesito recuperar el tiempo perdido” puede tener un efecto positivo para algunos, si se toma como un desafío para adentrarse en una vida más plena y rica. Inadvertidamente, para otros ese proceso puede transformarse en una desestructuración de valores que puede tener consecuencias peligrosas. Al respecto dice la astróloga Liz Greene: “No debe sorprender que los cambios sincrónicos en la psique del individuo durante la crisis de la mitad de la vida sean tal vez los más importantes que él experimentará. Una vez superadas las fronteras de Saturno, estamos en el reino del inconsciente colectivo -fuente de las imágenes arquetípicas- y de impulsos que no tienen nada que ver con tendencias de la personalidad, más bien muchas veces son contrarios a ellas”. Por ejemplo, un empresario exitoso que, al cumplir 41 años, tomó algunas decisiones típicas de esta disconformidad: dejó a su mujer que tenía su edad, compró una moto y dio inicio a una verdadera maratón sexual con mujeres más jóvenes. Un resumen de toda esta intoxicación juvenil: un nuevo casamiento deshecho en apenas ocho meses, un hijo, declive profesional y un inevitable stress con algunas consecuencias desastrosas para su salud. En verdad, existen varias situaciones posibles en que tanto un hombre o una mujer pueden radicalizar sus actitudes en una búsqueda desenfrenada por la juventud que obviamente no llegará. Tiranizados por los medios y creyendo poder mantener una forma física siempre jovial, acaban por cultivar un mundo de apariencias, en que no miden esfuerzos para obtener resultados, casi siempre, poco convincentes. Está bien que una pasión arrebatadora es muy deseable, pero no nos salvará de nada ni tampoco de nosotros mismos. Asistir al envejecimiento de la propia generación y adquirir la consciencia de que no se es inmortal se torna un gran desafío, especialmente para aquellos anclados a un tiempo que ya pasó. En esta fase, estamos impactados por tres fuertes y largos ciclos, que son los tránsitos de Urano, Neptuno y Plutón, que generalmente comienzan a actuar (con variaciones), a partir de los 38 años, extendiéndose hasta los 42/43 años. Estos tránsitos son catalizadores de conflictos, crisis y rupturas que llevan, invariablemente, a grandes transformaciones. Podemos decir que ésta es una época de evaluaciones, en que se mira al pasado teniendo en cuenta al futuro; eso implica una reflexión y una gran valorización del presente. Eso de dejar para después, ya no funciona más. Hay una crisis con el paso del tiempo, y el desconocimiento de uno mismo implica una sensación de perplejidad.

Urano Oposición Urano

En sentido psicológico, Urano trae una gran inquietud, un tono de alta electrificación que acelera el ritmo de la vida, empujando a la persona hacía lo nuevo. Ese tránsito aparece bajo la forma de explosiones de ideas, proyectos que van a subvertir y quebrar aquellos patrones condicionantes. Es un proceso de oxigenación en el mundo mental, que tonifica el espíritu, obligando a la persona a desatarse a si misma; hay un poderoso deseo de libertad. En un primer momento, ese ciclo tiene un efecto desintegrador, y la vida parece estar al revés. Los primeros síntomas son: los ideales del pasado pierden sentido; los amigos hablan una lengua incompresible; el trabajo se transforma en sinónimo de resignación. A veces, hasta el matrimonio, que antes era un lugar seguro, pasa a ser visto como una prisión de obligaciones sin fin. Urano nos torna más lúcidos e inquietos; los cuestionamientos explotan: “¿Dónde fueron a parar la magia de las antiguas pasiones y los descubrimientos?” “¿Años de trabajo e dedicación sólo para esto?” “¡Mi vida es un tedio, basta de seguridad!” Frustraciones, amores de juventud y sueños no realizados vienen a nuestro encuentro, pidiendo atención. No quieren justificaciones, quieren espacio y experiencias reales. La alarma suena: ¡atención, vas a crecer! Se observa, próximo a los 40 años, un creciente cambio de intereses y de propósitos. Muchos hombres vuelven al lado más femenino de su naturaleza, dando más importancia a los sentimientos, a las relaciones íntimas o a la propia familia. Se tornan más receptivos, necesitando de un mayor contacto con su subjetividad, su mundo interior. El éxito social y profesional ya no satisface como antes; evidentemente esa percepción causa una cierta incomodidad. Por otro lado, en esa edad, la mujer cuya identidad estaba, muchas veces, proyectada sólo en la función materna y familiar, proveyendo y educando, comienza a buscar un movimiento contrario al del hombre. Precisa extrovertir sus intereses, ir hacía el mundo, buscar allá afuera otras referencias, una nueva identidad. No es el peso de 20 años de casamiento lo que torna a las personas infelices, sí lo es entrar en la medianía de edad en una sociedad de culto a la juventud con la falsa expectativa de que los papeles y reglas, los sueños y los ideales que pudieron haber servido para la primera mitad de la vida pueden ser adecuados para la segunda. No lo serán, ni pueden serlo. La segunda mitad de la vida debe tener su propio significado. De otra forma, será poco más que una patética imitación de la primera. El descubrimiento de Urano, en 1781, coincidió con la época de dos grandes cambios políticos en un mismo período, las revoluciones francesa y estadounidense, ambas transmitiendo ideas de igualdad e libertad. Coincide también con el inicio de la Revolución Industrial, que comenzó la era tecnológica del siglo XIX. Surgieron nuevos impulsos que cambiaron la consciencia humana, ampliando posibilidades tanto en el sector social como en el político y científico. Urano es el primer planeta situado más allá de la órbita de Saturno, quien representa las estructuras definidas y el universo organizado. Urano es la utopia, lo que vendrá; representa progreso, y todas las formas de tecnología que descubren los complejos más misteriosos de la naturaleza. Tiene como función romper las barreras del pasado e innovar, acelerando y desafiando las barreras de las tradiciones. Se le asocia a la ciencia y la tecnología, las conquistas espaciales, la física cuántica, la rapidez y eficiencia de los medios de comunicación, la informática e Internet. Las crisis uranianas traen la constatación de que ya no somos tan jóvenes como nos gustaría; nos falta disposición física, y es preciso reconocer los límites que el tiempo impone. Si un tipo de trabajo, filosofía de vida o relación personal está bloqueando nuestra evolución personal, habrá circunstancias externas que, de una manera u otra, nos obligarán a cambiar. Eso en el caso que haya una resistencia a los cambios inminentes, pues un hecho es cierto: ellas ocurrirán. Roberto Assagioli, fundador de la Psicosíntesis, lo llamó “colaboración con lo inevitable”, o sea, intentar aprender y usar esos períodos con más creatividad, aceptando tanto la luz como la oscuridad de esos momentos. Es siempre importante dar una expresión creativa a esa incomodidad, pues toda crisis sugiere una oportunidad de crecimiento y, sea en el plano que fueren, es necesario que ocurran rupturas. Es hora de movilizar los recursos internos disponibles para ese giro. Buscar otro tipo de trabajo o hobby, alimentación, hábitos más saludables, estudiar algo que siempre uno quiso y adecuar el tiempo y placer para uno mismo son salidas positivas para atravesar este período.

Neptuno Cuadratura Neptuno

Neptuno es el planeta de los sueños, de los sentidos psíquicos, de la música, las drogas, y de todo aquello que produzca un estado alterado de consciencia, permitiendo mayor sensibilidad y un alejamiento de la realidad concreta. Él es el principio de la ausencia de formas, el radar para contactar con el mundo invisible, representa el impulso para la transcendencia. El tránsito de Neptuno nos pide la disolución de nuestro ego y, así, va lentamente minando y apagando las barreras y los limites entre nosotros y los demás. Esas fronteras se deshacen, dando lugar a nuevas impresiones o sensaciones que antes estaban dormidas en el inconsciente y que ahora emergen hacia la consciencia. Son frecuentes en esta fase los sueños con el mar, agua en movimiento, formas indefinidas y los mensajes ambiguos. O sea, aquello que antes estaba proyectado de una forma definida o rígida -sea un trabajo, un ideal o un punto de vista, todo parece perder su forma original o importancia. Confusos acerca de lo que realmente somos, ya no sabemos lo que queremos de la vida. La derrota del ego es una experiencia humillante. A medida que Neptuno va realizando tránsitos importantes en nuestro mapa natal, frecuentemente nos descubriremos en situaciones en las cuales no queremos estar, pero acerca de las cuales nada podemos hacer. Podemos enojarnos con Dios, por tales problemas, o podemos orar, pidiendo su ayuda. Es innecesario decir que la seguridad y la autoconfianza serán eliminadas de la vida psíquica por algún tiempo. La duda y confusión internas son incómodas y tienen un efecto paralizante en la vida de las personas. Algunas sienten como si estuviesen pasando por una calle sin señales o conducen con neblina al final de la tarde. “Solo sé que nada sé” es la tónica de la crisis neptuniana. La sensación de pérdida de control es real; hay una fuerza desconocida actuando veladamente: nuestro mundo mágico lleno de ilusiones comienza a desmoronarse, la distancia entre los sueños y la realidad se hace cada vez más visible e inevitable. Naufragio a la vista: aquello que nos daba identidad, tanto a nivel personal, afectivo o profesional, se va hundiendo en los mares de Neptuno. ¿Qué hacer? La respuesta es: ¡nada! Hay un período en que se está a merced de la vida y ella nos pide un sacrificio, un abandono, una entrega, pues no hay una actitud correcta. Al desistir de la búsqueda se crea en la psique un nuevo espacio y, a partir de ahí, la posibilidad de que aparezca algo que nos ayude a salir del impasse, pero en el momento indicado. Luchar contra el destino solo complica aún más profundamente a la persona. Como un animal atrapado en una red, cuanto más se debate la fiera, más apretado es el lazo que la amarra. No tenemos escapatoria cuando luchamos contra nosotros mismos. Muchas personas quieren cambiar, pero este cambio debe comenzar por la autoaceptación. La vida no es estática; está constantemente evolucionando o involucionando. No es preciso hacer nada para crecer. El crecimiento se da natural y espontáneamente cuando la energía está disponible. Abandonarse y rendirse a una situación es muy difícil, en especial para la mente competitiva del hombre moderno. Pero esa es la gran aventura, el gran desafío de los tránsitos de Neptuno: dejar que ocurra, dejarse llevar, tener fe en lo desconocido. Observar las imágenes internas, aquietar la mente, contemplar la naturaleza, trabajar con la tierra, nadar, danzar o pintar, todo puede ayudar en este proceso de decantación del inconsciente. Neptuno en tránsito sensibiliza y refina los sentimientos básicos de las personas y su sentido de valores. En el plano transpersonal, él es la sabiduría del alma humana que emana de lo divino a través del amor, de la compasión, de la generosidad y la serenidad, trayendo la bienaventuranza. Neptuno fue descubierto en 1846; en esa época, se daban en Europa las primeras experiencias con la hipnosis para el tratamiento de la histeria y se descubrían los analgésicos. Asistimos también al inicio de la exploración del inconsciente humano. El estudio del lenguaje de los sueños dio comienzo a los primeros postulados de la llamada psicología profunda. Se fundó la Sociedad Teosófica en Europa, y creció el interés por filosofías y religiones orientales como el budismo, el hinduismo y el espiritualismo en general. En Astrología, Neptuno representa la inspiración, los ideales místicos, el inconsciente, la sensibilidad psíquica y la compasión; la capacidad de imaginar es típicamente neptuniana. Neptuno era el dios de los mares (Poseidón) en la mitología griega; los océanos también representan las aguas del inconsciente que abrigan las emociones profundas, el gran útero de la Madre Naturaleza, de donde emerge toda vida.

Plutón Cuadratura Plutón

La llave para comprender la naturaleza de los ciclos plutonianos es percibir que ellos se manifiestan siempre en términos de opuestos, trayendo experiencias de alegría y dolor, luz y oscuridad, ampliando la consciencia y haciéndonos más completos. En la mitología griega, Hades o Plutón era el soberano de las profundidades de la Tierra. Como analogía simbólica es el señor de nuestro inconsciente profundo: allí moran las memorias de la infancia, los complejos emocionales, los instintos básicos, los miedos y las frustraciones. Están también nuestras “riquezas” y talentos desperdiciados, potenciales de vida aún no desarrollados, rasgos positivos de nuestra personalidad que, como piedras preciosas, precisan ser descubiertas para luego ser pulidas. El ciclo de Plutón tiene como función y propósito la eliminación o la muerte de todo lo que está viejo y estancado o que es tóxico dentro de la psique o el cuerpo. Es como un volcán dentro nuestro, que entra en erupción, lanzando afuera todo lo que estaba inconsciente, enterrado o reprimido por la acción del tiempo o el olvido. Este proceso puede ocurrir de diferentes formas: es muy perceptible en cuestiones de salud porque libera las toxinas o abscesos acumulados que salen a la superficie para limpiar el organismo. También en cuestiones de relaciones íntimas encontramos la efervescencia plutoniana. Podemos vivir pérdidas o separaciones con personas muy próximas que “despiertan” en nosotros sentimientos bestiales de rabia, destructividad y venganza aterradores. Los complejos emocionales quedan al desnudo y las defensas caen: quedamos impotentes y desamparados. En el mito, Hades rapta a Perséfone y la arrastra consigo bajo tierra. En tránsito es como si él nos empujase hacia dentro del inconsciente, en un “impulso regresivo de depresión, de apatía, de pérdida de energía vital, que las tribus de África llaman “la pérdida del alma”. Son comunes, en estos casos, los sueños en que aparecen sótanos, pozos, selvas oscuras, túneles, aguas oscuras, dragones, figuras opresivas, incendios y hasta la propia muerte. El planeta Plutón fue descubierto en 1930, cuando se obtuve por primera vez la liberación de la energía de la materia a través de la fisión nuclear. Este hecho coincidió con la ascensión del Tercer Reich en Alemania y con la eclosión de gobiernos autoritarios y guerras en toda Europa. El final de la Segunda Guerra Mundial se dio bajo el terror y el impacto de la explosión de la bomba atómica en 1945, cuyo poder de destrucción hasta entonces era desconocido. En mitología, Plutón (Hades) era el guardián de los mundos subterráneos, donde moraban las almas de los muertos. Era su poder el que propiciaba la germinación y el desarrollo de las semillas bajo la tierra, se lo adoraba en la Grecia antigua como el dios de la fertilidad. En una definición esencial, diríamos que este planeta representa el poder en diferentes formas: poder de regeneración, de coraje, de curación, de sexualidad, del potencial invisible de la naturaleza. Es el planeta ligado a los misterios de la magia, de la energía atómica, la psique colectiva. Plutón representa el arquetipo del incesante ciclo de muerte y renacimiento, creación y destrucción, presente en todas las formas de naturaleza. Presenciamos esto todo el tiempo en los ciclos de las cuatro estaciones del año. Todos estos hechos históricos hablan de una relación o de una reciprocidad entre el alma universal y el alma humana. Jung llamó a este proceso “constelación de imágenes arquetípicas latentes”. En términos psicológicos, las constelaciones del cielo son donde los arquetipos del inconsciente colectivo aparecen proyectados, de tal forma que, en contraste a los mitos, cuentos de hadas y otras elaboraciones del arquetipo, su cualidad de tiempo también es considerada. El arquetipo está constelado y se torna un poder realizador teniendo efectos reales, solamente cuando una actitud específica de la consciencia prevalece.

¿Cuando llegará la Luz al final del túnel?

¿Como sobrevivir a un período tan penoso, de situaciones tan drásticas y paralizantes? ¿Cuando llegará la luz al final del túnel? Repito, son importantísimas la aceptación y la entrega. Según la terminología junguiana, cuando la confrontamos, la sombra es liberada, tornándose una energía extremadamente creativa. A través de la aceptación, de la contención y el trabajo sobre nuestros complejos infantiles, nos ligamos otra vez a parcelas de nosotros mismos que habíamos reprimido. Considerando que esos complejos reaparecen inicialmente en una forma negativa, la energía que contienen, al principio negada pero ahora reclamada, se hace finalmente disponible para ser integrada de vuelta a nuestra psique de manera más constructiva. Liberaremos no solamente la energía aprisionada en nuestros complejos, sino que también ganaremos para nuestro uso, toda la energía que empleábamos para reprimirlos. Este salto a lo desconocido, la comprensión profunda de esa confrontación entre luz y sombra es el gran misterio de la vida y la muerte, constituyen el lado luminoso de los ciclos de Urano, Neptuno y Plutón. En estos estados de desorientación psíquica precisamos un apoyo extra que puede durar algunos años. Psicoterapias, deporte, trabajos con la sensibilidad y la creatividad, meditación, yoga, entre otros, tienen una función positiva, pues pueden renovar y redireccionar la energía psíquica, superando viejos patrones de pensar y sentir. Es preciso liberarse de culpas y resentimientos del pasado, perdonar y creer que la vida nos devolverá en una misma proporción alegría, espontaneidad y nuevos propósitos creativos, una vez que se está renaciendo para la segunda mitad de la vida. No podemos a veces cambiar una situación externa, pero es posible cambiar la manera como se observa y cómo se enfrenta un obstáculo. El evento en si no siempre es tan importante, pero si la reacción interna y la relación profunda que establecemos con ello. A despecho de la “calidad” de la experiencia que se pasa es vital encontrar un sentido o propósito para aquello que tenemos que enfrentar. La transitoriedad de la vida, los vínculos, los lugares, lo que somos o dejamos de ser es nuestra única gran certeza de la existencia. Convivir con este hecho y aceptarlo, así como el envejecimiento y la muerte, son los grandes desafíos que surgen a los 40 años. Pero está en camino un sutil y poderoso cambio de percepción. Del mismo modo que el desapego no es apatía, la indiferencia no es alienación. En la segunda mitad de la vida crecemos internamente, nos hacemos menos apegados y menos necesitados de apreciación ajena, somos más sabios en relación a la naturaleza humana. Dejamos de estar atorados y subyugados por preocupaciones inocuas por los errores del pasado o por las inquietudes sobre el futuro. Los ciclos de Urano, Neptuno y Plutón traen cambios profundos en la psique, posibilitando una “verticalización” de la consciencia. La crisis de los 40 es una iniciación, un verdadero ritual de pasaje, donde exorcizamos ilusiones, vanidades tóxicas, apegos, resquicios de inmadurez. Finalmente nos emancipamos en el amplio sentido de la palabra.

El significado de los tránsitos en los Cuatro Cuadrantes del Mapa

INTUICIÓN: Las Casas 1, 2 y 3 natales

Nota clave: Crecimiento del ser esencial, del significado y uso esenciales del planeta en la vida de la persona. Impulso a usar la función planetaria de un modo nuevo como resultado de experiencias en el ciclo anterior.

Cuarto de Invierno: El periodo durante el cual un planeta transita a través de las Casas 1, 2 y 3 del mapa natal es un tiempo de subjetividad máxima. Tal como una semilla parece estar dormida en el invierno, el nuevo impulso, nacido del ciclo precedente de la experiencia, parece dormir. Deberá experimentarse todo lo que se logró o experimentó durante el ciclo que acabó de pasar, y especialmente en las experiencias sociales externas que marcaron su última mitad. El crecimiento es interno y subjetivo, y en la superficie tal vez no se patentice nada. Debajo, en las bases del viejo ciclo, se prepara un nuevo poder, nuevas facultades y un nuevo ciclo del destino. Ahora debe usarse más conscientemente la función planetaria bajo la luz del propio desarrollo personal -para iluminar y aclarar el sentido individual de quién y qué es uno realmente. Esta es la exigencia básica de un Tránsito a través del primer cuadrante. 

SENTIMIENTO: Las Casas 4, 5 y 6 natales

Nota clave: Crecimiento de la capacidad de la persona para usar eficientemente la función planetaria en la vida. Uso decisivo de la voluntad para hacer del nuevo impulso una realidad concreta. Necesidad de romper con el pasado en los niveles físico, social y mental. Crisis en acción.

Cuarto de Primavera: Cuando un planeta cruza el Nadir y se desplaza a través de las Casas 4, 5 y 6, el accionar interior de su función vital se adapta a las necesidades nuevas y presentes de la personalidad y del destino. Ahora empiezan a mostrar resultados externos. Lo que era subjetivo se vuelve ahora objetivo, tal como las semillas que germinaron a través del invierno brotan y crecen en la Primavera. Se descubren, aprenden y dominan nuevos modos de usar esa función planetaria. Estas son las herramientas que después le permitirán al individuo manifestar plenamente esa función vital. Además de la manifestación en los niveles biológicos y psicológicos internos y puramente personales, la nueva expresión de la función vital afectará también a los niveles sociales. Ahora, la función planetaria debe usarse en una exteriorización siempre en expansión.

SENSACIÓN: Las Casas 7, 8 y 9 natales

Nota clave: Crecimiento del funcionamiento. Poner en acción el funcionamiento planetario de la acción y eficiencia social. El impulso hacia un nuevo tipo de actividad debe ahora volverse realización consciente y objetiva y realidad concreta, a menos que la actividad constructiva de la Cuadratura creciente afronte el fracaso o la persona no pueda romper bastante limpiamente con el pasado.

Cuarto del Verano: Cuando un planeta se desplaza a través de las Casas 7, 8 y 9 del mapa natal, las nuevas aptitudes que se desarrollaron a lo largo del cuarto precedente del ciclo de tránsitos cristalizan claramente a través de la acción social. La persona tiene las herramientas y debe emplearlas ahora con aptitud y eficacia siempre crecientes. Como el individuo las usa en su relación con el mundo objetivo, se dará cuenta con claridad creciente del papel que el planeta representa dentro de su propia personalidad. Podrá usar conscientemente esta función para fomentar su destino externo. Su actividad social debe volverse cada vez más clara y personalizada. La culminación de este proceso de crecimiento se alcanza cuando el planeta en tránsito llega al Medio Cielo.

PENSAMIENTO: Las Casas 10, 11 y 12 natales

Nota clave: Crecimiento de la influencia. Reconocimiento público, para bien o para mal, del uso de la función planetaria de la persona. Juicios de los frutos buenos o malos, de este uso. Decidir la dirección del nuevo ciclo futuro del planeta. El esfuerzo para exteriorizar, demostrar o publicitar cuanto se construyó desde del principio del ciclo, tiende aquí a suscitar criticas y antagonismo. Necesidad de consolidar la propia posición, enfrentar la oposición, aclarar las propias ideas, formularlas mejor. Reorientación.

Cuarto del Otoño: Este es el tiempo de la cosecha. Después que se alcanza el Medio Cielo natal y el planeta en Tránsito se desplaza a través de las Casas 10, 11 y 12, la operación social externa de esta función planetaria es reconocida públicamente. Este reconocimiento aportará beneficios sociales o retribución para el usuario. Ahora se cosechará, sea lo que fuera, lo que se sembró mediante empeño personal (o falta de esfuerzo), durante las precedentes fases del ciclo. Juzgándose y premiándose los esfuerzos de acuerdo con la valorización de la sociedad de esa época. En este cuadrante se afrontan y deberán aceptarse los resultados de las acciones pasadas, a fin de extraer el significado esencial del triunfo y del fracaso. Cualquieras que sean los frutos -positivos o negativos- decidirán la dirección que tomará el nuevo ciclo. Aquí se forma la semilla del ciclo futuro. Cuando se alcanza el Ascendente, se experimenta una suerte de "día del Juicio". Se siembra la semilla del nuevo ciclo y se fija la dirección y el significado al nuevo ciclo. Consciente o inconscientemente, en libertad o esclavitud ante el pasado, empieza el nuevo ciclo.




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